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La poesía de Carlos Osorio

David Cortés Cabán

Peregrinaje integra, en esta antología, la continuidad y la afinidad de una escritura que proyecta la dimensión humana de un poeta que nos acerca a la grandeza y la fragilidad de la vida. Son poemas que fijan las experiencias íntimas de una vida expresada como reflexión y de una mirada que recoge del entorno la esencia de las cosas como si éstas estuvieran vinculadas al destino del poeta. Carlos Osorio nos introduce a un universo poético donde la palabra “peregrinaje” va evocando el sentido de la vida en un pensamiento que busca la razón de la existencia. Por eso la memoria sostiene con fuerza y claridad la vida del poeta a través de recuerdos de honda nostalgia. Se mira hacia el pasado, al fugaz esplendor de la niñez para evocar la presencia del padre, de familiares y situaciones que vibran sobre un paisaje de diversos tonos y contrastes. Es allí donde el signo ineludible de la muerte asoma para señalarnos las zonas más dolorosas de la vida. Estos poemas proyectan una atmósfera de lucidez y búsqueda de conocimiento sobre lo que es la vida en relación al tiempo, la época y la realidad histórica del poeta. Es en este ámbito que el poeta comparte su destino. Va por un camino donde los recuerdos iluminan su finitud, y se detiene como buscando en las circunstancias de la vida el significado de su existencia. Estos versos proyectan su condición humana: “He vuelto a caminar / el mismo trecho / para sólo agregar  un / paso / aprovechando el día / venido en todo / de ver más claro / el oficio de la muerte”. Lo que ocurre en su interioridad, su percepción del mundo, lo encontramos en el sentido de esa contemplación y de su actitud frente a la temporalidad de la vida: “Un hombre / que se resista / a la muerte / sería el mayor / irrespeto / por eso / recuerdo callar / y me distiendo / más abajo / cómo se llama este / árbol / frente a la tarde /  hirviendo / en aves de migración.”.  

Este sentimiento también lo hallamos en Savará, libro que nos recuerda nuestra pasajera presencia sobre la tierra. Nada permanece. Todo tiene su hora y su tiempo. Las cosas con que el poeta se identificó se desvanecen anuladas por la misteriosa sombra de la muerte. Conmovido, el poeta intuye lo que los años le han arrebatado. Siente que la vida no es lo que soñó, ni tampoco lo que avizora su mirada en busca de otros estímulos  para fundar y ordenar el universo de su experiencia creadora:

No hemos vuelto a sentarnos

en aquel lugar donde solíamos

examinar cada día

o planificábamos llegar a ser grandes

hombre de bien hombre santo

qué hay de ti

cuando las tardes penan

su último momento

yo pasaba por aquí

y siento la parálisis del mundo

todo aquel mundo nuestro

muerto

hermano santo

y nosotros salimos de todo

pero todo no salió como pensamos

y así está bien

así está mejor.

Y es que la vida se desvanece como el lejano espejismo de lugares que un día fueron para el poeta su centro de referencias. Las imágenes del pasado se deslizan sobre la superficie de un lenguaje que descubre las apariencias de las cosas revelándonos también otra impresión del mundo, otra percepción de la vida. El poeta parece hablar consigo mismo de una naturaleza que refleja otra realidad:

Quizá como yo veo el mundo

me veo

así sin detenerme

en las menudencias del invierno

sin ver a detalle

las piedras que forman el lecho

de un río

a la ligera

todo a la ligera sin estorbos

pero con miedo

a la hora de dormir

a las calles solas de la noche

y siempre

con alguna esperanza.

La misma naturaleza que el poeta evoca en estos versos influye sobre su estado de ánimo fijando el tono de muchos poemas, la emoción y la sinceridad que exige la verdadera poesía. Por eso Carlos Osorio mira hacia su interioridad no sólo para expresar su visión de mundo, sino para reflexionar asimismo sobre su destino humano en relación a su peregrinaje por la vida. Y no se trata, por supuesto, de buscar una respuesta a la cotidiana y sórdida realidad o las pasajeras inquietudes del espíritu. Se trata de oír una voz interior, una luz que resplandece otro concepto de la vida. Vivir como quien vive descubriendo que la vida no hay que buscarla en el abismo de las cosas que se alejan o desaparecen  sino en las que permanecen en serena armonía con uno mismo.  

  En Albricias contemplamos temas y situaciones que están presentes en los libros anteriores. Reunidos aquí colectivamente, imparten unidad y armonía a la dimensión total de esta obra. Así el lector podrá adquirir un mejor conocimiento de la producción poética que Carlos Osorio ha venido desarrollando en el transcurso de treinta años de constante tensión creadora. Todo lo que llama la atención del poeta se encuentra en estos poemas   adheridos a un lenguaje en contacto directo con lo que le preocupa. En esta dimensión se mueve su pensamiento proyectando la impresión profunda que dejan los seres y las cosas en su vida. Hay también una idea existencial que evidencia muy sutilmente el hilo conductor que entrelaza los diversos temas que aquí se presentan. Se trata en ellos de razonar el misterio de lo inefable, o lo que el poeta cree encontrar en la poesía como transformación y permanencia de su propio ser: 

La belleza del colibrí

viene del esfuerzo

sostenido

en sostener el aire

diminuto

muerto

no vale nada.

Este hermoso poema se corresponde con la imagen de la belleza y el esfuerzo sentidos como la fugaz manifestación de una realidad habitual. A través de esta imagen se reflexiona acerca de un sentimiento de soledad que parece nacer de la vida misma. Como si en medio del camino el poeta cuestionara su estar en el mundo en una imagen que también representa la brevedad de la vida.

  En los poemas de Caminería reaparecen imágenes que proyectan las circunstancias y las cosas que inquietan al poeta: el tiempo, la brevedad de la vida, la reflexión que nace del cuestionamiento de la realidad, la muerte y la soledad, la figura del padre y familiares desaparecidos, y el lenguaje como búsqueda e indagación del ser. Vemos a un poeta que parece, en ciertos momentos, inconforme con la realidad. ¿Qué es lo que perdura del instante en que miró la nube llevada por el viento o del armonioso y fugitivo canto del pájaro que desapareció entre las ramas de los árboles?

[…]

pero un pájaro canta

igual toda su vida

y toda su vida

otro pájaro

es su eco.

La multiplicidad de esas imágenes proyectándose cíclicamente en el canto del pájaro nos indica un sentido de continuidad, es decir, lo que encontramos en la breve presencia del pájaro se repite en el eco melodioso de otro pájaro que sin ser el mismo mantiene vivo el leve y armonioso cántico. Y quizás lo que ahora busca el poeta no sea tanto la imagen y la pérdida de las cosas que se aman, sino lo que se recobra del instante vivido. La honda impresión que deja en su mente y su espíritu la efímera presencia de las cosas, como ocurre, por ejemplo, con el canto del pájaro. Por eso es importante señalar que si en algunos poemas encontramos un sentimiento que expresa la brevedad y pasajera condición de la vida, en otros percibimos una imagen esperanzadora que parece surgir a veces de un acto de fe:  

Dios me llueve

desde el mismo aire

Dios me trae

Consigo a mí

bello día estar vivo

ahora.

El planteamiento que parece proyectar el poeta en estos versos es que lo importante, lo que llena de sentido la vida es la plenitud de ese instante de contemplación. Es decir, lo que siente al contemplar la naturaleza no para idealizarla sino para sentir su presencia como una continuidad de su vida. La experiencia de esa contemplación nos descubre un motivo para pensar que la vida no siempre está invadida por la nostálgica del tiempo o por situaciones dolorosas, pues existe algo más poderoso que enriquece el alma. Esta realidad se nos revela en la mirada que recobra esos momentos que identificamos como su más profunda experiencia con el mundo:

Un día de éstos

me siento sobre una roca

a esperar

que algo pase

un viento

un pájaro

una hoja caiga

que mis ojos sean

una boca para todo

que ya no importe

si después

me quedo dormido.

Caminería es un libro que traza como una curva la idea inicial que aparece en  los primeros libros del poeta y cuyo pensamiento intuye en la poesía una respuesta a su estar en el mundo, a sus experiencias como punto referencial de una existencia en relación con la naturaleza y la temporalidad de la vida.  

Los poemas de Amatoria, como el título mismo indica,  giran en torno a motivos amorosos. Éste será el gran tema del libro, no sin dejar visible en uno que otro poema los conceptos que predominan en la obra total del poeta. Me refiero a los que marcan la temporalidad de la vida y las circunstancias del poeta frente a su realidad cotidiana.  El amor aquí acontece en su más intensa manifestación. Se busca el cuerpo de la mujer no como un refugio contra la soledad sino para sentir el amor como la manifestación de un sentimiento que trasciende la finitud de la vida. De ahí que en “Amor para morir”, poema que da entrada a esta sección, se hable de la muerte desde el punto de vista del acto erótico y no como el acontecimiento normal de seres que dejan de existir. El amor es un encuentro jubiloso, territorio de cuerpos que proyectan su más descarnado erotismo en un acto que es también reflejo de nuestra humana condición. Ésta es la tensión dominante que invade estos poemas justificando desde el texto inicial el título de este apartado. Lo que mueve al hablante poético es el placer que se manifiesta en la fusión de los cuerpos y no el amor sentido como algo sublime o como una inquietud redentora. No es ésta una visión romántica del amor sino una relación amorosa representada eróticamente a través del  lenguaje. Por eso las referencias al cuerpo –“ojos”, “boca”, “saliva”, “tacto”, “lengua”- señalan la presencia física de un cuerpo que determina el sentimiento amoroso que asomaba tímidamente en los primeros libros del poeta y que ahora  irrumpe con toda vitalidad en su vida:

Fuerza es materia vuelta espuma

y nublada la vista de deseo.

Que nada se interpone

al crecimiento de una flor.

Recogida la boca hasta la lengua

no poco maltratada. Hinchándonos

de espasmos prometemos  llegarnos

más adentro.

Si tiempo da la vida suficiente.

Pienso que el erotismo matiza el tono y las situaciones que encierran los últimos poemas de esta antología. Se vive el amor con gran intensidad. “Como si nada, por simple amor al fuego / sucumbimos al paso que adelante espera”, nos dice el poeta. Gracias al amor las palabras reivindican su existencia. El poeta ha encontrado un nuevo sentido a la vida. “En tu cuerpo crecen todos los jardines / que he querido encontrar”, señala finalmente, para recobrar en el goce de esa unión lo que late allí en su alma al contacto con la temblorosa presencia de la amada.

 

 

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