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hispânica

Banda Hispânica (collage, Floriano Martins)

Daniel Samoilovich

Collage, Floriano Martins

 

Daniel Samoilovich: la dicotomia del sonido y del sentido en la poesia

Entrevista conduzida por Miguel Ángel Zapata

 

- Cuál sería tu idea de la poesia?

- Digamos que pienso en la poesía como en un enorme y fructífero error conceptual: el de creer que el sonido tiene algo que ver con el sentido. Es un error tan serio como el de los chinos, que piensan que un buen poeta tiene que ser además un buen calígrafo. ¿Por qué algo sería más cierto o más profundo al sonar mejor? Hay un placer especial en esta equivocación, una venganza contra las complejidades de la vida adulta y de la filosofía, una detención deliciosa en la herramienta de la expresión, que se libera así de su carácter instrumental, recupera la maravilla del nombrar inicial, La música y el asombro del dadá infantil cuando descubre que su juego nombra el mundo. Después, viene otra asombrosa comprobación: la de que, en realidad, ese instrumento primigenio y musical, ambiguo y delirante, es el único que de veras nombra, el único que vuela cuando la prosa normal no sabe, con toda su seriedad, sino andar con pies de plomo.

- Los poetas se distinguen sobre todo por la diferencia de sus manera de escribir poesia. Algunos escriben poesia después de leer un poema, otros, caminando, mirando, como Ponge, otros llorando lagrimas incontrolables debido a algun delirio, otros escuchando a Bach. Yo escribo despues de leer buena poesia y escuchar música barroca, pero lo curioso es que no escribo poesia barroca. ¿Y tu?

- Escribo sentándome frente a un papel o una computadora con tiempo disponible y nadie dando vueltas por ahí. Nadie puede querer decir una multitud, con tal que no me interpele, no me pregunte nada. Puedo escribir en un bar, aunque preferiblemente en una cueva bien tapiada y con todo un día libre por delante. Tomo notas en cualquier lado, pero escribir-escribir, requiere una concentración mayúscula en mi caso. ¿Lágrimas? No, o muy raramente; puede convenirme una cama cerca, para desconectar el aparato si su operación llega a ponerse demasiado densa.

- Observo en tus poemas un acercamiento a los objetos y a la naturaleza. Quisiera que me contaras como escribiste tu hermoso poema "Porto dos Ossos". Aqui encuentro concentrada tu poética.

- Porto dos Ossos es un puertecito al norte de Río de Janeiro. No significa Puerto de los Osos, sino de los Huesos. Había un bar al aire libre allí, sobre la bahía; no sé quien sería el loco que junto a las mesas había tendido una cama con sábanas y una colcha de algodón blanca; nadie estaba acostado allí, y yo tampoco me acosté; me senté a una mesa, pedí un whisky y el que atendía (el loco tal vez) me puso un balde de hielo y me dejó la botella, me dijo que era un regalo, que tomara todo lo que quisiera. Aquello era alegre, era gracioso, la tarde se ponía; al regalo del whisky se sumó el regalo de una visión más o menos geométrica, cubista: los mástiles oscuros, verticales, se balanceaban, pero la superficie era luminosa, la oscuridad no sabía como entrar al puerto. No creo que haya tomado ninguna nota, el poema apareció de un solo golpe a la memoria un par de años después. En el momento percibí nomás la geometría del asunto, sumada a la loca matemática de una botella enetra por cero pesos. La cama tendida aportaba al momento algo, mucho, de disparate, aunque finalmente no entró en el poema. Esto es lo que sé, ahora. La gente que habla en idiomas diversos, me parece que la inventé, al igual que la angustia. La melancholia de la escena, parecería más bien la melancolía de recordar y no poder revivir el pasado, rebatida sobre una escena que, en la realidad, tuvo un carácter muy diferente, de felicidad, regalo, dorada y blanca y alegre soledad.

- Posees varias temáticas diversas que no se contraponen. Por un lado el constructo preciso del encabalgamiento, y por el otro, una aparente sencillez en el vuelo del ave, la palabra que sube, nunca baja. Tal vez esto se encuentre en "Dante y los pajaros" donde se establece el juego de la mente y del espiritu. Einstein practicaba este juego muy bien, y creo que es un modelo del pensamiento que a mi me interesa. Explícame cómo llegó este poema de Dante y los pajaros, ahí donde también hay una plataforma aparentemente inmovil: el paisaje que vuela.

- "Dante y los pájaros" sí es fruto de unas notas, un cuaderno de notas donde se alternaban, un verano, mis aventuras de ornitófilo (meterse a los bosquecitos o a remar en el lago, con los prismáticos al cuello y la Guía de Aves de la Argentina y el Uruguay en un morral), con las notas de lectura de la Divina Comedia. Quedaron alternadas porque en la mañana yo salía a mirar pájaros y la tarde leía, y la libreta de notas era la misma. La verdad es que nunca me he parado a pensar mucho en por qué me gustan los pájaros; supongo que es de lo más diferente a nosotros que todavía podemos entender, más o menos. Los peces son como la India o el Japón, incomprensibles. Los pájaros son malos, o mejor dicho, son moralmente inimputables; son implacables, son voraces, son limpios, vuelan. Parece que son dinosaurios alados nomás, los únicos que se escaparon del larguísimo invierno que se desató cuando un aerolito impactó sobre la tierra, hace 65 millones de años, levantando una nube de polvo que tardó un milenio en posarse. Volar, que debía ser entonces una mera curiosidad, resultó ser un rasgo de primera categoría a la hora de sobrevivir al aerolito. Como dice Calvino, contentémonos con las sugerencias, no avancemos demasiado en las interpretaciones, no fabriquemos símbolos.

- Dirijes -Diario de Poesia- a mi entender y al entender de muchos, el mejor periódico, revista, de poesía en América Latina, cómo nació esta idea de hacer de la poesia de calidad un elemento asequible a todas las personas, al menos a las que hablamos español? Hay nuevos proyectos?

- Te agradezco mucho la valoración; dejemos, de todos modos, el juicio para después, para cuando se haya posado la nube de polvo; por ahora, bástenos la alegría de hacer lo que se nos da la gana. La idea de Diario de Poesía surgió hace quince años del divagar de un grupo de amigos que entonces teníamos alrededor de treinta años. Hicimos, creo, la revista que queríamos leer, y sin embargo no la hicimos para leerla nosotros mismos, sino para los demás; de esa vocación surgieron todas las decisiones editoriales, desde la del formato hasta la de la circulación en kioscos, desde las secciones de servicio hasta la política de combinar ensayo con información con creación. Quizás el único elemento que no estaba desde el principio, pero que se fue imponiendo con mucha fuerza con el tiempo, fue el acento latinomericano. ¿Nuevos proyectos? Ninguno. Ni editorial de libros, ni organización de congresos, ni de casas de poesía: hay otros que hacen estas cosas, y muy bien; la misión que se autoasigna la revista es apoyar las iniciativas que nos parecen más valiosas, hasta donde llegamos a conocerlas y apreciarlas.

- Anteriormente, en una entrevista, dijiste que te interesaba la pintura porque reúne ciertas cualidades similares a la poesía, como la preponderancia de la imagen sin un antes ni un después. Y eso es lo que veo en algunos de tus poemas, justamente iluminación momentánea del ojo, pero perenne en la memoria, como trazos sobre el papel, colores, tonos...

- Pienso que lo que decís es particularmente atinado respecto de mi tercer

libro, La Ansiedad Perfecta, y de parte del más reciente, Superficies Iluminadas, aunque ya en algunas zonas de este último yo me veo a mí mismo alejándome -no se si para bien o para mal- de la técnica "pictórica". Trataré de ser más preciso: durante mucho tiempo yo anduve fascinado por la pintura, no por la pintura en general, tal vez, sino por la pintura sin anécdota, la pintura cuando se libera de la anécdota: Vermeer, digamos,

donde se adivina una historia, unos personajes, pero todo tiene un carácter tan emocional, la vida es tan frágil, esos objetos de colores tan raros y contornos tan precisos asustan de tan emotivos que son. ¿Qué demonios es lo que nos pasa, lo que nos ha pasado, lo que recordamos? Se vive, se sueña. Se aman algunas cosas, se detestan otras. Se ven paisajes, animales, se escucha hablar a la gente. Algunas cosas llegan, otras se van; alguna gente muere, uno mismo ha de morir. ¿Tiene eso alguna importancia? Es tan raro ser el sujeto de algo; eventualmente es tan relativo, o absurdo; probablemente a todo el mundo le pasen más o menos las mismas cosas; y sin embargo, una máxima concentración en un punto y una herramienta podría hacernos testigos fehacientes de algún momento real, inventores de alguna forma, una suerte de pequeño mito, o inventores de la modulación personal de un mito, que justamente en virtud de su arbitrariedad y extrema individualidad alcance una existencia social, se instale como un color o un objeto en la vida de los otros: esta pretensión es sin duda inmodesta, pero si uno fuera de veras modesto dejaría de escribir, o directamente no hubiera empezado. Yo quería, en suma, no escribir sobre cuadros, sino hacer en poesía lo que Vermeer o Manet hacen en pintura, escenitas mínimas que, como quien no quiere la cosa, te pegan una patada en los huevos. Como te dije, para bien o para mal en algún momento cristalicé una técnica ligada a esto, una técnica descriptiva y una técnica verbal, verso libre o más bien lo que los italianos llaman "verso sciolto", tiradas de unos treinta o cuarenta versos eneasílabos y endecasílabos combinados, sin separación estrófica, sin rima ni repeticiones, mucho acento en sexta, algo no muy ruidoso, trampeando todo el tiempo, haciendo fintas esperando el momento de pegar; e incluso darse el lujo de no terminar con un golpe bueno sino en un anticlima, con un par de ganchos que marran y uno se baja del ring, abandona, sin quedarse para ver qué pasa con el rival. Bien, era una Buena técnica, apta para escenitas culturales o "naturales", reticente aunque no necesariamente parva, muy enemiga de la metáfora, más bien amiga de la alusión... Pero apenas llegué sentirme cómodo con ella, la abandoné. Quisiera volver a escribir así, parece que no puedo.

- En que planes andas ahora...

- Mi último libro terminado, Las Encantadas, que saldrá el año que viene en Tusquets, así como lo que parece que estoy escribiendo ahora, son poemas largos, con una historia más o menos simple como esqueleto. Las Encantadas es un poema de más de dos mil versos organizados en unos cien fragmentos, muchos de ellos variaciones unos de otros, a través de los cuales se narra una historia elemental: un tipo se despierta en una pieza de hotel, estaba soñando con un viaje hecho a las Galápagos veinte años atrás, y quiere recuperar ese viaje; no volverlo a hacer, sino ir hacia atrás en el tiempo, cosa que, como sabemos, ni los dioses pueden hacer. El poema es la historia de ese intento condenado al fracaso; mientras ensaya distintas posibilidades -volverse a dormir para soñar, hablar y hacer hablar a los fantasmas del pasado, cantar, inducir el big crunch en que el universo empezaría a contraerse y la flecha del tiempo a andar para atrás- su búsqueda del pasado se confunde con la de Darwin, que a mediados del XIX visitó las Galápagos buscando las claves de otro pasado, el de la especie humana. Trabajé con los escritos de Darwin, no sólo su relato estructurado, el Viaje de un Naturalista alrededor del Globo a bordo del H.S.M. Beagle, sino sus cuadernos de apuntes, notas sueltas de un hombre joven y fuerte, de una curiosidad inagotable, que después de ese viaje se encerró cincuenta años en su casa inglesa a pensar y recordar. ¿Qué más? Lo que escribo ahora, un año después que Las Encantadas me abandonaron dejándome exhausto: otro poema largo, que también empieza con alguien que se despierta en una pieza de hotel pero difiere en todo lo demás; el tono es esencialmente bufo, hay personajes, los personajes hablan como dementes, y por momentos -horror- parece que es una obra de teatro en verso, aunque yo para consolarme digo que, en el peor de los casos, sería una obra para marionetas. Estuve traduciendo a Shakespeare, estuve leyendo muchas coplitas populares, autos sacramentales, cantares de ciego, disparates del folklore argentino y nursery rhymes inglesas. Todo eso me fascina, es una entrada para mí completamente nueva sobre viejas obsesiones: poesía no sentimental, no "poética", ir a buscar en la ciencia, en la reflexión más conceptual o la descripción más pura, en el collage, el sinsentido o donde demonios sea la posibilidad de tomar la poesía por asalto sin pasar por las horcas caudinas de lo convencionalmente poético. No por mero afán de innovar o transgredir, por cierto, la verdad es que eso me da lo mismo; pero hay un registro que a falta de algo mejor yo calificaría de "normal", literario, que me deja completamente frío, dentro del cual yo no sería capaz de crear nada. De hecho, la poesía que me gusta, desde el Dante hasta Enrique Lihn, desde Shakespeare hasta Eugenio Montale, comparte este carácter un tanto salvaje, cada uno de ellos necesitó, en algún momento, torcerle el cuello a algún cisne para plasmar una obra propia. Otra vez, pretensiones; como diría Leónidas Lamborghini, "las pretensiones son enormes, los resultados, deformes".

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