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Laura Estrin |
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Sobre Álbum, de Laura Estrin: el
estilo como ética
Liliana Guaragno
La primera lectura de Álbum (BCZ editores, Colección El
estaño, Buenos Aires, 2001), de Laura Estrin, dio lugar al título que lleva esta nota:
un efecto inicial que las lecturas subsiguientes corroboraron en su justeza. Se trata-
diría Blok- de la temeraria sinceridad de un estilo, esa "aguja de la
escritura" que trama la forma del poema apostando a la vida-obra.
Por eso Álbum tiene que ver con un tono-el tono de la que escribe, una voz- con la frase que dice y no dice, con la que se quiebra o contrapone, con la digresión y los blancos que escanden la confluencia de versos en su combinatoria. Tiene que ver con cierto léxico referencial quiero decir con el peso del objeto, que se enuncia en "Ahora escribo versos/ en la inmortalidad del objeto"-. Pero ese objeto es un mundo. A veces yuxtapuesto a otros, crea en un ritmo rápido la lentitud de un paisaje al mismo tiempo que la alusión a una literatura como en "Cielo, Pasto, Chapa", o en "Poesía de provincia/ cangilones, ataditos y asaditos". Palabras que apuntan a lo real que aparece en la inserción y el corte; y si el objeto se hace sutil como "Pajaritos de la lluvia" o "Pajaritos del agua", no por eso pierde la materialidad. El peso de la letra y la forma del poema son el peso y el alivio... de los vaivenes de la escritura /vida. El tono es la música de ciertos lenguajes que atraen disonancias y silencios: cartas, diarios, notas, versos recordados o copiados -presentes en un álbum-otro, hecho de versos y blancos-, el discurso interior y el de la charla ( de café) coinciden como géneros que concitan la fragmentación, conllevan lo íntimo y lo extimo, el entorno y el sujeto - los hilos de la trama-. El tono como frente de escritura instaura una ética, una red ligada a lecturas de poetas rusos y alemanes con sus cartas y escritos, donde "ellos", los escritores de la exterioridad enfrentada en la cotidianeidad de la autora se interiorizan, entran en la red. El Álbum acerca, reúne o contrasta: los escritores de allá, los escritores del aquí y ahora, los porteños y los del interior del país "estañados"en la mesa de un café (referencia a El Estaño, bar de la calle Corrientes) ante los que esta escritura "gris lluvia"- quiere tomar posición, salirse del "aspaviento". En los hilos de la trama, la ascendencia, como interior del cuerpo, es dolor que insiste en Mandelstan, en Paul Celan ("Ancel") en la gris Rusia de los antepasados, esa muerte antigua vuelve en "Piedras flores del cementerio"del rito judío, y en la Rusia blanca de las tristes pulseras de Marina Tsvietáieva cuyos textos atraviesan los poemas de Laura Estrin y tocan con Álbum vespertino de 1910 , el título elegido para este Álbum del 2001. Los escritores leídos por Laura son absorbidos para marcar a Rusia como adjetivo, atributo de la poesía como verdad de existencia: "Álbum de...la noche, mejor, de la tarde Rusia". La escritura se agudiza por el verso que es re/unión: presencia de lo ausente, la cercanía de lo lejano, lo común de lo propio, así "un escritor/ que camina acá-cerca/ en los jardines de Palestina en 1930", y otro "un poeta que cruza Corrientes/ pero recuerda el grito-gurí./ Flores y el centro, entre ríos"- instauran una poética de mezcla y selección: los orígenes judíos, la procedencia entrerriana que hace de Entre Ríos un sustantivo común a la autora y al escritor aludido ( Ricardo Zelarayán), los estudios y lecturas, las teorías de la escritora, los lugares (sujeto y entorno) apuntan a la ruptura de la linealidad, a la simultaneidad de tiempos y significaciones, al dolor y a lo abierto. Álbum apuesta por ciertos estilos y discursos cuyos versos, son "anclas", partes de un sujeto de escritura que se irradian y encuentran en el frente; de lo interior a lo exterior, coloquio de lo que no deja de insistir y resiste. Una ética golpea lo "podrido" de todo grupo, eso que del conjunto de escritores no anda bien anilla un desafío análogo al grupo de Jena , arma el lío de la red. Pero para el grupo de Jena se cita a Lukács que utiliza el adjetivo "infame". Y no está acaso infame, el adjetivo infame ligado a la filosofía, al mal, y a la historia, mientras podrido suena a carne, a frutos que van a perderse (de/para la escritura-vida) si se pudren, cansan, ¿aburren? Podrido suena a un presente que no es justamente lo infame (lo infame requiere otro tiempo), como si lo que se vive con los otros - escritores- en la coetaneidad no pudiera llegar a la altura del mal porque el mal se deniega y, entonces, se hace necesaria la ironía: "Si el pelo te acompaña,/ hay literatura". Desde ya desde el frente de estos poemas, se cuela una crítica y una poética ( una lírica crítica, diría Héctor Libertella, aunque el poema precisa "combustión nunca lírica/ poema como diario/ como caen las arrugas del pantalón de un hombre"), aquí se prefiere "ninguna vanguardia/ ninguna vivisección". Los tonos redoblan en la repetición, en la acumulación de sustantivos, en los diminutivos, en los indicios que abren otras lecturas y entrelazan o hacen chocar sentidos, y aún más por las elipsis (propias de la oralidad, de las notas o diarios) la vivencia de lo real. Las relaciones desde los blancos del texto hacen pesar los versos, sostienen vacíos, implican efectos en el que lee ( sus límites y posibilidades), de lectura-vida. Los versos- in/versos- que se escapan de lo congelado son piedra-palabra de un frente, con "casa y mar y ojo /y tumba y árbol y (nuevamente) piedra", mundo redoblado en el que la mano esparce la absolución de la tierra: la/s cultura/s que recorren el cuerpo (escrito y escritor) imponen un gesto de remisión y recorrido. Un tiempo del fluir que carga instantes al futuro (el viaje, las historias truncas de Álbum). Álbum entrecruza re-unión y soledad, la soledad del instante, de la escritura, del momento en que la palabra o la frase toman compulsivamente el cuaderno y escriben el álbum. En tanto visión es punto sesgado del ver que impone lo visto, pero también transforma el término álbum (en su concepto como sustantivo común al pasar a sustantivo propio, nombre de libro), ya que no sólo de lo visto se hace objeto el verso, sino también de lo visto por leído y por lo leído o dicho de los otros que llega al oído en la conversación (palabras de lo oral, sus tonos), y en el intercambio cotidiano, aun en el movimiento de esa mujer-poeta en la casa, "mujer- Lezama que no corre", que lee "un día puntuado. Por un cambio de ropa,/ ordenar la comida/...". El Álbum es también el del olor y de la tierra, de lluvia y viento y sol, álbum irreverente que exhibe la frase surgida bajo la parra y el mate, las frases de los otros, registra citas, juega las alusiones y el retaceo. El álbum se inviste de paradoja, entre lo que estaba y lo que está : lo infame, lo podrido, y lo que salva, se elige en un irse escribiendo el trabajo de extender la vereda los límites del lenguaje- con un cuerpo de carne y hueso y del deseo de "decir": "Estiro la vereda,/ para llegar./ Tengo algo que decir,/.." |