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Nahuel Santana: una poética posible

Roberto Ferro

Este trabajo es una elaboración teórica acerca de la producción poética de Nahuel Santana. EI metadiscurso se genera a partir de un doble espacio que debe ser escindido a priori para definir claramente el lugar desde el que se lo emite. Hay un primer movimiento que apoya y provoca la producción poética: el proyecto, la investigación, la búsqueda que deviene en una serie de pautas distintas del otro: el corpus poético producido; entonces ambos deben ser diferenciados como procesos de orden distinto.

Cualquier especulación acerca del discurso literario debe considerar junto a su objeto la metodología a seguir para su conocimiento. Se trabaja a partir de productos definitivos en tanto que objetos terminados y en ellos se indagan los síntomas que permiten develar el sistema de producción de significaciones, la matriz desde la cual se pone en movimiento y funciona la escritura. Entonces la metodología supone la convergencia de ese doble espacio: en definitiva desde el proyecto poético, desde esta poética posible que se irá mostrando en el desarrollo del trabajo se interrogan los textos.

El objeto propuesto son textos literarios -caracterizados como poesía de acuerdo a la tipología tradicional- y se los considera una producción que surge de acuerdo a una realidad histórica y bajo consideraciones que impone el nivel ideológico dominante de la formación social en que se genera. Esta definición contempla asimismo el hecho de que estos textos están integrados en una tradición literaria que codifica una serie de normas específicas y que además se inscriben en un campo intelectual que les sirve de marco contextual inmediato.

Las formas y procedimientos que son propios de la escritura analizada son en muchos casos similares a los manejados por otras expresiones poéticas actuales aunque dentro de líneas conceptuales disímiles. La diferencia se da en que esas formas y procedimientos se articulan en orden a una matriz ideológica totalmente distinta que apunta a llevar a limites de contradicción el sistema del que surgen como productos, hasta un punto de flexión tal que permita marcar y aflojar los esquemas que han servido de patrón a gran parte de la producción poética contemporánea.

El espacio producido por esta escritura tiende a mostrar un desplazamiento que tiene como vector inicial una concepción material incluso artesanal de la escritura, que se apoya en la idea de posesión social del lenguaje, considerando el trabajo poético como una práctica social, específicamente como una producción de significaciones.

Todo ello se revela en el tratamiento de las palabras como objetos y en la especial topografía que se compone sobre la hoja que se funda en la ruptura de la relación significante - significado como si el primero fuese una traducción del segundo, llevando la polisemia del discurso poético fuera de la red de significaciones que la ideología dominante organiza en la lengua.

 La tipografía del poema se da ante los ojos como un acontecimiento a ver antes que a leer. Lo dado en primera instancia no es un texto pues hay una diferencia constitutiva que no se lee sino que se ve, esta diferencia provoca significaciones antes de que las diversas partes del discurso formen frases legibles, corno si un espesor de otro orden clausurase y abriera un espacio de sentido que no es discurso. El blanco de la hoja y las marcas de la tipografía conforman una figura visual cuando el discurso aún no es texto.

  A pesar de que cada poema es un hecho único en el que las formaciones visuales en la hoja dependen de necesidades difícilmente repetibles se pueden distinguir algunas constantes:

a) el cuerpo del poema ocupa una determinada posición en la hoja que no depende de un encuadre uniforme sino que básicamente es un acontecimiento distinto cada vez que se da a la vista corno objeto visual;

b) las líneas se extienden o quiebran dando paso a figuras fragmentarias que conforman en su conjunto una estructura definida que surge del contraste entre blancos y negros;

c) las palabras destruyen a menudo los espacios convencionales alargándose o quedando verticales o cruzadas.

El poema se ofrece a la mirada como un objeto visual antes que un texto para la lectura, provocando al ojo para que organice un punto de vista frente a una figura que no es aún discurso sino una composición que se constituye en el espacio de la hoja.

 Cuando el ojo reconoce las unidades lingüísticas, cuando lee, existe ya una carga de significación producida. La mirada indaga el texto, la palabra, el lenguaje articulado en discurso, y el objeto de esa indagación es una exteriorización visible que se mueve entre dos funciones; significa como objeto concreto en tanto que figura y significa como elemento dentro del discurso. Esta escisión hecha explícita de manera tan tajante lo es sólo a los efectos del análisis pues la producción de significaciones se da como fusión de ambos aspectos.

 La marca, lo visible no es sólo una representación de apariencias que trasladen la locución de otro sino algo más denso que provoca significaciones no sólo por tránsito a través de un código.

 El blanco acompaña los tipos, las palabras, los signos, las figuras. El blanco es objeto en cuanto que forma parte de una composición visual. Y el blanco es el silencio en el texto. El silencio como contrario del discurso. El blanco ocupa los espacios entre las palabras situándolas como entidades separadas o integrándose a ellas cuando la lectura produce sus significaciones. El blanco, el silencio, ese vacío, constituye el punto inicial de la lengua, nos expresamos a partir de la separación que provocamos al distinguir un objeto de todo lo demás, sólo entonces significa en tanto que ente autónomo y es entonces cuando se pone en movimiento el problema del conocimiento a través del lenguaje.

En los textos poéticos analizados no se apunta a descubrir la opacidad de la referencia, del contenido dado por otro a través del signo, lo que importa es que el signo, la marca es el objeto desde el que se producirá el conocimiento, el saber por el trabajo de lectura.

Ello no importa deslindar realidad y lengua, todo lo contrario, ya que la lengua se produce en el seno de una formación social y todos sus significados dependen de ella; lo que busca esta escritura es deconstruir el circuito que impone significaciones preestablecidas.

En definitiva la producción poética que estamos analizando apunta a que las significaciones se den por conocimiento y no como reconocimiento de contenidos definidos a priori.

En este tratamiento de las palabras privilegiando el significante como tal y corno objeto visual a la vez no hay desconocimiento de la carga semántica que arrastra cada una individualmente; sino que teniendo en cuenta que el proceso de producción de significaciones se organiza de acuerdo a las direcciones de las ideologías dominantes, que cristalizan o desplazan la red de sentidos adecuándolos a sus prioridades, se busca que la escritura produzca una transformación que devele ese proceso.

Ningún significante solo produce significación, su articulación es lo que pone en movimiento el sentido. Ninguna palabra refiere un dato o fenómeno sino una perspectiva acerca de ellos. Entonces la relación entre el sistema significante y el armazón de significación aparece como arbitrario solo en su génesis, ya que de acuerdo a las direcciones dominantes de la formación social se establece la perspectiva del uso común del significado.

Todo lo referido se apoya en la concepción de que una sociedad utiliza la lengua para comunicar unificando la experiencia común de los sujetos; pero la unifica estratificándola en orden a una ideología. Por lo tanto, con la lengua no se produce significación más que remitiendo de un significado a otro, tejiendo una red significable que determina los límites de lo que los individuos que forman una sociedad pueden significar con esa lengua.

Es en este punto de flexión donde la producción poética analizada inscribe la necesidad de privilegiar las palabras como objetos, para moverlos en un espacio distinto y romper la estratificación previa desplazando esas remisiones hacia relaciones que provoquen la multiplicación de sentidos.

El desplazamiento se genera entonces a partir de la transformación del discurso en objeto, buscando una configuración plástica sobre el blanco de la hoja que provoca significaciones en tanto que objeto concreto manejado como un material en sí mismo y no sólo como elemento de un discurso que es signo de la locución de otro. Este desconcentramiento apunta a la ruptura del circuito poético tradicional. El texto, las significaciones que se tejen a partir del discurso se darán no como la búsqueda de una significación definida o definitiva sino como algo inquieto y en constante relación con el contexto social e histórico.

De lo expuesto se deduce un rechazo al concepto de la expresión de sentimientos a través de la escritura, y a la reducción del discurso poético al nivel de la intercomunicación personal y significa esencialmente formar conciencia de que la idea del autor como dios o de la inspiración como originaria en el espíritu, no son más que determinaciones de una ideología que privilegia el discurso poético a partir de que es “el discurso de un autor”, es decir un objeto que ha sido creado por un individuo; y le otorga la especificación principal de que es allí donde se expresa mejor que en ninguna parte “la pura verdad interior”.

Verdad interior que aparece corno un ente distinto de la lengua que lo transporta y que además se desmerece con ese comercio, que tiene título de propiedad en tanto esos sentimientos son del autor que los hace residir en lo profundo de su ser o los recibe por algún don inefable. Sentidos que el lector debe intentar alcanzar, aunque su búsqueda aparece siempre como inconclusa.

Postular que la producción poética es un proceso que está integrado dentro del marco de toda la producción global de la sociedad que la genera; postular además la propiedad social del lenguaje, negando asimismo al autor como sujeto propietario de los sentidos del discurso establece que las significaciones de la escritura son producidas por el lector en una actividad que podemos definir como trabajo de lectura.

El trabajo de lectura de un texto es la producción de significados que elabora un lector por elección de sentidos. Este proceso es complejo y para descubrirlo es preciso analizarlo en dos aspectos:

I) El aspecto que constituye la relación que se establece entre el lector y el texto desde la perspectiva interna del lector, distinguiéndose tres niveles distintos:

a) ideológico: considerando la ideología corno la representación de la relación imaginaria de los individuos con sus condiciones de existencia, su función es la de estructurar en el plano imaginario un discurso relativamente coherente que sirva de soporte a lo vivido;

b) simbólico: es decir la relación con otros sistemas de representación,

considerando simbólicas a las formas expresivas y comunicativas que son utilizadas por el hombre desde un pasado remoto y presentes aún en muchos aspectos de la vida cotidiana. Se originan en situaciones analógicas y por transferencia de hechos, de imágenes, de relaciones de los que son casi siempre trascripción metafórica y que se inscriben en el inconsciente moviéndose en un ámbito irracional, hecho que nos lleva a diferenciarlo de las formulaciones racionales como las que se transmiten en el lenguaje común; se los puede tipificar como representaciones arquetípicas;

c) psicológico: nivel en el que se considera la actividad consciente y !as manifestaciones de orden inconsciente que se generan en la vida de relación. Pasado individual, personalidad, elementos que significan el registro individual e irrepetible del lector 1.

II) El aspecto contextual que analiza la circunstancia en la que el lector realiza el trabajo de lectura, distinguiéndose dos niveles diferentes:

a)  relacionado con la lengua;

a 1 ) referido a la experiencia del lector como usuario del lenguaje común al texto:

a 2 ) el que tiene que ver con su experiencia con textos similares;

b) relacionado con el ámbito social e histórico;

b 1 ) que considera el contexto histórico del lector y su situación en él;

b 2 ) que considera la circunstancia histórica de la sociedad en la que esta inscripto el lector;

Las elecciones que genera el lector no son estáticas, por lo tanto no son determinables causalmente, ninguno de los elementos descriptos está aislado todos establecen entre sí una compleja red de relaciones. El sentido es producido por interacción dialéctica entre lector y texto por la situación histórica y social en la que se da la lectura. Los niveles descriptos son abstracciones a los fines del análisis pero no se dan solos ni se los puede pensar el uno sin el otro.

Detenerse en la descripción del proceso de lectura tiene como objetivo plantear que la escritura analizada se produce apuntando a ese proceso, desechando de plano la posibilidad de convertirse en simple conductor de emociones o expresión de contenidos separados del objetivo producido.

Puestos en relación estos elementos: la escritura como objeto producido por un sujeto que trabaja con la lengua que es una propiedad social, sin escapar a las determinaciones de las demás producciones de la sociedad en la que está inscripto; y al lector como sujeto que realiza en la lectura la producción de significaciones el circuito habitual es llevado a limites de contradicción que permiten desestabilizar la matriz ideológica que oculta en su funcionamiento una lógica de base que se enmascara aceptando cambios y rupturas en tanto y en cuanto se respete su unidad esencial que es la que se intenta desarticular.

Queda por tratar el régimen de relación que este corpus poético mantiene con su situación histórica. Estos textos poéticos se proponen como una transformación, como un desplazamiento de las funciones que integra el discurso poético tradicional; más allá de las posibles relaciones inmediatas entre hechos y textos está la idea de romper con el circuito de integración ideológica en el que se mueve gran parte de la producción poética actual.

 

NOTA

1. Ver notas bibliográficas en “Apuntes para un trabajo de lectura”, en Revista Problemática y Difusión de la Nueva Literatura Argentina, 1 , Bs. As., 1979.

 

 

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