Clique aqui: milhares de poetas e críticos da lusofonia!

Endereço postal, expediente e equipe

 

 

Um esboço de Leonardo da Vinci - link para page do editor

banda  hispânica

césar dávila andrade

 

 

VARIA Y POEMAS MENORES

 

BREVE ELEGÍA DEL TIEMPO MALGASTADO

 

Ayer murió el domingo vestido de destierro.

Tomó asiento a la mesa de un café evaporado

y sonrió a los hombres que mueren a la vera

de sí mismos y aún sueñan.

 

Bostezó recorriendo al revés las historias

y ahuyentó a las moscas con el aire de un trébol.

Después, miró al poniente sembrado en la ventana,

la bandada del ángelus suspendida en el aire

y ese ganado de oro que viaja y no se mueve.

Miró un blando suceso tras la cuenca del cielo

y vio al ángel que nutre de insectos de madera.

 

Por la mañana anduvo  uniendo las campanas

de los barrios distantes con un oleaje de hadas.

Echó a volar palomas, abates y misales

y quebró en los aleros su copa de topacio.

 

Predicó en las esquinas su soledad de estampa

y explicó el crecimiento del árbol de los astros.

Luego, compró un delgado sombrero de verano

y salió de paseo con una blanca muchacha.

Volvió entrada la noche y siguió escuchando

el silencio que se oye cuando el sonido calla,

y el rumor de hojarasca que deja la nostalgia.

Pidió café oscuro para su sed amarga

y una luz que borrara su ceguera de estatua.

Luego, salió conmigo a quemar su única ala.

 

Recorrimos lugares de tinieblas y prácticas,

meridianos secretos, prohibidas enseñanzas.

Y hacia la medianoche nos rodeamos de crimen,

de fantasmas, mujeres y paisajes de vino.

Los dados comenzaron a regar sus nudillos

y el coñac a poblarnos el corazón de olvido.

 

Salimos con profundas ojeras en el alma.

El domingo marchaba a mi lado, de luto.

Oí, entonces una hora sonar en otro día.

Me volví a mirarlo y encontré que era lunes

 

[Tomado de revista “Ateneo Ecuatoriano” Época III, nºs 3 y 4 . octubre 29/1953, pag.197, Quito. Incluido por Rodrigo Pesántez Rodas en Del Vanguardismo hasta el 50, Guayaquil, 1999, sin editorial, pp. 125-126.]

 

DUEÑA DEL VAGO HECHIZO[1]

 

Para ti, Bettina, únicamente.

 

Dueña del vago hechizo,

vuelvo infinitamente a mirarte y no encuentro

tus ojos en tus ojos, pues cierras las pestañas

y cierras la sonrisa.

Dibujas hacia dentro la piel de tu epidermis

con azul como el agua

o con blanco de nada.

Imperceptiblemente

estás triste,

estás sola. El Mundo se ha quemado

pero tú estás risueña.

Entierras tus vestidos y escapas a la altura.

Niegas, vacilas,

amas remotamente,

te acercas al cariño,

te acercas al deseo

y dudas de su límite.

Dueña del vago hechizo!

 

Si miras, eres vista a lo lejos, en blanco,

sin negro en la mirada,

sin punto en las pupilas.

Sonríes, pero caen

tus  orejas de leche al fondo de tus senos.

Tu boca está vestida

y tus labios desnudos renuncian a su gota:

no es sed, no es palabra,

no es silencio ni es hoja;

es una fina llama

de albedrío y congoja,

de candela y granizo.

 

Dueña del vago hechizo,

qué hay entre la música y el color de tus ojos?

En qué país de siglos y montañas oscuras,

te miré como música

o te escuché de espiga?

 

Algo remoto y dulce, algo acerbo y dulcísimo,

viví ya en tu vida

unido, unimismado.

Tu mirada me avisa una luz ya mirada,

un ardor compartido,

un solo cuerpo en donde

buscamos cuerpo a cuerpo

un sitio en el abismo, el celeste principio,

la flor que los antiguos

llamaron “no-me-olvides”.

 

MUJER AHORCADA EN EL ESTÍO[2]

 

Sus pantorrillas bajan de los afluentes de la Luna.

Está colgada de un manzano y de un puño.

Entra en el pecho y busca el Partenón

borrado por el viento.

 

Yo podía salvarle,

pero el sonido crudo del Ártico

en sus uñas, tejió la cuerda.

 

Tenía un collar de musgo del fondo del Caribe

el vello de tabaco ruidoso

largas costas asiáticas sobre los muslos

rocío oscuro de sumeria en los ojos.

 

Largos pianos de cola

abrevan en el río que baja de su muerte,

y el león derrotado que le cuida

muerde crujientes peines

al esconder la garra en la corona.

 

Cuando la luna echa raíces en la sombra,

ella desciende de la cuerda

cavada entre las nubes,

y vuelve una a una las veces que la he visto agonizante.

 

Mueve sus naves en las costas de Asia

y me da a beber la clorofila

que mana de los ojos de su ilíaco.

 

Su voz conserva el nudo y no la alcanza.

 

Durante todo el humo del Poema

la mantendré colgada de mis cejas

             -muerta de sed-

hasta la última gota de la tinta.

 

CANCIÓN Y HOMENAJE

 

Para: O.M.A.

 

Si algún día los tréboles miraran

la leve línea que les da cintura.

Si alguna vez los juncos se inclinaran

a libertar la flecha que les mata.

Si algún viento de capa vespertina

distribuyera el álamo en sandalias.

 

Si algún claro de garza reencontrara

la espuma exacta para alzar el vuelo.

Si alguna vez el Ángelus llamara

equivocadamente a otra ventana.

 

Si algún día remoto, fuera el día

en que un Ángel naciera en un columpio

y un Arcángel muriera en una bohardilla.

 

Toda esta reunión inverosímil,

no sería ni el color de una mirada.

 

La luz de mil grosellas encantadas.

El ruiseñor que se vistió de verde.

El pétalo que renunció a la seda,

para ser hoja y parpadear el campo.

El colibrí que se cambió en albahaca.

Y la oración que para huir del Cielo,

en el sabor de menta de unos ojos

se escondió tiernamente,

porque no para ser vistos fueron hechos,

mas, para ser rezados, y por siempre.

 

[Junio/58]

 

PENETRACIÓN EN EL ESPEJO III

 

País de ausentes habitantes

y mares sin orilla.

Quién pudiera llenarte

de peces y medusas

y caracolas marinas.

 

Qué vientos pulen tus duros terciopelos,

tus praderas durísimas y heladas.

Al través de tu auras

cabalgatas discurren sin sonido,

bajo cielos de vidrio,

nubes de avispas de diamante

y alfileres heridos.

 

                                         Qué gozosos delfines

                                         galopan en tus aguas inflexibles.

                                         Qué vacíos están tus panoramas.

                                         Oh gelidez de lirios invisibles,

                                         estrellas de agua,

                                         lámparas de frío

                                         y asteroides de luz endurecida.

 

                                        Ah, tu pesca de esturión enflaquecida,

                                        lengua mansa de azogue, sin saliva.

 

                                        País sin habitantes y sin geografía,

                                        quién pudiera encerrarte entre márgenes férreas,

                                        y cegar tu vacío.

 

NADA

 

Ni la desesperada voluntad de calcio de mis muelas,

ni la tristeza al sol de cristal con que salías,

nada.

 

Ni la orgullosa formación de mi destierro al solo cielo,

ni el querubín de espuma a la luz de cuando tú cantabas,

nada.

 

Ni mi sed de Domingo con el trueno del Mal y de la Vértebra;

ni tu dulce manera de recibir espejos por contacto,

nada.

 

Ni esta tremenda búsqueda de aros y climas para despedirnos,

ni tu perfil llorado por la luna ciega,

nada.

 

Ni cuando solo yo, y atado a mí mismo por orgullo,

ni cuando juntos, en la carne se unían los espíritus!

 

EL HECHIZADO DEL CARIBE

 

Frente al gran mediodía un hombre vierte sus largos ojos

sobre la palma de su mano y mira

caer a pico la inscripción de las Esferas.

 

Está ya solo, y su barba, en torno suyo,

suena como una viña de armas esplendentes.

 

Blancura,

qué incomunicable contracción sufre el cielo,

en donde las batallas suenan como un silencio!

 

Olas.

Toco la piedra, cadalso de mi tacto,

y asciendo a los jardines poblados por la Especie.

En la orilla, un suceso de abanicos.

La ortiga arde secretamente contra el lirio.

El gavilán sopla su fuego

y se divide en cruz hasta el ocaso.

La gaviota pestañea sobre su espejo;

sus pupilas se nutren de sedas sucesivas.

 

Allá, sobre la altiva piel de pieles,

un barco duerme sobre su mordisco.

Todo está blanco y huele a tempestad,

a fuego puro, a fuego seco,

sin verdor ni vestidura.

 

Armando Reverón. Viejo augusto,

tu antorcha de óleo y polvo rechina como un fémur.

Socarrón encantado,

tu defensa relumbra y aturde a los curiosos.

Tu barba perforada de escondrijos

como el monte que erigen los guerreros.

Pero, abajo, el alcatraz espera un pez verde

detrás de una lámpara feroz.

Arden los torsos envueltos en sus néctares.

El cielo exige ojos largamente humedecidos.

 

Abuelo acumulado como un cirrus

en la mirada de las olas y los días:

el mar te restituye, parpadeando.

Tus inmensos muñecos gesticulan

en la impar superficie del monólogo.

 

Los viandantes contemplan tus dedos precursores

sobre el santuario que hinchan los pleamares.

Pero, Tú sabes cómo suenan a lágrimas,

sobre la mesa de Alberto Durero,

las tiernas llaves de su Melancolía.

‑Ya el recuerdo es tu único traspié ‑.

 

Viejo Pastor de espumas y de esfinges,

en tu cayado enrosca el viento su pulido lienzo,

su instintiva métrica,

en la que uñas de rosa tintinean

el solitario número de tu Ángel.

Mas, tu muralla de aguas metafísicas,

avanza

‑tambaleante ‑

contra los burgos del Apocalipsis.

 

Viejo del mediodía,

caminas ya sin preguntar!

Qué blancura tendrá tu soledad!

 

Si hay –todavía‑ un acto más perpetuo que el sueño,

será tu gran ceniza ‑blanca y gruesa ‑

encrespada de amor como un torrente.      

 

[Enero de 1960]

 

HACIA EL FANTASMA

 

A Teresita

 

¡Hace ya tiempo, venía en música el Fantasma

hace ya tiempo!

Pero, ahora en lo Eterno

el ruedo de sus alas vuela una flor

sin tiempo, sin jardín y sin Ti.

 

Hace ya mucho el Fantasma venia,

venía de Ti. Y contigo volvía

a Ti misma.

Volvía a ninguna parte. A todo.

 

Pero aquella música sin aire y sin humor

sólo de lágrimas;

esa canción era mía

como mi muerte, como mi vida.

 

ALREDEDOR DEL SOL

 

Alrededor del sol sólo la angustia.

Al vuelo del sonido sólo el aura.

Pero alrededor de tu cabello puro

sólo el ángel.

 

Y sólo el ángel de tu mente, exacto.

Aquel que hace millares de años

dibujó tu figura

y supo ya que un día debías ser

adorada de otro ángel.

 

AL SON DE LA ÚLTIMA GOTA DE CRISTAL

 

Al son de la última gota de cristal

 y en la oscura laringe del piano,

una pequeña moneda de oro

                                           voló

entre el movimiento del marfil y el oro.

 

Perdidas ya de manos tus alas

en la música,

eran apoyo en sombra

para tu vuelo de Hada,

en donde cantan

los Ángeles sin alas. En la nada.

 

RESOLUCIÓN

 

Descendió a morder una ramita

con los maxilares de los grandes barcos,

atento

mientras se coagulaban las correas

pozo a pozo

y las gradas del bosque cubiertas de escolopendras.

 

Ascendió sin ser visto por el sol vasomotor

entre el juego de oro de los pollos

y descendió otra vez

partido en discos, para la procesión de las hormigas

bajo las hojas.

 

Ahora,

solo y dentro del caballo universal

respira la melena del melón

y bulle en los bolsillos del Salvador

de su esperma. Pero, he aquí

que el cataclismo de las inmediaciones

se provee de beatitud, moliendo su ira.

 

Tenazas inauditas,

la Obra se masca a sí misma.

Y salta sobre un agudo olor a menta,

porque adorar es detenerse.

 Ataviado de agujas, el barro permanece.

 

FORMA

 

            Tres días después de la muerte

            órgano absoluto

            la flor del cráneo se aloja en el pozo

            y la mirada en el foco de las mieses.

            Baja y sube la ropa de la muerte, la savia le circunda.

Ojo de polvo,

por el ladrillo sangra la bestia que se estrella.

 

Las palomas descienden abiertas como pañuelos

y se posan a examinar sus piojillos triangulares.

Sólo los niños y los cuchillos suenan igual.

Y siempre agarramos

las cosas que puedan ser reprimidas a oscuras.

 

La gota

es el mundo antes de la Era.

 

ROSTRO EN LA ARENA

 

       JESUS, Hijo de David, oye, cuerda, asoma, aguaita!

       Entre los grupos de músculos

       y las incursiones de la Cruz a pie,

       tu Calvario de yeso

esconde sus tremendas ruedecillas.

Y tus ojos azules refrescan la tristeza

de tus Jueces, pero

lloran sobre el Drama puesto en plato de roca.

 

La mejilla del huevo

en el principio del Mundo, duerme

otra vez, y la balanza

da leche y cianuro por entrambas hojas.

 

Pero, tu Rostro

apoyado únicamente en su nariz

está más triste que tu frente

y tus sienes en barbecho.

 

Y nuestras almas, Cuarenta Años aún

en el Gran Arabesco!

Si, al menos,

pudiéramos mirar Tu Cuerpo,

una célula por vez

cada mil granos de arena,

no sería Desierto!

 

POEMAS MENORES

 

CANCIÓN A RITA

 

Golondrina crespa,

mi blanca eterna;

todo el ballet del mundo

no es sino el ligero movimiento

de tu divino cuerpo;

y las manos solamente son

la manera de atraer a los ángeles

y de bendecir a los humanos;

y todo el pensamiento

en el que yo he quedado

vibra por la cabeza en la que

no se piensa nada Nunca;

y el azul del confín de tu colina

es el sinfín de mi cansancio eterno.

 

Yo te he buscado al través

del soliloquio eterno de la tierra,

la gran roncadora de volcanes,

pero te encontré

en una colina propicia de amor.

Y para terminar mi agonía,

oh bella agonizante,

confinarás conmigo en tu vieja colina.

 

Yo vivo mi esperanza

en tu colina azul agonizante

y agonizo en tu doble colina palpitante,

agonizo de amor y de armonía.

Y si algún día sonaran tus cabellos

con el aire de tu adorada tierra,

mi madre permitiera recostarme

en tus cabellos y entre tus brazos

como madre mía.

 

Y el vino azul de tu mirada pura

que tú miras desde el azul de Quito,

me quitaría toda la amargura

de amar solitariamente

una alma mía,

azul de negro, golondrina mía;

vivirás en mí, sin muerte,

eternizada por el padecimiento mío

y en tu voz que es el recuerdo

de otras voces, solamente será

el gran silencio de una voz que yo amé

en el puro silencio del antiguo verbo

que los dioses mandan

para acallar a aquellos

que nunca ya cantarán.

 

[Manuscrito, a tinta, de un poema improvisado, que dictó el poeta a F. Caicedo, y suscrito por César Dávila A. Fechado en Quito, a 2 de junio de 1957; 11 p.m. Propiedad de Rita Pérez.]

 

PRESAGIO

 

A Jorge Salvador Lara

 

Hasta mañana. Aurora.

Los Dioses de la Noche

se levantan.

Hasta mañana, Aurora.

 

Hoy he llegado tarde

hasta la alcoba.

Y mi morada

es sólo sombra. ¡Sombra!

Hasta mañana, Aurora.

 

El Señor de la Luz

no está conmigo.

Y Satanás me asombra

con su luz encendida

en el abismo.

 

Hasta mañana,

Aurora.

Hasta mañana.

 

[2 de Septiembre de 1957]

 

PADRE NUESTRO, OH PADRE VALLEJO

 

Padre nuestro, oh padre Vallejo

tu cadáver, y tu alma Vallejo,

andan juntos y solos Vallejo

y pronuncian tu nombre: Vallejo

y yo callo tu nombre: Vallejo.

 

Tu cadáver, sagrado Vallejo

tus poemas de muerto Vallejo,

tu llanto, poeta Vallejo,

ya descansa en tus ojos Vallejo.

 

Tu ataúd, Vallejo

dorado en el “Verano”,

flota después del día

y amanece en la noche.

Tu ataúd, Vallejo

es el féretro, féretro,

en que viajas, solo

¡oh callado Vallejo!

 

[Manuscrito a tinta, suscrito al pie:C.D.A., En las páginas en blanco, al principio y al final, del libro de poesía de César Vallejo. Propiedad de Manuel F. Caicedo. Hay una fecha: 22-XI-57. Incluido por G. H. Mata en su libro Traición a la vida, Cuenca, Edit. Cenit, 1969, pp. 84-85.]

 

ALTURA

 

Para Teresita Crespo de Salvador,

Sinceramente.

 

¿Qué podrán ya admirar los Dioses?

¿Sólo nuestra debilidad?

‑No. Ellos admiran el furor de su eco sin sonido.

Adoran el más acá; lo inútil;

la bagatela eterna de este día.

Ellos se aman silenciosamente.

Ellos se devoran

en un espejo que arde

junto a sí, dentro de sí,

junto a sí mismos.

Ellos vuelan con nuestros músculos:

Ellos se abrazan y lloran de sí mismos.

 

CANCIÓN FRENTE A UN COLEGIO

 

Para Teresita Crespo de Salvador

 

El ala que te sueña la pupila

y la luz sobre el ápice encendido

de azul y transparencia en tu sonrisa,

ese alfiler de cielo estremecido,

ese hoyo de azul en tu mirada,

ese bucle que vuela por tus ojos,

ese claro vacío en que camina

tu mirada, deteniéndose en sí misma;

ése es el Cielo,

la luz del Paraíso,

la sombra pura del Cielo, en ti misma.

 

ESPECTRO DE LA CELDA

 

Caridad de la Esfinge. Escombro del Espacio.

Cal en derrame gótico, dura mortaja.

Costado de mi cruz,

ensambladura de ataúd y velero.

Cárcel del semblante y del monólogo.

 

Estatua del contorno.

Tu ciclo ecuánime en un folio.

La aurora, en hilachas, a tu puerta.

 

Hierba del ocio, cúbico Atlas.

Tú, sustentas el íntimo abismo

de los féretros,

y recortas la estatua del público paisaje.

 

Destrucción de mis días,

me hospedas en la lineal esponja del anónimo

y en la mortuoria cal del inquilino.

 

["Las Termópilas", 26 de noviembre de 1958. Original de propiedad de Manuel F. Caicedo.]

 

LA VOLUNTAD DE UNO

 

La voluntad es de uno, inamovible.

Es la fiesta del Ser.

Una, y ninguna. Es o no Es.

Pero está en él. Nadie. Uno. Todo.

Pero todo vuelve a ser El y el Único,

el Solo. Aquel que nunca

volverá a ser solo.

 

[Sin fecha. Manuscrito en poder de M. F, Caicedo.]

 

TERESITA

 

Teresita

Eterna Teresita.

Ríe de mí, Teresita.

Eres la risa libre.

Suelta risa del aire.

Aire de mi agonía.

 

[Sin fecha. Manuscrito en poder de  M. F. Caicedo.]

 

POETA PEQUEÑITO

 

Poeta pequeñito

mínimo poeta. Señor del Infinito

tu cuna es todo el mundo

y el Señor, que está lejos,

y está distante siempre,

no tiene para otros

ni pan

cuna

ni amor.

Pero tú pequeñito

estás bien defendido

por un espejo lleno

y por una navaja

vacía ‑y la bacía.

 

[Manuscrito a lápiz. Suscrito al pie:  C.D.A. Firma del autor C. Dávila A., al margen. Propiedad de Alfredo Pérez P.]

 

DÍAS Y SONIDO

 

Cuando ya haya sonado ese azul

que tanto cielo quieres tú

y ese infierno de tanto sonreír,

ojera pura ya para el corcel

sin agua,

para el sol sin apoyo en último auro

para el pan que cansa de comer.

En ti, caen de sol, cansadas

todas las alondras.

Y la tarde se hechiza

en su auro‑nocher.

 

[Manuscrito a lápiz. Suscrito con las iniciales del poeta. Fecha: 29‑1‑59. Propiedad: Alfredo Pérez Palis.]

 

PARA FANNY, RECORDADA

 

Alta como la noche que produce la estrella.

Discurres titubeando como una mariposa.

Todo el jardín de mi alma

te recibe y no vuelves: y, sin

embargo, tu visita invisible,

acompañada de tu fantasma

puro, concebido en las sombras

en donde todas las sílfides hacen,

de azul, su nido.

 "Llama perdida y pura para encender la noche: esa noche

en que tiemblas rodeada de infinito".

El infinito que arma tu sonrisa y la mía, llena

de cicatrices por tu mano divina.

Sembradora, el tatuaje es

para mí lo mismo que tu primer impulso

en donde toda mi alma tuvo su última caricia.

 

[Manuscrito a lápiz de propiedad de Alfredo Pérez Palis, s/f.]

 

RÍE DE MÍ, AHORA

 

Ríe de mí ahora

y yo me reiré de ti;

también sonreirás mañana

ante el que soñó en ti.

 

Porque un Ángel de la Muerte

estaba ya en tu corazón.

Ríe, ríe nuevamente.

Estabas bella una noche

sulamita, yo te amé.

 

[Manuscrito, a lápiz. s.f. Suscrito C.D.A. Propiedad de Alfredo Pérez Palis.]

 

CANCIÓN PARA LA AUREOLA DE UNA JOVEN LLAMADA MARÍA

 

Para María de las Mercedes Uribe de Reyes

 

Sé que sueñas el cielo en su cenefa

desde la luna de tu casa azul.

Pero alguien te responde desde el humo:

‑Había una muñeca hecha de espuma:

Fue a desnudarse bajo el sol y se desvaneció,

 

Sé que ciñe a tu latido la armonía

y escuchas un arroyo en tus anillos

girar sus labios de oro en tu alabastro cuerpo.

Pero, alguien te dirá desde el Silencio:

 ‑Había una muñeca hecha de brisa,

entró en la Música… y desapareció.

 

Y sé que, a veces, la Nostalgia te trae

su ciprés detenido en verde garza,

y que la fiel saudade de otro mundo

te pinta de rocío la mirada.

Pero, alguien te dirá a la luz del tímpano:

‑Había una muñeca hecha de Lágrima;

penetró en la Tristeza y la alegró.

 

Sé que el Espacio, en tu costado ileso

mide su triple flor y su violín;

y, que la intimidad que se desata

en la gola del Ángel, te reclama que vayas

de burbuja, por Abril.

Pero, alguien te dirá en la ternura:

‑Había una muñeca hecha de céfiro

y en una canción de Schubert se absorbió.

 

Sé que en el intimo cristal de tus sortijas

habitas como mínima princesa

hechizada en la gema del Estío.

Pero, hay alguien que te repite en su alma:

‑Había una muñeca de topacio

y un rayo de sol la devoró.

 

Sé que en tu blanca noche de novela,

desvelada, inquieres por la Sombra

que trae, de puntillas, a la Aurora.

Pero yo te aseguro que en un reino

había una muñeca en duermevela

y el alma de la Noche la encantó.

 

Sé que desde el rayo de gasa de los niños

y desde el hondo nadir de cada cielo,

tu alma pregunta al Todo sus confines,

y el por qué del revuelo de la rosa

hasta su leve cómo de caer.

Pero, también conozco que en una vida:

‑Habla una muñeca

                         labrada con el sueño de los Dioses.

 

Cerró sus ojos y miró en lo Oscuro

el terror y la gloria de los mundos.

 

[1957]

 

SALIDA DEL TIEMPO

 

Ven, YO, salgamos ya del Tiempo.

Después de tanta Era, seremos Uno.

Campanas nos persiguen ya sin delatarnos.

Somos el infinito pasto de los que vuelven

a través de ese puente pintado por el mar.

 

*   *   *

 

Las Tijeras revolotean otros días.

Las semillas pugnan por ser águilas de jardín.

La luz pulsa el manubrio de la sombra.

Los colmillos penetran de noche en los azúcares del Ser.

Los loritos cuelgan linternas en la paz del ganado.

Las bailarinas alzan sus pétalos y llenan sus barrancas.

 

Pero, Nosotros, Yo, estamos fijos en el columpio sin fin.

Hemos pagado los Pronombres.

Hemos asesinado al Cisne del Bautizo.

 

[Quito ‑ 13 ‑ 12 ‑ 57. Manuscrito propiedad de Ramón Burbano Cuesta.]

 

PATRIA

 

Patria, me has puesto el nombre de soldado.

Patria te he puesto el nombre de mi madre.

Patria de mis hermanos, Patria toda.

El cinturón de fuego de la Tierra

hunde tu dulce ombligo de amapola.

 

Si algún día quisiera consagrarte

algo que nunca tuve para nadie,

te daría la sangre de mi música

y el resplandor de mi alma,

Patria mía.

 

[Manuscrito propiedad de Ramón Burbano Cuesta.]

 

RAMÓN

 

Amigo puro desde nunca solo,

padre de ti mismo y de los tuyos.

Ser hijo, es ser crucificado

en el dulce madero de la Madre

y en el calvario abstracto

de los que hacen la vida

con la muerte de otros jardines

y con la muerte

de aquella pequeña flor

que se llama "nomeolvides".

 

[Manuscrito propiedad de Ramón Burbano Cuesta.]

 

NOTAS

[1] Publicado por primera vez en El vago cofre de los astros perdidos, antología poética de César Dávila Andrade, Universidad de Mérida et alt., Mérida-Venezuela, 2003. Antologador: José Gregorio Vásquez. Pp. 255-256. Manuscrito propiedad de Bethania Uzcátegui, firmado por César.

[2] Publicado por primera vez en El vago cofre de los astros perdidos, antología poética de César Dávila Andrade, Universidad de Mérida et alt., Mérida-Venezuela, 2003. Antologador: José Gregorio Vásquez. Pp. 257-258. Original de propiedad de Bethania Uzcátegui.

 

retorno ao sumário deste dossiê

projeto editorial do jornal de poesia

editor geral e jornalista responsável

soares feitosa

coordenação editorial da banda hispânica

floriano martins

.

Retorno ao portal da Banda Hispânica
retorno ao portal

Agulha - Revista de Cultura
revista agulha

 

 

Secrel, o provedor do Jornal de Poesia