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Dolly Pagani: una voz en un espacio

Nélida Sorzana de Toribio

 

Desde un “albergue invisible”, desde un centro mítico-poético emergen los distintos recorridos temáticos de la lírica de Dolly Paganl. Zona especial, lugar utópico en el cúál se conjugan estética y espiritualidad. Allí en su “comarca verdadera” donde lo “eterno es e] instante”, allí surge el poema: “el último esplendor de la inocencia”.

Desde Vecino de dios hasta La ambición de Prometeo, esta voz afirma la importancia del quehacer lírico y su función donante. El proceso poético, la adquisición de la competencia para llegar a ese lugar utópico, queda revelado en distintos versos y se produce ya sea “después de cada incendio”, o con “La lluvia y el deseo”, o “en la tregua entre los bordes y el peñasco”.

Sus primeras imágenes vitales evolucionan hacia un máximo vigor que muestra, en estallidos vibrantes, el dolor asumido por el sujeto para dejar la voz lírica libre:

Salpicado de la sangre de uno mismo

el poema.

Triturado con los huesos de uno mismo

El poema.

Esta evolución está señalada en los mismos títulos de sus poemarios. Antes, el poeta era el próximo, el “vecino de Dios”; ahora es el que queda atado a la roca cual Prometeo. Su hybris, su ambición es encontrar la palabra que diga lo indecible; la palabra que fusione “belleza y bien”. Resonancias platónicas y marecbalianas, con una perspectiva nueva y femenina. Esta voz va más allá del conocimiento, elude o traspasa la lógica, se ofrece como donación y coincide con su visión de la mujer:

Cintura de sal para ensanchar el mundo

donante extraña.

Y allí, en la búsqueda del origen, de lo ancestral, hacia donde retorna Dolly Pagani surgen las imágenes audaces como:

antes de nacer le dio su sexo a Dios.

Bien, belleza, origen… alumbrando un futuro desde un lugar utópico. El yo lírico al dar. se encuentra y se restituye en su “comarca verdadera”.

 

HACIA LA ALTURA CADA DÍA
(Una lectura de “Poema Cotidiano”)

 

El poema desde su título expresa una situación paradojal: el hacer diario se hace extraordinario. Desde “lo cotidiano” y en una hora clave: el mediodía (cuando el sol está en el punto más alto) comienza a desarrollarse la acción. Lo que es sólo una tarea doméstica, se convierte en ritual. Al “desplegar el mantel hacia la altura”, el gesto dibujado se impregna de sacralidad. En este espacio abierto aparece el eje que da sentido al poema, las migajas se convierten en “mística ofrenda”. De ahí en más, el encuentro “regresan las bocas invisibles” y la manifestación: la Epifanía, lo oculto se revela, aparece y queda en el mantel. En una clara alusión a una mística cristiana, se expresa la comunicación establecida entre los ausentes y el yo lírico. La gestualidad inicial “despliego…” ahora puede leerse no sólo como un signo de sacralidad sino también como un llamado que ha tenido su aceptada respuesta. El intercambio que propicia todo rito se expresa en el “trueque solidario”. Por eso el tercer verso tienen resonancias sin tácticas y semánticas. La última estrofa cierra y recoge lo diseminado a través de los verbos y las imágenes. Mediante la “alquimia” voces (gargantas) y cereal, con connotaciones bíblicas (trigo), se conjugan para establecer un diálogo con el hablante lírico.

El título “Poema Cotidiano” y el verso “cada día” introducen en la línea de lectura un ritmo circular, periódico que remite a un tiempo reversible y recuperable ( esta temporalidad ha sido señalada en los estudios acerca del mito, desde una hermenéutica religiosa, por Mircea Eliade[1] y desde una antropología estructural por Levi-Strauss[2]).

El pasado irrumpe y se hace presente. En este poema dicho encuentro o ruptura temporal está filtrada a través de una óptica personal y creativa. Por ello, el pasado que irrumpe es privado y poético.

En la poesía de Dolly Pagani hay una línea temática persistente que une lo lírico y lo sacral; la inspiración y la elevación del ser humano. El poeta es el “Vecino de Dios”. Es quien alcanza la otra orilla, como dice Octavio Paz.[3] Pero en este poema Dolly Pagani da un paso adelante. La cotidianeidad, que tanta veces desgasta, ingresa aun espacio temporal lírico y desde allí adquiere un ritmo diario: cada día, ala misma hora. Entonces leemos “cotidiano” de dos maneras no excluyentes. El poema engloba, aspira ala cotidianeidad en lo Cotidiano. Esta visión de mundo, enaltece lo pequeño y rescata al ser humano del fluir temporal que transcurre irreversiblemente. Por eso, el poema puede negar la soledad a través de una común-unión: los que se fueron, regresan.

Lírica, rito y tiempo circular se anudan en valores simbólicos propios.

 

NOTAS

[1]ELIADE, Mircea. Lo sagrado y lo profano, Ed. Guadarrama, 1913, Cap. II.

[2] LEVI-STRAUSS, Claude. Antropologia estructural, Ed. Eudeba, 1984, Cap. XI.

[3] PAZ, Octavio. El arco y la lira, Fondo de Cultura Económica, 1983, Cap. II.

 

 

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