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Encuentro con
Raquel Jodorowsky
Carlos Barbarito
Lima, 11 de septiembre de 1981. Una mujer venida del fondo de la
tierra, nacida geminiana adentro de una mina de cobre en el
norte de Chile, hija de colonos: de una padre tañedor de
balalaika, apaleado en Rusia, minero en Chile, profeta en Israel
y de una madre analfabeta, constructora de arados y sembradora
de maíz en Argentina, se acerca a mí para dejarme su testimonio.
Se llama Raquel Jodorowsky, de oficio poeta, pintora,
conversadora con lagartos, arañas y perros bravos. Aprendió a
escribir antes de saber escribir. Descubrió los árboles a los
once años y al ver al primero lo saludó creyéndolo un señor.
Tiene trece libros escritos, un hijo y un gato. Cree firmemente
en el hombre y en el arte. Este es el resultado de ese
encuentro. Que, según sus propias palabras, es su pensamiento
dirigido al corazón de los jóvenes poetas de Argentina,
guardianes de la llama de la poesía. [C.B.]
CB: - ¿Qué es la poesía? ¿Cuál es, a tu juicio, la función que
deben cumplir la poesía y el poeta en la sociedad actual?
RJ: -Creo que la poesía es lo único que acerca al hombre a su
lugar de origen. Considerando que el hombre mismo es un ser
prestado en este mundo. Un extranjero que duerme prisionero en
las murallas de un gran sueño. La poesía es lo que nos revela
algo que hemos traído del Más Allá. Respondiendo la segunda
secuencia de esta primera pregunta, acerca de la función que
debe la poesía y el poeta cumplir en la sociedad actual, me
parece que el poeta y su creación no tienen que cumplir ninguna
cosa. Ya el poeta al dar su palabra verdadera está situado
cincuenta o cien años adelante. Sus ojos y su mente son
visionarias y proféticas. Está por consiguiente, una generación
entera más allá de su sitial material en la sociedad que
vivencia. Su mensaje está, por lo tanto, dado. Corresponde a la
juventud seguir al poeta. Corresponde a la sociedad acercarse a
la poesía en actitud de silencio. Y estudiar su contenido. Por
esto el poeta es más importante que el político cuya palabra es
circunstancial e inmersa en sus problemas terrestres sin
relación alguna con el destino cósmico del hombre. La palabra
del poeta es la que marca el destino y la historia del alma de
la humanidad. Y mientras se tergiversen estos valores, el
espíritu de una generación está en conflicto.
CB:- ¿Cómo ves el panorama actual de la poesía latinoamericana?
RJ:- Antes, como ahora, en Latinoamérica o Hispanoamérica, los
poetas han brotado como flores de la tierra. En cada país, en
cada ciudad, en cada casa, el hombre americano escribe muchas
veces sin llegar a pisar las universidades. Heredero de grandes
abuelos orfebres, pintores, arquitectos, que dejaron libros de
piedras, culturas ancestrales, prosigue creando con belleza. No
hay un sitio en el mundo donde tanta gente escriba poesia como
en nuestra América. Lo que pasa es que no nos conocemos todos
los que somos. Hay los inconvenientes poderosos de la
incomunicación cultural entre país y país, el desinterés de las
casas editoriales hacia el libro de poemas, el silencio
organizado sobre la obra de ciertos escritores combativos y
combatidos, etc., etc. El poeta tiene que nadar solo y contra la
corriente. A no ser que sea elevado en plataformas políticas de
izquierda o derecha. Para resumir, el panorama actual de la
poesía en Latinoamérica es rico, importante, en actividad
creativa literaria constante. A pesar de las circunstancias
desfavorables.
CB:- ¿La poesía debe ser un arte para ciertos y reducidos grupos
–léase élites - o, por el contrario, un arte para todos sin
excepción?
RJ: - El creador no puede elegir su público. Se escribe
simplemente para toda la humanidad. Si hasta la fuente de la
poesía tiene acceso una élite, no puede culparse al poeta de
esta limitación. Quiere decir que la gran masa está carente en
muchos sentidos de educación. La educación es lo que despierta
en el hombre la sensibilidad. Y es a través de este vehículo que
se aprecian las grandes manifestaciones del arte, son estos
problemas de cada gobierno. Repito, no del creador. Existe,
claro, lo que a menudo leo en periódicos de izquierda, la
tendencia a hacer poesía para el pueblo. Y aquí hay un peligro.
Tendríamos que delimitar, los creadores, las capacidades de los
diferentes pueblos del mundo. No sería lo mismo escribir para un
pueblo culto de cualquier país, de la mayoría de los países
europeos, que para un pueblo o pueblos de Mesoamérica y del Cono
Sur, donde el analfabetismo de los ciudadanos es pavoroso. ¿Se
puede exigir al autor descender en el nivel de su lenguaje
creacional para satisfacer necesidades primarias en la
educación? Creo que aquí hay dos problemas que a menudo aparecen
mezclados y confundidos. Tengamos esperanzas que con el tiempo
nuestros pueblos latinoamericanos puedan llegar al nivel
cultural de un pueblo como el inglés, para citar generalidades,
donde los niños menores en los colegios aprenden de memoria los
poemas de Shakespeare.
CB: - ¿La poesía debe estar sometida a dogmas? ¿Qué opinión te
merece la poesía panfletaria?
RJ: - La poesía traza caminos de libertad y se sitúa en el lado
de la vida que no tiene definición. No pertenece a servidumbre
alguna. La poesía no resiste un dogma pues no está basada en el
creer sino en el conocer. Al revés de una religión, no tiene la
poesía una verdad institucionalizada que deba respetarse a
través de equis tiempo. Miremos el transcurrir de la literatura.
En cada época uno o varios poetas aparecen y dicen esto o
aquello. Tan distintos, a veces contradictorios, sin embargo la
belleza que es la Verdad de un poema, es capaz de atravesar
épocas y siglos y su emoción sigue vigente. En cuanto a la
poesía panfletaria estimo sinceramente que en esa acción hay un
error. Comprendemos que el hombre vive actualmente desesperado
en su realidad circundante plagada de miserias, injusticias,
atentados, hambre. Y echa mano de las vías de comunicación que
les son posibles para llamar a la conciencia de los demás. La
literatura es usada tanto como otros medios. Pero hay que darse
cuenta que nadie es sordomudo, que nadie es ciego ante la crisis
social de nuestros pueblos. Ni el poeta escapa a esta realidad
inmediata. Pienso que la fotografía es el medio más directo para
llamar la atención de estos problemas, la fotografía unida a
numerosos conductos de información, prensa, revista, televisión,
etc. En la poesía panfletaria, queda el panfleto. La poesía
escapa.
CB:- ¿Y la censura?
RJ:- Aprendí que la Edad Media, con sus torturas, cárceles,
persecuciones, quemas de libros, extradiciones de ciudadanos,
crímenes políticos, etc., había terminado ya varios siglos
atrás. Me doy cuenta que mi siglo XX aún continúa vigente. Los
historiadores se han equivocado. La censura existe desde los
albores de la humanidad. Es un mal inherente al desarrollo del
pensamiento. Creo que solamente la Astucia puede quebrar sus
barrotes. Pero con censura y todo, el espíritu del hombre jamás
ha sido abatido.
CB:- ¿Crees en el surgimiento poético con raíces y caracteres
netamente latinoamericanos, algo así como un nuevo Modernismo?
¿Hay indicios de ello en el continente?
RJ:- Creo que el movimiento poético latinoamericano jamás ha
dejado de existir. Como nunca ha muerto, nace siempre. Existe la
poesía con el poder telúrico y luminoso de nuestra América.
Tenemos viejos poetas como las montañas y los ríos que aparecen
después de los terremotos. Y cada uno de ellos inaugura su
propio lenguaje. Tal vez por esta razón los agrupamientos
literarios no sean muy numerosos en nuestros medios
intelectuales. Puede ser una gran virtud.
CB:-¿Son útiles los congresos y encuentros de poesía? Por
ejemplo, ¿qué importancia tuvo el encuentro de México de 1964?
RJ:-La importancia de los congresos a nivel social es enorme. El
encuentro de poetas de otras naciones, la amistad que nace, el
abrazo cálido de dos mentes que piensan en un mismo nivel, es
mejor que cualquier aburrido discurso. En los congresos, las
ponencias y proyectos no los oye nadie. Son espesos. Alrededor
de una buena comida es donde he escuchado mejor los pensamientos
de un escritor. Deberían organizarse congresos internacionales
por lo menos dos o tres veces al año. El mejor ejemplo que puedo
darte del congreso de México del 64, es revelarte que allí
conocí a Miguel Grinberg, quien trató de decir algo y le
arrebataron el micrófono, acción que defendimos todos los
presentes. De aquí ha surgido una hermosa amistad, donde los
años no cuentan. Visité Buenos Aires en 1974 y fue Miguel quien
me ayudó y dirigió en las editoriales donde al fin se publicó mi
libro Cuentos para cerebros detenidos. Asimismo me escribo
siempre con otros poetas conocidos en estos eventos y puedo
decirte que es como tener una gran familia repartida. Tendríamos
que juntarnos a menudo.
CB:-¿Cuáles son los obstáculos que, en nuestro continente, se
oponen a la acción del poeta y a la difusión de sus obras? ¿Qué
opinión te merece la autocensura, mecanismo defensivo del poeta
frente a la censura?
RJ:-Aquí me haces dos o tres preguntas en una sola. Bien, como
siempre el problema está en las editoriales, en la casas
impresoras. Aquí prima un concepto comercial del destino de la
literatura. Y como la poesía tiene una venta más lenta que la
novela, sencillamente no se ocupan de publicarla. Por otro lado
vemos que el público lector está cada vez más interesado en la
obra poética ya sea propia o internacional. Por esto creo que
las páginas que con labor heroica publican los poetas, esos
pequeños folletos que se envían por correo, cumplen una labor de
difusión altamente meritoria. Son pequeñas revistas que alcanzan
pocos números. Yo las conservo en mi biblioteca, las consulto
siempre. Ellas me han hecho conocer a numerosos poetas. Son
mejores que un libro. En nuestra América los poetas no sólo
escriben, ponen la poesía en acción. Y esas pequeñas revistas de
poesía son oro en mis manos. En cuanto a la autocensura, que me
preguntas, pienso que cada creador es dueño y señor de su obra.
Puede esconderla, modificarla, publicarla, no quererla, etc.
Leérsela al gato o difundirla por televisión.
CB:-¿El poeta debe estar integrado a la sociedad en que vive o
ser un marginal, alguien de extramuros?
RJ:-Es en la realidad donde se encuentra la raíz de las más
enormes imaginaciones. Hasta los elementos del sueño son
extraídos en su totalidad de la realidad. Aquí vive el verdadero
poeta. Su palabra nace de la vida misma. Y está por lo tanto
dirigida a los hombres, a la sociedad. Y el poder de la palabra
es lo más grande que hay. En varias sociedades muchos poetas del
presente y del pasado han sido considerados peligrosos. Si hay
poetas marginados, en los extramuros, es porque allí han sido
recluidos y limitados por la sociedad para que no ofrezcan
disturbios a sus intereses. Hay poetas que se marginan a si
mismos, se envuelven en su desprecio, no participan de ninguna
prepotencia que tuerza el alma, que violente la libertad. El
poeta debe estar integrado en una sociedad que merezca la
poesía.
CB:-¿Qué respuesta darías a los que predican la muerte de la
poesía?
RJ:-Los que predican la muerte de la poesía son falsos profetas.
Son pobres de espíritu que nunca se han dado cuenta real que la
poesía existe. Mi respuesta sería que aprendan lo más rápido
posible a leer mis poemas.
CB:-Finalmente, ¿crees que algún poeta puede todavía hablar de
torres de marfil o de arte puro, inmaculado, de academia o
laboratorio?
RJ:-No se puede escribir una obra en mitad de la calle. Es
necesario el aislamiento del exterior, es imprescindible el gran
silencio para que el creador escuche sus voces interiores y
plasme hace afuera la obra de arte ya sea sobre el papel, sobre
la tela, sobre el hierro. De todas maneras, un poeta es un
viajero solitario aunque no se aísle. Pienso en las palabras del
gran Dostoievsky cuando decía hay que hacer todo por la
humanidad, pero permanecer lejos de ella…En cuanto al arte puro,
el arte de academias y talleres, todo cuanto he leído al
respecto me parece una etiqueta sobre un producto elaborado. Si
la vida es cambio perpetuo, incesante movimiento, ¿cómo puede
hablarse de arte estático? Para mí el arte es sacado de la vida
misma, que nadie sabe lo que es, la propia realidad es tan
misteriosa. Así es el verdadero movimiento del alma. Los que
hablan de arte puro son filósofos que tienen la lengua suelta,
no son poetas. El poeta escribe con una palabra que viene desde
el fondo de la sangre, no del intelecto, y llega a este mundo
para salvar lo hermoso de otro hombre. |