poemas
Cansancio del
amante
I
Hay mañanas en que uno despierta
paladeando la hipótesis
de no haber despertado esa mañana,
de ya no despertar.
Hay
lances de amor en que el amor parece
un diálogo de sordos a los gritos
y “todo es por tu bien, amada / amado”
pero ya luego no es posible nunca
en lo futuro obviar las cicatrices.
Hay puestas de sol
que pierden para uno
todo lo que tuvieran hasta allí de belleza
pero guardan intacto y hasta ampliado
su poder depresivo.
Hay la resurrección tras esos casos,
ciertamente,
pero primero existe el tiempo
en que todo se tiñe de tristeza mortal,
hasta incluso la fe y la esperanza,
hasta incluso el amor.
II
Del amor al hastío no media un corto paso:
hay un largo camino
de heridas y desaires,
de incomprensiones incomprensibles
de parte de ese que sabemos que
nos ama más que a su alma.
Hay el ir poco a poco acumulando
un tesoro de rancios cansancios añejos,
de año en año tolerados
con cada vez menos paciencia.
Pero el amante
saca las fuerzas de donde no existen,
vuelve al ataque en su amor,
contra toda esperanza razonable.
Por esa
terquedad del amor
es que el amor se salva algunas veces
y otras se vuelve insuperable odio.
III
Todo avanza al cansancio y a la muerte,
menos el amor.
No confundamos:
el corazón amante,
aunque en algo se tiñe
de la fuerza infinita del amor,
con cada latido acumula
una moneda más
de cansancio y de muerte en su tesoro.
Este es consuelo:
el amor seguirá,
aún en los días en que nos parezca
que ya no hay más amor
en todo el universo.
Pena que no podamos esos días
vivir sin atender el sonido amargo
del corazón sin nadie.
IV
Pena
las noches esas de
corazón sin nadie
pero cama con alguien,
de piel con fuego frío,
de sal insípida,
de sequía escondida en la humedad.
Pena ese baile de dos y de nadie,
de dos en presencia y de fantasmas que,
a oscuros años luz en su distancia,
estiran la caricia de sus manos de hielo
que uno a veces consigue interpretar
como corriente de aire inoportuna
que causa ese molesto
sudor frío en la espalda.
V
Sacabas antes lo mejor de mí
y ahora de un tiempo a esta parte empezaste
a sacar lo peor.
¿Será porque los vientos de tu magia
cambiaron de cuadrante
o porque aquel precioso mineral primero
se agotó para siempre?
No tratemos,
amada,
de averiguarlo:
en ese hurgar buscando la verdad
nada más sacaremos
más sangre y más pus de esas viejas heridas
que ya es hora que empiecen
a cicatrizar. |