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Armando Rojas Guardia: “Escribo
para intensificar mi experiencia vital, la conciencia que yo
tengo de la vida”
Franklin Fernández
Nos
encontramos con Armando Rojas Guardia a las diez de la mañana,
en un café situado en la planta baja del Centro Plaza de
Altamira, en Caracas. La cita la concertó Luis Alejandro
Rodríguez, un documentalista independiente con más de treinta
cortometrajes en su haber; a artistas plásticos, músicos y
poetas venezolanos. Lo primero que me sorprendió de Armando fue
su voz, su poderosa voz. Profunda, lenta y solemnemente
modulada. Recuerdo perfectamente su resplandeciente cabellera,
su luminosamente blanquecino pelo. Armando Rojas Guardia
reflexiona antes de hablar. Piensa lo que dice. Dice lo que
piensa. Es un poeta del pensamiento. Considerado como uno de los
poetas y ensayistas más importantes del país, Armando Rojas
Guardia es un monumento a la vida. En otras palabras, es un
monumento a la sensibilidad, esencialidad y espiritualidad del
hombre. Entre sus obras más importantes destacan:
Del mismo amor ardiendo (1979); Yo supe de la vieja
herida (1985); Poemas de Quebrada de la Virgen
(1985); Hacia la noche viva (1989); Antología poética
(Monte Ávila Editores, 1993); y La nada vigilante (1994).
El principio de la incertidumbre (1996), Crónica de la
memoria (1999) y El esplendor y la espera (2000). En
1981, fundó, con un grupo de amigos, el grupo Tráfico.
FF ¿Cómo se le describiría usted a sus lectores? ¿Quién es
Armando Rojas Guardia?
ARG Lo primero que se me viene a la mente cuando pienso en
alguna caracterización posible de mi persona o de mi
personalidad literaria, diría que soy un creyente. No hay en mí,
pasión mayor. Ni estética, ni filosófica, ni sensual, ni
práctica, que la de ser cristiano. Intento que mi obra literaria
refleje esa condición. Tanto en mi poesía como en mis ensayos,
existe ese reflejo. Por otra parte, considero que mi opción por
la fe cristiana no es convencional ni es una elección fácil o
facilitona. Yo tengo profundas diferencias con respecto a las
posturas y opiniones de la institucionalidad católica. De modo
que, siento un desapego crítico con respecto a muchos aspectos
de esa institucionalidad. De todas formas como poeta no me
reduzco sólo a ser un poeta que quiere ser cristiano, como
ensayista tampoco. No reduzco toda la complejidad de mi vocación
literaria al simple componente cristiano-católico, pero creo que
ese componente es fundamental.
FF Se dice que su vocación de poeta comienza con la religión
¿Fue su vocación poética lo que lo llevó a la religión o la
religión lo que lo llevó a la poesía?
ARG Yo creo que ninguna de las dos cosas. Son dos cosas que, en
mi caso, son más bien paralelas. Mi familia no era una familia
que se hubiera caracterizado por ser religiosa. Mi papá era un
buscador de Dios a su manera, creo que la tradición liberal
republicana, estaba mucho en él. De modo que también era
anticlerical. Un anticlerical militante. Mi mamá era cristiana,
católica, pero tenía una idea religiosa muy simple, muy
elemental. Yo creo que era más bien católica por ósmosis
cultural. De modo que mi religiosidad se la debo
fundamentalmente al colegio San Ignacio de Loyola. A los siete
años ingreso al colegio San Ignacio, paso toda mi infancia y
buena parte de mi adolescencia en el colegio, y los Jesuitas
modelaron de manera definitiva, mi religiosidad.
La vocación literaria, en mí, es muy temprana, muy precoz. Yo lo
cuento en un documental que me realizó Luis Alejandro Rodríguez¹.
Yo relato que, a los cuatro años, una tía mía me preguntó en el
jardín de su casa: –Armando, ¿cuando seas grande vas a ser
poeta?- Y yo le respondí –No, no lo voy a ser, ya lo
soy-. Tenía cuatro años de edad. Creo que la figura
paradigmática de mi padre como poeta, jugó un papel fundamental
en esa precocidad de mi vocación poética y literaria. Ahora, más
adelante, cuando yo ya me asumo como un poeta, es que esa
vocación literaria y poética se imbrica con el componente
religioso. Pero son dos cosas paralelas, no se debe lo uno a lo
otro.
FF También se dice que quién escribe un poema está buscando a
Dios ¿Usted busca a Dios en sus poemas?
ARG Bueno, ahora recuerdo el epígrafe de la película de Luis
Alejandro, un texto de Hanni Ossott, cuando dice que el escribir
un poema, para ella, es una suerte de invocación, casi una
oración². Creo que todos los poetas tenemos esa misma
experiencia. Creo que escribir poesía es una suerte de modalidad
de una mística que podemos llamar profana. Es decir, hay varios
tipos de mística. La mística vinculada a la religión de la
naturaleza, la mística vinculada a las religiones de la
interioridad, la mística vinculada a las religiones proféticas,
históricas o abrahanicas, y la mística que podemos llamar
mística profana, no vinculada a ninguna institucionalidad
religiosa. Y la poesía es una variante de estos últimos tipos de
mística. Creo que todos los poetas en algún momento percibimos
que forma parte de nuestra experiencia vivenciada a la hora de
escribir un poema, que nos acercamos a través de esa escritura
poética, al misterio, a lo trascendente, a un orden de realidad
distinto al que accedemos en la vida cotidiana. De modo que yo
sí creo que como poeta, he tenido la experiencia de que la
escritura lírica, la escritura poética, me lleva a tocar, a
bordear ese ámbito de lo sagrado que trasciende la vida
cotidiana.
FF En ese ámbito sagrado al que se refiere, ¿el éxtasis juega un
papel fundamental?
ARG Yo no he tenido en mi vida ningún éxtasis, salvo en el
momento estático de la cópula erótica. Yo no diría que he tenido
experiencia estática a pesar de qué me considero un ser humano
orante, es decir; la oración es una de la experiencias
fundamentales de mi vida y la oración ha sido milenariamente el
espacio privilegiado donde ocurre la experiencia mística. Pero
yo no he tenido acceso a altas costas de experiencia mística,
simplemente me limito a ser un orante.
FF En ese sentido, ¿un poema suyo puede ser una oración? ¿El
poema es una oración?
ARG Yo creo que sí. Yo creo que sí porque un poema puede
acercarlo a uno al ámbito de lo sagrado. Y muchos poetas,
incluso no creyentes, ateos militantes, pueden, creo,
testimoniar con su vida, que escribiendo poesía, se acercan al
ámbito luminoso de lo sagrado.
FF “Dios no es asunto, no es tema, sino pasión donde arder”,
es una frase suya. Su poesía siempre acude a Dios, a un Dios
compasivo, sensible y misericordioso ¿Por qué?
ARG Porque ese es el Dios cristiano. Y la definición clásica del
Dios cristiano, está en la primera carta de Juan, incluida en el
Nuevo Testamento: “Dios es ágape”, “Dios es amor”. No hay
mejor definición de la naturaleza de Dios para el cristianismo,
que esa. Por eso, el Dios al que yo me aproximo tiene esa
característica fundamental, el ser compasivo. La experiencia
religiosa cristiana tiene un matiz diferente a la experiencia
religiosa en otros tipos de institucionalidades religiosas. Para
el cristianismo, a Dios, a la trascendencia no se accede por la
vía del templo, es decir; no es una relación vertical de la
tierra al cielo pasando por el templo, sino que la religiosidad
cristiana pone el énfasis en la relación ética con el otro, con
el prójimo. De modo que es en el seno de esa relación horizontal
con el prójimo donde ocurre la experiencia de Dios. Y eso se
debe, en que la naturaleza misma de Dios, es amorosa. De modo
que la compasión es la manifestación divina por excelencia.
FF Para Cioran, Dios significa la última etapa de un camino,
punto extremo de la soledad y de la nada. “Dios es, incluso si
no es”, afirma. Para usted, ¿quién es Dios? ¿Cuál es la
importancia que le concede usted a Dios en sus poemas?
ARG Bueno, ya lo he ido diciendo a lo largo de la entrevista.
Dios es fundamentalmente el trascendente. Aquel que está… Dios
es el corazón, el eje del ámbito de lo sagrado. El ámbito de lo
sagrado; en ese ámbito, Dios es el orden de realidad que
trasciende nuestra vida ordinaria, es la órbita de la
satisfacción de nuestras necesidades inmediatas. Porque Dios es
el corazón y el eje del ámbito de lo sagrado. El ámbito de lo
sagrado no está situado en un trasmundo, es el último extracto
de realidad de este mundo. Ernesto Cardenal, en “Coplas a la
muerte de Merton”, tiene unos versos que a mí me han
impresionado mucho siempre: “Morir no es salir del mundo, es
hundirse en el”. En ese sentido, Dios como eje y corazón del
ámbito de lo sagrado, envuelve y penetra toda la realidad del
mundo. Es también la realidad ontológicamente suprema. Es el
valor y el bien absoluto. Es la santidad, también absoluto. Y es
el que posibilita esa misma vía ordinaria, trascendiéndola.
FF Además de Dios, como eje esencial y fundamental de su poesía,
¿Qué otro tema es importante para usted? ¿De qué nos hablan sus
poemas? ¿A cuál experiencia nos remiten?
ARG Bueno, mi poesía habla de muchas cosas. Yo te decía al
principio que no reduzco mi experiencia literaria y poética,
solo al componente religioso. Cualquiera que se acerque a mi
poesía, va a notar que yo abordo muchos temas. Está el elemento
erótico, está el elemento cotidiano, está el elemento histórico,
está la contemplación de la naturaleza, está en algún momento la
ciudad; como escenario y como protagonista de la poesía, está
también mi propia cercanía autobiográfica con la locura, de modo
que mi poesía abarca un espectro muy amplio de temas.
FF Calles, plazas, hoteles clandestinos… ¿Qué lugares visita en
sus poemas, a qué lugares vuelve?
ARG Bueno, yo diría que en mi poesía hay dos tipos de lugares
fundamentales. Los íntimos, es decir; aquellos enmarcados en los
que podemos llamar la casa, mi casa, mi hogar y, por otra parte,
aquellos enmarcados en el ámbito que podemos llamar la calle. La
calle fue una de las consignas poéticas del grupo Tráfico³:
“Venimos de la noche y hacia la calle vamos”. Nosotros en
Tráfico nos dimos cuenta que la poesía que se hacía en
Venezuela, hasta comienzos de la década de los ochenta, salvo
contadas excepciones; no abordaban suficientemente la temática
urbana. Y, precisamente, porque no abordaban la temática urbana,
soslayaba también esa poesía, la cotidianidad y la historia. De
modo que es la impronta de Tráfico la que me llevó a explorar
la calle como espacio de mi poesía. Creo que relativamente me he
mantenido fiel a esa perspectiva de Tráfico, de modo que yo
dividiría los enfoques temáticos de mi poesía, en esos dos
grandes ámbitos: el espacio íntimo, el de mi casa; el poema que
se hace en el escritorio de mi estudio bajo la luz de la lámpara
en completa intimidad y el espacio urbano donde me muevo durante
el día. Esos son como los dos grandes espacios que yo abordo en
mi poesía.
FF ¿De dónde surge el nombre de Tráfico? ¿Quién los bautizó así?
ARG Yo no recuerdo con precisión, pero creo que fue Igor Barreto
a quien se le ocurrió ese nombre. Tráfico quería aludir al tema
urbano: el tráfico de las colas, el tráfico cotidiano en
Caracas, nos parecía que ese era un nombre que combinaba lo
urbano con lo cotidiano.
FF De Tráfico, específicamente, ¿que recuerdos más importantes
atesora Armando Rojas Guardia?
ARG Bueno, Tráfico fue importante en mi vida porque primero, lo
que recuerdo es, la radical experiencia de fraternidad con esas
cinco personas. Yo siempre digo que, a los integrantes del grupo
Tráfico, lo único que nos faltó fue convivir en un mismo
espacio, porque nos veíamos continuamente. Hubo épocas en que
nos veíamos casi todos los días. De modo que fue una bellísima
experiencia de hermandad, de comunión espiritual. Una comunión
espiritual que se ha mantenido hasta hoy. En segundo lugar,
recuerdo muy vividamente, nuestras discusiones. Nosotros nos
reuníamos los jueves a mediodía, en la cervecería El León de la
castellana. Era nuestra reunión oficial durante la semana. Lo
que pasa es que nos veíamos muchas veces más, pero la reunión
canónica, la reunión oficial, era los jueves al mediodía en El
León. Y eran discusiones muy ricas, muy preñadas de ideas. Eran
discusiones estéticas y filosóficas de alto calibre. Eso si lo
recuerdo con mucho placer. Y en tercer lugar creo que, es
indudable para mí, que a partir de Tráfico se da una impronta en
la poesía venezolana que no se puede negar. Es decir; lo urbano,
lo histórico, lo cotidiano, empezaron desde Tráfico a ser
tratados incluso, masivamente, por los poetas venezolanos. Y
empezó, además, una lectura y una relectura, en algunos casos,
de la poesía norteamericana, cosa que no sucedía desde Tráfico
porque la poesía venezolana gravitaba en la órbita de la poesía
francesa y de cierta poesía italiana. Se soslayaba un orbe
poético importantísimo como es la poesía norteamericana
contemporánea. Es a partir de Tráfico cuando se empieza a
estudiar la poesía de Eliot, Ezra
Pound, de William Carlos William, de Robert Lowell, en
fin…
FF Cuando escribe, ¿cómo hace usted para identificarse con los
sentimientos íntimos de otra persona que ni siquiera conoce?
ARG Los imagino. La imaginación es una herramienta muy poderosa.
Sirve incluso para eso, para identificarse con los sentimientos
de la persona que uno imagina. La poesía es el reino de la
imaginación simbólica, de la imaginación, porque toda
imaginación es simbólica. Entonces, una manera de acercarse a
los sentimientos de una persona desconocida, es imaginando.
FF Para usted, es muy importante la palabra, ¿cierto?
ARG ¡Absolutamente, absolutamente! En el año noventa yo sufrí
una crisis psicótica que, probablemente, -eso no está claro para
mí, ni para los médicos-, esa crisis afectó quizás, áreas del
cerebro que tienen que ver con el lenguaje. El hecho es que yo
quedé literalmente mudo. Es decir; me costaba hivanar una simple
conversación cotidiana con un amigo o con una amiga. Y, por
supuesto, que yo pensé que no iba a volver a escribir más
nunca. Fue una crisis enmudecedora. Para una persona que toda la
vida ha considerado que la palabra es el centro palpitante de la
vida psíquica de uno, el no poder hablar y el no poder
escribir, significó, una desgarradura. Yo tarde unos diez años
en recuperar la palabra. Eso se lo debo a la dinámica misma de
la vida, a la dinámica curadora, sanadora de la vida, se lo debo
también a mi propio esfuerzo autoterapéutico. Yo escribí
durante la década de los noventa en plena crisis de la mudez,
tres libros, uno de ellos La nada vigilante, que es un
libro de poesía. Algunos dicen que es mi mejor libro de poesías.
Yo me propuse a escribir ese libro de poesía, para devolverme la
relación orgánica con la palabra que yo creía haber perdido.
Creo que si en este momento ya me curé de aquella mudez, eso se
debe a esas dos cosas: a la dinámica misma curadora de la vida y
a mi esfuerzo autoterapéutico por devolverme esa relación
orgánica con la palabra.
FF Otra cita suya: “¿Quién eres, tú sonoro al fondo de mi
mismo?” ¿Qué relación tiene usted hoy consigo mismo?
ARG Bueno esa cita se refiere, es la primera frase de El Dios
de la intemperie, se refiere a la relación con Dios. Porque
el testimonio unánime de los místicos cristianos, es que en el
centro de la interioridad humana, está Dios mismo. O sea, que
Dios es como el último estrato del mundo interior humano.
Entonces, cada vez que tomamos contacto con nuestro mundo
interior, de una manera radical, nos contactamos con Dios.
Bueno, yo creo que hoy tengo un contacto conmigo mismo muy
fértil, vamos a decir así, muy fecundo. Desde hace unos años yo
disfruto de un bienestar psíquico que no tenía antes. Ese
bienestar psíquico tiene cuatro pilares. El primero, una
medicación adecuadísima, yo tengo un déficit eléctrico a nivel
neuronal que la medicación corrige. Ese déficit eléctrico a
nivel neuronal es como la infraestructura bioquímica de los
episodios psicóticos que yo he padecido en mi vida y
afortunadamente se ha descubierto la medicación que corrige ese
déficit. En segundo lugar, el otro pilar, es la experiencia
terapéutica con Jean-Marc Tauszyk,
que es mi terapeuta actual. El tercer pilar es mi casa de
habitación actual, es un espacio para mí sagrado y donde respiro
a mis anchas. Y el cuarto pilar, es el tipo de trabajo cotidiano
que realizo, que aunque no es muy rentable económicamente, pues,
me permite hacer aquello a lo que vocacionalmente me siento
llamado hacer. Bueno, esos son los cuatro pilares de mi actual
bienestar psíquico.
FF ¿Qué hace usted cuando no está escribiendo?
ARG Bueno, muchas cosas. Pienso, contemplo, me dedico a mis
quehaceres cotidianos, cocino, paseo, estudio, leo mucho,
muchísimo. Desde la adolescencia he sido un lector voraz, leo
vorazmente…
FF ¿Usted escribe para sentirse vivo, para dar vida a sus
recuerdos?
ARG Yo creo que sí. La escritura literaria es un método, hasta
cierto punto, de la intensificación de la vida. Cualquier
escritor, mejor dicho; cualquier artista puede testimoniar que
el arte intensifica la vida, porque implica un impulso de la
conciencia y de la libertad frente a la realidad. De modo que yo
creo que sí, que yo escribo para intensificar mi experiencia
vital, la conciencia que yo tengo de la vida.
NOTAS
1. El documental al que se refiere Armando Rojas Guardia es: “El
esplendor y la espera”. Realizado bajo la dirección de Luis
Alejandro Rodríguez en el año 2005, en Caracas, con una duración
de 34:00 minutos. Actualmente, Luis Alejandro Rodríguez es un
productor independiente. Ha realizado más de treinta
documentales a artistas plásticos, músicos y poetas venezolanos.
2. El epígrafe completo, del poema de Hanni Ossott, es el
siguiente: Dios / me quedo todo el tiempo posible / ante un
poema / para que salga bien. / Es como una oración / una
invocación.
3. Tráfico se consolidó como grupo entre los años 1980-1981.
“Surge, con un polémico y acentuado interés confrontativo… las
discusiones que este grupo de poetas logran desencadenar a
propósito de una nueva manera de entender la poesía y el papel
ético que debería jugar la misma en el interior de lo que ellos
consideraban un ‘nuevo’ espacio intelectual venezolano”. Juan
Carlos Santaella (Diez manifiestos literarios venezolanos, La
casa de Bello, Caracas, 1986). El grupo estuvo integrado por
Yolanda Pantin, Igor Barreto, Rafael Castillo Zapata, Miguel
Márquez, Alberto Márquez y Armando Rojas Guardia. |