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EN UN LUGAR NO IDENTIFICADO
ORIGEN II
Ahora sé que me dieron esta alma en medio de una batalla.
Alucinado por las cerillas enemigas
miré el cadáver de mi madre bajo el Cisne que la amaba.
Vine a diferenciarme de vosotros, Parientes,
Minerales, Arcángeles.
Mi infancia no os perteneció.
Me alimenté solo, como un espejo extraviado
en el fondo de un bosque.
Mi cuna fue el festín en la bola de barro.
Devoré las rodillas de mi nodriza,
sorbí los largos ojos de las mujeres que me veían salir de un
ángel
y fui aceptado con el vestido de la oruga blanca.
Entre huestes remotas y nombres hereditarios
luché
ensangrentado de Misericordia y de Crimen.
(Oh, la tremenda víspera de venir al Mundo con los ajusticiados.
En la materia, termina el entusiasmo del Altísimo).
Iba mi madre a lejanías iguales por el cuarto.
Un hombre, en la litera plana de los santos,
envejecía antes y después de mí.
Tomaba su café profundamente
como si fuera agonizando a sorbos;
se peinaba con un peine de hueso reidor,
miraba su ataúd de madera de maíz.
Qué terror descendía de los costados lluviosos de la escuela.
La misa cargada de madera y de fuego, como un barco.
La campanilla en todos los rincones de la sala
como un rocío que peligra y vuela.
Aquellas vacaciones! Ya nunca volverán.
Escondí en el granero mi bolsa de libros forrada en vacarí.
Tuve un sombrero azul en el fondo de una fotografía,
entre la floresta de papel de una velada
en un día montañoso de diciembre.
Adiós.
Aquellas vacaciones! Salíamos a las praderas.
Antes,
el perro dirigíase a una flor oculta y la mojaba
apoyando una pata en un difícil lugar del paraíso.
Breves espigas mordían la falda de mi madre
y le acompañaban a la cama.
Mientras la noche dura
los más bellos escombros atraviesan el campo.
Los árboles se inclinan sin ser vistos
a recoger las flechas ligeramente húmedas que les alegran.
Los viejos toros rumian dentro de sus esfinges,
los antiguos arrieros hablan con los caballos desvelados
antes de ser destruidos por el alba.
Inocencia, te miraron mucho los grandes ojos
de los animales domésticos
recién apeados del coito
con tristeza de peones engañados.
Padres míos:
Yo sé que vosotros, en vuestro vaso ceremonial,
fabricáis a escondidas de los niños
infelices pasatiempos de carne
que os avergüenzan cada mañana.
Vuestras manos, padres míos,
huelen como las pieles que el Océano expulsa:
Adiós.
En las oscuras nalgas de las criadas indias,
vuestros azotes serán memorables
como la piel de la cebra sacudida a la luz del Relámpago.
Adiós.
Cuidad, pues, las plantas forrajeras, los ejidos,
los sepulcros;
el alumbrado público que tiende sus ácidos globos
sobre las barracas populares
en las Noches de San Juan.
Adiós.
Mirad:
Ya se desnuda la séptima mujer de nuestro padre.
El vello de su vientre, como el as de corazón negro sobre el
lecho.
Hay actos de adivinación en lo más delgado de las puertas.
0id:
Ya llegan los adultos a morir entre el blanco aluvión de sus
sábanas.
Ya vienen a encadenarnos hasta el alba.
Partimos:
Nacemos en un cielo sucesivo,
en el plumaje que tira sobre las Reinas el Viejo Sembrador.
Pero la luz de los delgados resquicios de la mano
como un hermoso rostro conocido mil años atrás
nos despierta empobrecidos.
También yo soñé.
Vi una mujer que acumulaba rollos de purpúreas telas
alrededor de la varilla pálida de su alma.
Conversé con las jóvenes idólatras que pulen sus gargantas
antes de ser ahogadas en los estanques de los Teólogos.
Payasos tristes cavaban el harina de sus pieles
para mostrarme úlceras suplicantes.
Vi los traspiés de los enanos
bajo las alas de las patinadoras.
Oí rugir el té, que en su postrera tarde,
sorben llorando los Capitanes náufragos.
Vi las columnas que tartamudean frente al sol.
Hace cien épocas
tuve un misterioso instante de amor que he olvidado
y ya no soy aquél. Hace olas de tiempos en el Tiempo,
fui llamado al confín de los Mayores
y recibí mi sombra.
Ya no soy, pues, el que escondíais en el Ovario
de la Gran Estatua Sentada
durante las lluviosas tardes del Sur Ecuatoriano!
Ya no soy el que escondíais bajo la nube de testigos falsos
al paso de la mujer desnuda y despeinada
que vuela sobre los párpados de los adolescentes.
Sin embargo, alguien debe continuar atado a la cabellera
que brota de la vertiente de la Salvaje Madre.
Alguien debe continuar la escritura del dedo en el polvo.
Alguien debe continuar la caza del papagayo
a lo largo del cielo deshojado.
Alguien debe continuar el canto del Hombre Claroscuro de la
Noche.
Alguien debe continuar la agonía de los Mayores
sobre la mesa errante del pañuelo de maíz.
EN UN LUGAR NO IDENTIFICADO
Busco yo el Mundo de pulpa de madera, o
Aquello que
gira desde hace diez mil años
en la rodilla del Pensador Sentado?
Madres de la Leche,
llora ya de vosotras el niño
que os disparasteis contra el seno.
Elegisteis el sitio más profundo de la casa
para eso, y
como las ciervas de los montes,
a parir al pie de un salto de agua!
Qué terror de Infinito sobre ti, yo te amo
mi Bestia ultravioleta.
Con livianos infiernos falseo el brillo del Océano,
y te amo ‑otra vez ‑ Bestia mía.
Entre el nuevo gas de los violines, óyese
‑óyese a Sí Mismo‑.
Absoluta es la querella del insecto
cuando roe la hoja que cubre la orina de la raza.
Desgranando maíz en la noche, canta
para él
la parte de su alma conservada en hierba.
Ni un grano de polvo aún en la cavidad de su tórax,
ni un rasguño de sol en las meninges;
pero,
late ya el pez futuro,
el pasado minotauro,
el giratorio gusano de la brújula.
Animal de un solo pie en el polvo amarillo de la Biblia.
Hostia criptógama creces, multiplicas
lo que se teme de ti: ser hijo verdadero!
Las arenas auríferas en la oscuridad del Salón de Lectura.
Un grano de sal en el centro
de la circunferencia patria,
el sinsabor del Sur Ecuatoriano.
Tu lavandera india
trituró manantiales sobre dioses de piedra.
Y, de pronto, han cesado
milenios de Espacio temporal en un instante.
Ahora,
entrar y salir en el aspecto rojo del amianto,
eso te basta.
Quién, después de uno de nosotros
será el mismo
o el otro de siempre,
con quién preservar la intemperie pura
de la Nada?
Aquel que se ha perdido y está entre tantos
y en contra de todos
sin ser reconocido,
proviene de un Lugar destruido en Él mismo,
a causa de tanto retornar
sin haber escapado a la Corriente.
Ha salido del hecho sanguíneo
y pisa su carne en el charco de sombra meridiana.
Oh, Nadir de los pálidos pantanos!
Y, de pronto, Él ‑llamado Distinto‑
empieza ya a cocinar hierbajos como un embrujado
y arroja sobre sus padres
la muerte que habían elegido para Él
durante sus amores de grandes reptiles
enterrándose
en el légamo más dulce de la aurora!
Escarcha
que brillas sobre el paraguas de los saltimbanquis:
aun mi soledad en las montañas
de platino
de Aldebarán, era más pequeña que tú.
Mientras almuerzan los señores Leguleyos con sus hembras,
yo clavo detrás de la Ciudad
el cuero de carnero en que nací.
Y me libero!
Olor a lecho de ramera tiene
la Gravitación Universal!
Durante las pesadillas y la fiebre, era posible
salvarse a nado, a través de una ola
de las sábanas, o de los ojos del nogal
que habían resistido a convertirse en madera
a fuerza de llorar.
Pero,
pudo Él salvarse de las Madres del Miedo,
de los gemidos imputados a las cajas de cereales
enterradas en el principio del mundo?
0 del futuro corazón resonante en todos los lugares?
Y, se salvó, acaso,
de la manía de propagar el mundo, murmurando con ellos
la Bacteria Redonda?
En un ángulo estaba la mesa de los ídolos,
los receptáculos de plegarías
que batían con la lengua
equívoca como un injerto.
Ignoraban su condición de pequeños antropófagos
sujetos al feroz pan del planeta. Se profanaban
a oscuras,
haciendo entrechocar sus minúsculos sacos
de especias y de leche!
Antes, cuando aún descendía el maná,
era recogido por los revendedores, y cada sabor
podía dedicarse a una enfermedad particular.
Pero,
vosotros,
durante el desayuno evocabais a los tártaros,
odiándoos en nombre de efigies y hemisferios.
Ya en tiempos del Imperio de los Incas
habíais celebrado negras hechicerías
dentro de la olla de barro!
Con la boca pintada de chocolate
salíais a contemplar eclipses recién degollados,
y
retornando a media noche,
repartíais banderas empapadas en mostos zoológicos
sobre los labios de vuestros pequeños.
Qué ardorosas manos, después,
sobre la trampa de ruidoso vello
en el asa de barro de la puerta de amor!
Con el esqueleto afuera, como argamasa,
levantasteis el burgo ‑gran ciudad‑
junto a las desembocaduras del Osario,
dejando en el centro
un espacio para el Abismo Público
abierto por la Batalla del Pichincha.
Y, llegados al Océano, escuchabais las crestas
del devenir y del éxodo, la caliza del mundo solar
en su veloz reloj
sostenido por trillones de oviductos!
Era la Patria picoteada por las agujas
zodiacales del pelícano;
la propiedad, el éter, el extremo!
Os daban seguridad, circunferencias de recelo,
resentimientos, sospechas, criterios de piedra
para encerrar al hijo del molusco.
Así,
te limitaron otra vez
contra el mar, contra el Océano puro de Oceanía,
contra el agua que ocupa
el fuego azul sin deseo ni usura.
Y, digo:
‑"Quiénes fuisteis, antes de Ahora,
en el fondo de la gran calavera
de semillas de amapola del Universo?
Antes de que las siete formas del Ser fueran vistas
por la frente agujereada de Zoroastro?
‑Quiénes fuisteis,
antes de la unión de la esperma y el Amor
en la vesícula de la bestia infrarroja?".
Ignoráis del espermatozoide disparado en las cavernas
de leche de la Nebulosa. Ignoráis
de la primera merienda de carne
y de corpúsculos, por el Espíritu!
Desde entonces,
operamos
saliva
múrice
estearina.
CABEZA CORTADA DURANTE UN MONÓLOGO
Cabeza, cabra de bóvedas sembradas con semillas de teléfono
en la Sala de Espera. Raíces cocidas en esmaltes
chorrean la caverna y las meninges. Es angosta
la goma del gusano en el Yo. La madrépora rige los manubrios.
Peine en el remolino de la almeja. Sus verdaderas
rodillas, los montes supraciliares...
En negativo fotográfico contempla
la tempestad de leche del Universo en el Vacío negro.
Es aún muy temprano.
Nadie canta.
La serpiente no empieza todavía a nutrirse de sus vértebras.
Es la fiebre. El insomnio. Nadie canta.
Después de océanos lavados por dentro, llegaron
zapatillas de raso, raíces que ascendían para acostarse
en el trueno que remontan las piernas de la rueda
desconocidas en el lodo de la cama.
Ahogada en pelo como un disco de música,
su pelo de esmeril le rodeaba como un reloj la vulva.
Empecé, entonces, a escucharme
mientras la Sala de Espera se llenaba de mujeres
que cosían ropa de buzos alrededor de sus cinturas.
Habiendo acumulado el Océano según las líneas del diapasón,
ahora lo oía lamerse grieta por grieta.
Porque fueron de océano mis búsquedas,
mi investigación que evitó su propio ruido
convirtiéndose en oración mental; pero
allí mismo, en el agua del Abismo, estaba ya la mujer
soltera que se baña de noche, dejando un agujero
en el tabique. Su piel de música grabada
dirigía los chorros hacia el centro, pero su mano
los extraía de raíz, con la adormidera en un vaso
cerrado de tal modo
que goteaba a lo largo de sus muslos. Su segunda mano
erraba al azar, advirtiendo las llaves de su cuerpo
o desalojando la sonrisa general que durante las horas
de Oficina,
había logrado enajenar sobre diversos actos
contenidos en la forma del destino o del uso.
Ahora, sus nalgas
oscuras por contrapeso, la circundan
cuando se agacha a mirar entre sus pies la súbita
contracción de un pez envenenado con jabón.
En esta hora única, perforada en el muro
por una gota casual,
ella,
desnuda bajo la cascada del Universo,
descuelga de la vid una hoja de toalla y se estremece
aspirando el profundo contacto
de una brazada de heno.
El sabor del agua se transforma en sangre
bajo la bata de baño. Sale. Inunda el dormitorio
pinchándolo con sus poros. Sus pantorrillas
preñadas de caviar, ascienden por el pecho velludo
del Jefe de Arquitectos. Se construye, de noche,
los góticos menhires del Imperio, y se destruyen
los horóscopos de los combatientes
dormidos, por error, fuera de las trincheras.
Si al menos pudieran construir una sola vena legítima
en un recodo de la llaga que atraviesa el corazón; si,
al menos, supieran por qué calla de ese modo,
como una genciana en su islote, el Páncreas!
Balbuceando sobrenombres de dioses y oprimiéndose
bellos lugares automáticos a lo largo del cuerpo,
se estrangulan hasta dejar fuera
del agua los ojos, y durante la tiniebla
del gran canal, sus vientres vacíos flotan
como las dos mitades de un huevo de crisantemo.
Ansiando siempre un deslizamiento de arena dentro del templo
‑coágulo de paternidad involuntaria
conjurada con exquisitas membranas de ternera-,
ella,
calcula la hora de entrar con su vaso
ceremonial de emperatriz, en la Casa
del Jefe de Arquitectos. El Constructor
la ignora así, pero la frecuenta como a un hermoso légamo,
sobre el que, a su vez, pierde el conocimiento de sí mismo.
Cree en la nueva era del material sin cuernos
que renueva el espacio como un jardín de cuellos paralelos.
Y, proyectando la Ciudad del Futuro sobre el elíptico lomo
de la Tierra, reserva para su espíritu
el ojo del tabique, como la quemadura de una lente
sobre la cama de su dactilógrafa.
Unidos por un animal de polea, bajo un puente
de formación natural, duermen saciados.
Cada uno completamente leproso del otro; en la
posición prenatal de la Luna sin cuajar, derramada en el lecho.
Serán clara y yema del huevo cosmogónico
en el cuero animal que transporta los pecados del Mundo.
O, el efecto mecánico, grabado en gelatina,
de las palabras trágicas: "Hagamos al Hombre". O serán
lo que todos hacemos en la calle, subiendo mentalmente
a caballo, sobre la dama a la que saludamos.
O el entreacto secreto de las parejas de baile,
que bombean sus pozos de amor a cuatro manos, bajo
la picadura de miel de los violines?
O, la astuta manera de salvar nuestras almas, a costa
de un frenesí que hace temblar a los arcángeles
más atrevidos. O, acaso, la más ardiente
y triste confrontación de lo que Dios nos debe
hasta que le miremos cara a cara?
O,
será lo Otro!
El y ella, lo Otro.
No. Dios no tiene contrario.
Sean, pues, reabsorbidos por el Caos.
FUNERALES DEL PEZ INSUMERGIBLE
Casi nada puedo decir de la Fuente en donde bebían
los Exiliados.
Convulsos, recibían el insecto sobre la lengua y lo deglutían
bajo las colgaduras eléctricas del Pentecostés.
Los que hablaban dormidos salían por las heridas lanceoladas
de los caballos muertos en combate.
Es verdad que, a veces,
los manantiales tambaleaban bajo el aliento
de los traficantes y los más bellos contagios eran diferidos
por la pesadez de las moscas recién polinizadas;
pero, en las más abruptas creaciones del gran collar
se escondían las fresas y se miraba correr el remolino
entre la sonriente capilaridad de los estandartes.
Mercurio, desciende por las uñas volteadas y los surcos
de nuestras lágrimas, sobre el tejadillo.
Centella del ombligo. Blasfemia y estocada.
Baraja hembra con el vello de corcho empapado en sol.
Dinos tu nombre en la dispersión de las bóvedas;
dinos lo sonoro que resta del delirio
sobre la piel expuesta a las vicisitudes de la serpiente,
al borde de los grandes diques, en donde,
empieza la infinita Murmuración.
Nos hemos salpicado de esperma andando entre la hierba
crecida de los altares y es menester destrozarnos el paladar
a saltos, a fuerza de horribles propagaciones verbales.
En el muro está escrito: "Si uno bebe, si bebe
nuevamente, si bebe hasta caer por tierra, debe levantarse
y continuar bebiendo hasta completar el Dragón ".
Escarlata, Adelfa, Emma, Púrpura: preparad las evaporaciones,
vuestras larvas son nuestra heráldica,
el testimonio de la simetría en la demencia.
Voces resplandecientes del mar en los oídos de las Repúblicas
despertadas a medianoche, cuellos de cristal del Ártico,
el perro metafísico olfatea las costas.
Al borde de los fosos, los hipopótamos, ciegos y cargados de
rocío,
adquieren el sentido de la aurora
por el empalidecimiento interior de sus demonios.
Flora de las bujías, Flora de los retretes, Flora
de los Píos Quintos, de los Leones y los Sixtos, fuera!
Al Gran Cipote, todos!
Llegaban después de los acuosos partos de sus Madres,
a perfeccionar reinos absurdos
frente a las sombrererías de la Gran Pirámide.
Salir del Tiempo, escapar de la razón, devorando
residuos abandonados por horror en la atmósfera.
Hidra
Hidra
Hidra
tu vientre de amianto replegado hacia adentro; tu metal
conocido por Nabucodonosor en las palpitaciones
de su corona regia.
Así, hasta completar el Dragón.
Luego, era destruido y cantado en las primeras horas
del mismo día.
EL RECUERDO ES UN ÁCIDO SEGURO
Marchábamos en fila india por el reino punzante de la ortiga
y fulguraba la Memoria en polvo de las aguas,
y las formas.
Acampábamos al pie de úlceras encantadoras.
Oh armadura de laurel del Polo
sobre nuestras cometas de maíz.
La coca descubría las líneas
de su mano
abierta al infinito de la nieve, entre
un fluido de icebergs,
por el Espacio suspendido en rama!
Como ladridos de lo que fue beso,
el soplo del azogue, el metaloide amargo de los muslos.
Fue piel todo lo unido por la mente
y fue
como de una gran música morir!
Aquellos campos de uva pálida, rupestre!
Las heridas corrían
del corazón de aceite a la serpiente.
Los vientos por el Viento en hondos discos
tras el futuro en grano. La Gran Muralla
al soplo de raudales.
Era el enquistamiento del ostión y la copra
en mi máscara del láudano
próximo a aullar frente a las altas cercas!
Y busqué Mi Lugar en los lugares. La bellota
salvaje, en el perfil de un Continente en guerra.
Los dados de ojos negros; el supremo Mandala
en los poemas y en los alcoholes.
Horrible abreviatura del Altísimo!
Vi repartir los naipes y los símbolos sobre la misma mesa.
Y todo fue creado y destruido en un solo destello
fuera de Tiempo!
Nadie espere otro juego!
EL EGO CUENTA A SUS MAMÍFEROS
A
medianoche suena como un parto. Y mientras todos
suman aquel a Aquello, yo suspendo
mi tiempo de caníbal.
Los lomos de los trenes, sin sepultura. Los libros
con estertores de camisa. Los que
se ahuyentan de sus tumefacciones.
Son sólo cinco las tetas de la Tierra, mas lo objetos
maman de ellas con un trillón de hocicos a la vez.
Hilo, padre y marido de la hebra. Todo por Ti respira.
Por acciones de una sola célula
estoy contra todo, contra todos, contra todos los dioses
de una sola célula.
Millón de hierro. Millón de manganeso. Todos son millón.
Yo, salgo. Detesto.
Lomos. Paquidermos. Aconcaguas.
Cervicales. Lumbares.
Gran callo de los pérez y los borbones.
Lomos sobre lomos.
Salgo de las profundas convicciones, de las ideologías,
de la ósmosis.
Mueran los líquenes.
Abajo el muérdago.
a) ‑El Ego
Erguido en su única pata acuática, el Ego,
oscuramente, participa en batallas siderales.
Ante el espejo, suda con el rostro entre las manos;
en la persona que esconde su conciencia,
el Ego se derrama.
El Ego del pan es audaz como el perro de los santos.
Ante el rumor de las armas y los diques,
el Ego se retira hacia lo más encajonado de los violines.
El Ego tose tres significados
y entrega los símbolos de los fugitivos.
(Ah, el Ego de aquel almuerzo
entre los Doce Animales Amarillos
y Uno pálido y egoísta por todos!)
b) ‑ Faunas
Profundamente estudio la nariz que nunca duerme
y está en todas partes
el hueco de sus hijas que comen flores
y se cruzan entre sí
con el polen del mismo ramo.
Feroces candidatos a la Bestia que un día
nacerá ya sin órganos:
Toda la Fauna reunida en el Arca,
descendió
a terribles estudios semejantes al hombre.
Y cada pequeña caries,
es nuevamente, toda el Arca
encerrada en la boca de las aguas.
Mueran, pues,
todos los Animales, sin remedio!
Mueran todos los Animales en Chicago!
AQUÍ NOMÁS
Aquí nomás está todo. Aquí. La extremidad
de cada cosa, unida a su interior, que vuelve
a repetirse
como si nunca la hubiéramos dejado de mirar
de frente. Y lo tremendo
de cada suceso, que nunca fue más bello
sino ayer, cuando aún no acaecía,
a pesar de golpearnos ya
como todo lo que va a romperse en lágrima
aquí, en nuestra mejilla,
en su breve candela que no muere.
Aquí mismo está siempre el sempiterno
punto corredor
del enfermo suspenso del mercurio
que le quema a plomada el lugar
cuyo centro proviene de otro siglo,
mas, le duele realmente
ahora, en el pecho. Aquí mismo.
Aquí mismo,
porque hemos vuelto acá mismo
y continuamos
por el ojo de la tetilla izquierda,
como si algo tuviéramos que robar
o pagar aún, pecho a pecho, aquí mismo.
Aquí nomás está
el más allá de tu grandeza y de tus pormenores,
tu plazo de fúlgido centímetro,
tu átomo uniforme.
Y aquí mismo, pero un poco
a la izquierda, mi corazón central,
y más acá, en mí, tu corazón. Está.
Aquí nomás
y aquí mismo, Su punto único,
su público escondrijo
compartido de pupila a pupila.
Este es Su centro, Su abismo, Su otro lado.
Aquí nomás está
como uno cualquiera de nosotros
y como
muchos de otros que ya no están aquí.
Está.
POESÍA QUEMADA
Entre las obras puras, nada que hacer. Tampoco
entre las Ánimas o las Ruinas.
El Poema debe ser extraviado totalmente
en el centro del juego, como
la convulsión de una cacería
en el fondo de una víscera.
Y, reír de sí mismo
con el costillar del ventisquero.
Sólo lejos de ti, en el milagro
de no encerrar cordero en el pan de cada día.
Y, nada que se asemeje
al punzante abalorio de los cítricos.
Me tentaré lejos de Dios, mano a mano,
a mí mismo,
con la sinceridad hambrienta del perro
que duerme temblando
sobre el pan enterrado por su madre.
Y te quemaré en mí, Poesía!
En ladrillos de venas de amor, te escribiré
empapándote profundamente.
Luego,
vendrá el sol y te extraerá con los colmillos!
ACTOS DE DESESPERACIÓN
Cuando llovía durante semanas y aquel zaguán
rugía blasfemias de torrente y de caballo,
torcíanse las estrellas,
éramos ahuyentados
detrás de los roperos del Diluvio,
y se nos suspendía de la incolora cuerda de los fetos.
Recién ahogados,
teníamos ya el peso retumbante
de los niños de animal y de lodo.
Volvían después radiantes estaciones de mercado.
Era posible salir
y atravesar la oscuridad que rodeaba sus veloces cumpleaños.
Pero, ya nuestra ejecución había sido postergada.
HERENCIAS
Heredamos minas de sal y minas de diamantes.
Documentos para encender batallas en selvas venideras
o sobre esplendentes masas de deyecciones de aves
a orillas del Océano.
Heredamos disfraces zoomorfos y máscaras de esgrima.
Heredamos la fórmula para embalsamar cadáveres de obispos,
jabalíes, voltaires y discóbolos.
Heredamos el revólver de sílex
y la mordaza de cuero.
Heredamos hermosos exorcismos
contra el óvulo fecundado durante la Cuaresma.
Heredamos el semen, la estricnina, la avaricia.
Heredamos el furor de salvarnos pisoteando las manos
del que se agacha a comer lodo por Amor.
Heredamos palabras emputecidas hace siglos.
Heredamos la manía de aferrar por la cola
la bella piel de la Mona verdulera de Paraíso.
Heredamos la mesa.
Y la náusea.
CACERÍA DEL BÚHO
Cuando abro la cabeza
mis ideas se posan en un millón de noches
espaciales.
Mi gloria está en no podrirme en los salones!
Ahora duermo ligeramente
mientras en el Oxígeno del Templo
preparan el caballo
que me trae las ostras del abismo.
Gran Chaco, qué bien huelen tus sepulcros!
Yo me acuso de haberte creado,
Padre de los volátiles y de los abedules; pero
cada noche te obligo
a entregarme la mosca digerida en el jilguero
más fresco del otoño.
Oscura Noche, vuelo ya hacia el Amor!
Planto mi árbol entre los altos huevos del palacio
y me río bajito
de las pequeñas tumbas emplumadas!
Yo decreto las ranas que ya no croarán.
LA ESPINA EMPLUMADA
Qué busco yo, sediento y libre a la vez de toda alegría?
Atravesé en línea recta todos los villorrios, y
detesto la ancha máquina ocupada por las familias.
A veces, miro la máscara del trébol, cabecear en los establos,
pero prefiero buscar partículas de fuego
entre las catapultas hacinadas detrás de la Gran Historia.
También a las fuentes de las relojerías
pedí la oscura boca de la mujer, y vi
que comía fango
al calor de los imperceptibles alimentos
de las orugas y de los colibríes.
Entré y salí en busca de nuevas especies
de sufrimiento en la embriaguez de las escaleras de caracol,
porque ya había resuelto encontrar el asco
y la sabiduría en mí mismo,
a la luz de la espina emplumada.
Bellos fanales que contemplé
entre las hojas plateadas del Polo Sur!
Ya os he desarraigado.
Mi manos zumban entre las termitas,
y destruyen la rosa invisible
que hace girar los sueños en el interior
de vuestras
más altas
habitaciones.
VACÍO, PAÍS SALVAJE
La celebración del Tiempo en sólidos, se reduce
a envolver los tratados del destierro
en el Cilindro. A cantar los sabores del bermellón
y del bronce, o a llevar a la boca del Ego
la copa de los animales fosforescentes.
Y yo,
recorriendo los riachuelos de papel, entre
la santurronería del Abismo Público
y la araña de Nínive!
Ahora, contemplo los Vacíos!
Fumaderos prohibidos!
Espacio recubierto de pieles de león! Larva simétrica.
El tempestuoso hidrógeno atraviesa el laurel
de los honderos del país.
Y la fervorosa dama de las aguas minerales
permanece intocada en el centro del combate.
Ya serán, en la altura, coronados de tacto sus ovarios!
Oh, Poderío hueco. Todo Es en el humo descriptivo!
Sólo comemos pan de éter, bellotas de éter,
caviar de éter florido en la redoma.
Qué tremenda saliva puede escupir el acero
a una legua de su postrera aguja!
Torbellino en lugares continuos por el Número.
Líquidos al vellón de la esfera entre la tempestad
del Gran Simpático.
Cúmulos al soplo de diametrales pétalos.
Remolino del útero en extremas sederías.
Esta es la alegría que se dirige a Dios
sin buscarlo,
y al pasar le da muerte
en una continua ruptura de visiones y vasos de greda.
Si hay alguien unido a sí mismo, ése es
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