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Banda Hispânica (collage, Floriano Martins)

Rosibel Morera

Collage, Floriano Martins

 

Lumbres con nombre

Carlos Francisco Monge

Después de un tiempo, Rosibel Morera regresa con un nuevo libro a la plaza de la poesía: Toda la lumbre derramada. Lo acaba de publicar la Editorial de la Universidad Nacional. Rosibel nos había dado, en 1973, unas Cartas a mi Señor, concentrado acopio de una experiencia veinteañera de la realidad. Eran, claro, los años de formación: el despertar a un oficio, y el pacto con la palabra perdida entre el amasijo de las urgencias inmediatas. Años después publicó La proyección escénica (1983), sugestivo ensayo sobre la condición del actor teatral; los cuentos Las resurrecciones y reencarnaciones de Lázaro Fuentes (1988), e Historias de un testigo interior (1990), hermosa crónica a medio camino entre la historia social de una época y el diario íntimo de la aventura moral.

Mediante el ensayo, el relato, la crónica o la conferencia, la presencia verbal de Rosibel Morera siempre rezuma el aroma de la poesía. Percibe el mundo con la fascinación y el asombro de quien vive la experiencia soberana de la realidad; es decir, la seducción de un mundo solo explicable en el juego de adivinaciones y tentativas que da el ritual de la poesía. Eso explica su obra literaria, su imagen de la realidad y su propio temperamento. Más que la persona concreta, quien habla en el poema, como también en la novela o el ensayo, es la voz de una época y una verdad forjada: ?una generación, un grupo, una alternativa? Una respuesta al tiempo y a sus atributos singulares.

 

Toda la lumbre derramada es una memoria del cuerpo y la imaginación. Es decir: la conciencia de nuestra condición temporal - también la belleza y el goce son históricos - y la fantasía de un mundo deseado, superior a los hechos cotidianos. Evocan los poemas una llamada a las nuevas creencias, alimentadas por la impudicia de la reafirmación, por las nostalgias aviesas, y por el deseo de conversar, ya recogidamente, con el tú generoso, que regresa como un ángel experto.

Como en su momento en Cartas a mi Señor, esta poesía invita al diálogo; no hay confesión ni autobiografía. Esto concuerda con una posición, literaria y política, cuyos orígenes están en sus años de formación: la poesía está hecha para los demás, y es un acto de solidaridad y participación. En su caso no se trata del testimonio de una evidencia política, sino la afirmación de una "vigilante paciencia", que al contemplar conoce, y al conocer se encuentra con las creencias ya revitalizadas. Es la lumbre derramada en homenaje a una felicidad que ha de forjarse en el aquí y el ahora.

Los tres temas del libro son el mundo, el amor y la palabra; cada uno con sus matices, porque la poesía de Rosibel no es de abstracciones, aunque en los poemas se note una inclinación por el mundo de los absolutos. El mundo es, sobre todo, la naturaleza; o mejor dicho, una vuelta a lo primigenio. ¿Tiene esto que ver con la experiencia vital del poeta o con una moral desencadenada, por reacción, en la vida urbana? Me parece que esa "vuelta a los orígenes" responde a un deseo de recuperar el verdadero diálogo con el mundo, perdido alguna vez, por obra del poder y la amargura, que tanto afectó la formación de una generación de escritores a la que pertenece Rosibel Morera.

También estos poemas son cantos al amor. Su fundamento es la esperanza; y supone el mismo principio que la vuelta a la naturaleza: el reencuentro con la felicidad y la búsqueda de un nombre para la plenitud. Cuando el mundo se ha roto entre un aquí solitario y un allá solidario, ¿qué más le ha quedado al poeta sino reconstruir los puentes? Esos puentes son los de la palabra, el gesto de la canción, el poema como tentativa de salvación. Cuando se tiene conciencia del mundo y del significado de las relaciones entre los seres, aparece la conciencia del decir. Por ello en Toda la lumbre derramada queda un lugar espacioso para las preguntas sobre el destino del poeta y sus cantos. Lenguas, nombres, ecos, palabras, invocaciones y decires, ¿qué son sino maneras de afirmarnos en la realidad de nuestra historia? Pero esa "voz ceremonial" no pretende alcanzar las verdades absolutas, sino conocer los ciclos de la vida: "Nacer para morir para nacer de nuevo", dice un poema.

La reflexión sobre la palabra es un acto de exploración de nuestra cultura, y señal de experiencia. Atrás quedan la ingenuidad o el mesianismo, que hora es de derramar el fuego de las nuevas respuestas a las nuevas interrogaciones; porque el germen de la poesía contemporánea no es el mundo de la catequesis filantrópica, sino el de la revelación compartida de la historia presente.

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