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Miguel Ángel Zapata y la lumbre de la letra
Oscar Hahn
Existe una tradición del poema en prosa que atraviesa diversos
espacios y tiempos. Se origina en el romanticismo alemán, continúa en el simbolismo
francés, se prolonga en el surrealismo y desemboca en algunos autores posmodernos. Entre
los rasgos que configuran esta tradición se cuentan: la creación de atmósferas
encantadas, la invención de figuras afines a los personajes de los cuentos de hadas, las
referencias a manifestaciones no convencionales de lo sagrado y las connotaciones o
alusiones míticas. En Hispanoamérica pertenecen a este canon poetas como el venezolano
José Antonio Ramos Sucre, la argentina Alejandra Pizarnik, y el colombiano Alvaro Mutis.
Habría que agregar ahora un nombre más reciente: el del poeta peruano Miguel Angel
Zapata (1955), especialmente en sus recientes libros Lumbre de la letra (Lima, 1997) y
Escribir bajo el polvo (Lima, 2000).
Uno de los aciertos de la poesía de Zapata es justamente la invención del personaje
llamado el cuervo anacoreta; curioso pájaro que es convocado en tercera persona o cuya
voz escuchamos directamente a través de sus monólogos. Es una especie de alter ego
del poeta y una materialización de su inconsciente (en ocasiones adquiere el carácter de
símbolo fálico). No es extraño entonces que muchos de los rasgos definitorios de sus
dos recientes libros se concentren en esta sección: la atmósfera feérica, la fundación
de pequeños mitos, la sacralización de la realidad, el empleo de adjetivos cromáticos
(lluvia lila, árboles morados), entre los que destaca el color azul, y la presencia de
elementos naturales de gran brillo y pureza, como la nieve, el sol y el cielo, todos
correlatos de esferas superiores. Agreguemos que el mundo fundado por los textos se mueve
en esa zona que une la vigilia y el sueño. Son visiones que se gestan en la simbiosis
entre la fantasía y la realidad contingente. Esto se aprecia con meridiana claridad en
uno de sus mejores poemas; el titulado "La iguana de Casandra". De acuerdo con
la información biográfica que manejamos, todos los factores que Zapata pone en juego
aquí provienen de experiencias reales. Casandra, efectivamente, es una de sus hijas, y la
iguana era su animalito regalón. Sin embargo, estos y otros elementos adquieren un aura
de irrealidad, gracias a las connotaciones de las palabras Casandra e iguana.
Sabemos que la Casandra mitológica está ligada a las artes adivinatorias y que la
iguana, ese pequeño dragón, todavía carga con su pasado mítico. La irrealización de
lo real es una de las técnicas más productivas de Miguel Angel Zapata.
He mencionado antes a Ramos Sucre, Alejandra Pizarnik, y Alvaro Mutis, como integrantes de
la misma tradición a la que pertenece Zapata; pero hay un punto esencial en el que el
peruano corre con colores propios. A diferencia de esos tres autores, en las prosas de
Zapata no hay nada alucinante ni perturbador ni funerario. Lo que hay en cambio es una
actitud de exploración y reconocimiento de las maravillas del mundo, que son también las
maravillas de la escritura.
La poesía de Zapata no es un diario de muerte. Es más bien un diario de la vida leve,
como lo llama él mismo. Emblemático de esta filosofía es el poema "Los muslos
sobre la grama", incluido en la sección homónima junto a otros textos eróticos en Lumbre
de la letra (1997). El poeta está visitando un cementerio y de pronto divisa a una
muchacha que viste shorts y que pasa corriendo entre las tumbas. Es una visión que lo
induce a la siguiente reflexión: "Y volví a pensar que la muerte no era un tema de
lágrimas sino más bien de gozo, cuando la vida continuaba vibrando con los muslos sobre
la grama". La poesía de Zapata es el registro de una forma de vida que no deja
huellas de sangre en el texto, sino el rastro de un poeta singular que se interna con
regocijo en el valle sagrado de las letras. La obra poética de Miguel Angel Zapata se
destaca entre las voces literarias más renovadoras en Hispanoamérica a partir de 1980.
Ya lo había anticipado el mismo Alvaro Mutis, en una breve nota, que ahora cito: "La
poesía de Miguel Angel Zapata es una poesía profundamente personal y en extremo rica en
posibilidades e imaginación, un rigor y una continuidad en su trabajo poético, que no
son comúnes en nuestro continente tan poblado de talentos y tan escaso en verdaderos
artesanos de la poesía". |