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banda hispânica |
Blanca Varela |
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El agua amarga de Blanca Varela Majestuosa se erige su palabra en el territorio del dolor: "El dolor es una maravillosa cerradura", porque sólo el dolor profundo y permanente, el dolor enfrentado con honestidad poética, destila una palabra tan amarga y tan potente. No en valde escribe en su poema Ternera acosada por tábanos: "qué horrible dolor en los ojos / qué agua amarga en la boca". Y también expresa desde una tercera voz: "Sé que estoy enfermo de un pesado mal, lleno de un agua amarga, de una inclemente fiebre que silba y espanta a quien la escucha". Y así, espantados quedamos antes su poesía que es un agua amarga. No. La poesía no complace. Está aquí para revelar todo aquello que nos habita. Está aquí para hacernos ver más allá de lo que queremos ver. No es fácil. Es dolorosa y abiertamente esplendorosa. Es ésta su potencia y su fuerza. La poesía, la auténtica, se impone y lleva al silencio que surge cuando topamos con lo sacro. Y lo sagrado yace en lo más profundo, en lo más vivo de nosotros. Siempre allí, por si lo olvidamos, aguarda para manifestarse y una de sus vías es el poema y la experiencia de lo poético. Los poetas vapuleados, fragmentados, debilitados, fortalecidos y arrasados por esta experiencia, se saben del territorio de los sueños, territorio que no es de evasión sino que afianza a lo exterior con una lucidez intensa y con el desprendimiento de quien es capaz de ver más allá: "y que nosotros Y esa disposición surge de la lucidez y la desesperación, junto a ellas se halla el fracaso y desde el fracaso y solamente desde él se puede vislumbrar plenamente lo que somos y el olor de humanidad que nos define. La lucidez, la desesperación y el fracaso generan una rara fuerza, ona visión amarga, una inexplicable resistencia: "Hemos aprendido a perder conservando una postura sólida y creemos en la eficacia de una desesperación permanente." Estos estados resultan de la acción de internarse en un mundo al que sólo se llega a través de un viaje descensional hacia las interioridades del yo, un viaje que atraviesa umbrales y franquea puertas hasta revelar sólo una, sólo esa posibilidad: "he dejado la puerta entreabierta / soy un animal que no se resigna a morir". La lucha frente a la muerte revela la búsqueda de lo vital, búsqueda que pareciera concretarse en lo horrible y amargo de la existencia, en la dualidad luz - oscuridad y en los sueños: "El día queda atrás, El tiempo, El desgarramiento y la fragmentación que sufre el yo se condensa en la imagen del "espejo trizado" y de: "el azogue no resiste / se hincha y quiebra la imagen / constelándola de estigmas". No hay otra posibilidad para quien elige vivir y transcurrir entre la intensa y constante tensión que se establece entre lo interno y lo externo, entre la vigilia y el sueño. Habitar lo poético es desgarrarse, soportar y existir desde esa lucidez amarga que al cuajarse el poema se derrama como agua de manantial. Es, también, vivir una oscuridad luminosa: "Voy hacia la ventana, Y la substancia herida, diría lacerada, de esta voz poética hace que su lectura sea indispensable. Actualmente es posible aproximarse a su obra a través de ediciones nacionales: Pequeña Venecia le ha publicado Ejercicios Materiales (1993); Fundarte, Del orden de las cosas (1994) y está presente en la Antología de la poesía hispanoamericana moderna (1993) que ha editado Monte Avila. Justa presencia para una voz como la de Blanca Varela. |