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Carlos Contramaestre: homenaje a
la poesía
Edmundo Aray
"Hurgo y busco la piedra de Unamuno, al borde del sol
rojizo en verano, rompo el silencio en otro espacio, monjes
dormidos en los sotos melancólicos, las batallas carnales del
tiempo, ruido de los días, la soledad del yermo en el amor
antiguo, en los vinos ásperos." Es de aliento la nostalgia, la
palabra de Contramaestre, susurro de Fray Luis, evocación pura,
de agua fresca. "Salamanca solitaria, piedra y oro, cielo
explanada, tejados partidos, tizones enrojecidos, levedad de las
lozas carcomidas, muerde el hueso de la tiniebla"-dice. De puro
amor la mordedura. La señal de aventuras bien vividas, de
aturdimientos y exaltaciones. "Allí encontramos el germen, el
pedazo de la noche, casi un cosmos de aroma silvestre, las
tabernas perdidas, el aire embalsamado, la tristeza abandonada,
las enfermedades de la poesía, la sífilis de los sonetos, los
trenes fantasmales, santuario del agua del Alba de Tormes,
sonido suave que tampoco es amor, mas bien el descubrimiento de
lo inesperado, sueños como una iluminación, muro alto y liso de
Salamanca, cegante. La silueta de las torres de las catedrales,
la cabeza fantasmal de los toros íberos, el puente romano,
invención del agua y del sueño que duerme El Techo de la
Ballena a las riberas del Tormes y a las sombras del
tiempo." Es del poeta la evocación. Acendrados están los
recuerdos. Raízpura.
De la sierra andina llegaba, de la mudanza del encanto, liviano
el equipaje, ávido como una mandrágora – narcótico
irremisible -, dispuesto para la ciencia médica, pero
contagiado por las iluminaciones de Rimbaud, las deliciosas
tropelías del Quijote, las innumerables de la picaresca. Al
igual que sus compañeros de aventuras y desventuras, Caupolicán
Ovalles y Alfonso Montilla, "camina velozmente entre los rayos
de la tormenta" que su transito de vida desata por las aulas,
las calles, los bares y las plazas salmantinas.
De Salamanca el mayor acto poético, pues tiene aliento de por
venir: la creación de El Techo de la Ballena, en medio de
los vapores de la noche y las turbaciones del vino, porque,
además, los pájaros fornican en la catedral, lanzan sus plumas
contra el viento mientras, en mitad de la noche, las brujas con
los huesos de los gatos hacen flautas.Aletea la poesía, son de
aquelarre los delirios. Es salmantina la hoguera.
¿El suceso naufraga acaso con el amanecer? ¿Sólo es resaca en la
vastedad del olvido? Un tal Borges, llamado Jorge Luis alienta
el exorcismo:
Creo esta noche en la terrible inmortalidad:
ningún hombre ha muerto en el tiempo,.ninguna mujer,
ningún muerto,
porque esta inevitable realidad de fierro y debarro
tiene que atravesar la indiferencia de cuantosestén
dormidos o muertos
-aunque se oculten en la corrupción y en los siglos-
y condenarlos a vigilia espantosa.
[De Adrogué, 1936]
Entendamos al artista de nuestro tiempo -el que nos tocó vivir
en los años 60 y 70- insuperable en la denuncia de ése trayecto
de Coprofagía, que fue el período inventado por la democracia en
el 58 hasta cumplir 40 años de amargor y de muerte.
Leamos la versión de Adriano González León sobre el
Contramaestre de aquellos años, y los muchos más de su vida: “Los
anteojos gruesos, oscuros, preceden siempre cualquier otro
detalle de su figura, para ofrecernos desde el comienzo, su
imagen de búho inflado, sabio en su árbol de los trazos y las
contemplaciones, pícaro y socarrónen el laboratorio del mago.
Contramaestre, además, tiene un andar de oso. Doble condición de
animal brujo y extensión polar. Con encantamiento, pócimas,
hojas puestas a freír a medianoche, mucha impaciencia y
desarreglo, se metió en la pintura, más seguro de su espíritu
crítico que de las formas por crear, más intelectual que
trabajador de líneas y colores, más preocupado por decir cosas
que por mostrar cosas, a juzgar por los primeros cuadros que
nuestros agentes registran en salones y galerías, durante la
década de los cincuenta. Contramaestre con empuje marino y
desenfado, sin pasar por la Escuela de Bellas Artes, quería dar
su testimonio solitario en una mezcla explosiva de fantasía y
expresión poemática, al margen del rigor y la academia, quizás
con cierta torpeza, pero lleno de resonancias magnéticas.
Resultaba difícil seguirle la pista porque había enormes trechos
de vacío en su trabajo, con disipaciones de buen ron y buen
verbo al lado de sus amigos poetas, y asistencia regular, aunque
increíble, a la Facultad de Medicina. Un día cualquiera se fugó
a España y por mucho tiempo nada se supo del estudiante ni del
pintor. Las reseñas internacionales solicitadas nos lo ubican
por Salamanca y Madrid, con buenas cantidades de vino rojo,
lecturas en los archivos, amistades inteligentes, y una dosis de
humor chispeante, duro, más incandescente que negro, el humor
peculiar contramaestriano que sería el puntal definitivo en su
estructura de creador. Cuando regresó al país, era médico.
Anduvo entonces por dispensarios rurales, con una eficacia que
nadie se esperaba. Médico de campesinos, curandero sin brujerías,
admirado por las gentes humildes y los caudillos. Nada se supo
del pintor hasta que un día de 1961, en un garaje de El Conde,
estalló El Techo de la Ballena. El pintor Contramaestre animaba
un grupo de escritores y artistas que, ante la codificación de
la pintura y las letras nacionales, se proponía restituir el
magma. Con ello querían anunciar que la válvula generatriz de
toda buena creación iba más allá de la respetabilidad estancada,
del abstraccionismo geométrico anclado en su perfección, de la
literatura sumisa al buen decir y las reglas honorables. Aquella
vez el Techo rebosó, los pisos se inundaron, los cuadros y los
textos flotaron como materia desechable y las gentes del barrio
bailaron al compás del Hombre Orquesta”. (Publicado en el Papel
Literario El Nacional. Caracas, 1º de febrero de 1970, en la
columna Señas de Identidad, por Gabriel Zarcos, seudónimo de
Adriano González León)
He aquí, pues, a Contramaestre, artista, que por exigencia de
coyuntura, propuesta de existencia o existencia social, afronta
el hecho creador a todo riesgo. Personaje insólito que durante
más de 15 días del año 1962 estuvo a ocho columnas en los
diarios de la ciudad de Caracas porque, a fin de cuentas, a los
medios, con el apoyo bobalicón de los moralistas y trepadores de
la cultura, les interesaba no sólo desprestigiara la Universidad
Central de Venezuela, en ése entonces barricada contra la
barbarie de la democracia representativa, sino también poner
muro de contención a quienes desde El Techo de la Ballena y
Tabla Redonda y las propias aulas de la Universidad
arremetían contra el orden establecido y sus emblemáticas
figuras –muchas de cartón.
Es de rigor leer la palabra, implacable sarcasmo, de Salvador
Garmendia: " (...) Tiempo mas tarde, avanzados ya los sesenta,
Carlos vuelve de España con el mito de la Ballena. Bajo el techo
de esa Ballena subversiva se llevan a cabo los primeros actos
sacrílegos que habían conocido el arte y la literatura en
Venezuela. En Homenaje a la Necrofilia, el carro de aseo
municipal, especie de mancillado coche fúnebre cargó con las
piezas que Carlos había confeccionado a base de vísceras, huesos
y sangre de animales domésticos. ¡Lástima que entre los
materiales no se hubiesen deslizado los despojos de cualquier
honesto personaje de la clase media! El local de la exposición
había sido clausurado días antes por la fuerza pública, actuando
en representación del pudor nacional ultrajado. A todas éstas,
un olor a muerto verdadero, a ciudadano muerto o acribillado se
paseaba impunemente por el país proviniendo del subsuelo
político podrido y vergonzante. (...)"
En el catálogo de la exposición Homenaje a La Necrofilia
(Caracas, 2 de noviembre de 1962) González León escribe, con
lucidez apabullante y dialéctica de lujo: … “hay una categoría
de gentes, quizá la mayoría, a quienes se nos pretende negar
cualquier forma de encuentro, postergación, o búsqueda de la
propia muerte y el propio amor. La actividad de los amantes
limitada por las Ligas de Buenas Costumbres. La acción del
necrófilo ofendida en su limpidez rectificadora, porque una
muerte cotidiana, fabricada en los laboratorios policiales,
asedia constantemente nuestra voluntad de elección. Y ante los
gendarmes que disparan, los grandes barcos que bloquean los
hongos que se abren hacia el cielo, el pintor Carlos
Contramaestre se transa por reivindicar las categorías de una
forma de amar y de morir donde cada cópula y cada hueso
recuerdan, aún más allá de la vida, un acto soberano del hombre.
Tripas, mortajas, puntos, cierres relámpagos, abestina o caucho
en polvo, desparramados sobre cartones y trozos de madera, con
figura un empaste violento y el cuadro deja de ser un bello
objeto de coleccionistas o un orgullo de museo para
transformarse en una persecución ardida de la materia humana,
justamente en el corazón mismo de la sordidez, porque se hace
menester rescatar tripas y heces fecales al lado de una dulce
conjunción de pantaletas y resitex, en un intento por
ganarle la partida a tanta finura acobardada a tanta buena
realización, que andan de brazo con el asesinato, sea producido
con ametralladoras o con aparatos de tortura. Y más aún: toda
una alineación de pestilencias informes, donde una belleza nueva
asoma en cada repliegue del cuero y las vísceras de los carneros
sacrificados, que no pasará inadvertida porque al menos provoca
la repugnancia de las personas decentes o la sonrisa desdeñosa
del que se piensa ya corrido en arte, con una tal ceguera y una
tristeza mentales, que le impiden pronunciar otras palabras de
defensa que no sean ‘dadaísmo’ o ‘infantilismo’.Con eso, por
encima y a pesar de eso, aquí están estos golpes provocadores de
Carlos Contramaestre, lúcido, alienado, médico, no enajenable,
inscrito en la gran órbita de quienes prefieren probar y
experimentar ‘todas las quintaesencias’, a quedar paralizados de
perfección premiada, de seguridad comercial o de tarjetas de
acceso a los salones de damas y pinturas. Su intento de recobrar
ciertos territorios cargados de descrédito, lo sitúan en una
atmósfera de audacia y valentía donde todas las viejas claves de
la plástica importan poco y hasta se hacen añicos ante esta
confrontación desnuda de la muerte y del amor”.
También la poesía es existencia social. Revelación es cuando
responde a su más pura encarnación. Tal es, como testimonio, la
poesía de Contramaestre, al igual que la de su amigo de embates
con la palabra, el arbitrario y excepcional Víctor Valera Mora.
Bienvenida la asociación (Imaginemos a Carlos y al Chino Valera
hermanados en volcánica creación -o descreación- a puro trago y
desvelo el ejercicio poético. Conciencia asumida de la
consunción, urgencia subversiva, enardecido intento de romper
compuertas y convenciones. También de consunción de vida porque
la muerte nos persigue o nos espera. Lo mismo da. En los años
sesenta se trataba de urgencia subversiva para que la vida
floreciera. Ilusión fiera. Ilusión de poetas y guerrilleros.
Navegantes de la ultra. Herederos del desencanto).
Inicio el hurgamiento en la obra publicada de Carlos
Contramaestre por puro afán de poeta, libre como estoy de las
muy serias investigaciones de lingüistas o las más serias de los
críticos de oficio.
ARMANDO REVERÓN, EL HOMBRE MONO (1969)
Ya en su primer libro, Armando Reverón, el Hombre Mono,
publicado en la colección El macrocéfalo, en las
ediciones del Techo de la Ballena, diciembre de 1969, con
prólogo del inescrutable Dámaso Ogaz, Contramaestre “altera la
realidad del lenguaje”, independiente del lenguaje ideológico o
poético, atenido a una inusitada estructura de signos y un modo
sedicioso de invocar al pintor de Macuto.
"Su figura -cuadro vigoroso y realidad que se trasciende a si
misma-, vertida de la pluma de Contramaestre, parece nacida de
la paleta de Apeles o de Goya, a la que acuden la ironía, el
humor, el sarcasmo y la sátira a los críticos oficiales del
arte" -escribe Alfonso Ortega Carmona en la Presentación
de la Antología Poética (1967-1995), Costumbre de piedra, que de
Contramaestre publicara la Cátedra de Poética Fray Luis de León,
de la Universidad Pontificia, Salamanca, el año 1996.
Reverón, pintor de sangre viva y sensual, ajena a las
tentaciones del reconocimiento, todo él imagen subyacente y
subversión de ella, hombre leyenda, intenso, concentrado en la
luz, levantó los fuegos iniciales de la escritura de
Contramaestre.
"Un poema satírico -escribe Juan Cazadilla- donde se maneja una
serie de conjeturas, probabilidades y hechos absurdos atribuidos
con un valor mítico al personaje Reverón. Estaríamos tentados a
pensar que se trata de hacer encarnar en la leyenda del artista
el tipo de un exitoso representante del sistema, si no fuera
porque, en tanto poeta, Contramaestre no se propone demostrar
nada. Este es un Reverón sin ningún orden cronológico ni lógico,
a diferencia de las monografías. Un Reverón que exhibe
condiciones histriónicas y que descubre, por una cierta
coincidencia, que es una mezcla de salvaje con play-boy, que
toma el aperitivo bajo los almendrones y se pasea en su Rolls-Royce,
y cuya personalidad extrovertida y sensual (...) es el polo
opuesto del misógino retraído que nos han pintado otros autores.
El tono hiperbólico no está demás si se puede argumentar, como
lo hacen los críticos, que gran parte de la vida de Reverón
permanece en el mayor misterio. Esta parte oscura da pábulo a
Contramaestre para imaginar una serie de aventuras del tipo de
las reconstrucciones históricas del cine de Hollywood. En
realidad, la significación de todas estas exageraciones reside
en la paradoja resultante del contraste entre los términos en
que vivió el pintor y lo que hubiese podido hacer él con la
inmensa fortuna que valen hoy sus cuadros. Sobre todo si se
piensa que entre el momento de la miseria y el alza fabulosa de
los cuadros sólo se interpone el débil umbral de la muerte. En
este planteamiento (si se puede hablar de planteamiento en un
poema) estriba el aspecto por decirlo así humorístico del texto
pero también lo trágico, puesto que hace honor a la verdad
(Reverón se hubiera deleitado mucho con el poema de
Contramaestre) ya que éste afirma la autonomía de la libertad en
que se movió el gran pintor. (...)". (“Reverón, el Mito y el
Mono” Papel Literario de El Nacional, Caracas, 8 de marzo
de 1970). Me permito apuntar que fui testigo de la lectura de
este texto por parte de Contramaestre para regocijo auditivo de
Calzadilla. Ambos disfrutaron poema y crítica, pues, como es de
suponer, el crítico luego leyó el poema para complacencia del
poeta y seguro destino de las botellas de cerveza en las tripas
sedientas.
Contramaestre juntaba, en Armando Reverón, el Hombre Mono,
humor, ingenio, innato impulso, pasión consciente, palabra
erguida, soberana. El verso es chispeante, la palabra aguda,
mediadora de imaginario acontecer. Para Contramaestre el
dilatado poema representaba el encuentro con la literatura al
través de su modo cierto de afrontar la existencia: ingenio,
agudeza, gracejo, espíritu lúdico, recóndito lirismo. Helo aquí:
“Caen hojas,
sopla el viento y se percibe en espacio de tensa luz,
un olor a heces voladoras, las mariposas amaestradas
de Armando, amasa sus mensajes sobre la selva
que enceguece y frota los ojos de los turistas.
Es cal lo que cae, es vitriolo, es luz – dicen los entendidos-,
es piedra, es fuego, es barro, es horno, es Velásquez zurdo,
es Goya ciego, son aves, apenas polvo, apenas.
POR DECRETO Y POR SUEÑOS DE MAXIMINA SALAS (1977)
"Un mural, un gigantesco mural de palabras" proclamó Hesnor
Rivera en un texto sobre Por decreto y por sueños de Maximina
Salas (Editorial Genital Maracaibo, 1977). Este libro de
sostenido resuello y acendrado amor filial solivianta al Decano
de la Cátedra de Poética “Fray Luis de León”, Alfonso Ortega
Carmona: ... "madre del pintor y poeta, no constituye solamente
filial homenaje y poesía testimonial. En la Posada del Centauro,
centro bellamente monstruoso que regentaba Maximina Salas, se
convocaban caracteres variopintos, tahúres, guerrilleros,
prostitutas, viajantes, poetas, fotógrafos y sastres, fauna
humana que halla consuelo y acomodo en esa gruta que parece
resonar con la voz de un nuevo Quirón, curador de penas,
mientras cada uno muestra su dolorida estampa. Y por los ojos
del niño aquel asombrado, hoy varón pacificado por la vida
larga, por su pincel y la lira, asoman ahora en estos versos los
perfiles humanísimos de Pedro Gil, de Esperanza, de Don Pío
Toro, de la Señora Rivas, de José Chamizo, del Negro Pantera, de
la Doble paso y del Enano Torpedo, toda una excitante galería
poblada de color y poesía estremecedoras."
Al través de Contramaestre escucho a Maximina, candorosa, con la
virtud a cuestas, ardiente como la pensión, con lágrimas y
valeriana sobre la almohada, en mitad del patio la palabra
rumorosa y leve:
No trates de pegarle a José Chamizo
porque él usó agua de teléfono y agua bendita
y tiene sanos los uñeros
No fabriques circos
solamente para ocultar la tristeza de su partida
No imites al Negro Pantera
ni al Enano Torpedo
No des más botes de carnero en El Arado
No claves estacas para la carpa de los leones
Porque no tienes enanos
Porque no tienes elefantes ni payasos
No inventes sueños tardíos
porque no viajarás a Antofagasta
ni encontrarás nunca a esa pequeña bailarina perdida.
Alfredo Armas Alfonso escribe en “Reo de las nostalgias” (Uno,
ninguno, Monte Avila Editores, Caracas, 1980) sobre este
“tocador de vihuelas de la memoria del pueblo”…quien “arranca
del olvido o hace que el olvido no se acerque a estas vivencias
de los recuerdos de alguna vida sacramentalmente destinada a ser
la madre de lo que el hombre no debe olvidarse”. Y agrega, como
una sentencia: “Junto al maestro Eizaga y todo el mundo
contenido entre la primera y la última página del libro,
Maximina Salas desafiará todas las arenas del tiempo. Este es el
privilegio de los hombres, los poetas y los magos de la estirpe
de Carlos Contramaestre”.
CABIMAS ZAMURO (1977)
El mismo año de 1977 Contramaestre dio muestra contundente de
sus afanes poéticos, de su definitiva inscripción en la
escritura de alta arboladura. La palabra descubría un rostro
iluminado, de radiantes sonoridades expresivas. Millar de
mechurrios en la noche. Estallido del Catatumbo. También fuerza
plástica y dramática.
Para Adriano González León, Cabimas Zamuro: " (...) es un
texto singular en donde el pintor, el medico rural, el
intelectual vigilante, el humorista agresivo, el hombre de la
necrofilia, el gran magma, se nos muestra ahora dentro de un
ejercicio que abre una brecha definitiva en la poesía de combate
del país. La tragedia petrolera vista al revés, desde el costado
del malo que se hace su harakiri desde el dolor confuso y
terrible de la tierra explotada. Una amarga exploración con
imágenes audaces, vivas y legitimas, con potentes reclamos
irónicos, con gracia creadora inigualable. Estas visiones de
Cabimas-Zamuro en revancha, marcan de un modo definitivo el
camino de la gran poesía reclamante, el único a seguir: el de la
imaginación y la autenticidad”. Vehemente es González León. El
libro lo había conmocionado. Todo su énfasis, todo su ardor se
volcó para reclamar lugar primero a la poesía de Contramaestre.
No era para menos: el poeta había dado un paso definitivo en su
busca creadora. Libro de incontenible rebeldía, protesta fiera,
denuncia de la ignominia. La palabra amonesta, protesta,
arremete, expide fuego: quema.
Con igual intensidad y similar encantamiento escribió Ortega
Carmona sobre Cabimas-Zamuro: "El tema, insaciable y
fecundo de la muerte, se presiente ya pletórico de vigor y
pasión en la mayoría de los lacerantes ritmos ascendentes:
Te regalo la ciudad con los huesos de mi padre
sonajas de pájaros
y mi furia de rescatador
…
Nos quedan los desperdicios enterrados
para levantar otra ciudad al Sur de la Muerte
…
Mudaremos las aguas y los guacos crecerán como avispas
"Tan espléndida es su etnografía descarnada, vibrante en el
color de estos versos que pocos poemas, como éstos, han tenido
mejor fortuna llevados a la escena, si recordamos su
representación el ano 1992 en Maracaibo por el Teatro Estable de
la Universidad del Zulia."- apunta, finalmente, Ortega Carmona.
COMO PIEL DE ANGEL (1980)
Ejercicio rutilante de la palabra, germinación de la noche,
mandrágora, también catedral de la poesía. Obra que se escondió
en un 8 x 8 centímetros (formato de la edición) con afán de
sobresalto. La imagen adquiere soltura. Es lluvia de mayo,
sortilegio para quien se baña con sus primeras aguas. El verso
tiene aire de eternidad - tal su encantamiento. Maneja el idioma
como Baltazar su festín ¡pero qué gozo descubrir la metáfora
como si de la vida fuera su respiración! ¡Qué de volcaduras, de
alegría de la palabra y su imagen!: ADAGIO "Desde las
tapias del viejo cementerio / vuelo a los olivillos /salto
alegre sobre sus ramas húmedas / y miro la dalia exuberante / la
rosa de marfil / el huerto de la infancia / la quebrada que iba
por el cielo / la vida que se abre entre tus brazos / los
pequeños gusanos que saco de la tierra / la música que tu
entonas desde la copa del uvito /antiguo adagio de amor"
¡Qué de piernas abiertas para las venturas del amor!
Contramaestre traspasa el umbral de la poesía como si entrara
por casa, sonriendo con dulzura. Conduce al poema del reino de
la oscuridad al reino del mediodía. Como si dijera a una mujer:
"Desaparecerás en medio del furor de la neblina."Piel de ángel,
urdimbre de mandrágora. Contramaestre crece el poema por encima
del "Reino que perdimos" ¿Alguna mujer que nos dejó en el
abandono porque de ella no era el amor? ¿Algún dolor sin
sanación? ¿Alguna muchacha que se adornara "con plumas híbridas
de pájaros para entrar en celo y en cólera....." Su palabra es
reclamo, alarido en poesía convertida. Elogio a Petrarca y su
tibia tristeza ¡Ay! bienamada ¿De qué color es la lealtad? El
poeta responde: " El amor es un problema".
Como piel de ángel
(1980) la seducción de Ortega Carmona: "...habría procurado
nuevas delicias surrealistas a Bretón, padre del Surrealismo, si
este precioso libro hubiese llegado a sus manos. Sin perder su
fuerza plástica, la poética de Carlos Contramaestre inicia aquí,
hasta culminar en Tanatorio, una compleja evolución que
le asegura su puesto irrenunciable entre los más profundos
poetas de finales de siglo. Desde Como piel de ángel, en
firme ascenso, la poesía de Contramaestre se levanta a una nueva
consciencia lírica, con una musicalidad y flexibilidad de
lenguaje singular y sin paralelo:
Todos saben que llegaste rozando estrellas cometas y navíos
Lluvia de azafrán
Yo comienzo a florecer después del estío
Tú empiezas a germinar en la noche como una planta salvaje
(<Raíz de mandrágora>)"
Hagamos propio el poema titulado Invocación, oigamos,
desde la nave de un templo alzado en la montaña, sus imágenes
sonoras: Allí estarás para perpetuar a la rana / a la lluvia
patas blancas / al reino que perdimos / Seguirás acostada bajo
la tierra / cavando pasadizos para atraer la luna / Soplarás al
sol como barro / y crecerán las escamas / las rosas de las
serpientes / las túnicas de los papagayos que vegetación húmeda
que reverdece al cielo /Buscarás santos para quemarlos en tus
vasijas untadas de cacao/ desandarás y lograrás una victoria
contra el pasado/ buscarás los altares/asaltarás los museos/ y
destruirás las colecciones privadas del mundo".
Como seguramente escribió Hernández D' Jesús:..."poesía que
dicta la intuición, y hace del artista un brujo adivinador en
las tinieblas, de donde extrae luces misteriosas y
desconocidas." Diríamos que los registros oníricos, emancipación
de la conciencia, antes que dictados de la clarividencia.
METAL DE SOLES (1983)
Libro de amor, de contenido erotismo. Cántico. Sentimiento
lírico, armonioso, de semblante puro, iluminado. Apareces en
medio de turba de pájaros / y serpientes conduciendo el oro del
sol / los atavíos del alma / el fuego de la tierra.
Libro
de tonadas tristes, como el fulgor de las luciérnagas. Es
necesario buscar una estrategia de soledad, una casa construida
por el viento para los desahuciados del olvido. Busco en
lo más profundo de mí -confiesa el poeta-. El asombro palpita,
se dilata, golpea, es cuerpo de vigilia: te escucho y soy tu
pulso / Te amo y soy tu latido / Te palpo y soy tu carne / Te
huelo y soy tu perfume/ Eso lo sueño: Triste carroña dolorosa.
Protesta, sí, porque las constelaciones ocultan las formas
primarias del amor. Porque...un sollozo enrarecido / como
aire de flores para muertos / cubre la noche. Murmura: Tu
sed de mineral iluminado seca mis labios / y me transformo en
duna solitaria.
Un día domingo, en el diario El Universal, con el título
Aconteceres de Sahumeriante, se publicó un texto de Manuel
Ruano sobre Metal de soles. Leamos: …”más que un libro de
poemas, es un libro
de cuentos brujeriles. Digo esto, porque tengo la intuición de
estar en presencia de una teología de los sueños, que mucho
tiene de premonición y de las magias curanderas, que juega, es
verdad con el primun nobile de todas las cosas. Acaso,
asumiendo en toda su intensidad una sinfonía purificadora del
tiempo y esa celebración misma de la vida, que organiza las
bodas de la Claridad y consagra sus mejores pócimas a la alegría
del ser. Al menos, creo desentrañar esa vocación de
encantamiento por ciertas aguas remotas y ciertas permanencias
que se agitan en el aire. Eso le he visto con algunos brujos y
eso, ahora, se descubre a mis ojos en esta escritura: ‘Un ojo
pervierte las nubes / si ellas no caen en el sitio acordado’,
dice al empezar en ‘Para otras tribulaciones’. El poema mantiene
esa tensión de atropamiento interior. Uno lee y a la vez es
leído. Permanece observado y a la vez es sorprendido en su
pensamiento. ‘y si eres efluvio garza sueño soledad / es porque
ahora somos mañana fresca y roja hoy eres vino labios deseo de
mil lenguas / dragón hechizado niña almendra…’.
“Al parecer, se trataría más bien de una teoría de las visiones.
De una teoría de los pájaros atrevidos y salvajes que llegan con
la desesperación o que buscan obsesivamente el teñido y
refulgente árbol frutal. Una teoría del aire, que surge así, de
lo inesperado: ‘De pronto el humo asciende de los tejados / y
los peces helados / ejecutan sus acrobacias de barbasco y
hierbabuena’, suelta su cuenta en ‘Los hijos del aire’ con ese
resplandor a la vez clandestino y revelador”. Se pregunta Manuel
Ruano si todo este joyerío ritual de las imágenes no vienen de
la dualidad muerte-vida, amor-odio, sueño-realidad. “o
simplemente de la transferencia de una carga emocional que
proviene de una razón oculta. ¿A qué lugares extraños nos
remonta Contramaestre? ¿A qué inaudita zona de la comprensión?
¿A qué predio iniciático?”
Tiempo de oprimir el pecho. Tiempo de cerrar los párpados para
buscar la levadura del alma.
LA TORRE DE BABEL (1986)
Avancemos en el hurgamiento, en los modos de manifestarse los
asombros interiores. Hallazgo del poeta, cópula con el lenguaje,
licencia imperecedera. La realidad atrapada con todos los
sentidos. Carga onírica, más cercana al desdichado Artaud por su
descarnadura, que al brillo de imágenes por asuntos de oficio.
Impregnado de Artaud por sus atrevimientos con las dolencias.
No soporto la lucidez de la locura.
En la desgarradura nos perforan las imágenes de Contramaestre.
El poema nos clava el bisturí en el espíritu. Me restriego
contra el cielo. Sintaxis sin agravio, agua por su lecho,
vertiente, vertiente, incertidumbre. Vivencia y percepción
adquieren su lugar en la palabra, en el verso delicado y
profundo. Soy esa herida que no restaña / que sale a tomar el
sol con las garzas.
Castellano por su afán, español por su hondura, Moro por su
cálida, secreta ternura. La mujer, por siempre no más, reclama
presencia. De lo más puro es el canto. Sé que cada vez amo
más a Mi Señora / a mi genocidio de arpas / a su geografía
gótica / a su pulso de sirena.
Para Ortega Carmona “El poema único de La Torre de Babel
es el personal monumento al yo lírico”. Entiende el
desvelo de la propia existencia. Escribe: "El pensamiento se
hace lírica." Agrega: "El recuerdo bíblico, símbolo de la
dispersión se convierte en atalaya de clarificaciones internas.
Aquí está el poeta entero, en la TORRE, -hospitalizado de
amores-, desde cuyas almenas, las de su espíritu, se
contempla toda la realidad del mundo y del hombre cruzando las
troneras íntimas." De toda certidumbre, Ortega afirma: El poeta
"es el contemplador y el drama de sí mismo."
Poesía evocadora de futuros. La Torre de Babel es
cántico, desorbitado enamoramiento, hendidura en el corazón:
Vengo oloroso a boñiga del infierno. / He transplantado el llano
y la montaña / con su manantial / a la sala de cuidados
intensivos.
Poesía que es necesario someter, en todo tiempo, a cuidados
intensivos, no vaya a ser que nos asalte y nos duela por el
resto de nuestros días.
TANATORIO (1993)
He aquí al poeta en la busca de los aires infinitos, de la
mordedura definitiva. Camino de la plenitud se encuentra con el
vacío. Se interroga. Indaga adentro. Sacude las ramas del
"'árbol de la muerte." Siente la muerte en carne propia. Es
Achab. Ilaria es. Combatiente en la batalla: huesos marchitos
/ en mi carne que salta del planeta / Lápida errante / corazón
maltrecho / escudo borroso / Artillería del alma / que apunta
hacia / la nada. Apunta hacia la diana del poeta: La
tierra y el sueño del olvido nunca te serán leves. Siente
cercana la hora del exilio definitivo: Amor sin final amor en
temperatura alquímica / y aguas profundas donde encontramos
nuestros restos.
Ilaria es a las puertas del templo: El mármol palidece bajo
el sueno / y oculta tu pesar de niña arropada por la muerte.
Reclama: De nada sirvió la plegaria al Cristo Negro / ni el
grave sonido de vitral del armonio / ni la altura vertiginosa
del campanario que precipitó tu alma al cielo / y las sombras
oscuras a la tierra Ay del señor que ansía retener en piedra
sueño o vida / el sonido de tus alas.
Fui testigo en Lucca de su devoción por Ilaria. Inclinado ante
ella lo encontré a las puertas del templo: Carlos, luego
de acariciar a Ilaria, como si piel y carne de mujer, se largó
en protestas por los millares y millares de amantes que han
besado sus labios hasta convertirlos en imagen leporina. Para
mitigar su pena me llevó hasta el justo lugar de un banco,
testigo de la contemplación y los ardientes suspiros del Dante
por Beatriz. A semejanza de otros millares de millares tomamos
asiento y alzamos la mirada hacia el desolado balcón. En el
camino me aseguró que Beatriz estaba de blanco detrás de la
cortina. Doy por cierto que la vio tan desnuda como la mujer
primavera de Boticelli. Algún lírico descreído me reprochará que
me valga de la ausencia de Contramaestre
Gastón Baquero,“un otoño y Madrid, 1991”, escribió una “Entrada
al Tanatorio del Contramaestre”: “Caminante que llegaste aquí
por la esperanza de no entrar jamás al tanatorio, oye lo que te
digo: un venezolano loco de siempre por Señora Poesía, hermano
mayor de Madame Locura y sobrina de la esposa de Orfeo, un
venezolano llamado Carlos como el Baudelaire alabado, te ofrece
la ocasión, única quizás para tu vida, de ensayar o entretenerte
para entrar sin amargura al tanatorio que nos espera. (…) A este
hombre lo que le importa es que los poetas y la poesía tengan en
cada cual raíces, verticales enterramientos en el magma, en la
subterraneidad profunda de las raíces, de los vasos
comunicadores del telus alas palabras filtradas y depuradas en
el alma. (…) Describe y muestra el tanatorio sin rejuegos
macabros, sin jugueteo con la pervertida hetaira. Pienso que
Carlos Contramaestre logra dar una versión moderna, escueta
reencarnación sin ropaje, de El Bardo Thödal, el del libro
Tibetano de los Muertos. O quizás más cerca todavía de nosotros,
reencarna el Chilan del Moandel libro Maya de los Muertos. Da lo
mismo. A mí su cara me recuerda la del Escriba Sentado del
Louvre, burócrata por fuera y por dentro. Poeta, es decir,
portero amical, no cancerbero. (…) Las puertas del tanatorio
quedan abiertas. No trepidar, amigos: ¡vuelvan caras!
Fortalézcanse los músculos del alma para recorrer, con gran luz
en el puño, la Casa donde fijo nos esperan”. He aquí a un poeta
en torno a un poeta.
Es de Eugenio Montejo la reflexión: “Tanatorio no es un
poemario que encare su profundo tema con vacilantes sollozos:
sus palabras contraponen a la fatal certidumbre de nuestra
futura desaparición el rasgo de lúcida valentía de quien, lejos
de resignarse, la rechaza: ‘Contra la Muerte/ esta ráfaga de
rosas cálidas/ (...) Me rebelo como los ángeles caídos/ empuño
la espada flamígera’ Desde la óptica de las predilecciones
artísticas contemporáneas, en que muchas manifestaciones se
complacen en escamotear la confrontación con lo trágico y lo
terrible, en tanto que resaltan otros signos más ligeros cuando
no insustanciales, este Tanatorio de Carlos Contramaestre
se sale del fácil juego y nos aporta la verdad de sus palabras,
sin imponerse ninguna estirada gravedad, ‘sin rejuegos
macabros’, como dice el prologuista, sino con la honda
palpitación de quien trata de ver más allá de lo aparente y se
consustancia con las invisibles raíces que nos sustentan (...)".
Con el título Celebración de la Fatalidad (Revista
Imagen, Nº 100, marzo-abril, 1995) Gonzalo Ramírez
Quintero escribe un artículo de encendidos elogios: “La
oscuridad padecida: Tanatorio es uno de los mejores libros de
poesía publicados en Venezuela en los últimos tiempos. Dicho
así, esta afirmación puede parecer un tanto rotunda. Pero ocurre
que Carlos Contramaestre ha alcanzado -en estos poemas- un grado
de intensidad y nitidez verbales poco comunes. Y diría algo más:
transmite -en un alto grado de condensación- una experiencia
espiritual.(...) La muerte como estado: Pocos libros como
Tanatorio han logrado acercarse a una exploración tan
riesgosa de la muerte como estado. Es por eso que este libro
logra comunicar a la par que un extremado sacudimiento
expresivo, una lucidez tan inusual. La muerte se transmuta
poéticamente en una toma de conciencia del ser. Es,
literalmente, un salto al vacío. Por eso resulta tan conmovedor.
Es un llegar hasta el fondo de la experiencia de la muerte.
(…)Contramaestre tiene una noción exigente del hecho poético.
Por eso Tanatorio resulta tan contrastante con lo que
bajo el rótulo de “poesía” se publica hoy en Venezuela. No hay
facilidad en Tanatorio: aquí la poesía brilla con una luz
genuina por aterradora. (…)”
Volvamos a Ortega Carmona: "Aquí se mira directamente a la
muerte en sus cuencos. Aquí la muerte es simplemente, la muerte.
El poeta la revela en las oposiciones radicales de lo existente
y de lo posible, como hacía Sócrates en su conversación
fedoniana. Nada espera de ella ni contra ella. Como nada se
espera del vacío en sí mismo, primer concepto filosófico de
nuestra cultura (Hesíodo, Teogonía, 116).
En Tanatorio, hacen presencia las mortificaciones del
olvido -territorio inasible. La tierra y el sueno del olvido
nunca te serían leves. Escuchamos las voces del alma en pena -sombras
melancólicas. Son nuestras las ilusiones de un amor sin final,
de temperatura alquímica. El poeta transita -y nosotros con él-
los corredores de la muerte -pesadilla interminable. Pero no nos
permite lugar a la aflicción. Aún así, es de noche funeral la
memoria, trampas del sentimiento, escaramuzas del humor. Todo un
arte en Contramaestre el guiño de ojo a la hora suprema y el
hervor de los recuerdos.
POEMAS INÉDITOS.
En el prólogo a una recopilación con el titulo Los poemas
inéditos de Carlos Contramaestre, Vanessa Sánchez escribe: "La
poesía que se aferra al instante y se vincula, en su génesis y
divulgación, a un lugar publico es propia de la vanguardia. La
atmósfera de los bares y cafés enmarcaron muchas de las
creaciones de futuristas y dadaistas; dispusieron el entorno de
recitales y exhibiciones. La poesía que sale del libro, o no
llega a entrar en él, para hacerse objeto de intercambio, para
mancillarse con el mundo, es la que pareciera cifrarse en los
frágiles papeles de Contramaestre: lejos de anaqueles de
biblioteca y espacios académicos, su poesía no teme ya
profanarse con el entorno más inmediato y vulgar del creador,
pero tampoco abandona su carácter de expresión personal. Sigue
traduciendo los signos más incoherentes del poeta en el tiempo
irrepetible de un entorno impersonal, transitado y móvil, el del
bar. La muerte, la metamorfosis de la materia, el amor y los
derrumbes que le son propios, se encuentran lejos del
aislamiento que tradicionalmente rodearía al bardo y al médium;
lo sagrado se sitúa en las cercanías, el poeta lo plasma
secretamente confinado entre los comensales, el humo y las copas
que podrían engañar al observador. La poesía mancillada sigue
viva, toma una vida distinta en el abismo más estrecho de la
ciudad; Isidore Ducasse y Arthur Rimbaud se hacen presencias
cercanas, conjuradas por el poeta".
Vanessa Sánchez encuentra en los Poemas inéditos –muchos de
ellos incluidos por Aray en esta Antología- "lo esencial de la
poesía de Contramaestre." Apreciación que compartimos. El verbo
crece, se desparrama, se alimenta del desparpajo, no admite
mesura. Creador sin camisa de fuerza -tantas veces lo abordó la
locura-, por si mismo educado para el delirio. Carlos lacera a
la memoria, la desnuda y palpa sin pudor, la desangra y liba
hasta la borrachera del espíritu. Punza el lugar de sus
delirios, bóveda profunda. No todos albergan un dragón oscuro en
la memoria. He aquí al hechicero, con la serpiente del génesis
anudada a su cuello. Por delectación del abandono y sus
tristuras pone en nuestra boca el pezón izquierdo de alguna
mujer inventada por el sueño, acaso primavera, soledad inventada
para que nos amargue la ilusión del paraíso. Luego, luego
decimos no son sólo suyos los demonios.
Poemas escritos a lo largo del tiempo de fundación poética.
Según Vanessa -seguramente confirmado por Maria Eugenia Sánchez,
viuda de Contramaestre- "datan del periodo comprendido entre
1986 y 1995". Poemas conservados hasta el ocultamiento,
Contramaestre penetra a fondo en los vericuetos del corazón.
¿Tendría en mientes publicarlo? Poeta y capitán del delirio, al
igual que aquel desmesurado en la búsqueda de la Ballena Blanca.
Descarnados versos, implacables metidos en la vida, con un
cuchillo clavado en el lado izquierdo y una espada “flamígera”
asentándola a la vida y a la muerte. La palabra se desborda.
También los sentimientos, los recuerdos de infancia, las
tropelías de siempre. Cruzan bares, alcobas, enigmas, calles de
infortunios, desenfrenos, aturdimientos de toda especie. Mujeres
de apasionada extremadura: Maruja, verbigracia: Socióloga
egresada de selvas sabias / esclava de nigromantes teóricos.
Noche profunda: Me entrego a ti en trozos de desastre / y
cataclismo sin racionamiento previo. Testimonia la locura:
Este vino que escancio en / tu nombre magnifica nuestra /
ilusión, nos adormece y/ despierta. Hoy vi la / carne nuestra
expuesta en / una vidriera, estaba llena /de nieves y cojines
con / calefacción. y me vi nos / vimos desnudos expuestos al /
escarnio en un público / que nada entendía, / que dos
sudamericanos / eran parte de la publicidad / para una vida
silenciosa y onírica / perfectamente comercial. Hay otras
que disfrazaron el encanto, ligeras como el asombro, cuellos
de Eros en las atribuladas manos del artista. En sus versos
aletean. Descúbralas el lector. Hágalas suyas por pura
complicidad con el poeta.
Porque lo exige su pasión de vida, reconoce que al amor ofreció
todo y nada inútilmente. Aún así quedaron pruebas irrefutables
de sus cuitas. No hay materia de olvido. Es de poeta y demiurgo
las madejas oníricas, darle forma al hilo, disponer del tiempo
como si fuera cuerpo de mujer, caldero del amor: batalla
interminable.
Todo el amor, María Eugenia: soy libre te lo juro para amarte
en cualquier acantilado. El otoño se desmemoria en ti amor mío /
para sobrevivirnos en el tiempo. Guardo mi distancia amorosa en
ti / postulado irrebatible para seguir viviendo / o muriendo
entre tus brazos dúctiles. Maria Eugenia, corazón náufrago,
por el apasionado canto rescatada: Estás aquí o allí dentro
de mi tristeza.
Por ella deambula y se reclama, desconsolado: Ofrecí todo y
nada inútilmente / La casa de piedra que construimos / se sigue
derrumbando a pedazos dentro de mí. Ay del alma amontonada:
Hoy sólo me queda una plomada / un viejo nivel un teodolito
oxidado / y unos planos tercos como la vida.
El amor es un problema de cielo y tierra / es un problema de
carne imaginativa y dolorosa...
Acude al énfasis: El amor es la atadura con el universo
Hay algo más: Contramaestre regresa al cordón umbilical,
perseguido, torturado por los sueños, cuando comienza a sentir
magro el cuerpo, cuando inicia, como los ángeles, preparación
de nube. Maximina al final de los días:
Se que tú inventaste la noche para reconciliarnos
en la casa con palmas benditas y rezos
encalados sonando pájaros que salían de tus árboles
en nevadas donde encendías tu alma generosa
y repartías como miel pan de año y un sordo dolor
que no querías comunicarnos
si no teníamos alpargatas y algún día estrenaríamos
piyamas y calzoncillos gold medal
Preferías oír las comedias las radio novelas que ponerte
a llorar sobre los pasos del viento
o sobre nuestra ignorancia que trataste que superáramos
era preferible vagar correr por el mundo desnudo
como nos habías parido sin conocimientos
el aprendizaje se hace entre los barcos el camino
y un navío que nunca faltó
los consejos que dabas para que no los escucháramos
porque nosotros éramos igual de tercos
y fíjate donde estás bajo tierra en un paraje solitario
que no conozco y no quiero ver [deseo conocer]
Pareciera llegada la hora de hacer balance:
... no tengo país, no tengo nube
océano si, fantasmas si
que se pintan la boca y el culo
nostalgia de no sé qué dios
de no sé qué noches
de no sé qué ángeles
cuartetos piélagos.
Rimas que no domino
besos que no di
que si di.
El amor no concede tregua. Es tenaz. Alimenta su imaginación con
muslos celestes y pechos de dulce leche. Siempre Boticelli,
umbral de vida. Ahora mismo lo envidio perseguido por la
nostalgia de Dios, en el fragor del gineceo, sumido en pelvis
angelicales, preso de ardientes desvaríos.
Cuánto de muerte y de resurrección, cuánto de fiesta trágica, de
visiones melancólicas, de hueso y víscera. Del poeta el alarido,
sin otro destinatario que la muerte y la congoja.¿Juicio final
acaso? ¿Desdoro del amante? ¿Olor de flores mustias? Fatal olor.
No es Contramaestre poeta de alucinaciones. Es, simplemente, un
hacedor de vida, dador de estaciones siderales y abriles de
fiestas orgiásticas y océanos de lágrimas, pues es sustancia el
sexo indomable y las lágrimas sin fin, los susurros de no me
olvides y cuanta hartura, finalmente, alberga "el lado oscuro
del corazón". Navegación cuyo destino es el naufragio. Ay de sus
tinieblas y del duro precio del olvido.
Contramaestre poeta, por visión y por modo de vida, por
escritura. (Que la vida la dejamos en el camino o queda en la
memoria hasta que los recuerdos fenecen. Adiós, memoria, que
dejarás de ser tal con el último sobreviviente, a menos que
surja un albacea – cronista que urda historia de los balleneros
de El Techo, sin las pretensiones, claro, del Ismael que contara
la furiosa y tenaz aventura del Capitán Achab y sus no menos
furiosos balleneros, inscripto en la eternidad por Melvilla en
Moby Dick).
Sí, Carlos Contramaestre era un poeta. Lo fue en vida, lo es
para siempre en sus libros. Asumámoslo a plenitud. Entienda el
lector que el joven letrado de Salamanca, médico de profesión,
no era tan extraviado como se supuso ni tan profanador de
tumbas, como se dijo, por la inusitada provocación de la
necrofilia. Resulta que el pintor con la enseña de Archimboldo,
no era tan pintor como poeta -y de la mejor estirpe castellana.
De manera que Contramaestre si era pintor como se pinta, pero,
esencialmente, poeta de alto rango y excelencia.
Contramaestre, navegante ballenero, articulado al Capitán Achab,
protestatario, secreto cultor de Francisco de Quevedo, cómplice
permanente de Estebanillo González, alquimista del cada día,
sagrada comunión de cuerpo y alma con los fulgores,
incertidumbres y desgarraduras del amor, sabio burlador,
sacrílego desde los primeros días de la Pensión Ardiente,
Allighiere de vita nova, nos deja a la intemperie, en el
hondón del vacío luego de sacramentar todas sus irreverencias y
extravíos, toda su exaltación de la poesía.
Existes, desmesurado Magma, arponadura del deseo, ballena del
infierno, respiración oceánica, hechicero por los siglos y los
siglos. Amén.
Poeta como eres, muy adentro del fuego, muy lejos de las
podredumbres de ayer, tu palabra, tu gestión de vida, tu
asunción de nuestro tiempo como si fuera la eternidad nos
reclama a cada instante... ¡Es del carajo, Carlos! |