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Banda Hispânica (collage, Floriano Martins)

Mercedes Roffé

Collage, Floriano Martins

 

Mercedes Roffé (entrevista)

Reynaldo Jiménez

Mercedes Roffé nació en Buenos Aires en 1954. Su obra poética comprende: Poemas 1973-75 (Madrid, Síntesis, 1978), El tapiz (publicado bajo el heterónimo Ferdinand Oziel, BsAs, Tierra Baldía, 1983), Cámara baja (BsAs, Ultimo Reino, l987; Sgo. de Chile, Cuarto Propio, 1998), La noche y las palabras (BsAs/Rosario, Bajo la luna nueva, 1996; Sgo. de Chile, Cuarto Propio, 1999), Memorial de agravios. O de las cosas que han pasado en esta tierra (en prensa), Definiciones Mayas (New York, Pen Press, 1999) y Antología poética (Caracas, Pequeña Venecia, 2000). En el 2001 obtuvo la Beca Guggenheim, de Poesía.

Ha colaborado con revistas de Latinoamérica y España, tales como Poesía de Venezuela, El signo del gorrión de Madrid e Hiperión de Barcelona, Alforja y Periódico de Poesía de México, Sitio, Gandhi, Abisinia, tse-tse y Tokonoma de Buenos Aires; y en suplementos culturales como Verbigracia, de El Universal de Caracas, Cultura y Nación, de Clarín, y Radar Libros, de Página 12, ambos de BsAs. Selecciones de su obra aparecen en distintas antologías de poesía argentina y latinoamericana.

Traducidos al inglés, sus poemas han aparecido en Seneca Review, Sonora Review, Prairie Schooner, así como en el Exact Change Year Book 1999, editado por Peter Gizzi. También ha colaborado con la revista experimental Chain, de Hawai (Chain 5, Different Languages) y con un número especial de Boundary2, sobre poesía y poética, editado por Charles Bernstein.

Es Profesora de Letras Modernas por la Universidad de Buenos Aires y Ph.D. en Literatura Española por la Universidad de Nueva York.

En 1996 se publicó en los Estados Unidos su ensayo La cuestión del género (Delaware, Juande la Cuesta Hispanic Monographs), un estudio sobre los debates literarios medievales y renacentistas sobre la condición de las mujeres.

En 1998 fundó en Nueva York la colección de plaquettes Pen Press de poesía, que actualmente dirige.

 

- ¿Cómo ubicarías tu propia obra en el panorama de la poesia argentina actual?

La expresión "poesía argentina actual" de algún modo me hace imaginar una especie de ¨línea de largada¨, en uno de cuyos extremos estaría Pizarnik, y en el otro Osvaldo Lamborghini. Después, diría, empieza el "nosotros", con obras como la de Luisa Futoransky, Leónidas Lamborghini, el Fogwill de Las horas de citar, Juana Bignozzi… Luego viene otro ¨nosotros¨, que es el de los que éramos jóvenes en los 70, unidos o no en distintos grupos: los neorrománticos, los neobarrocos, los del grupo El Ladrillo, los algo más jóvenes y experimentales entonces --una línea que ahora asociaría a la obra de Susana Thenon. A partir de mediados de los 90, diría, empiezo a percibirme y a actuar más concientemente como parte de otros dos "nosotros" que siguen siendo hoy mi marco de pertenencia: 1) el "nosotros" que forma mi generación con los poetas más jóvenes, los que ahora tienen entre 25 y 40 años: la gente de Siesta, Zapatos Rojos, Fénix, Vox… 2) el ¨nosotros¨ que formamos, más allá de las fronteras de Argentina, con los poetas latinoamericanos o, más bien, con los poetas en lengua española. Creo que cuando, hace dos años, empezamos a publicar, con la poeta española Marta López-Luaces, las plaquettes de Poesía de Pen Press, la idea era, y sigue siendo, darle al cruce de todos esos "nosotros" -- ese "nosotros" siempre abierto-- un cauce editorial.

- ¿Qué libros, aspectos o detalles te interesen destacar dentro de ese panorama, y por qué?

Algo que me parece interesante en la poesía argentina de hoy es la variedad de estéticas que conviven. Si hay grupos --y los hay--, más que como núcleos aislados, funcionan como centros generadores de actividades, de intercambio, como lugares de diálogo y de circulación. Esa flexibilidad, creo, contribuye a que todos desarrollemos un sentido estético capaz de apreciar distintas propuestas.

De algún modo, la no filiación o compromiso con grupos ni programas rígidos --aunque cada sector tiene sin duda su perfil-- permite que se oiga más la individualidad de cada voz, que se aprecien más las diferencias, los matices, lo propio de cada búsqueda. Así, me parece, existe la libertad de experimentar y probar nuevas vías, no sólo con respecto a los otros poetas, sino también cada cual de un libro a otro, de una etapa a otra del propio trabajo, sin sentir el riesgo de perder cierta aprobación, cierta pertenencia, y con ello, cierto acceso a determinados medios de circulación.

El surgimiento de tantos ciclos de lecturas, páginas virtuales, una veintena de revistas, varias editoriales pequeñas más determinantes para la poesía que las grandes empresas, y un incipiente apoyo institucional, me parece que contribuyen a que la escena poética de BsAs tenga ese perfil que le es tan propio. El aporte de los poetas-traductores también me parece una vena importante de revitalización y renovación, a veces incluso no tanto por los poetas a los que traducen, como por lo que pasa en su propia obra a partir del contacto con otra lengua, otros ritmos, otras poéticas.

- ¿Quiénes serían los lectores de poesía, hoy?

Creo que siempre fue en principio un pequeño núcleo el que leyó a los poetas de su propia época, fuera ese núcleo la corte de Augusto, la de Juan II, los martes de Mallarmé, la casa de Gertrude Stein…, o la "Casa de la Poesía" de cualquier ciudad del mundo; es decir, un grupo apenas un poco más expandido que la misma comunidad poética. Pero que ése sea el núcleo inicial no quiere decir que el alcance de una obra termine allí, ni que lo reducido de ese grupo determine la (in)validez "económica", quiero decir, proporcional, de una obra --de la inversión libidinal que significa-- a largo plazo. Siempre ha sido en principio un grupo, y luego, como en todas las cosas, o el impacto se desvanece, o la onda se expande, se amplía, reverbera. Entonces somos nosotros, no los cortesanos ni los poetas, sino los legos y anónimos del siglo xx y xxi, los que leemos, sabemos, que Safo, Catulo, Florencia Pinar, Garcilaso, Marina Tsvetaeva o Paul Celan no escribieron "sólo para" ni su interés "se limita a" un tan reducido como intrascendente círculo de amigos. Pienso incluso que esa sensación de correr "en circuito cerrado" que a veces nos da la poesía o, mejor dicho, las actividades en torno a la poesía, tal vez sólo signifique que hay ciertos patrones de circulación que parecerían acompañar a algunos géneros, aun cuando no se apliquen a otros --como ocurre con esa forma de difusión, más inmediata y masiva, que parece ser más propia de la novela.

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