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José Guillermo Ros-Zanet |
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Aproximaciones sencillas al conocimiento del ser
panameño
José Guillermo Ros-Zanet Desde siempre, desde mis tiempos, me duele Panamá, y me duele América... Por eso busco entenderlas, conocerlas, y conocer. Preocupación honda por el Ser y la Historia. Oímos el llamado del Ser. Sentimos la patencia del Ser. Me duelen desde su originariedad, su originalidad y su antiguo presente; porque son legión los que tratan de oscurecer (y no entienden) su contenido de eternidad y destino. Con el mutuo descubrimiento y la conquista del mundo americano (conquista mutua, también, porque nos conquistamos mutuamente; aunque luego uno se convierta en el opresor y el otro - o los otros - en el oprimido), empiezan a ocurrir, y ocurren, diversos fenómenos humanos: civilizatorios, culturales, ontológicos (oscuros o luminosos). Encuentros y desencuentros... Tormentadas derivas del Ser aborigen panameño y aborigen americano... Frente al Ser europeo... ¿Existía ya, hace quinientos años, un Ser panameño, americano?.. Con seguridad existía una diversidad étnica en este mundo llamado (después) panameño, o americano... Etnias unas que fueron esclavizadas y diezmadas por otras etnias que eran sus vecinas; y por otras no tan vecinas... El genocidio comenzó temprano, desde los primeros tiempos de la creación del mundo aborigen americano... No es sólo suceso posterior al desencuentro, y a las tormentadas (o saludables) derivas del Ser americano, y del Ser panameño... ¿Sintieron, ellos, el llamado del Ser? ¿Es que hubo (conciencia de) un Ser panameño antes del mutuo encuentro-desencuentro? ¿Existió, entonces, la preocupación (y hasta la angustia) ontológica? ¿Existe hoy el Ser panameño, desde los primeros (originarios) y desde los posteriores (actuales) encuentros?... Es en mi una certidumbre. Un ser en el tiempo y en los tiempos. En las edades ... Y dura (renace), va durando desde siglos. El dramático mutuo encuentro hace posible el resurgimiento (el avivamiento) de dos visiones del hombre y del mundo: por un lado, la creencia de ser un hombre superior, civilizado, que se ve enfrentado, de pronto, al bárbaro, al incivilizado (recordemos las ideas helénicas); enfrentado a un hombre del que se dudaba si tenía (un) alma... Un hombre que sólo poseía el cuerpo, pero no la razón (recordemos lo que decía Descartes: todos los hombres son iguales, porque todos poseen la razón). Y, por el otro lado, ocurrió el reavivamiento de la Creencia (aborigen) de la llegada del dios blanco, todopoderoso, que habría de dominar, y predominar... (¿Ocurrió así, en gran medida, porque así estaba pensado, y creído?). De este mutuo encuentro de dos visiones, de dos mundos, de dos sistemas, de dos hombres (opresor y oprimido) surgieron, creemos, lo que llamo las tres derivas ontológicas: 1. El que es sometido con infinita violencia exterior. Sin otra posible salida. El eterno oprimido que acepta su propia negación sin rebelión. Acepta ser-en-otro..., porque piensa que el otro está destinado a dominar (¿El no-Ser?). 2. El que acepta, con violencia y con rebelión interior, el dominio violento del opresor... Acepta para ser apenas-Ser... Pero lucha, y se rebela en silencio... El oprimido sufriente . El desvalido ontológico, en lucha impar; el de la agonía unamuniana (¿El Menos-Ser?). 3. El que se rebela abiertamente, contra el opresor, perece, pero trasciende. Muerte y Resurrección. Aun con desventaja enfrenta eternamente al depredador... No enajena su mismidad, su Ser-Ser... Ciertamente se sabe igual al otro (¿El Ser-Más?). ¿El Ser Auténtico? ¿¡El Ser de la Identidad¡? ¡El Ser Auténtico¡ Es, pues, mi creencia que el mutuo encuentro de los dos mundos (con su trauma y su drama ontológico), hizo posible el surgimiento de estas tres distintas derivas (¿Tomas de inconciencia y de conciencia?) del Ser panameño. Y llenan y llenarán el tiempo de nuestra historia desde la protohistoria. Y no pretendemos simplificar lo complejo. Es un acercamiento, una aproximación a la finita infinita complejidad. PRIMERA DERIVA Del encuentro de los dos mundos (dos visiones del hombre y del mundo) nace (queda sólo) un no-Ser, un nada-Ser. Es el no-Ser paradojal (paradojal porque el Ser no puede No-Ser), habitante de un limbo ontológico, si es que existe ese extraño limbo... O es el habitanta oscuro de un como limbo ontológico. Su presencia es ausencia. Su existencia es no-existencia... Intuimos un extraño ser. Pero al buscarlo sólo aprenhendemos el vacío esencial y hasta existencial. Nadificación del Ser. El holocausto del Ser panameño (y americano)... Si había un presentimiento originario (de la patencia) del Ser, el "otro" (el mutuo encuentro) lo apagó... ¿Siguió la pura soterrada patencia del Ser?... Y así entró a la historia y al tiempo... Aún en el mínimo Ser siempre hay (Más) Ser. La Nada no es porque es nada. La Nada es porque es Nada... Creo que fue Sarte el que dijo: "La nada nadea". SEGUNDA DERIVA Aquí ocurrió, también, el "hágase el mutuo encuentro". Pero no fue menos oscuro... ¡Porque este encuentro tampoco fue bueno¡ El Ser originario panameño se detuvo. Y surgió el menos-Ser panameño (y así surgió, también, el menos-Ser americano) salido desde el trauma ontológico del mutuo encuentro de dos mundos (pero fueron realmente varios mundos...) Y este menos-Ser panameño siguió entonces, y sigue hoy, su caminar (pero no su destino); y continúa (es) sólo en la medida (y sólo en esa medida) en que es el Ser-No-auténtico. Es un como Ser-en-Otro-Ser. No Un-Ser-con-Otro-Ser, sino un-Ser(complemento)-en-Otro-Ser. Un menos-Ser. Un Ser-menos. Es la inautenticidad y la destotalidad del Ser panameño. La aprehensión y la concretización mínimas de lo mínimo aprehendible del Ser. Un caminar residual desde la historia. En el tiempo. En la historia. El tartamudo ontológico. TERCERA DERIVA Aquí está (vino y vendrá desde los muchos encuentros) el Ser auténticamente panameño (y el Ser auténticamente americano), el Ser que se enriquece, y se enriquecerá por siempre, desde su propio Ser, y desde el Ser Occidental (y desde el otro-Ser (los otros, porque hay otros seres). Mismidad y alteridad a un tiempo; sin dejar de ser mismidad, en la historia, en los tiempos. Es el Ser-Ser, el Más-Ser. Un iluminante Ser-Siendo-Con-Otro-Ser, en un solo Ser. Un Ser-Siendo-Uno, en la historia, que busca y buscará la totalidad del Ser (y de Ser) eternamente. Un Ser único que se sabe igual y distinto a todos los demás hombres. El Ser del Destino... Es el Ser panameño que no desea ser el absoluto europeo total que no es; no desea no ser el aborigen (el indiecito) que es. Ha aceptado a uno y a otro. Ha aceptado y ha asimilado a Balboa y a Comagre, "lo propio" y "lo ajeno". Y es él, él mismo. Es ser alteridad sin dejar de ser auténtica y profunda mismidad... No añora lo otro, lo ajeno. Cree profundamente en lo propio, en sí mismo. Se sabe igual a todos los hombres, porque se conoce y se sabe humano. Ser. Se sabe igual y distinto a todos los demás hombres... Recuerdo ahora lo que dije en un escrito anterior ("De la Verdad del Ser"): En el universo del Espíritu, lo que ha sido, es y será eternamente. ¿Cuál de las tres derivas somos, realmente? ¿Somos todas?... Estos tres seres caminan juntos y separados a un tiempo, como extraños compañeros adversarios. El Ser-panameño parece darse más profundamente y más extensamente desde (y en) la Primera Deriva, y desde (y en) la Segunda Deriva (o segunda posibilidad): Un nada-Ser y un menos-Ser... Y el no-Ser es Ser-no-siendo. Un existir no existiendo. Un ser que no presiente ni siente la llamada del Ser. Y este no-Ser panameño adversa al Ser y es adversado y rechazado por el Ser... Y dificulta, impide en sí mismo y en su entorno toda búsqueda de ser del Ser, y todo intento de su ser de Ser... pero aun este extraño impedir, esta como clausura, es búsqueda y es, oscuramente, apertura. No es lo inmóvil moviente ... Es el no existente existiendo, desde el Ser primordial aborigen... Acaso lo aborigen sea la "materia" del Ser. Y lo europeo, tal vez, será la "forma" del Ser. (Y de los dos encuentros, y más, se siguen formando, tal vez, los "contenidos" del Ser total panameño). Y el apagamiento del Ser de la segunda Deriva, ese Ser-menos es agonía unamuniana... Y oculta su mismidad. No la muestra... Pero no es el surgimiento de un sentido de inferioridad... Es pasividad, indolencia, ponerse al margen, marginarse. Minusvalidez ontológica. Un temor de Ser... "Un hacer violencia contra el propio Ser", como manifestaba Leopoldo Zea. Una permanente apenas moviente agonía... Y en lucha agónica extraña, sin par, es posible que un día esos dos seres (?), desde su no-Ser (de pronto un casi-no-Ser), o desde su Ser-menos, accederán al Ser (el Ser-con-otro para Ser-Uno)... Y cuando esto tenga lugar o cumplimiento, desde estos "seres", acaso será sobre la destrucción; y el dolor... ¿Un nacer a deshoras?... Será una transfiguración anómala del Ser, desde el no-Ser y desde el menos-Ser. Pero (tengo la certidumbre), en esos mismos instantes, el Ser verdadero, el Ser Panameño (y el Ser americano) devendrá (aun en la temporalidad) el más-Ser, el Ser-más-Ser de la intemporalidad: desde la transfiguración; desde la muerte y la resurrección... PORQUE MÁS ALLÁ DE LA ENAPREHENDIBLE TOTALIDAD DEL SER, HAY MÁS SER, ETERNAMENTE. Este nuestro pensamiento, nuestro claro pero prudente optimismo) lo bien fundamentamos en acontecimientos reales: En nuestro Ser y en nuestro acontecer históricos se ha dado esta transfiguración del Ser como fenómenos individuales (extraordinarios seres, personar superiores); como Ser, Identidad y Destino personales, superiores. Hombres de ideas perdurables, y no de emociones efímeras... Estuvieron y están en nuestra Historia, desde el alba de nuestro vivir y existir como pueblo... Ellos también (son más-Ser), son los que han salvado (salvan) el vacío de identidad (el foso) metafísico de la tierra dividida en canal... Son los guardadores del Ser, de la Identidad y el Destino nacionales desde la Verdad... Y es también nuestra creencia que un día, un tiempo, una edad esta transfiguración (muerte y resurrección) desde el Ser-más al más-Ser panameño, se hará no sólo acontecimiento individual, sino acontecimiento (fenómeno) colectivo, totalizante (no habrá ya más destotalización del Ser panameño). Ya no habrá más cadáveres ni minusválidos ontológicos... Será el final de la mudez entitativa nacional. Permanezcamos en interminable vigilia (ontológica), atentos al llamado del Ser... Impidamos que en otro tiempo, en otra edad, haga su aparición el extraño ser, venido desde el No-Ser, o desde el Menos-Ser no redimidos... Porque será la aparición de un Ser anormal (o tal vez podrá ser un Ser anormal residual)... Este Ser anormal podría predominar; y se alejará (se separará) eternamente de la fuente primigenia del Ser: Del Amor... Este Ser anormal residual se alejará de esa fuente eterna y de sus simientes: el Bien, la Verdad y la Belleza... Y no predominará, porque se alejará de sí mismo y de sus semejantes... Es el separado de todos y de sí mismo. El separado de la Humanidad. El situado cómodamente en su inhumanidad... El asesino y el torturador de su hermano, el destructor del Vergel humano y de la Vida Total, y del entorno de la Vida...; el in-humano, sin sentimiento de culpa... Y esto que se hizo verdad (y profecía) desde lo originario, desde la invención del Nuevo Mundo, duró, y dura desde los siglos. Se hizo historia. Se hizo Historia. (Pero me pregunto si, hoy, nuestra América desde las independencias - y nuestro País - desde las últimas y más recientes décadas- acaso no se han visto y se ven enfrentadas nuevamente al opresor (al que se cree superior y predestinado); un paradojalmente extraño opresor porque no viene de allende la mar-océano, ni desde otra visión: es el aborigen, y es el extraño mestizo, y tiene mil rostros, pero es uno solo; es el Contra-Ser). ¿El desigual? Recordemos que Descartes sostenía que todos los hombres son iguales, desde la Razón... Es decir, todos somos iguales porque todos somos seres racionales, humanos (aunque algunos hombres parecen negar esta verdad; caminan a Contra-Ser). San Agustín también creyó en la igualdad de todos los hombres, porque todos, sin excepción, decía, descendemos del Primer Hombre... "Todos son mis hermanos", dijo Gandhi. Todos los hombres somos iguales, porque todos somos distintos... Y si todos somos distintos, entonces todos somos desiguales; y eso nos iguala. Nos iguala el hecho de ser todos desiguales. Y Simón Bolívar dijo: "No somos españoles, no somos indios, somos otra cosa... Somos una especie de pequeño género humano"... Seguramente Bolívar dio por sobreentendido que tampoco somos negros... y el quería profundamente a su buena nana negra... ...Recordemos que en cierta ocasión (luego de la Batalla de Ayacucho) Bolívar (huérfano desde muy niño) le escribió una carta a su hermana María Antonia, y le decía: "Ayer recibí carta de mi madre Hipólita, dale lo que pida, porque yo no he conocido otra madre que ella". ¡Cuántas leyendas, relatos y consejos de labios de la nana negra escuchó el niño Bolívar: Ella (junto a sus grandes maestros) lo llevó, tal vez, a intuir los profundos problemas y las tristezas de la esclavitud;y lo inmenso de la Libertad. Ser lo que somos, ser el Ser que somos, ser nosotros mismos hace posible el encuentro de nuestra propia Identidad y de nuestro Destino. Nos hace auténticos Seres Humanos. De esta manera seremos y estaremos en la Historia. (Verdad que Hegel, inmenso entre los más - sin desearlo, seguramente - nos negó)... Somos y tenemos Historia... No podemos ser, no somos, seres ahistóricos. Ser panameño significa ser Ser, Ser Humano, Ser Hombre, igual a todos los demás Hombres. Este sentimiento originario (de ser humanidad), nos asegurará el camino hacia la Universalidad, desde la auténtica Particularidad. Ser el Ser de la profunda Identidad, de Eternidad y Destino. ¿Acaso no somos capaces de ser, a un tiempo, oriundos de la pequeña Aldea Natal y de la gran Aldea Tierra? Mismidad que no se pierde en la alteridad. Ser nosotros mismos significa, esencialmente, Ser. Y recordemos que el Ser verdadero es el Ser-que-descubre, el Ser-descubriente... Y el Ser-descubriente es el que deja ver al Ente, el que lo des-cubre... Y entonces ya no habrá más mudez ni minusvalidez entitativa. Epifanía del Ser. |