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Diálogo con Ángel González
Miguel Ángel Muñoz
Lo
que resulta extraordinario en la poesía Ángel González (Oviedo,
1924) es la variedad y contundencia de su lenguaje poético en
cada uno de sus libros. Considerado como uno de los máximos
representantes de la generación de medio siglo, este poeta
español lleno de reconocimientos oficiales, es un digno heredero
de las vanguardias (del modernism, de la modernidad), ya
que buena parte de su poesía plural y abierta se propone como
única visión un solo objeto: la vida, ese instante que se
detiene y queda inerte en la mirada detenida en cada verso de
Ángel González. A lo largo de casi medio siglo, desde el inicial
Aspero mundo (1956) hasta el reciente Otoños y otras
luces, se ha consolidado como una de las voces más
originales en lengua española. En 1985 obtuvo el Premio Príncipe
de Asturias, en 1996 el Premio Reina Sofía de Poesía
Iberoamericano, y ese mismo fue elegido miembro de la Real
Academia Española. A sus 82 años Ángel González tiene, como lo
tuvo Sahrazad para combatir las guerras y las crueldades del
mundo contemporáneo, su antídoto personal: conseguir que el
hombre caiga rendido ante la “poesía” y su “lenguaje”. Y aquí,
recuerdo un pasaje memorioso de Juan Goytisolo que me compartió
en su casa de Marraquech: “No olvides, que el más hermoso jardín
es un armario lleno de libros y lo interesante es que ese
armario no esta cerrado sino está abierto, a disposición de
todos”.
MAM
Hacía tiempo que se sabía de un nuevo libro suyo, del que se
conocía el título, pero cuya aparición se iba retrasando. ¿A qué
se han debido esas sucesivas demoras?
AG
Podría parecer que se debe a que tengo pocos poemas, pero, al
contrario, tengo bastantes más de los que aparecen en De
otoños y otras luces. Lo que me costaba era organizarlos,
que el conjunto de textos tuviera cierta coherencia, o mejor
dicho, una unidad total en el discurso. Ha pasado bastante
tiempo desde mi libro anterior, y en ese tiempo se suceden los
impulsos, las obsesiones, y al recopilar el material se
encuentra uno con cosas muy dispares, difíciles de casar.
MAM
Hay en De otoños y otras luces una mayor inclinación por la
elegía, y apenas asoman los rasgos de humor tan característicos
de su obra. ¿Por qué ese cambio?
AG
En realidad, no hay tal cambio; ocurre sólo que los poemas
humorísticos (algunos más cercanos al chiste que al poema) se
han quedado fuera de este volumen. Siempre he creído que hay que
seleccionar lo que vas a publicar, y más cuando la intuición
devora a la creación. Aunque en el tratamiento que hago del
lenguaje tiene, una gran importancia la intuición; es decir, la
facilidad expresiva, por eso es necesario cuidar las traiciones
del lenguaje y la estructura del texto, para no arrepentirte de
lo que publicas. Siempre hay tiempo para publicar, pero no para
escribir.
MAM
¿Cuál es el sentido de este nuevo libro en el
conjunto de su obra? ¿Qué novedades trae?
AG
Es un libro de un marcado tono elegíaco, un ritmo que está
presente desde el inicio en mi obra, cada vez más acentuado por
el paso del tiempo, claro. Ya en Muestra corregida y aumentada…
hay una serie de poemas de tono similar, y en Deixis en fantasma
(donde ya desde el título se dice que se habla de cosas que no
existen) es el fundamental.
MAM
Se percibe también un gran homenaje a nuestro querido poeta
Claudio Rodríguez.
AG
Sí, es un poema escrito por encargo para un homenaje a Claudio.
Gracias a este texto me decidí publicar el libro, ya que al
añadir este poema largo el libro tuvo una mayor coherencia
estética. Aunque en el poema que dedico a Claudio Rodríguez lo
hago con mucha admiración, pero también con mucha distancia,
pues es un poeta muy poderoso.
MAM
Dos de los poetas que más admira en castellano son Juan Ramón
Jiménez y Antonio Machado, ¿hay algo de ambos en su nuevo libro
AG
Siempre hay algo de ellos en mis textos; en momentos oculto y en
otros más visible Siempre he creído que ambos son umbrales de la
poesía en castellano, lo mismo que Rubén Darío lo es del
modernismo. Inversamente, se puede decir que Darío está en el
umbral de la poesía contemporánea pero no participa del todo a
ella, o al menos no al igual que Juan Ramón Jiménez, quien se
centra más en problemas que ya pertenecen a la poesía
contemporánea. Darío tiene muchas voces, se bifurca en muchos
poetas, y Jiménez es muy abarcador.
MAM
En estas elegías recogidas en su libro reciente, no hay
referencias claras a las noches del “Paraguas”, aquel mítico bar
ovetense del que tanto me ha hablo en diversos encuentros. ¿Es
consciente de formar parte una leyenda cotidiana?
AG
Bueno, no creo que sea una leyenda. Siempre que iba a Oviedo
acababa en ese lugar que se volvió con los años, parte de mi
vida. Ahora ya no es lo mismo. Iba a ver a mi familia, primero;
luego, a mis amigos, los más cercanos de los cuales ya me
faltan. Y con mis amigos la convivencia era casi siempre
nocturna. Así que mi presencia era, desde luego, visible, pero
también invisible, pues en momentos desde lejos lo extrañaba.
MAM
Su generación hizo bandera de la buena vida entendida como la
mala vida… Se lo pregunto porque fue muy diferente a la de
Alberti, Juan Ramón Jiménez y Machado, pues estos tuvieron que
irse de España ¿Cree que se vivió diferente la dictadura y la
miseria de la época?
AG
Esa época fue culpa de los años que vivimos, tan opacos… El
mundo real era tan aborrecible que no nos quedaba más remedio
que inventarnos otro diferente, artificial, noctámbulo… Esto
tiene la importancia que tiene, que no es mucha, pero es cierto
que cuando me acuerdo de mis amigos de entonces, muchos ya
desaparecidos, los recuerdo con una copa en la mano, como si
fuese un inútil escudo con el que defenderse del mundo, de las
miserias de la dictadura. A veces, la realidad te obliga a
reinventarte, a escribirte un nuevo papel en el gran teatro del
mundo. Cuando empecé a descubrir a los poetas del 27, eran los
representantes de un tiempo único, de la República, de la España
que nos hubiera gustado vivir. |