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banda hispânica |
Reynaldo Jiménez |
(Peru, 1959) Obra poética Tatuajes. Editorial
Sirirí. Buenos Aires. 1981. |
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Em defesa da poesia 1. Quais as tuas afinidades estéticas com outros poetas hispano-americanos? Me siento lector de aquellos poetas hispanoamericanos que exploran y renuevan la lengua, una vez que en ésta se ha podido probar el sabor de la experiencia viva. Vallejo, Martín Adán, Lezama Lima, Emilio Adolfo Westphalen, Américo Ferrari, Octavio Armand, Néstor Perlongher, Juan L. Ortiz, Carlos Pellicer, Xavier Villaurrutia, Huidobro, H. A. Murena, Miguel Angel Bustos, César Moro, Borges, Paz, Enrique Molina, Francisco Madariaga, José Kozer, Paulo Leminski, integrarían, entre otros, aquella lista (siempre creciente) de las preferencias. ¿Indicaría esto afinidad estética? Sí, si por tal se entiende una cierta sensación de consonancia espiritual. 2. Quais contribuições essenciais existem na poesia que se faz em teu país que deveriam ter repercussão e reconhecimento internacionais? Me agrada pensar que mi país verbal es el continente entero. Claro que esto no quita el sentimiento de desterritorialización, la impotencia ante la pesadilla del progreso capitalista y sus secuaces (secuelas sociales y aun escuelas de arte). No es actitud preconcebida, pero veramente prefiero leer, antes que traducciones, poetas de nuestro continente, apuntando más bien a la diversidad de procedencias y procedimientos: busco en ella (buzo en la sonda) con avidez de tubérculo (Murena). Por citar nomás a tres, Pellicer, Huidobro o Lezama, son autores de obras físicamente vastas: siempre dejan zonas (en longitud de frecuencia como en estratos sincrónicos) que uno no había recorrido o no había tocado con suficiente atención. Por otra parte, Vallejo o Adán, cuyas obras estrictamente poéticas no son, a primera vista, tan enormes, incitan a la inagotable relectura. El agua está viva tanto cerca de la orilla como en las soledades oceánicas. La contribución hermosa palabra sería siempre la propia índole, la singularidad que cada uno de éstos y otros poetas ponen a circular sin negociar en nada (tras el espejismo de una supuesta «comunicación», que brindaría un «reconocimiento» más inmediato) la radicalidad de sus actos de escritura. La exploración de la lengua (de las lenguas), análoga al reconocimiento de la diversidad, del abanico en sí que toda exploración connota. Un solo acto de claridad consigo mismo hace tangible la intuición de mil senderos.3. O que impede a existência de relações mais estreitas entre os diversos países que conformam a América Hispânica? La idea misma de frontera, que llevamos grabada en una especie de «subnaturaleza inconciente» por domesticación (masticación) cultural, indisociable de nuestras herededadas nociones (como si fuesen la lesa natura) de estado, poder, dinero, sociedad y por lo tanto de relaciones humanas. También la indiferencia de los curiosamente llamados «animadores culturales», más empeñados en difundir lo propio que en hacerse conectores para circulaciones multidireccionales, más a la manera de una irradiación de círculos concéntricos que el ya carcomido y carcamán carácter colonialista de la autopromoción y la «ocupación de espacios» (allí donde los «medios de comunicación» representan al mercado). La tiranía de la vulgaridad, sin embargo, no cae, de manera vertical, únicamente desde la brutalidad de los estados latinoamericanos y sus no-políticas culturales, su generalizada falta de proyectos en este «campo» como en ampliar los criterios de lo que hoy se entiende por «educación», sino también que viene «de abajo», de la gente misma, hipnotizada su responsabilidad individual por el ansia de verse reflejada, descarada como está, en las pantallas del panóptico. Sin embargo, y a favor o en descargo de la poesía, creo que ésta se las arregla siempre para circular dondequiera, ya que en suma se trataría de una cuestión de reciprocidades: la atención del lector es la que llama al poema al mismo tiempo que la precisión e intensidad del poema requieren sólo y apenas no habría otra posibilidad de un lector dispuesto, capaz de donar su atención hacia lo que no podría, de ninguna manera, reflejarlo o confirmarlo en su identidad. De manera que, por una parte, la poesía detona, necesariamente, los sustratos arcaicos y los arquetipos depositados en el arrastre verbal, el arrastre común y mestizo (en amplio sentido) de los usos (aun de lo inusual) del lenguaje (donde se manifestaría «lo latinoamericano» de nuestras escrituras) y al mismo tiempo la poesía, paradójica como suele ser, borra de un soplo (aire de la palabra) toda noción de identidad (personal, colectiva). Y lo que surge ya no se define sino espíritu amplio y momentáneo. |
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Poemas
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