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Nació
en Santa Marta, Colombia, el 6 de abril de 1945. Poeta y novelista.
Licenciado en Filosofía y Letras de la Universidad de La Salle,
Bogotá.
En
1966, en el opúsculo que lleva el título de Tropicomaquia,
aparece publicado el poema “Huvarí”. En 1970 en Antología de una
Generación Sin nombre, colección Adonais, Madrid, del crítico
español Jaime Ferrán, hace la segunda publicación del mencionado
poema, de Tropicomaquia, libro que el colombiano preparaba
desde 1966 y que sería recogido en el volumen ¡Ohhh!,
Ediciones Papel Sobrante, volumen 12, el 25 de agosto de 1970. Un
año más tarde, el 6 de octubre de 1971, aparece Indiada,
libro de poesía, centro de Publicaciones Episfre, Bogotá. Con su
libro Los escritos de don Sancho Jimeno, recibe en 1981 el
Premio Nacional de Poesía, Universidad de Antioquia, y que es
publicado al año siguiente. Simulación de un reino
(1966-1995) de la editorial Thomas de Quincey, recoge su obra
poética en Bogotá, 1996.
Ha
sido director de dos revistas literarias: El papagayo de cristal
(1977) y Verso libre (1989).
Álvaro Mutis ha calificado la poesía de Miranda “como de lo mejor
que tenemos entre nosotros. Es más, yo quitaría el de, de la
frase anterior”. El escritor argentino Enrique Molina dijo a cerca
de Los escritos de don Sancho Jimeno: “Es un libro sumamente
interesante; sobre todo, tiene un valor de gran originalidad, toma
el acento de un español de crónica antigua. El poeta maneja un
idioma paródico, con humor, con fuerza expresiva y con gran
contenido vital, al mismo tiempo, interpola elementos actuales, lo
cual da un sentido especial al libro. Es una expresión, diría, muy
rotunda, muy fuerte, que hace recordar en algo al Arcipreste de
Hita. Los Escritos de don Sancho es ciertamente una especie de
ruptura del lenguaje, de gran originalidad, y la originalidad en la
poesía moderna es un valor estético. En la poesía clásica no era
necesaria, no se le exigía al poeta la originalidad sino la
adecuación, la sumisión a las leyes de la retórica fija que la
imponía la forma de escribir, las exigencias formales de la rima,
del metro y de las figuras poéticas, los límites de lo que se puede
o no se puede hacer. Miranda hace un juego de un idioma
aparentemente arcaico pero que, no contrasta con las situaciones que
él describe, produce una visión cargada de humor, una visión
distorsionada de la realidad, que está expresando la ruptura y el
desconcierto del hombre contemporáneo ante una realidad llena de
contradicciones, alienante y, por momentos, absolutamente carente de
sentido ”.
La
risa del cuervo,
novela, obtuvo varios reconocimientos: El primer premio en su
modalidad en Buenos Aires, Argentina en 1983 y el Premio “Pedro
Gómez Valderrama” de Colcultura, Colombia, a la mejor novela
publicada entre 1987-1992. Germán Arciniegas, a propósito de la
temática histórica de esta obra que trata sobre la Independencia,
dijo: “Es la mejor novela escrita sobre esta época”.
Su
libro de historia: Colombia la senda dorada del trigo, recoge
a través del cereal y la alimentación episodios desconocidos de la
vida del país, desde el descubrimiento de América en 1492 hasta
1999.
Como
ganador de la Beca a México 2003, escribió El libro blanco de los
muertos.
Ha
sido director de talleres de escritura de la Secretaría de Cultura
de Ciudad de México, de la Casa de Poesía Silva y de la Universidad
Central en Bogotá.
Dirigió, con su esposa Adriana Grosso durante 20 años la editorial
Thomas de Quincey y la revista de alimentos Panadería y
Pastelería. Ha sido ensayista y colaborador del Boletín
Cultural y Bibliográfico de la Biblioteca Luis Ángel Arango,
Banco de la República, donde ha publicado, entre otros textos
para el Museo de Arte de la misma institución, Gregorio Vásquez
de Arce y Ceballos: un pintor para mirar el arte colonial,
Bogotá 2005 y, Andrés de Santamaría en la universal expresión del
color, 2006.
Autor de la biografía León de Greiff en el país de Bolombolo,
Editorial Panamericana, 2004. Su novela San Juan de la Cruz: un
cadáver para armar, Intermedio Editores, recrea la
reconstrucción del cuerpo del principal poeta de la lengua española
que ha sido esparcido como reliquia por toda España.
Bibliografía:
“Tropicomaquia” (opúsculo poesía) Bogotá 1966.
¡Ohhh!,
(libro colectivo poesía) Papel sobrante, Medellín 1970.
Indiada,
Episfre, Bogotá 1971.
Los
escritos de don Sancho Jimeno,
(poesía) Universidad de Antioquia, Medellín, 1982.
La
risa del cuervo,
Thomas de Quincey Editores, Bogotá 1992.
Colombia la senda dorada del trigo
(historia), Thomas de Quincey Editores, Bogotá 2000.
León
de Greiff en el país de Bolombolo,
(biografía) Editorial Panamericana, 2004.
Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos: un pintor para mirar el arte
colonial,
Banco de la República, Bogotá 2005.
Andrés de Santamaría en la universal expresión del color,
Banco de la República, Bogotá, 2006.
San
Juan de la Cruz: un cadáver para armar,
Intermedio Editores, Bogotá. |
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Álvaro Miranda (1945)
Juan
Gustavo Cobo Borda
[*]
Álvaro
Miranda nació en Santa Marta en 1945. Luego de diversas
publicaciones en volúmenes colectivos editó en 1971 su primer libro
Indiada. Fundador de la revista El papagayo de cristal. Con
Los escritos de don Sancho Jimeno obtuvo el Premio Nacional
de Poesía de la Universidad de Antioquia. Libro singular este, en el
que a través de la ficción literaria del descubrimiento de unos
viejos papeles de quien fuera gobernador de Cartagena, en la época
de los piratas, Miranda apela a la riqueza del español arcaico y a
su muy fino oído para percibir la fuerza de lo coloquial, y arma una
serie de textos sorprendentes, en los cuales el lenguaje se hace
gozo y paladeo:
¡Ayy
corazón de melón!
bájate el pantalón
que
comenzó el carnaval.
Allá
viene el congo golero:
báilate marimonda
la
danza del garabato,
pucha arriba, pucha abajo,
si
no me gozas ¡te mato!
De
este modo, Miranda desarrolla una historia que no vacila en
remontarse a España, recabar las presencias de José Asunción Silva y
Julio Flórez, hacer suyos momentos en la vida del general Herrera,
Jorge Eliécer Gaitán y Jorge Zalamea, e insistir en el
descubrimiento de la naturaleza colombiana -de la costa a los
llanos, del Amazonas a los Andes-, a través de una de las aventuras
verbales de mayor originalidad con que cuenta la nueva poesía
colombiana:
No
quiero ajises que piquen
ni
pilón que los rebulla,
sólo
quiero en la tierra
el
ocio del señorío,
la
pereza y los chinchorros.
Así
Miranda elabora contrapunto en el cual “el reír desprevenido, el
reír ingenuo que arrastra la certeza y el fervor de que ahora, sólo
ahora, se vive todo el absoluto”, se ahonda en una mirada muy
perspicaz que recrea, e inventa el verdadero tono de nuestra gente,
no en su transcripción trivialmente realista sino siguiendo el ritmo
que le marca su imaginación, fieramente apegada a la tierra, al anís
con casabe, pero capaz igualmente de trascenderlo en su vuelo
creador. Otorgándole voz, por fin, a los seguidores de Jorge Eliécer
Gaitán, dice, por ejemplo:
Porque nosotros, siendo buenos, seguíamos al sol,
lo
seguíamos, siendo tartamudos,
y
luego hablábamos y luego lo
seguíamos,
rastrojo tras rastrojo, siendo cojos,
lo
seguíamos por ahí, por las mazmorras,
lo
seguíamos siendo mancos, lo
seguíamos
y
luego hablábamos, siendo sordos,
y
luego por ahí, bien cotudos,
lo
seguíamos, por ahí, bien herniados,
lo
seguíamos, seguíamos al sol.
Se
abre así, con este delgado volumen, una perspectiva más
enriquecedora para hacer de nuestro idioma -el español- un preciso
instrumento de captación de aquellos sueños, traumas y silencios,
que en muchos casos nuestra historia había decidido acallar y que la
poesía, por fin, como en el caso de este libro de Miranda, vuelve
incontrovertible realidad. Una realidad sonora, pujante, donde el
arcaísmo resulta innovador y la retórica se carga de una fuerza
erótica insospechada, al hacer del arquetipo femenino una potencia
avasalladora en su telurismo verbal de buena ley. Allí conde el
cuerpo y la historia se vuelven un única realidad incontrovertible:
la historia vuelta lenguaje poético, sólo lenguaje rítmico y
perdurable”
[*]
“Álvaro Miranda”, en Historia de la poesía colombiana, siglo XX,
Juan Gustavo Cobo Borda, Villegas Editores, Bogotá 2003, pág.
476-478. |
poemas
LA ÚLTIMA NOCHE DE BRETON
Noche diurna de baño de espíritu
y de totuma andina donde no cabe un silencio
noche de lluvia paralítica en la mitad del espacio
noche extranjera de luz cancerosa
de migas de tamal entre nidos de buitres
noche de tul entre la trayectoria de un buque de papel
Noche de corteza de aire
de siesta de estrellas bajo llanto de sauces
noche amortajada de nubes
entre rosario de luceros rebeldes
noche tímida de mejilla de alba sonrosada
y de muñeca rota de golpe de mamut
Noche de gelatina sobre un plato de peltre
noche de cartón entre dientes de ratas
y de ojo de ahogado en el eje del mar
noche inservible de Navidad entre vahos
de epilépticas rumberas
Noche crucificada entre ladrón de sueños
de espumas y de verdades
ANTILLANA
Tú,
Antillana, Tú..., la que se sabe floral; la que se sabe hebra,
ovillo e hilo; la que se sabe sueño, morbo y fobia; la que se sabe
hechicera, epidemia y rencorosa; la que se sabe zafra y molienda. Tú
y tu cordón umbilical, ojo sobreviviente en las inundaciones del
Darién; Tú, la que se sabe pesadilla, trueno y antillana; la que se
sabe bruja, yerba, ungüento y pomada en las heridas de los indios...
Tú, Antillana, Tú..., como el equinoccio en el llano, como el calor
de la quema, como el mirar de un ojo a otro ojo, como el navegar en
la Pinta, como el descubrir en la Niña, como el naufragar de la
Santa María, como el zancudo en la oreja, como la muerte muerta de
muerte natural.
AQUÍ
SE DICE COMO DON SANCHO TORNÓ SU IRA EN GOZO Y SU TRISTURA EN
CÁNTIGO, CÁNTIGA Y DULZOR DEL CIELO
Sea
que sí, sea que no, brínquese por la cola,
cójase por el cuello, apriétese el pispirispi,
húndasele el gaznate, muérdasele el juanete, aquí
y allá, en la hora en que el sinsonte se vuelca
en el mar, silba la iguana, silba el carmín, arde
el cotudo, se amasa la bilis, come mi risa puerro y orín.
Va
la vieja, viene la niña, vende que vende,
grita que grita, ofrécese aquí, desnúdase allá,
lluvia tras lluvia la mar no se va, sea que sí,
sea que no, váse la huella con el caracol y el
sueño que vela, infla la música, cristal
de la aurora, barco que aflora allá en el confín,
muralla que arpegia la luna y la aurora. |
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