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Um esboço de Leonardo da Vinci - link para page do editor

banda  hispânica

césar dávila andrade

 

 

CONEXIONES DE TIERRA

 

UMBRAL

 

Yo, que fui poeta sin parroquia

ni ocupaciones respectivas,

 

¿qué

pensaré ahora

frente a estas torres de cien cuerdas

que nadie toca?

 

¿Dudaré

del traspié metafísico,

humano,

ante esta hechura de lodo

en el umbral misérrimo de la Suerte Pública?

 

¡No!

 

Yo

descubrí el átomo de helio

en los ojos oscuros del vasallo.

Yo

descubrí los discos escritos

con sangrienta gramática

por la furiosa pluma del Emperador.

 

Sólo hubo una época hermosa:

la caza era entonces un rostro suspendido en el Espacio.

Hoy

nadie puede perdonarlos

porque saben lo que matan.

 

EMBARCADERO

 

Si tuviera aquí mi máscara de ciudad,

o mi máscara de ventana, todavía.

O aquel verbo

que encadena los pastos a las bestias.

Si al menos tuviera

la Poesía,

la posible escritura de goma,

como una operación de mono

parpadeante de luciérnagas.

 

Pero

este cuadrilátero,

este cubo

de ladrillo y de muecas,

obra con la feroz exactitud de la materia,

como ayer

en Paysandú

o en Ecbatana.

 

Sin embargo,

en los puertos, cada día,

frente a llorosas tribus de mensajeros,

son desatados

los más bellos cadáveres de la víspera.

 

Van solos,

desolados,

a sus aniversarios,

a sus coartadas,

a sus tiburones.

 

LOS DESMANDAMIENTOS

 

Gabriel Arcángel,

cartero de los techos: he aquí

el espacio

que rebasa la ondulación del tiempo.

 

Ahora,

avanzar agotándose en la visión,

cada vez más mortal,

de aquel a quien conduces

sin saberlo.

 

Sagrado Logos,

os detesto por lo que más queráis.

Sé que seré devuelto

por la introducción de las más abruptas divinidades

y de los más inauditos colorantes.

Pero

me atrevo a la alegría,

al fosforescente soplo de la blasfemia,

al aullido de los espejos contra el Océano.

Y en tanto

que la divisoria membrana de los eones

gime

con la disminución del mosquito metafísico,

me elijo

sobre los mandamientos

en la pálida persona del Espíritu.

 

¡Oh!, sustracción incesante,

causa de la caverna

pintada por las aguas de la ciudad flotante,

la burla divina

acecha en el deshielo de los ángulos.

 

El mundo gira fuera de sí,

olfateando

los rincones de su vivienda,

agotada por la mudanza.

Y en medio del sacrílego robo

de las inmediaciones,

la conciencia del destierro

es mi único País.

 

Los astros, abiertos en canal

como cadáveres de radiantes marranas,

cuelgan

de la negrura del Gran Techo.

Y

el Espíritu

juega eternamente

a la trata de blancas

con los cuerpos y las almas

de los pobres.

 

SANTOS DE BARRO

 

¡Oh!, puros, ¡oh!, benignos, ¡oh!, graves.

Tan difíciles, pero tan afables.

¿Qué amuleto, qué anzuelo o qué alcornoque,

pudo detener vuestra salud de bueyes

en el exacto síntoma en el que vuestra esperma

se imantaba ya hacia el Paracleto?

 

¿Cómo se operó la retirada

‑por el desfiladero de las suprarrenales ‑

del viejo jabalí, del oso abrupto y la marrana,

desde vuestro Ego atado a cada cosa?

 

En este íntimo cumpleaños del Planeta,

yo os invoco,

frescura de los añosos mares

 y de los vinos sin paraje.

 

Qué soledad tan llena hubisteis:

vióse en ella

sollozar de ternura al cocodrilo

en su duro granero de corales.

 

Pero nunca se supo de fijo la dolencia

o la técnica

que operó el deshielo de vuestros cuernos y calaveras.

Decidnos: ¿Cómo se unió nuestra Dama

al conjunto sin fuego

de vuestro tálamo convertido en destierro?

 

Y:

¿Cómo perder el tiempo que nos falta

para alcanzar la época suma

de vuestra edad igual a todo

e igual a nada?

 

ABISMO PÚBLICO

 

Rechazado por la horda,

ascendiendo a la superficie

del Abismo Público.

Abajo,

ellos crecen aún de pesebre en pesebre,

con la delicadeza oscura de los pianos

cuyo silencio asume

la súbita

multiplicación de las batallas.

 

Argamasa de muerte, molida con trigo,

te ofrecerán en todas las provincias

de su excelso territorio.

En su sabor ‑que es un idioma hueco‑

dialogan melancólicos rehenes.

 

Ante cada utensilio,

eleva tu mirada central

sobre el abismo y la unión

de la pupila con su objeto.

Pero ábrela más allá de ti mismo,

en lo interno y lo remoto.

Y

sin disminuir,

devuélveles la obra y la visión.

 

TIEMPO IMPERCEPTIBLE

 

Hasta cuándo, Noviembre, buscas

en los días

aquello que se da en el agua

sin que a nadie humedezca dentro

ni se refleje fuera.

Aquello que permanece

cuando, después de la evaporación,

manos ya sólo en venas

sustituyen el tacto de ultramundo.

 

Tú has visto cómo

aquella hoja de álamo, al caer,

disminuía tanto sus asas de madera

que sólo era posible llorar

de pensamiento a pensamiento

ante la aparición de las fogatas.

 

A través de los días, ¡oh Noviembre!,

permanece en acecho

la Perra

que hará reverdecer todas las puertas.

 

EN QUÉ LUGAR

 

Quiero que me digas; de cualquier

modo debes decirme,

indicarme. Seguiré tu dedo, o

la piedra que lances

haciendo llamear, en ángulo, tu codo.

 

Allá, detrás de los hornos de quemar cal,

o más allá aún,

tras las zanjas en donde

se acumulan las coronas alquímicas de Urano

y el aire chilla como jengibre,

debe de estar Aquello.

 

Tienes que indicarme el lugar

antes de que este día se coagule.

 

Aquello debe tener el eco

envuelto en sí mismo,

como una piedra dentro de un durazno.

 

Tienes que indicarme, Tú,

que reposas más allá de la Fe

y de la Matemática.

 

¿Podré seguirlo en el ruido que pasa

y se detiene

súbitamente

en la oreja de papel?

 

¿Está, acaso, en ese sitio de tinieblas,

bajo las camas,

en donde se reúnen

todos los zapatos de este mundo?

 

JORNADA

 

Cuando todo acaba por sonreír en polvo

y es leve como el agua la contienda,

comiendo mi arroz sin peso

‑pequeña blancura de un estío de amor‑,

yo te amo

a través de los granos calientes

que suben transpirando en su vuelo.

 

Después de comer, bebo

contemplando mis dificultades de caballo.

Y de pronto,

estoy puro Dios hasta el fondo

del gran cántaro

de arcilla cocida al sol

en el mes de setiembre, cuando

el gusano contempla la calavera

de ojos de yeso.

 

Estoy dentro, y

soplan

mis células hacia la mujer

que prepara mi Ultima Cena

con sábanas más altas que la hierba.

 

REUNIÓN BAJO EL PISO

 

Pasa de mí esta sopa sin fondo. Pasa

de mí esta copa de hielo

en que humedece

su ojo de vidrio

el Tenedor de Libros.

 

Pasa de mí este suelo

en el que dilapido,

metro a metro,

el tiempo de perderme

en la Tierra,

suspensa como un chiste.

 

Pasa de mí la esfera y la circunferencia,

pues no hay cabeza ni diadema ya

entre los bellos polos del demente.

 

Pasa de mí todos los recipientes

y devuélveme

a la luz del Vacío Boquiabierto.

 

INERCIA

 

He aquí al hombre ante lo Invisible.

Hora,

centuria de los tigres

resplandeces

royendo los vehículos

en que huye

todo lo sostenido por la Voz.

 

Ella

me entregó sus ardientes granulaciones

en un viento espléndido

sobre un milenio

de siembras absolutas.

 

Y tú,

vieja estera de neuronas

‑libre de ser aurora o mácula‑,

recibes

las pisadas

del Número Bestial

que ellos no entienden

pero son

y serán

por Honor y Cobardía.

 

LOS PRECIOS

 

Tú sabes lo que cuesta la pólvora

en el buitre del antílope, la tumba del oso

en el cajón del sastre. Tú sabes

lo que cuesta la goma

en la pata del pájaro, la cuerda en la casa

del relojero ciego. La cáscara de plátano

en el tobillo del Discóbolo. Tú sabes lo que muele

un solo cráneo entre dos horas consecutivas. Tú

sabes cuánto rueda el pan fuera de Misa. Tus niños

duermen en el hueco de la alfombra.

 

Tú sabes cuánto vale un huevo en equilibrio

sobre la palma de la arquitectura.

 

Las nubes de fuego sobre el circo;

el Santo Espíritu, de pie, sobre

el ave que empolla.

 

Tú sabes lo que cuesta curarse la manderecha

con la izquierda

endurecida por los desmanes de la vida nómade.

 

Tú sabes lo que es vivir un pasadizo,

acaso garganta,

y no decir nada, ni esta boca es mía:

el idioma es pura madera en quechua,

y calla.

 

Entonces, sólo ir. Sólo andar.

Tú sabes lo que es andar todo el destino a pie.

Se grabará para siempre la cara del caballo.

 

He aquí, pues, que nos miramos ya

con el profundo respeto de la Gran Sospecha.

 

Tú, envejeciste, Creador,

y mi padre atentó malamente contra la diosa familiar

entre los surcos de coles moradas.

 

La escopeta fue apoyo de su pan,

pero colgó una lámpara del cuello de las Tórtolas.

 

El sabor de los vientos

ensancha hoy el país observado en la paciencia.

 Te restituyo.

 

Las Tres Personas Distintas

de rostros embebidos en la claridad del soma,

llueven profundamente sobre nuestra comarca.

Canta la mosca del granizo

y llora, poco a poco,

su cuerpo incontenible.

 

ENCUENTROS

 

Nuestros encuentros no tienen mundo.

Se hacen

de pensamiento a pensamiento

en el éter

o en la vivacidad de los sepulcros,

a mil insectos por centímetro.

 

Nuestros encuentros se sirven

de microorganismos

 y partículas de cobre.

 

Podemos esperar mil años, y aún más.

Nuestros encuentros se realizan en el lodo

o entre el rumor de herraduras y lienzos

que precede

a las grandes migraciones.

 

Nuestros encuentros se hacen

en el ser instantáneo

que pasta y muere,

 ‑como pastor y bestia‑

entre surcos y siglos paralelos.

 

Nuestros encuentros no tienen

número

ni punto.

 

DON MATUTINO

 

En la más alta noche,

cuando

los funiculares descienden

colmados de buhos y alejandras,

la Noche

envuelve un rayo de resina

en los violoncellos de la Ópera, y

alguien

retorna continuamente hacia el estetoscopio.

Mira su lado de Neanderthal

y su ruina de infinito.

 

Los muros no interrumpen

las ligaduras con el cáncer venidero.

Hay fría santidad en los revólveres;

cables eternos

fermentan en los templos y en los sótanos.

 

Yo,

marcho entre paisajes de quincalla y de langostas.

Soslayo

vestimentas cargadas de aguatinta

y asteroides.

Arriba pasan las ruedas celestiales.

 

Espero

a que revienten con la aurora

los primeros botones de papel.

 

De pronto,

es de día.

Es Tu Presencia. Tu don sin límite ni forma.

Tus tijeras custodian los hilos

de los enfermos de hambre y paraíso.

Tu nombre

se vuelve mi conflicto.

Amanece

y

no cesas.

 

POEMA

 

Si ahora vuelve, niégale. Preséntale a su mar.

Así, vestido ya de algún espejo, se alejará.

Hay que madurar. Oscurécete.

Si golpea, escúchale. Tiene una forma

cuando queda fuera.

 

La lluvia le ciñe un paisaje demoledor

y sus hierros pueden dar pan

a la mula en que pasa.

 

Pequeño Joven: aún no puedes

crearlo como Huésped.

Oye cómo persuaden las viejas herrerías.

 

Los dedos salvajes

y los salvajes meses de Marzo

son todo viento sobre su cabellera

nutrida ya de polos.

 

Toda resurrección te hará más solitario.

Mas, si en verdad quieres morir,

disminuir ante los pórticos,

comunicarte,

entonces ábrele.

Se llama Necesidad.

Y anda vestido de arma,

de caballo sin sueño,

de Poema.

 

RETORNO EN COCHE

 

Desandan lentamente.

Su doble desconfianza

viene de un acto puro.

 

Entréganse vacíos en cada isla, y

libres de sus órbitas,

oyen hervir la rueda.

 

Se reabsorben

girando en el pulido coito

y suprimen así

el suspiro central

por el asombro.

 

Son el amor a los gruesos tejidos

de los que viven.

Aman nutridos por el uso diario.

Horrible aguja.

Juegan después a desnatar la Luna.

 

Mañana,

llorarán en dos líneas aquel punto.

Hoy,

son los tiernos perros entusiastas

frente al aroma tenso del confín.

 

DESCARGA

 

Ascendió girando hasta la cabeza

aún empapado de sí mismo,

y polvoriento de pestañas,

encerrado,

oyó todos los títulos de sus miembros.

 

Arriba, otra vez,

millares de carros de combate

retornaban

descargando el plumaje del sol,

en haces,

sobre las barbas de la Elíptica.

 

Uno fue

el insecto motor,

y chisporroteó ante él,

como cuando peinaba

grandes masas de lana,

en la oscuridad de las granjas.

 

CONDICIONES EXTREMAS

 

Esa era mi vida capilar en el cáñamo solar.

Osa Mayor,

tu despeinada vulva

giró sobre mis ojos

como una basílica de rayos.

 

Yo fui

antes que el Océano malgastárase

en bestias similares

y en arbustos romanos.

 

Mi sepulcral Emperador: el Páncreas!

Mi corazón:

el ajo que sembraron en el Gólgota!

 

En tanto,

vosotras,

amoniacales diosas, Ramas madres,

derramabais vuestros venosos cálices

sobre las aguas.

Aún os oigo orinar con rumor de cigarras,

sobre

las verdes leyes de la hidráulica.

 

Parido fui de un abismo de tendones.

Animal giratorio:

todo era

Dios y Bestia,

dentro y fuera.

 

Hoy,

antes de entregar la Gran Obra

que me toca concluir desesperadamente,

Hormigas del Cadáver Número Uno,

respetad

estos átomos dentados!

 

GUÍA URBANA

 

Bajo la obscenidad de los cielorrasos;

bajo los blindajes bautizados con sidra

y con Obispos;

tras las rocas ecuestres;

entre la luz dorada de las yeguas;

junto a los mausoleos

enfundados en limo de cerveza.

 

Bajo el cascarón de gelatina

de los eclipses;

entre los ángeles cosidos a los paracaídas.

Sobre el pasto prensado

a diez millas del relente;

entre los hornos para cisnes;

entre las hornillas para Hostias.

Justamente

detrás del Cementerio Copto

y de los estanques de brea y tinta china.

Bajo la piel adamasquinada

de los azotados al amanecer, allí:

Tú,

        DAMOCLES!

Línea sola.

Línea de metal y de agonía.

 y

Otros.

 

PIEDRA SOLA

 

Hostia en la rama del laboratorio,

sentada sobre un cuero de estrella;

entre frías espuelas y navíos

oyes bajar a tus

hijos

hijos

hijos,

por el gran Oviducto

que arrastró a Moisés

aguas abajo.

 

Cristal y cactus de esmeralda india

contra el Conquistador acumulado en pómulos

ante las piedras

del Tahuantinsuyo.

 

Arrobados en coca los labios

 y las ingles manchadas

en almidón eléctrico,

preparas las colmenas de los reyes.

 

Ahora,

creces, duras, permaneces

para dar vueltas en tu bello ombligo

de maíz metafísico. Las glándulas

te encrespas en la cama

y te despeinas

como una torre que hace humo.

 

Clueca de nieve y piedra

sobre el trillón de huevos venideros:

cómo aletea

tu Sol de clara y yema.

 

PAISAJE SECRETO

 

Sólo el fuego dilata lo circundante inmóvil

bajo la tempestad lineal

de los Reyes Alados.

La claridad es tensa

como el vientre del que ama.

 

Y tú,

Sol de rojas pestañas,

Sol:

todo lo que

la Rueda detesta

pones a girar astutamente

y a permanecer en su interior.

 

Allá,

entre sus codos rubios y sus límites,

el Atlántico religábase al caos

y brillaba en el viento

el cuerpo de la Mosca.

 

Fértil Princesa en manantiales,

revolabas el Día,

vestida de Ceremonia y de Tifus

para gozo del cielo

y de los vastos hoteles de diamante.

 

EXPLORACIÓN

 

Yo sé que vas inmóvil entre

millares de recién nacidos; y que

entre la liviandad de la ropa del hombre,

decides embrujarte en elegido.

 

Yo sé que vas

sobre la infinita aparición de sus zapatos

voraces como ratas que escaparan

de la cloaca maestra.

 

Yo sé que te detienes bajo la blanca hierba

de los faroles del amanecer, y que

consultas

en altamar, tu mesa.

 

Odisseus pequeño,

yo sé que buscas fuego

entre la multitud.

Entre los que han pasado esta noche

ante la Parturienta

que, brotando de amor, estrangulábase

como una flor en un rollo de cuerdas.

 

Hermosas guillotinas cuelgan de los aleros

y en los buzones

susurran las espumas del Mar de Galilea.

 

De pronto,

se hace visible el Ártico,

y tu bicicleta de heno,

atraviesa el abismo.

 

La senda de los círculos en punto

es la línea más corta

del crucifijo público.

Ahora,

que la vivacidad une los diámetros,

alza en memoria de Caín y su Madre

la copa de agua fósil. Ellos también

descienden para sus abluciones

al arco iris de los ángeles tullidos.

 

Sé que

"andarás errante". Vuelve a partir.

No pactes.

El corazón mostrenco no se aplica

a la flor de la muralla. No salgas

jamás de ti, hasta que el Tiempo

empiece a retornar a la Serpiente

cerrada en sí, como absoluta vianda.

Y, si por fin encuentras la salida,

no la abras hacia afuera.

Aliméntate solo y no pidas

la piltrafa

de la res automática. ¡Nunca!

 

INFECCIÓN EN LA NAVE

 

Contra las abruptas costas de Patmos, y

contra las costas que picotearon

los esquifes de Francisco Pizarro

cabecea la nave.

Mágicas infecciones la salpican.

 

El sistema decimal resplandece entre

las vendedoras de líquidos.

La estructura de las manoplas

contamina la madera de los laúdes; el animal

que busca el Emperador en su orina,

llámase Nabucodonosor.

 

Sagrada contaminación.

Primavera de manzanas y plomadas.

El nadador hunde la cabeza entre las manos

y contempla el tornillo sin fin

entre los dedos del Arpista.

 

Oh, Dimas,

Oh, Gestas,

Aquel Cuerpo, fue la oscilación

de vuestras propias sombras.

Aquí, todo está embrujado.

El ángel toma su vejiga de oxígeno para elevarse.

El antropófago viene cada mañana

para ayunar en mí.

Los náufragos arriban sin ser vistos

por cada ausencia izquierda de los péndulos.

 

Sin embargo,

 "cosas mayores haréis vosotros",

porque:

el Tiempo transcurre,

pero no toca

un solo diente

del precioso vehículo

enroscado en un huevo de gallina.

 

TRABAJOS

 

Tras las devastaciones de la tarde,

cuando

de los quehaceres no queda sino una estría

y

algo de islote fuera de estribor,

el Hombre

y el Ciempiés del Hombre

trabajan

en oficios infinitos.

 

Entre los líquenes de las sastrerías,

trabajan cientos,

miles,

en una sola herida, a mano.

Los centinelas con un pez en la boca.

Los honderos

en la piedra que necesitan compartir

con el sepulturero.

Los Reyes,

con sus mantos de polvo

que dan vuelta al país de los otros.

 

Pero,

aquella Mujer de quien escribo,

trabajaba de Madre

sola,

en varias épocas,

deshuesados en lámparas

sus hombros.

 

CREACIÓN PERDIDA

 

Pecipitaste la línea verde

en presencia de las lagartijas del monte.

Y como bestia bulliciosa

la rueda dentada trabajó el mundo

de los crisantemos y los escalones.

Pero, la Tierra, sometida al cambio

de aurora en cada cerca,

se inclinaba peligrosamente

hacia el lado por donde paría su eje

como a una criatura de un solo muslo.

 

Todo clamaba ser recreado en el aliento,

y Tú, ya acezabas.

La Mano de Obra, fue

palpada por las olas, y disuelta

en miríadas de feroces rectitudes.

 

De padre en padre descendiste

durante millones de años, hasta

llegar al macho de la Madre.

Y nos espiaste astrológicamente

como un animal que busca su comida.

 

HÁGASE

 

Hágase siempre lo Antes

y permanezca Nunca.

Sólo el bajorrelieve de los montes,

preséntese a sus ojos

y construya su creencia en hueco.

 

Déseles obras de pormenor continuo

para que adoren

únicamente

las Grandes Baratijas.

 

Sea envenenado el acto mismo

y córtese la mano

porque subsista

sólo el nervio.

En el soluble trance

del que siente dolor

de lo amputado.

 

Pero,

Hágase:

 

sin salir de la Hechura

ni sostenerse en el seno de la Máquina.

 

Los obreros llegan siempre tarde. 

 

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editor geral e jornalista responsável

soares feitosa

coordenação editorial da banda hispânica

floriano martins

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