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Joan Brossa |
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Joan Brossa (1919-1998): la magia de la mirada
Rodolfo Häsler
1 Preludio Estos versos, como Joan Brossa fue una personalidad única en las letras catalanas del s. XX, un poeta bien particular que trató con originalidad todos los géneros, opuesto siempre a las modas imperantes. A diferencia de otros grandes escritores, su formación no fue académica: comienza a sentir la necesidad de escribir durante la guerra civil, se interesó por la psicología, apasionándose con la lectura de Jung (aquí quisiera añadir que fue amigo de juventud del doctor Ramón Sarró, alumno de Freud, quien seguramente tuvo una influencia definitiva en estos intereses). Puede que gracias a esas lecturas junguianas apareciera en él la devoción por la magia y cabe mencionar que uno de los libros citados sin cesar en esa época fue la novela china Chung-Kuei, domador de demonios. Una cosa y otra lo llevaron a escribir lo que él denominó imágenes hipnagógicas, pequeños poemas construidos con imágenes visuales o auditivas que le permitían expresar su subconsciente. Fue en la posguerra cuando conoció a figuras de la talla de J.V. Foix, quien le aconsejó escribir sonetos, apareciendo entonces el Brossa poeta, al pintor Joan PonÇ, o a Arnau Puig, encuentros que serían decisivos para la aparición de la revista Dau al Set. Partiendo de la psicología, la magia y el surrealismo imperante llegamos a comprender la obra de un poeta que nada tenía que ver con su mundo circundante. Sus intereses irían desde la estructura del soneto, los romances, las odas, el teatro, la poesía escénica, la prosa, la poesía experimental (su primer objeto data de 1943) hasta lo que se denominaría antipoesía o poesía cotidiana (poemas cortos de versos libres que aparentan ser escritos en prosa). Referente a todo esto dijo: "los géneros son las caras de una pirámide que se juntan en su punto más alto. Son diferentes maneras de expresar una realidad única". La poesía para Brossa fue un medio de conocimiento y un instrumento de transformación de la realidad. En otra ocasión dijo: "ser poeta es un compendio entre ser subversivo y prestidigitador". Según Brossa el poeta es un mago y un mago ha de ser un poeta para que la cosa funcione. La capacidad de sorpresa es fundamental en su concepción de lo que debiera ser el acto de escribir poesía, de comunicarse con la poesía. Siempre le ha interesado, junto a decir cosas interesantes o que hagan reflexionar, la posibilidad de entretener, e incluso divertir, siempre tratando de transformar la realidad, como los magos. El humor y el juego son un elemento inseparable de sus poemas. La reflexión sobre la vida, sobre la poesía, elementos que no era capaz de separar, de manera seria o jocosa, fue un aspecto más de su compromiso con la sociedad, ya que la poesía y las palabras eran sus armas. Siempre decía que la ilusión es un motor que no se puede detener nunca. Y la magia no era otra cosa para él que una necesidad de cambio. Para comprender mejor su propuesta quizá es necesario recordar una de sus frases más bellas: "a la realidad hay que abrirle ventanas". Sin esas ventanas, Brossa lo sabía, no es posible vivir de una manera plena, heterodoxa. 2 La poesía cotidiana o antipoesía A partir de 1950 Brossa inicia un nuevo tipo de poema con su libro Em va fer Joan Brossa (Me hizo Joan Brossa). Se trata de hecho de la actitud antipoética que ya había mostrado en la prosa, pero ofrecida de una manera mucho más despojada y sintética. Es por lo que algunos críticos la denominan antipoesía. La intención de Brossa es reflejar la realidad de la calle del modo más directo posible: intento con ello superar la prosa llevándola a su límite, es decir, filtrando la subjetividad a través de la objetividad. Se trata de pomas en apariencia prosaicos y vacíos de contenido, cuyo efecto poético consiste en sacar de su contexto habitual fragmentos de la realidad, descrita minuciosamente. O bien invirtiendo la jerarquía de las cosas, de manera que los hechos sin importancia, los objetos intrascendentes, aparezcan en primer término. O incluso haciendo uso de un lenguaje puramente administrativo, o de frases hechas, para relacionarse con la propia experiencia. Se trata como se puede ver de otra óptica, más allá del postsimbolismo y del realismo histórico. En Em va fer Joan Brossa encontramos poemas que son un acta de lo que sucede en la calle, como el que se titula Un home esternuda: Un home esternuda. 3 La poesía visual La visualidad fue un componente esencial de la poesía de Joan Brossa desde sus inicios y en todas sus formas. Los verbos mirar y ver son bien abundantes ya en sus primeros sonetos. Por otra parte, muchos de sus poemas son equivalentes visuales de un hecho humano. En los años cuarenta realizó algunos caligramas, pero la poesía visual más propia de Brossa es producto de los años sesenta. Las primeras muestras se pueden ver en su libro El saltamartí (El tentetieso) de 1963 y posteriormente en los libros que en 1965 le dedicó a Frégoli Sonets de vaitot y Cent per tant de 1967. Esta intrusión de poemas visuales en libros habitualmente de poesía es fruto de los experimentos que Brossa venía realizando desde 1959 con el nombre genérico de Suites de poesía visual. Pero la intención es diferente. En su proceso de investigación que son las cosas que nos rodean, el poeta llega al convencimiento de que la palabra no es suficiente y por eso es necesario recorrer el código visual. Para Brossa la poesía visual es la búsqueda de un nuevo terreno entre lo visual y lo semántico, y esa concepción semántica será la intención principal de muchos poemas visuales como el titulado Viaje, en el que las letras de la palabra regreso están colocadas al revés. El material visual del que parte es diverso: ilustraciones antiguas, documentos auténticos, dibujos, números, cartas, etc., pero sobre todo letras, que se convierten en las protagonistas principales de sus poemas visuales. 4 Los poemas objeto y las instalaciones A pesar de que Brossa empezó a ser reconocido en las últimas décadas de su vida, las primeras incursiones en el campo de los objetos también se produjeron muy pronto. En 1943 usó por primera vez un soporte diferente al papel en el objeto titulado EscorÇa (corteza), una especie de objet trouvé. En 1951 elabora otro objeto que es la combinación de otros dos: un martillo y una carta formada por la suma de dos más (Poema experimental), con la que Brossa dio paso al desarrollo del objeto poético mágico, que muchas veces es el resultado de la asociación de dos realidades diferentes. En 1956 realizó su primera instalación que consistió en exponer en un aparador un paraguas abierto con una pequeña luna pintada en su interior y un grupo de figuras entre las que aparecía un personaje del pesebre tradicional catalán, el caganer. Pero fue durante los sesenta cuando comienza a producir las primeras series de objetos (las primeras series divulgadas son de 1967) y que se hicieron conocidas a partir de las exposiciones de la Fundación Miró de Barcelona en 1986. Las múltiples exposiciones posteriores, en especial la del Centro de Arte Reina Sofía de Madrid en 1991 y las instalaciones de poemas transitables en la calle, como la del Velódromo barcelonés, lo convirtieron en un artista conocido, hasta el punto de hacer olvidar su importante obra literaria. Como dijo el propio Brossa: "mis objetos buscan la analogía y la metáfora visual, porque en efecto, si las palabras son las cosas, con el lenguaje de las cosas se pueden hacer metáforas. Precisamente la metáfora permite viajar en el espacio y en el tiempo por analogías sensibles." Y es bien cierto, en sus objetos se dan los mismos procesos de construcción de imágenes que en las demás formas poéticas utilizadas por Bossa, y evidentemente, el propósito es lo mismo. Por eso encontramos la búsqueda de la magia n los objetos más cotidianos, como en Celeste, la reflexión sobre el significado de las palabras, Claus (llaves), la crítica irónica País. Los materiales han ido cambiando a lo largo del tiempo y el poeta dispuso de mejores medios en los últimos años, pero siempre prefirió utilizar objetos sencillos y cotidianos, porque eran los que mejor le servían para su desarrollar su humor crítico. 5 El humor, el juego y la magia El humor forma parte de la personalidad de Brossa. Los que lo conocieron saben de su afición a contar chistes y de su constante ironía, que aplicaba a cualquier tema. Insistía en que la inversión humorística, el sarcasmo y la ironía, son expresiones del subconsciente, uno de los elementos que siempre tuvo en cuenta en su poesía. El humor popular, el cine mudo, de Búster Keaton y los hermanos Marx, son fuentes continuas de inspiración que le ayudan a dar ese efecto sorprendente que tanto buscaba, a partir de lo inesperado y la contradicción. Y en ese particular juego con el lector, el hombre siempre sale malparado y ridiculizado, castigado por su orgullo histórico. Relacionado con el humor están el juego y la magia. Esta última fue una afición que arrastró y practicó desde la infancia. El recuerdo de la tienda, aún existente en Barcelona llamada El rey de la magia, los juegos de manos, lo llevarán más tarde a afirmar que el poema, como el juego de manos, es la metamorfosis de la realidad, una sorpresa para toda persona inteligente. La magia que traduce la poesía de Brossa es la magia blanca, y los juegos de mesa y de manos, su gran pasión, el dominó, la oca, por lo que abundan los poemas donde hay descripción de juegos de mano, como los nudos en una cuerda. Como la prestidigitación era lo mismo para Brossa que hacer poesía el tema se incorporó a su obra de forma natural. Muchas veces sus poemas son auténticos juegos, propuestas de experimentación con el lenguaje, como el soneto titulado Sonet mig tapat per un llenÇol (Soneto medio tapado por una sábana) en el que medio poema desaparece debajo de la palabra blanco. 6 Frégoli y el transformismo En la misma línea de concepto se puede situar el transformismo. Si el humor y la magia transforman la realidad, el transformismo es el summum de la prestidigitación y toda una filosofía. En el prólogo de su libro dedicado al mago suizo Frégoli, quien ejerció en Barcelona, encontramos la síntesis de las opiniones de Brossa sobre este artista y las conclusiones que sacó: Frégoli representa el todo en uno y el máximo en el mínimo. Un buen programa para un poeta. Desde los comienzos Frégoli fue un tema recurrente, como personaje de sus poemas Poema sobre Frégoli y su teatro, Petit Festival y Fregolismo o monólogos de transformación, todos de 1965. El principio de que el arte es vida y la vida es transformación Brossa lo practicó a lo argo de toda su carrera. Me interesa destacar, antes de finalizar, un aspecto que en mi opinión hacen de Brossa un artista puro, único, un ser especial que siempre se rigió por criterios personales y profundos. Si desde siempre le preocupó el engaño que los poderosos han ejercido sobre los demás, la utilización de las religiones y la dependencia del ser humano de valores vacíos, en los últimos años estaba obsesionado con el deseo de riqueza del hombre contemporáneo. Quizá por eso su antología titulada La memoria encendida acaba con este epílogo: Conozco la utilidad de la inutilidad / y tengo la riqueza de no querer ser rico. |
[Ponencia leída en la Feria del Libro de Santo Domingo, abril de 2002] |