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Banda Hispânica (collage, Floriano Martins)

Vicente Gerbasi

Collage, Floriano Martins

 

Vicente Gerbasi

Fernando Charry Lara

A Vicente Gerbasi, cuya sola presencia es para sus amigos ocasión de felicidad, se le conoce como una de las figuras más representativas de la poesía contemporánea en Hispanoamérica. Por ello estas palabras no son, en manera alguna, de presentación de su obra o de su persona. Sino de exaltación por la alegría que nos trae su visita a Colombia.

Recordemos, llanamente, unos datos breves.

Nació Vicente Gerbasi en el año 1913 en Canoabo, una pequeña población del Estado de Carabobo, en la zona central del norte de Venezuela, cuyo paisaje ha estado siempre luminosamente reflejado en su verso. En Caracas y hacia 1940 se vinculó a los poetas que integraron el grupo Viernes. Similar, en algunos aspectos, al que por la misma época surgió entre nosotros bajo la denominación juanramoniana de Piedra y Cielo. Tanto Viernes como Piedra y Cielo constituyeron decidida reacción contra ecos tardíos, que aún entonces se oían del lenguaje modernista. Se sintieron esos jóvenes poderosamente atraídos por diversos ejemplos de la llamada Generación del 27. A tal influencia española se juntó la de otros poetas como los chilenos Vicente Huidobro, Pablo Neruda y Rosamel del Valle. Todavía no se escuchaba en su profunda dimensión la voz de César Vallejo, muerto en el exilio parisiense un poco antes, en 1938. Se trataba en todo caso de alcanzar el adelgazamiento de la expresión poética, en la que ciertos modelos del pasado inmediato dejaron huella de pesadez y grandilocuencia. ¿Cómo lograr aligerarla de esa carga? La imagen poética por sí sola, multiplicada y gratuita, sin nexos con la mitología, la historia o el pensamiento, representaba sin duda el modo más adecuado. Los poemas se llenaron de imágenes, de metáforas. Era esa, en definitiva, la lección que les habían dejado los abanderados de la nueva poesía de su tiempo. Los poemas se convirtieron, de pronto, en verticales chorros de invenciones verbales. Y contagiaron a los lectores de su frescura y fosforescencia.

La poesía de Vicente Gerbasi se inició, temprana, con un libro de 1937: Vigilia del náufrago. Desde entonces ha sido constante, hasta hoy, su escritura poética. Ha sido frecuente y, a la vez, cálida, resplandeciente, alucinada. La inicial y prolongada lectura de románticos alemanes la hizo ser a la par lúcida y sonámbula. Y armoniosa, sin demasías ni turbulencias. Su perpetuo asombro ante la naturaleza lo atempera, coincidente, el sentimiento de la soledad y de la intimidad del hombre que la escribe. La palabra y la contemplación visionaria siguen mostrándonos, hasta en sus más recientes creaciones, la rara virtud de la hondura y la transparencia juntas. EI notable critico José Olivio Jiménez definió los rasgos sobresalientes de la poesía de Vicente Gerbasi diciendo: "Si la índole de su mundo interior (melancolía, ternura, nostalgia de la infancia, solidaridad con el dolor universal, angustia soterrada por las inestabilidades del ser y por la inexorabilidad de la muerte) ha determinado una expresi6n simbó1ica, que ha sabido aprovecharse cada vez con mayor discreción de las posibilidades antirracionales del lenguaje, su mismo amor a lo real le ha ayudado a configurar una palabra poética de gran plasticidad y concreción".

Vicente Gerbasi vivió en Colombia entre 1946 y 1947 como agregado de Asuntos Culturales de la embajada de su patria. Después iba a ascender al rango de embajador ante países de varios continentes. Pero el ejercicio de esas misiones no aminoró el fervor por el trabajo poético y fueron surgiendo, a lo largo de los años, sus valiosos conjuntos de verso. Algunos de ellos han sido vertidos a lenguas europeas. Se le admiró tanto su magia verbal, en la fascinación ante el escenario del trópico, como la relación estrecha que su lenguaje estableció entre aquel relampagueante espacio geográfico, el de su propia tierra, y lo entrañable de su ser. Esa singularidad, que con el tiempo fue concentrándose, se le reconoció desde sus poemas de juventud.

En Bogotá, la clarividencia de su mente y la generosidad de su corazón le hicieron gozar de unánimes respeto y cariño. Se vivía en nuestra ciudad en vísperas de trágicos acontecimientos que precedieron a largos lustros de violencia política. Y se vivía aún en época en que la actividad literaria, y sobre todo poética, constituyó elemento importante del acontecer nacional. Nada extraño debió sentirse Vicente, en medio que era el suyo. Se le trató como a fraternal compañero. Para muchos, más que nuestro amigo, fue nuestro hermano Por eso ahora le recibimos con tan sincera emoción. Vicente y su bella y dulce esposa Consuelo compartieron aquí, en la nación que apenas comenzaba a entristecerse, el entusiasmo juvenil por las letras y las artes. Su apartamento, en la Plaza de Chapinero, fue sitio de frecuente, bulliciosa y alegre reunión.

Vamos a tener esta noche el privilegio de escuchar, de labios de su autor, la deslumbrante y extática poesía de Vicente Gerbasi.

[Con estas palabras, el poeta colombiano introdujo la lectura de poemas que Gerbasi realizó en la Casa de poesía Silva el 2 de mayo de 1991]

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