poemas
Y de
este basural el alma se defiende...
Y de
este basural el alma se defiende:
un
poco de angostura y ron y perder de vista la ciudad.
Y
estás aquí, tan cerca que me abrasas los pulmones
como
una bomba de cobalto en pleno cometido,
y
estás tan lejos que puedo experimentar el frío del planeta Júpiter.
Y
una vez más la tragedia muerde como si fuera una película
expresionista
y
sigo sin saberme el maldito papel de circunstancias,
el
simple papel que vertebra las escenas de la vida
y
gesticulo esforzadamente por dentro, y me trago las palabras
y
quisiera destruir los metros de falso celuloide en los que he
convertido la pasión, compasión.
Ángel me llamas y en tu voz hay ron...
Ángel me llamas y en tu voz hay ron,
azúcar de caña para tristes criaturas
que
engancharon sus alas en el miedo.
Ángel me llamas y en tu luz hay ron,
sol capaz de
quemar dorados artificios
y
conseguir que los ángeles desarraigados
lloren muy quedo el dolor del universo.
En
la cansada soledad del asfalto,
ángel me llamas con tu voz caribe
y la
negritud de Cuba me agranda los ojos
y
saca brillo a la enorme espada
con
la que me atravieso el alma:
ángel lleno de heridas y miserias
que
ensaya torpemente el papel de Belcebú.
Ángel que en su androgínea te posee.
Ángel que te arrastra a un suicidio de flores secas y sangre fresca.
Ángel que grita, que aúlla despotismo
y se
acurruca en el quicio de tu puerta a ver pasar su propio cadáver,
más
viva que nunca para la eternidad de un amor atroz (fiero, cruel,
inhumano).
Ángel me llamas y amanece un estruendo de espejos azules hecho
añicos.
Ángel me llamas y deseo caerte encima como un puma y cubrir tu
cuerpo de dentelladas
para
después curarlo lentamente con la savia que sólo un ángel sabe
destilar.
Una
temporada en Père-Lachaise
el amor filtrado por el sol como los vitrales de la avenue Aguado
del Père-Lachaise aquel diciembre de mil novecientos noventa y nueve
el amor cubierto por la nieve aquel otro diciembre de aquel último
año
de aquel último siglo de aquel último milenio y tristeza tristeza
tristeza
el amor es un laberinto que no puede soportar el adiós
el amor es el laberinto de la hiedra que asfixia
el amor es el laberinto de las estatuas desnudas
el amor es el laberinto bajo las lámparas de arcilla
el amor es el laberinto de las libaciones sagradas
el amor es el laberinto de la cohabitación del deseo con el azar
el amor es el laberinto de ritos y ceremonias cotidianas
el amor es el laberinto que cabe en una urna
el amor es el laberinto de las máscaras de cera
el amor es el laberinto de las estelas
el amor es el laberinto del sueño y de la muerte
el amor es el laberinto que conduce a la casa real
el amor es un laberinto que no puede soportar el adiós
el amor es el laberinto donde enterrar el propio cadáver
el amor es el laberinto de las cenizas y de las lágrimas
el amor es el laberinto de los trabajos y los días
el amor es el laberinto donde trabajan las almas
el amor es el laberinto de los cuerpos de oro
el amor es el laberinto de los artesanos de Venus
el amor es el laberinto al que viajar con antorchas
el amor es el laberinto de las voces en vela
el amor es el laberinto de los aromas de naranjas quemadas
el amor es el laberinto de los murmullos y de los maullidos
el amor es el laberinto de los sauces y los cedros
el amor es un laberinto que no puede soportar el adiós
el amor es el laberinto que arrastra hacia el mar la esfinge
el amor es el laberinto de braseros ardiendo
el amor es el laberinto cuyo ascensor conduce al cadalso
el amor es el laberinto en el que las plañideras se abrazan
el amor es el laberinto que desconoce las últimas horas
el amor es el laberinto en el que descifrar designios
el amor es el laberinto en el que los nombres se pierden
el amor es el laberinto del gran duelo
el amor es el laberinto que detiene el propio tiempo
el amor es el laberinto de las cattleyas mossiae y del fervor
el amor es el laberinto del gozo licuado
el amor es un laberinto que no puede soportar el adiós
el amor filtrado por el sol como los vitrales de la avenue Aguado
del Père-Lachaise aquel diciembre de mil novecientos noventa y nueve
el amor cubierto por la nieve aquel otro diciembre de aquel último
año
de aquel último siglo de aquel último milenio y tristeza tristeza
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