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banda hispânica |
Carlos Martínez Rivas |
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Carlos Martínez Rivas, el gran incauto
Oscar
Cantarero-Managua
Al General Augusto C.
Sandino, Cuando Carlos llegó a la madurez, tentadoras fantasías se tejieron para él desde los Estados Unidos: Allá le esperaría una casa cómoda, con suficientes habitaciones para que los nietos pudiesen jugar con gatos de todos colores; anaqueles para sus cinco mil libros y una amplia y silenciosa sala de estar, con tenue luz opalina y un nicho dorado y lapislázuli para su magnífica guitarra japonesa. Pero nada logró persuadirle para que escapara al destino supremo. Con gran placer aceptó la misión divina de ser Auténtico y Visionario... Y qué mejor sitio puede escoger un poeta solitario que Nicaragua, tierra brava al pie de amenazantes volcanes donde hierven pasiones y se libran aún guerras tribales. Pero... aunque vivió dispuestos a enfrentar todas las pruebas, creo que su canto hubiese enmudecido de saber que también heredaría discordia y humillación de parte nuestra para con sus seres más queridos. Aquí gustamos tanto de inventar ordenanzas, que seguramente muy pronto alguien promulgará una ley que permitirá incautar a los bardos toda la soledad y las enormes necesidades de que se rodean. Vale más que todavía no se ha dictado, pues estaríamos ahora totalmente imposibilitados de conocer la maravillosa obra inédita que Carlos organizó con dedicación angustiosa en sus últimos años. Imaginemos que aprovechando la falta de leyes que protejan a los autores y sus familias decretáramos de utilidad pública toda la desdicha y penuria de nuestros creadores. Con seguridad ocasionaríamos un enorme aluvión que desde las bodegas estatales terminaría desbordando nuestras fronteras en busca de cauces naturales por los continentes donde normalmente se mueve la obra de todos los genios. Precisamente, para prevenir estos desastres naturales es que las grandes casas editoriales del mundo convocan con desesperación a todos los ocultos talentos literarios. Apenas ayer, con regocijada emoción, recibimos la noticia de que la editorial Alfaguara premió com doscientos cincuenta mil dólares a uno de nuestros coterráneos. Com perdón del digno galardonado imaginen ustedes el efecto que habría provocado una cantidad de dinero así en los bolsillos de CMR: Sus necesarias visitas solicitadas en casi todo el mundo no hubiesen quedado burladas indefinidamente... canceladas por nuestras limitaciones y encarnizadas discordias... Sin duda la amistad, el amor y las buenas clínicas hubiesen prolongado su estadía entre nosotros. Será que una maldición pesa sobre nuestros grandes maestros o será que obligados por nuestras adversidades y guerras fratricidas, escogen sin desdén, voluntariamente, sin disgustos ese estado patético de soledad, ayuno y aislamiento a través del cual sin duda alguna aceleran su tránsito hacia lo desconocido. Con seguridad, ahora mismo, desde algún plano inevitable, CMR junto a otros gigantes espera, quizás en vano, que todos los nicaragüenses proyectemos actitudes de unidad y reconciliación fraternal para que el país pueda aflorar en prosperidad verdadera. Así por fin sus familiares, amigos y gobierno podrían cumplir con la obligación heredada de reunir y darnos acceso a las luminosas visiones del maestro... Mismas que todos sin excepción incautaron antes y después de la triste inmolación de nuestro ciudadano universal. |