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Paraguay:
panorama de la poesía actual
Tereza Méndez-Faith
Aunque el Paraguay de
las últimas décadas no ha sido suelo propicio para la creación artística en general,
la poesía siempre ha sido el género literario más prolífico de las letras paraguayas.
Si por "poesía actual" entendemos la producida a partir de la década del 60
(i.e., 1960-presente), entonces el entorno temporal de lo aquí incluido como
"poesía paraguaya actual" abarca casi treinta años de gobierno dictatorial
(dictadura de Stroessner, 1955-1989) y apenas cinco años de transición democrática
(1989-presente). La situación política, económica y cultural resultante, así como
también las censuras y autocensuras vigentes durante dicha dictadura han afectado
significativamente, tanto en cantidad como en calidad, la producción poética interna.
Los arrestos arbitrarios, la persecución ideológica y la represión política imperantes
llevaron al exilio a casi un millón de paraguayos (un tercio de la población) y, entre
ellos, a muchos escritores y artistas. "Debido a estos motivos", explica
Giuseppe Bellini, "la literatura del Paraguay se construyó más con las aportaciones
de los exiliados que con las de los escritores que vivieron en la patria" (en su Historia
de la literatura hispanoamericana, 1985). En efecto, los dos poetas paraguayos de
mayor renombre internacional, Hérib Campos Cervera (1905-1953) y Elvio Romero (1926), han
escrito prácticamente toda su obra en el exilio, ambos en Buenos Aires. Considerado el
poeta más importante de la promoción de 1940, Campos Cervera es también uno de los tres
escritores de dicho grupo (con Josefina Plá y Augusto Roa Bastos) que mayor influencia
han tenido en la literatura paraguaya contemporánea. Testigos todos - y participantes
algunos - de una dolorosa guerra internacional (Guerra del Chaco, contra Bolivia,
1932-35), los integrantes del grupo del 40 comparten un mismo afán de renovación
literaria a lo largo de una década difícil que desemboca en la sangrienta Revolución de
1947.
El contexto vivencial de la época los obliga a tomar
conciencia de la realidad nacional y la obra de estos poetas refleja una nueva conciencia
crítica (Además de los cuatro ya indicados, hay que mencionar también a Oscar Ferreiro,
Ezequiel González Alsina y Hugo Rodríguez-Alcalá). Surge una poesía introspectiva,
buceadora de lo íntimo, enraizada en el ser humano, con sus ideales, sus sueños, sus
preocupaciones y sus dudas. A menudo la introspección poética descubre el sufrimiento
colectivo, la angustia del destierro, se vuelve solidaria y surge una poesía testimonial
representativa de los valores humanos, como sucede en la obra de Campos Cervera y más
adelante en la de tantos otros poetas por él influenciados. Entre estos últimos, cabe
mencionar en primer lugar los poemarios de Elvio Romero - Destierro y atardecer
(1975) y El poeta y sus encrucijadas (1991), para dar sólo un par de ejemplos - ,
el poeta más conocido a nivel internacional y cuya obra es una especie de diario poético
y doloroso testimonio de protesta política que capta y denuncia décadas de sufrimiento
del pueblo paraguayo. En la misma línea de protesta y crítica social se ubican las obras
de algunos otros escritores exiliados - como las de Rodrigo Díaz-Pérez y Rubén Bareiro
Saguier, cuya Biografía de ausente (1964) es una doliente evocación poética de
su patria desde el exilio - y las de varios ("exiliados de dentro", según
expresión acuñada por Roa Bastos) que han permanecido en el país. Tal es el caso de
obras como Paloma blanca, paloma negra (1982) de Jorge Canese, Guarania del
desvelado (1979) de Carlos Villagra Marsal, Desde abajo es el viento (1970) de
Luis María Martínez y las del centenar de poetas por éste incluidos en los dos
volúmenes de El trino soterrado (1985-1986) que desde dentro del país y en plena
dictadura osaron levantar la voz publicando sus poemas cuando el uso de la palabra podía
costarles la cárcel, el destierro y hasta la vida.
En la década del 50 surge un grupo de poetas que
aunque reconocen como maestros y líderes de la renovación poética a los de la
promoción del 40, se ven privados de la influencia directa de varios de ellos (entre los
que están Roa Bastos, Elvio Romero y Campos Cervera, el poeta más importante del grupo)
a quienes la guerra civil de 1947 los había obligado a optar por el exilio. La mayoría
de los miembros de la promoción poética del 50 - integrada, entre otros, por José-Luis
Appleyard, María Luisa Artecona de Thompson, Rubén Bareiro Saguier, Rodrigo
Díaz-Pérez, Ramiro Domínguez, Gustavo Gatti, José María Gómez Sanjurjo, Luis María
Martínez, Ricardo Mazó, Carlos Villagra Marsal, Elsa Wiezell y Gonzalo
Zubizarreta-Ugarte - cultivan también otros géneros, en particular la narrativa, y han
colaborado en Alcor, una de las revistas más importante de las últimas décadas, fundada
en 1955 por Rubén Bareiro Saguier y Julio César Troche. Dichos poetas fueron testigos de
la violencia y el odio generados durante la sangrienta guerra civil y en sus obras, de
orientación intimista y tono melancólico, predominan los temas relacionados con el amor
y la muerte, la evocación de la niñez y el tiempo pasados, la angustia existencial y la
nostalgia del paraíso perdido.
De 1960 a esta parte se perfilan varios grupos que, en
mayor o menor grado, han sido fuertemente marcados por la dictadura, realidad del contexto
político y cultural que les ha tocado vivir. Los integrantes de la llamada promoción del
60 (Esteban Cabañas, Miguel Angel Fernández, Francisco Pérez Maricevich y Roque
Vallejos, entre otros), iniciada bajo la dirección de Josefina Plá, nacen entre 1937 y
1943, y preconizan, en general, una poesía política y socialmente significativa. Sus
obras, como las de otros poetas coetáneos aunque no incluidos en la promoción del 60
(entre ellos: Ovidio Benítez Pereira, Juan Andrés Cardozo, Gladys Carmagnola, Raquel
Chaves, Osvaldo González Real, Jacobo Rauskin, Mauricio Schvartzman y Rudi Torga),
reflejan una aguda conciencia de los problemas político-económicos del país expresados
en versos claros, simples, esenciales, y rechazan el lenguaje meramente retórico y hueco,
sin relevancia humana o social. A fines de esa misma década, y dentro del marco temporal
de los movimientos estudiantiles contestatarios del 68, aparece un grupo de poetas
conocido como el "Grupo de Criterio" por aglutinarse en torno a la Revista Criterio
(1966-1971) por ellos publicada. La mayoría de los miembros de este grupo - integrado por
José Carlos Rodríguez, Adolfo Ferreiro, Juan Manuel Marcos, Emilio Pérez Chaves, René
Dávalos, Nelson Roura y otros - nacen entre 1943 y 1950, son estudiantes universitarios,
escriben una poesía política de reivindicación social, de comunicación y amor hacia
los demás, y prácticamente todos son víctimas de la represión dictatorial que causa la
dispersión casi total del grupo. Agregan sus voces a las del Grupo de Criterio una serie
de poetas del mismo entorno generacional - Jorge Aguadé, Alicia Campos Cervera, Jorge
Canese, Víctor Casartelli, Augusto Casola, Renée Ferrer, Víctor-jacinto Flecha, Pedro
Gamarra Doldán, María Eugenia Garay, Miriam Gianni, Aurelio González Canale, Guido
Rodríguez Alcalá y algunos otros - que sin integrar dicho grupo, testimonian no
obstante, a través de sus versos, la angustia y la esperanza de una época oscura y
trágica del Paraguay contemporáneo.
La represión política recrudece a lo largo de los
años 70 y a fines de la década aparecen las primeras obras de un grupo de poetas que
comparten la triste suerte de haber nacido y crecido en las décadas del 50 y 60, en plena
dictadura, y también la alegría de haber presenciado el fin de dicho régimen
dictatorial y el restablecimiento democrático en su patria en 1989. Estos jóvenes poetas
integran la promoción del 80 y la mayoría forma parte del "Taller de Poesía Manuel
Ortiz Guerrero", creado bajo el patrocinio de la Embajada de España en Paraguay.
Participan en dicho taller, entre muchos más, Mario Rubén Alvarez, Moncho Azuaga, Susy
Delgado, Lisandro Cardozo, Mario Casartelli, Sabino Giménez Ortega, Jorge Gómez Rodas,
Miguelángel Meza, Amanda Pedrozo, Ramón Silva y Victorio Suárez, para dar sólo la
decena de hombres cuyas obras integran dos de los volúmenes colectivos publicados por
miembros del taller:
Y ahora la palabra (1979) y Poesía taller
(1982). Un fenómeno interesante de la producción poética (y también narrativa) de los
últimos 10-15 años es la proliferación de voces femeninas en el panorama literario
actual. Más que en ningún período anterior, se multiplican los versos de jóvenes
poetas como Delfina Acosta, Lourdes Espínola, Nila López y Mabel Pedrozo, entre otras,
para buscar y reclamar el lugar que saben les corresponde en el cenáculo del
"Olimpo" poético al que hasta hace relativamente poco era muy difícil ingresar
sin "invitación especial" o "padrinazgo" masculino. |
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