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banda hispânica |
José Viñals |
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Una gota de ámbar perpendicular al mundo (cerca
de José Viñals)
Jorge Riechmann 1 Apuntes de diario, aforismos (veteados en ocasiones con imágenes de gran fuerza plástica), notas de crítica literaria, reflexiones sobre el arte y la política contemporáneos, anotaciones autobiográficas: al hilo de los días, desde la luz de Málaga, en el tono de una cordial conversación siempre inteligente y a ratos iluminadora, un poeta argentino y español (y también colombiano, y francés, y aun rico de otros orígenes, como el lector o lectora descubrirá pronto) ha plasmado sus Huellas dactilares.Recorriendo las vueltas y recodos del paseo que una sensibilidad alerta traza en el tiempo, creo que éste es el libro donde mejor podemos aproximarnos al José Viñals hombre, al José Viñals intelectual reflexivo, al José Viñals meditador de su artesanía, al José Viñals esposo y amante -junto al José Viñals poeta que a muchos se nos reveló, en los últimos años, en varias entregas deslumbrantes. De ahí el título: Huellas dactilares, porque el poeta ha dejado su marca personal impresa en cada parágrafo. No es que por eso sea un libro mejor o peor que los otros: es algo distinto. Lo leeremos atendiendo a la indicación de su autor: "Así como la índole de un hombre es deducible de su obra, la índole de una obra es deducible de la personalidad y la conducta de su autor" (# 32). 2 Viñals ha escrito estas páginas, si no yerro, con un interlocutor implícito en la cabeza: uno de esos poetas jóvenes que se asoman a visitarlo a su casa frente al mar, buscando aprender del maestro en sazón, generoso de su tiempo. Se trata de un tipo de libro que tiene su tradición y que en ocasiones acaba alcanzando a grandes audiencias (las Cartas a un joven poeta de Rilke).Pues bien, leído desde ese lugar, hay que decir que Huellas dactilares rebosa de intuiciones valiosas para el aprendiz de poeta que se arrime a estas páginas, barruntando que el autor puede transmitir no sólo destrezas del oficio, sino también sabiduría de vida. De entre las muchas riquezas que ofrece este libro, yo me quedaría acaso con la diferencia entre escribir y redactar (# 36), entre transformación y reforma (# 47), entre poesía y literatura (# 75, 78, 140, 141, 227, 270), entre intelecto y espíritu (# 83, 84, 213, 241, 244, 255), entre imaginación y fantasía (# 169, 170), entre arte orgánico y abstracto (# 257); la apreciación de la vanguardia (# 37 y siguientes, 64, 65, 128, 135, 136, 232) y de la barbarie perceptiva (# 41, 42, 189); la reflexión sobre violencia revolucionaria y violencia poética (# 16, 29, 49, 59, 60, 90); la reivindicación de una estética de la pobreza (# 193); la luz sobre el asunto de lo claro y lo oscuro en arte (# 219); la crítica del encastillamiento en la propia disciplina (# 62)... 3 La cualidad decisiva, al mismo tiempo moral e intelectual, que Viñals aprecia en el artista de izquierdas -ése que "tiene un doble compromiso inexcusable: con su arte y con la sociedad, empezando por su clase" (# 2)- es la actitud de alerta. "¡Alerta, compañero! El estado de alerta es el prerrequisito de la percepción. Si el centinela se duerme entran a saco los depredadores de la percepción originaria" (#19). La imagen del centinela en vigilia es bíblica; y sin demasiado esfuerzo podríamos traer a colación textos imperecederos de los místicos cristianos, o de los pensadores budistas, que recomiendan la misma actitud de vigilante atención.Hay que insistir en la importancia de esa vigilia atenta a la vida interior y al mundo en torno. Es el factor básico de la autodisciplina a partir de la cual serán posibles el conocimiento y la acción. Esforzarse por ver; "llegar a despertarse" (Henri Michaux). Me parece que Viñals acierta al poner el acento en el estar "con los ojos interiores alertas y abiertos a la percepción" (# 79) antes que en otras actitudes y aptitudes que, desde supuestos menos lúcidos, acaso parecerían más connaturales al artista de izquierdas (la firmeza ideológica, verbigracia, o la imaginación compasiva). Pero no, tiene razón Viñals: lo verdaderamente esencial es estar alerta. 4 La figura del escritor-ciudadano -el nivel mínimo exigible a un hombre de letras al menos desde 1789, porque no queremos ser idiotas en el sentido etimológico de la palabra- se perfila, se radicaliza un poco más: estamos ante un poeta revolucionario. Revolucionario -adjetivo que no tomaremos en vano- de una revolución inacabable (# 29, 33, 91).El enemigo de mi enemigo no tiene por qué ser mi amigo. Dado que el orden social capitalista fomenta cierta gama de individualismos desvertebradores, ¿tendremos que renunciar a buscar las verdades personales, a practicar los senderos por los que se marcha en fila de a uno? Una cosa no se sigue de la otra. Sabemos que es posible conciliar el activo compromiso político emancipatorio con la indagación personal más arriscada; y sobre todo sabemos que allí donde la segunda no existe, magros o -peor aún- siniestramente contraproducentes serán los frutos carbónicos del primero. La poesía es soberana (no el poeta). 5 A toro pasado, las predicciones retrospectivas parecen fáciles. Pero ni siquiera ser profeta de lo que ya ocurrió está al alcance de cualquiera: así de perturbadora es la afilada uña de la ideología.Amparado en tales cautelas, me atreveré a postular lo siguiente: cambiar el mundo de base (acabar con el orden social capitalista, construir una sociedad sin explotación ni opresión) fue posible, en este siglo, sólo durante un momento muy breve: 1917-1919. La ventana al horizonte rojo permaneció abierta sólo durante un momento: el que media entre la Revolución de Octubre y la derrota de la revolución en Europa occidental (que podemos simbolizar con el asesinato de Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht en enero de 1919). En 1917-1919 se combatieron luchas ofensivas: a partir de entonces, la trágica suerte del proletariado insurrecto está echada. La derrota durará decenios, y las luchas que no cesarán durante estos decenios, a pesar de las ilusiones que hayamos podido hacernos al respecto, serán luchas sólo defensivas. Pues bien, si algo puede reprocharse a las vanguardias artísticas que hoy llamamos "históricas" es no haber sabido reconocer atinadamente su situación histórica: creer, o fingir creer, que el horizonte rojo seguía abierto mucho tiempo después de que se hubiera cerrado. Podemos reprochar falta de lucidez y cierta fatuidad, que impidió -hablando en términos generales- reconocer una derrota y reaccionar adecuadamente a ella. (Reconocimiento que, desde luego, no implica sumisión: "estamos en derrota, nunca en doma", diremos siempre con el verso de Claudio Rodríguez). Si criticamos así el contresens histórico-político de las vanguardias, ¿significa eso que deberíamos sumarnos al nutrido ejército, paradójico por estar íntegramente compuesto de retaguardias, de los sicofantes y enterradores posmodernos? Nada de eso: hay dimensiones del acontecer creativo de las vanguardias históricas que siguen siendo esenciales para nuestra respiración. Me refiero a la puesta en entredicho de los lenguajes tradicionales anquilosados; a la concepción del arte como un laboratorio de las posibilidades de lo humano; al cuestionamiento crítico de lo dado, y a la indagación libertaria en nuevos e inéditos modos de vivir y crear. 6"en/amorada debería escribirse siempre en/ajenada", escribe Cristina Peri Rossi. La poesía, el amor y la liberación social tienen siempre un momento de extrañamiento. Distanciarse de las palabras dichas, las modulaciones convencionales del sentimiento y las relaciones sociales vigentes causa vértigo: pero hay que atreverse a ello. "Desarrollad vuestra extrañeza legítima", nos intima René Char: el movimiento de la auto-nomía, de la trabajosa constitución de un sujeto capaz de darse a sí mismo su propia ley -la más valiosa creación cultural de Occidente, en mi modesta opinión-, es impensable sin los dos momentos del extrañamiento y la singularidad. Y aquí el arte de vanguardia ha dicho, cantado, narrado, dibujado, esculpido, compuesto algunas cosas imperecederas. 7Viñals parece un hombre que nunca ha tenido prisa; y esto es admirable, pues la prisa es un ácido corrosivo de los más altos bienes que nos ofrece la vida. "Despacito, tranquilo, ya cambiará" (# 9). En alguien que ronda ya los setenta años, y que -con realismo- duda de ver realizarse en el tiempo de su vida la revolución político-social que le alentó y por la que alentó, este rechazo del apresuramiento impresiona doblemente. "No falta tiempo, pero tampoco sobra" (# 120) para hacer lo que ha de ser hecho: aquí tendríamos que encontrarnos, precisamente aquí. 8"Sólo son poetas los que dejan un reguero de polen, no siempre visible" (# 81). "Arte es transformación" (# 151). "Así como hay una ética del pan o del traje, hay una ética del poema" (# 159). "Hoy es el día de la revolución" (# 173). "La poesía es resistencia o es puro verso" (# 234). "Si la poesía no es nueva no es que sea vieja, es que no existe" (# 238). "Es cierto que la poesía se hace con palabras; pero con palabras de honor" (# 254). "Intenta transformar o habrás vivido en vano" (# 291). Frases rotundas, en las que se condensa la experiencia -existencial, emotiva, poética- de toda una vida, y que se quedan largo tiempo rodando por la cabeza del lector. A veces todo se adensa hasta alcanzar casi la dicción del pensador presocrático: "procuro ser a la vez permeable e impermeable" (#51), "el estado de guerra es permanente en el mundo" (# 175), podrían ser sin más traducciónes hispanoargentinas de sentencias de Heráclito. 9Escribir sobre un autor a quien queremos y admiramos no quiere decir comulgar con todas y cada una de sus opiniones. Hay en este librito espléndido de José Viñals algunas razones menos sólidas que otras, abismos sobrevolados con alguna argucia retórica, y un par de páginas con las que discrepo: así los parágrafos 275 a 278, sobre la cruel fiesta de los toros. Ni las críticas humanitarias de gente como Manuel Vicent son "formalistas" (si no se quiere implicar que toda ética sea necesariamente "formalista"), ni es contradictorio reconocer la "trágica belleza y elevado poder catártico" de lo que ocurre en el ruedo, al mismo tiempo que uno desea su pronta abolición, quizá sin gastar demasiada "moralina de tres al cuarto". Más allá de la estética sacrificial, hay una dimensión ética en la relación humano-animal que a las puertas del siglo XXI no puede seguir ignorándose. Razones sobre el toreo como las de Viñals siempre acaban por traerme a las mientes un episodio de la Rayuela de Julio Cortázar, el 14 del LADO DE ALLÁ, cuando el chino Wong accede a dejar ver a Oliveira las fotos de la sesión de tortura: el condenado atado al poste y el verdugo con los cuchillos, los ocho momentos de un suplicio atroz que en total duraba una infinita hora y media. Wong defiende que no se trata de tortura, sino que "en China se tenía un concepto distinto del arte": y estoy seguro de que ello puede argumentarse con la misma veracidad estética que mi maestro don José Bergamín ponía en la transmisión de la música callada del toreo. Pero ni por un momento se nos ocurriría sostener que, en el caso de las refinadas artes tradicionales de la tortura en China, tradición, arte y ceremonia tienen más valor que el sufrimiento del torturado; creo que en quienes defienden el toreo se da un fracaso análogo en la ponderación de bienes y males, valores y disvalores. 10En cierta playa de una costa celebrada por su riqueza geológica hallé un canto rodado singular: dos parte interpenetradas constituidas con rocas diferentes, una blanca, otra negra, cual si las olas escultoras hubiesen querido crear una acabada representación del huevo cósmico, con su día y su noche, su yin y su yang, su masculinidad y su feminidad. Lo guardo como un tesoro. Pero añadí -con la ayuda de mi mujer Natividad- otro elemento para completar la piedra: una gota de ámbar, esa dorada resina fósil que a veces preserva en su interior insectos antiquísimos, y que podría representar el rayo de la poesía, perpendicular con respecto al mundo. (Esta miel pétrea, al ser frotada y acariciada, descubrió a los seres humanos los efectos eléctricos, y de hecho la palabra "electricidad" proviene del nombre que le dieron los antiguos griegos, elektron.) "Ha de saberse", nos dice Viñals, "que el día no es lo opuesto a la noche sino su otro hemisferio. Así verdad y mentira." Son palabras que, como muchas otras de este libro, recorren el hemisferio solar. No demoro un instante más, paciente lector o lectora, el momento en que has de medirte con la potente reflexión de José Viñals. Sin duda es un "poeta depredador" (# 182) que no dudará en zarandearte y magullarte si piensa que es necesario, que recurrirá a los puños o el bastón si adivina en ti una debilidad dañosa; pero piensa que este caníbal tiene la honestidad de aplicarse a sí mismo su propia medicina (# 22), y ten la seguridad de que ama eso que tú mismo, tú misma podrías llegar a ser. |