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banda hispânica |
Miguel Ángel Zapata |
M iguel Angel Zapata (Perú, 1955) ha publicado los siguientes libros de poesía: Partida y ausencia (Madrid: Playor, 1984); Periplos de abandonado (México: Premiá, 1986); Imágenes los juegos (Lima: Instituto Nacional de Cultura, 1987); Poemas para violin y orquesta (México: Premiá, 1991), Brookings Hall (Barcelona: Café Central, 1994) (plaquette); Mi cuervo anacoreta (Santiago de Chile: Red Internacional del Libro, 1995) (plaquette), Lumbre de la letra (Lima: El Santo Oficio, 1997), My Hermit Crow (edición bilingue), y Escribir bajo el polvo (Lima: El Santo Oficio, 2000). Su poesía ha sido traducida al inglés, portugués, italiano, y francés, y publicada en antologías a nivel internacional. Próximamente se publicarán dos libros suyos: La iguana de Casandra (Barcelona: Ed. El Bardo), y El cielo que me escribe. Poemas 1986- 2001 (Caracas: Ed. Pequeña Venecia). También ha publicado ediciones críticas, antologías, y libros de ensayo, entre los que destacan: La Muerte es una Buena Maestra. Poesía de Oscar Hahn (Lima: El Santo Oficio, 2000), Nueva Poesía Latinoamericana (México: UNAM-Universidad Veracruzana, 1999), Metáfora de la Experiencia. La Poesía de Antonio Cisneros (Lima: Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, 1998), y El Pesapalabras: Carlos Germán Belli ante la crítica (Lima: Ediciones Tabla de Poesía Actual, 1994). Co-editó El Bosque de los Huesos. Antología de la nueva poesía peruana (México: El Tucán de Virginia, 1995) y Literary and Cultural Journeys, Selected Letters to Arturo Torres-Rioseco (Berkeley: Mills College Center for the Book, 1995). Estudió Letras en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima, obtuvo el Master of Arts en la Universidad de California y el doctorado en Filosofía en Washington University, Estados Unidos. Dirige Códice- Revista de Poesía y Poéticas, y la colección AMARU de ensayo. Vive en Long Island, Nueva York, donde es profesor de literatura hispaoamericana en Hofstra University. |
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Em defesa da poesia 1. Quais as tuas afinidades estéticas com outros poetas hispano-americanos? Mis afinidades vuelan por varias direcciones y por varios mares y montañas. Siempre releo a Paul Celan, Rilke y Vallejo. Son algunos faros que me imantan. Me interesa la poesía que dice algo de las estaciones del espíritu y que no se preocupa meramente por la forma y la alquimia del lenguaje. Digo acaso que no me interesa la forma?. No. El lenguaje que emociona es el que interesa. Los juegos verbales están bien para los acróbatas que giran y giran por el espacio sideral y después se caen al fondo del pozo sin agua. Por eso hay que releer a Alvaro Mutis: cuidado en la forma y en el decir, en el mar proceloso de la palabra y los descalabros del alma. Hay que releer al Leminsky del naufrafio y la transparencia. Ahí el agua y su verdadero cloro. En mi país, un verdadero adelantado fue y es Luis Hernández. A su poesía mis flores y mis velas. 2. Quais contribuições essenciais existem na poesia que se faz em teu país que deveriam ter repercussão e reconhecimento internacionais? Tal vez tengo que hablar no solamente limitado por una región geográfica. Diré que la poesía completa del mexicano Francisco Cervantes es una colisión de profundidad y transparencia, una verdadera obra de arte. Es muy temprano todavía para citar nombres y preferencias en mi país. Sigo con Vallejo el oscuro y con el Vallejo transparente. Y claro, con todo el espacio de Borges. Mientras tanto escribo y no me preocupo por citar nombres, pero si me ponen contra la pared, abro la ventana y respiro el aire limpio de Fray Luis, San Juan de la Cruz, y de Quevedo. Punto. |
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Poemas
Los muslos sobre la grama Escribo por la muchacha que vi correr esta mañana por el cementerio, la que trotaba ágilmente sobre los muertos. Ella corría y su cuerpo era una pluma de ave que se mecía contra la muerte. Entonces dije que en este reino el deporte no era bueno sólo para la alegría del corazón sino también para el orgasmo de la vista. Al verla correr con sus pequeños shorts transparentes deduje que los cementerios no tenían por que ser tristes, el galope acompasado de la chica daba otra perspectiva al paisaje: el sol adquiría un tono rojizo, su luz tenue se clavaba dando vida a la piel, los mausoleos brillaban con su cabellera de oro, y volví a pensar que la muerte no era un tema de lágrimas sino más bien de gozo cuando la vida continuaba vibrando con los muslos sobre la grama.
Mi cuervo se desata Yo aquí con mi pico curvo soy hermoso: me desea la cuerva blanca que vive en la nevada, mi negrura es divina y en la miel descansa con la blanca tinta que brota de su cueva rumorosa. Me persiguen los pájaros de churriguera por no creer en su río de barro y de negrura: yo paseo campante por las siete esferas con la abeja de la flor de Liz. Aquí la superficie es curva como mi pico jovial, además, con estas alas avanzo hacia el boscaje de tu gran labio, para que otra vez me releas y te dilates, y vuelvas a chillar con mi voz de ave de la calle.
Las dunas Pienso en aquella flota de nubes que baja a mi patio con la humedad de las rosas. Mi mente viaja por la lejanía de los muelles, por las tablas abandonadas en el naufragio de los ríos. Intento en vano abandonar la imagen del mar mirando las nubes que ya están en mi cabeza. El mar está en mi sangre y es el clavel caliente que me vigila cuando escribo. Me observa mover mis huesos mientras un río de leche baja de las nubes. Soy una nube y quiero volar con ellas para penetrar su vientre lleno de agua salada. El mar se mueve en su laberinto: no necesito verlo para saber de su blando movimiento, del hilo que me rodea y me lleva hacia su cosmos, la aurora de su sencilla felicidad. Tal vez por eso amo las dunas, son mi consuelo, el laberinto y la espada sin centro. Escribo al lado del árbol y no puedo destejer las redes de la piedra con amor. En cambio, encuentro otro laberinto en este aire, su caos azaroso me lleva a escribir el primer disparo en la oscuridad.
El polvo y la tiniebla El polvo llega por aquí como si fuera parte de nosotros. El agua corre y arden los grillos en el pozo sin fondo. No levanto la mirada y respiro despacio. Cuando la oruga muere y el agua se estanca en las calles escribo como la oruga, y por la mañana el sol vuelve como si nada hubiera sucedido: mi perro mira el sol y yo escribo temblando en el patio de la casa.
Voy a escribir algo Imagino que voy a escribir algo sobre el perro que mira extasiado los cristales o sobre el blancor intenso del árbol que permanece de pie como un enorme ángel con espadas.Imagino que voy a subirme a los pinos para tomar fotos de los copos de nieve que se van deshaciendo sobre la arena. Pienso en pedir al cielo la gracia de la lluvia fresca. Desnudo, rezo. Los cerros desesperados se agarran del sonido de la luz del sol que nos derrite, y las rosas amarillas susurran en el patio con mi perro.
Ya no tengo ángel de la guarda Ya no tengo ángel de la guarda. Un día inesperado se perdió en la llanura buscando la plenitud y el reposo. A pesar de todo, el movimiento del cielo no cesa todavía. Sigo caminando por el bosque con los ojos abiertos, y a veces siento en el aire una breve eternidad. Pienso que mi ángel de la guarda - por ese inmenso cariño por las islas - está de custodio de las profundidades del mar, que después de todo, es la otra cara del cielo. Sé que no está en el monte Nebo contemplando el tiempo que vendrá. Mi ángel tenía una larga cabellera negra y sus ojos te seguían por todas partes. Cuando iba de paseo en mi bicicleta su cabello era una llamarada de fuego negro que llamaba la atención en todo el vecindario. Nadie la podía ver, excepto mi perro que agachaba la cabeza cuando volaba por encima de los geranios. Ya no tengo ángel de la guarda. Ahora camino solitario por las oscuras calles de los pinos y presiento que alguien todavía me vigila. |