Clique aqui para conhecer o maior sítio de poesia da WWW! Quase 3000 poetas!

banda

hispânica

Banda Hispânica (collage, Floriano Martins)

Dolors Alberola

Collage, Floriano Martins

 

La poesía de Dolors Alberola

Susana Quelle

El último libro de poemas de la valenciana Dolors Alberola, El medidor de cosas, con el que ha ganado el premio "Ciudad de Miranda" de 1999, se carcteriza por la arrasadora fuerza estética que no sólo nos deleita, sino que nos urge más que invita a leer de nuevo los poemas para contagiarnos de ese vitalismo desaforado en el que cualquier detalle le sirve a la voz lírica para hacer brotar de su interior un chorro de vida del que surgen las experiencias como si de un río desbordado se tratase, para finalment encauzarlas y hacerlas desembocar en la poesía. Aunque en "El medidor de cosas" no se aprecia un hilo conductor entre los poemas o un tema en torno al que se centren aquéllos, sí es notable la presencia de elementos comunes entre los diferente textos, además de la fuerza que, como hemos señalado antes, recorre como un alarido todo el poemario. Estos elementos son: 1) la cita que precede a cada poema y que sirve de apoyo sobre el que se elaborarán los versos; 2) palabras que se repiten insistentemente -sangre, muerte, dolor, amar, casa, animal, hombre, mujer, vida- y un léxico relacionado con en sexo; y 3) la equiparación de la poesía con el dolor.

Pues no en vano Dolors Alberola distingue en la vida, en su estado más puro podríamos decir, la fuente principal de inspiración. De ahí extrae el irracionalismo de muchas de sus imágenes y el léxico relacionado com los animales, como lo demuestra este breve poema en prosa -no muy abundantes en el cuerpo del libro- titulado "El espejo": "Ya no era la piel ese reducto de pájaros y perros que jugaban. No era el alma un gato que aprendiera a esconderse de su dueño. No era el cielo añil, ni las ventanas huecos donde el viento lo abandonara todo. No era el mar el lago de la vida. Un tigre sanguinario lo destruía todo. Solo quedó de mí esta mano, cargada de palomas".
Muy ligado a estos aspectos de lo primitivo e irracional, encontramos el tema de la locura, la búsqueda de la verdad en la locura, que actúa a la vez como herramienta de conocimiento y de creación. Porque la pureza que contiene la locura nos hace dudar de si el supuesto mundo real en el que vivimos es el válido, más aún si tenemos en cuenta que en los poemas de Dolors Alberola se concibe la locura como otro plano más del hombre, y no como una simple alteración de su conducta. Para demostrar el poder casi mágico o redentor o sobrenatural de la locura, la autora utiliza imágenes muy próximas al mundo de lo onírico y lo irracional, según venimos apuntando, que le ayudan a llegar a lo más hondo del ser humano y desde allí poder exclamar: "Hoy me he puesto hasta la piel del loco y he creado".

Y si la locura es uno de los puntos que sobresalen en "El medidor de cosas", no menos destacable es el papel de la muerte, ante la que el personaje lírico muestra y demuestra su rabia, sobre todo en los poemas "Mar de nadas" y "No hubiera amor más grande". En el primero, el mar simboliza la muerte que nos habita y que tarde y temprano se hará dueña de nosotros. La voz lírica pretende encerrarlo en una caja -metáfora del ser humano- para dominarlo y hacerle sufrir del mismo modo en que el mar le ha causado al personaje poético un daño irreparable. El segundo de estos poemas nos presenta al padre agonizante como "el fantasma que recuerda que sí existe la muerte, que es un cáliz" por qué "...es su muerte mi muerte, es mi condena".

Sin embargo, la impresión que obtenemos durante y tras la lectura de "El medidor de cosas" es que la muerte también se puede entender como una invitación a la vida; pero no a una vida vulgar, de la que es mejor protegerse con una "burbuja de lodo" para mejor poder crear nuestra propia vida interior y vivirla plenamente, con todas sus consecuencias, bien sean felices o dolorosas, como nos muestra la autora en varios de sus poemas. En uno de ellos la voz lírica aparece en una fiesta a la que se ofrece como el animal que sacrificarán los asistentes, con quienes nada tiene que ver, o se ve "portadora de muchos yo" que la persiguen porque no tuvo "esa sed de un sólo cántaro", o transformada en un ángel indolente ante el mal.
Pues todo aquello que podamos vivir, si lo interiorizamos de tal modo que se convierta en una quemadura que nos desgarra la piel y cuya huella no se borrará, nos hará sentir la grandeza de la vida, nos hará despreciar la muerte, pero sobre todo nos invitará a crecer en la poesía, como nos propone Dolors Alberola, ya que no sabremos vivir de otro modo.

retorno ao portal da banda hispânica