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VARIA Y POEMAS MENORES
BREVE ELEGÍA DEL TIEMPO MALGASTADO
Ayer murió el domingo vestido de destierro.
Tomó asiento a la mesa de un café evaporado
y sonrió a los hombres que mueren a la vera
de sí mismos y aún sueñan.
Bostezó recorriendo al revés las historias
y ahuyentó a las moscas con el aire de un trébol.
Después, miró al poniente sembrado en la ventana,
la bandada del ángelus suspendida en el aire
y ese ganado de oro que viaja y no se mueve.
Miró un blando suceso tras la cuenca del cielo
y vio al ángel que nutre de insectos de madera.
Por la mañana anduvo uniendo las campanas
de los barrios distantes con un oleaje de hadas.
Echó a volar palomas, abates y misales
y quebró en los aleros su copa de topacio.
Predicó en las esquinas su soledad de estampa
y explicó el crecimiento del árbol de los astros.
Luego, compró un delgado sombrero de verano
y salió de paseo con una blanca muchacha.
Volvió entrada la noche y siguió escuchando
el silencio que se oye cuando el sonido calla,
y el rumor de hojarasca que deja la nostalgia.
Pidió café oscuro para su sed amarga
y una luz que borrara su ceguera de estatua.
Luego, salió conmigo a quemar su única ala.
Recorrimos lugares de tinieblas y prácticas,
meridianos secretos, prohibidas enseñanzas.
Y hacia la medianoche nos rodeamos de crimen,
de fantasmas, mujeres y paisajes de vino.
Los dados comenzaron a regar sus nudillos
y el coñac a poblarnos el corazón de olvido.
Salimos con profundas ojeras en el alma.
El domingo marchaba a mi lado, de luto.
Oí, entonces una hora sonar en otro día.
Me volví a mirarlo y encontré que era lunes
[Tomado de revista “Ateneo Ecuatoriano” Época III, nºs 3 y 4 .
octubre 29/1953, pag.197, Quito. Incluido por Rodrigo Pesántez
Rodas en Del Vanguardismo hasta el 50, Guayaquil, 1999, sin
editorial, pp. 125-126.]
DUEÑA DEL VAGO HECHIZO
Para ti, Bettina, únicamente.
Dueña del vago hechizo,
vuelvo infinitamente a mirarte y no encuentro
tus ojos en tus ojos, pues cierras las pestañas
y cierras la sonrisa.
Dibujas hacia dentro la piel de tu epidermis
con azul como el agua
o con blanco de nada.
Imperceptiblemente
estás triste,
estás sola. El Mundo se ha quemado
pero tú estás risueña.
Entierras tus vestidos y escapas a la altura.
Niegas, vacilas,
amas remotamente,
te acercas al cariño,
te acercas al deseo
y dudas de su límite.
Dueña del vago hechizo!
Si miras, eres vista a lo lejos, en blanco,
sin negro en la mirada,
sin punto en las pupilas.
Sonríes, pero caen
tus orejas de leche al fondo de tus senos.
Tu boca está vestida
y tus labios desnudos renuncian a su gota:
no es sed, no es palabra,
no es silencio ni es hoja;
es una fina llama
de albedrío y congoja,
de candela y granizo.
Dueña del vago hechizo,
qué hay entre la música y el color de tus ojos?
En qué país de siglos y montañas oscuras,
te miré como música
o te escuché de espiga?
Algo remoto y dulce, algo acerbo y dulcísimo,
viví ya en tu vida
unido, unimismado.
Tu mirada me avisa una luz ya mirada,
un ardor compartido,
un solo cuerpo en donde
buscamos cuerpo a cuerpo
un sitio en el abismo, el celeste principio,
la flor que los antiguos
llamaron “no-me-olvides”.
MUJER AHORCADA EN EL ESTÍO
Sus pantorrillas bajan de los afluentes de la Luna.
Está colgada de un manzano y de un puño.
Entra en el pecho y busca el Partenón
borrado por el viento.
Yo podía salvarle,
pero el sonido crudo del Ártico
en sus uñas, tejió la cuerda.
Tenía un collar de musgo del fondo del Caribe
el vello de tabaco ruidoso
largas costas asiáticas sobre los muslos
rocío oscuro de sumeria en los ojos.
Largos pianos de cola
abrevan en el río que baja de su muerte,
y el león derrotado que le cuida
muerde crujientes peines
al esconder la garra en la corona.
Cuando la luna echa raíces en la sombra,
ella desciende de la cuerda
cavada entre las nubes,
y vuelve una a una las veces que la he visto agonizante.
Mueve sus naves en las costas de Asia
y me da a beber la clorofila
que mana de los ojos de su ilíaco.
Su voz conserva el nudo y no la alcanza.
Durante todo el humo del Poema
la mantendré colgada de mis cejas
-muerta de sed-
hasta la última gota de la tinta.
CANCIÓN Y HOMENAJE
Para: O.M.A.
Si algún día los tréboles miraran
la leve línea que les da cintura.
Si alguna vez los juncos se inclinaran
a libertar la flecha que les mata.
Si algún viento de capa vespertina
distribuyera el álamo en sandalias.
Si algún claro de garza reencontrara
la espuma exacta para alzar el vuelo.
Si alguna vez el Ángelus llamara
equivocadamente a otra ventana.
Si algún día remoto, fuera el día
en que un Ángel naciera en un columpio
y un Arcángel muriera en una bohardilla.
Toda esta reunión inverosímil,
no sería ni el color de una mirada.
La luz de mil grosellas encantadas.
El ruiseñor que se vistió de verde.
El pétalo que renunció a la seda,
para ser hoja y parpadear el campo.
El colibrí que se cambió en albahaca.
Y la oración que para huir del Cielo,
en el sabor de menta de unos ojos
se escondió tiernamente,
porque no para ser vistos fueron hechos,
mas, para ser rezados, y por siempre.
[Junio/58]
PENETRACIÓN EN EL ESPEJO III
País de ausentes habitantes
y mares sin orilla.
Quién pudiera llenarte
de peces y medusas
y caracolas marinas.
Qué vientos pulen tus duros terciopelos,
tus praderas durísimas y heladas.
Al través de tu auras
cabalgatas discurren sin sonido,
bajo cielos de vidrio,
nubes de avispas de diamante
y alfileres heridos.
Qué gozosos delfines
galopan en tus aguas
inflexibles.
Qué vacíos están tus
panoramas.
Oh gelidez de lirios
invisibles,
estrellas de agua,
lámparas de frío
y asteroides de luz
endurecida.
Ah, tu pesca de esturión
enflaquecida,
lengua mansa de azogue,
sin saliva.
País sin habitantes y
sin geografía,
quién pudiera encerrarte
entre márgenes férreas,
y cegar tu vacío.
NADA
Ni la desesperada voluntad de calcio de mis muelas,
ni la tristeza al sol de cristal con que salías,
nada.
Ni la orgullosa formación de mi destierro al solo cielo,
ni el querubín de espuma a la luz de cuando tú cantabas,
nada.
Ni mi sed de Domingo con el trueno del Mal y de la Vértebra;
ni tu dulce manera de recibir espejos por contacto,
nada.
Ni esta tremenda búsqueda de aros y climas para despedirnos,
ni tu perfil llorado por la luna ciega,
nada.
Ni cuando solo yo, y atado a mí mismo por orgullo,
ni cuando juntos, en la carne se unían los espíritus!
EL HECHIZADO DEL CARIBE
Frente al gran mediodía un hombre vierte sus largos ojos
sobre la palma de su mano y mira
caer a pico la inscripción de las Esferas.
Está ya solo, y su barba, en torno suyo,
suena como una viña de armas esplendentes.
Blancura,
qué incomunicable contracción sufre el cielo,
en donde las batallas suenan como un silencio!
Olas.
Toco la piedra, cadalso de mi tacto,
y asciendo a los jardines poblados por la Especie.
En la orilla, un suceso de abanicos.
La ortiga arde secretamente contra el lirio.
El gavilán sopla su fuego
y se divide en cruz hasta el ocaso.
La gaviota pestañea sobre su espejo;
sus pupilas se nutren de sedas sucesivas.
Allá, sobre la altiva piel de pieles,
un barco duerme sobre su mordisco.
Todo está blanco y huele a tempestad,
a fuego puro, a fuego seco,
sin verdor ni vestidura.
Armando Reverón. Viejo augusto,
tu antorcha de óleo y polvo rechina como un fémur.
Socarrón encantado,
tu defensa relumbra y aturde a los curiosos.
Tu barba perforada de escondrijos
como el monte que erigen los guerreros.
Pero, abajo, el alcatraz espera un pez verde
detrás de una lámpara feroz.
Arden los torsos envueltos en sus néctares.
El cielo exige ojos largamente humedecidos.
Abuelo acumulado como un cirrus
en la mirada de las olas y los días:
el mar te restituye, parpadeando.
Tus inmensos muñecos gesticulan
en la impar superficie del monólogo.
Los viandantes contemplan tus dedos precursores
sobre el santuario que hinchan los pleamares.
Pero, Tú sabes cómo suenan a lágrimas,
sobre la mesa de Alberto Durero,
las tiernas llaves de su Melancolía.
‑Ya el recuerdo es tu único traspié ‑.
Viejo Pastor de espumas y de esfinges,
en tu cayado enrosca el viento su pulido lienzo,
su instintiva métrica,
en la que uñas de rosa tintinean
el solitario número de tu Ángel.
Mas, tu muralla de aguas metafísicas,
avanza
‑tambaleante ‑
contra los burgos del Apocalipsis.
Viejo del mediodía,
caminas ya sin preguntar!
Qué blancura tendrá tu soledad!
Si hay –todavía‑ un acto más perpetuo que el sueño,
será tu gran ceniza ‑blanca y gruesa ‑
encrespada de amor como un torrente.
[Enero de 1960]
HACIA EL FANTASMA
A Teresita
¡Hace ya tiempo, venía en música el Fantasma
hace ya tiempo!
Pero, ahora en lo Eterno
el ruedo de sus alas vuela una flor
sin tiempo, sin jardín y sin Ti.
Hace ya mucho el Fantasma venia,
venía de Ti. Y contigo volvía
a Ti misma.
Volvía a ninguna parte. A todo.
Pero aquella música sin aire y sin humor
sólo de lágrimas;
esa canción era mía
como mi muerte, como mi vida.
ALREDEDOR DEL SOL
Alrededor del sol sólo la angustia.
Al vuelo del sonido sólo el aura.
Pero alrededor de tu cabello puro
sólo el ángel.
Y sólo el ángel de tu mente, exacto.
Aquel que hace millares de años
dibujó tu figura
y supo ya que un día debías ser
adorada de otro ángel.
AL SON DE LA ÚLTIMA GOTA DE CRISTAL
Al son de la última gota de cristal
y en la oscura laringe del piano,
una pequeña moneda de oro
voló
entre el movimiento del marfil y el oro.
Perdidas ya de manos tus alas
en la música,
eran apoyo en sombra
para tu vuelo de Hada,
en donde cantan
los Ángeles sin alas. En la nada.
RESOLUCIÓN
Descendió a morder una ramita
con los maxilares de los grandes barcos,
atento
mientras se coagulaban las correas
pozo a pozo
y las gradas del bosque cubiertas de escolopendras.
Ascendió sin ser visto por el sol vasomotor
entre el juego de oro de los pollos
y descendió otra vez
partido en discos, para la procesión de las hormigas
bajo las hojas.
Ahora,
solo y dentro del caballo universal
respira la melena del melón
y bulle en los bolsillos del Salvador
de su esperma. Pero, he aquí
que el cataclismo de las inmediaciones
se provee de beatitud, moliendo su ira.
Tenazas inauditas,
la Obra se masca a sí misma.
Y salta sobre un agudo olor a menta,
porque adorar es detenerse.
Ataviado de agujas, el barro permanece.
FORMA
Tres días después de la muerte
órgano absoluto
la flor del cráneo se aloja en el pozo
y la mirada en el foco de las mieses.
Baja y sube la ropa de la muerte, la savia le
circunda.
Ojo de polvo,
por el ladrillo sangra la bestia que se estrella.
Las palomas descienden abiertas como pañuelos
y se posan a examinar sus piojillos triangulares.
Sólo los niños y los cuchillos suenan igual.
Y siempre agarramos
las cosas que puedan ser reprimidas a oscuras.
La gota
es el mundo antes de la Era.
ROSTRO EN LA ARENA
JESUS, Hijo de David, oye, cuerda, asoma, aguaita!
Entre los grupos de músculos
y las incursiones de la Cruz a pie,
tu Calvario de yeso
esconde sus tremendas ruedecillas.
Y tus ojos azules refrescan la tristeza
de tus Jueces, pero
lloran sobre el Drama puesto en plato de roca.
La mejilla del huevo
en el principio del Mundo, duerme
otra vez, y la balanza
da leche y cianuro por entrambas hojas.
Pero, tu Rostro
apoyado únicamente en su nariz
está más triste que tu frente
y tus sienes en barbecho.
Y nuestras almas, Cuarenta Años aún
en el Gran Arabesco!
Si, al menos,
pudiéramos mirar Tu Cuerpo,
una célula por vez
cada mil granos de arena,
no sería Desierto!
POEMAS MENORES
CANCIÓN A RITA
Golondrina crespa,
mi blanca eterna;
todo el ballet del mundo
no es sino el ligero movimiento
de tu divino cuerpo;
y las manos solamente son
la manera de atraer a los ángeles
y de bendecir a los humanos;
y todo el pensamiento
en el que yo he quedado
vibra por la cabeza en la que
no se piensa nada Nunca;
y el azul del confín de tu colina
es el sinfín de mi cansancio eterno.
Yo te he buscado al través
del soliloquio eterno de la tierra,
la gran roncadora de volcanes,
pero te encontré
en una colina propicia de amor.
Y para terminar mi agonía,
oh bella agonizante,
confinarás conmigo en tu vieja colina.
Yo vivo mi esperanza
en tu colina azul agonizante
y agonizo en tu doble colina palpitante,
agonizo de amor y de armonía.
Y si algún día sonaran tus cabellos
con el aire de tu adorada tierra,
mi madre permitiera recostarme
en tus cabellos y entre tus brazos
como madre mía.
Y el vino azul de tu mirada pura
que tú miras desde el azul de Quito,
me quitaría toda la amargura
de amar solitariamente
una alma mía,
azul de negro, golondrina mía;
vivirás en mí, sin muerte,
eternizada por el padecimiento mío
y en tu voz que es el recuerdo
de otras voces, solamente será
el gran silencio de una voz que yo amé
en el puro silencio del antiguo verbo
que los dioses mandan
para acallar a aquellos
que nunca ya cantarán.
[Manuscrito, a tinta, de un poema improvisado, que dictó el
poeta a F. Caicedo, y suscrito por César Dávila A. Fechado en
Quito, a 2 de junio de 1957; 11 p.m. Propiedad de Rita Pérez.]
PRESAGIO
A Jorge Salvador Lara
Hasta mañana. Aurora.
Los Dioses de la Noche
se levantan.
Hasta mañana, Aurora.
Hoy he llegado tarde
hasta la alcoba.
Y mi morada
es sólo sombra. ¡Sombra!
Hasta mañana, Aurora.
El Señor de la Luz
no está conmigo.
Y Satanás me asombra
con su luz encendida
en el abismo.
Hasta mañana,
Aurora.
Hasta mañana.
[2 de Septiembre de 1957]
PADRE NUESTRO, OH PADRE VALLEJO
Padre nuestro, oh padre Vallejo
tu cadáver, y tu alma Vallejo,
andan juntos y solos Vallejo
y pronuncian tu nombre: Vallejo
y yo callo tu nombre: Vallejo.
Tu cadáver, sagrado Vallejo
tus poemas de muerto Vallejo,
tu llanto, poeta Vallejo,
ya descansa en tus ojos Vallejo.
Tu ataúd, Vallejo
dorado en el “Verano”,
flota después del día
y amanece en la noche.
Tu ataúd, Vallejo
es el féretro, féretro,
en que viajas, solo
¡oh callado Vallejo!
[Manuscrito a tinta, suscrito al pie:C.D.A., En las páginas en
blanco, al principio y al final, del libro de poesía de César
Vallejo. Propiedad de Manuel F. Caicedo. Hay una fecha:
22-XI-57. Incluido por G. H. Mata en su libro Traición a la
vida, Cuenca, Edit. Cenit, 1969, pp. 84-85.]
ALTURA
Para Teresita Crespo de Salvador,
Sinceramente.
¿Qué podrán ya admirar los Dioses?
¿Sólo nuestra debilidad?
‑No. Ellos admiran el furor de su eco sin sonido.
Adoran el más acá; lo inútil;
la bagatela eterna de este día.
Ellos se aman silenciosamente.
Ellos se devoran
en un espejo que arde
junto a sí, dentro de sí,
junto a sí mismos.
Ellos vuelan con nuestros músculos:
Ellos se abrazan y lloran de sí mismos.
CANCIÓN FRENTE A UN COLEGIO
Para Teresita Crespo de Salvador
El ala que te sueña la pupila
y la luz sobre el ápice encendido
de azul y transparencia en tu sonrisa,
ese alfiler de cielo estremecido,
ese hoyo de azul en tu mirada,
ese bucle que vuela por tus ojos,
ese claro vacío en que camina
tu mirada, deteniéndose en sí misma;
ése es el Cielo,
la luz del Paraíso,
la sombra pura del Cielo, en ti misma.
ESPECTRO DE LA CELDA
Caridad de la Esfinge. Escombro del Espacio.
Cal en derrame gótico, dura mortaja.
Costado de mi cruz,
ensambladura de ataúd y velero.
Cárcel del semblante y del monólogo.
Estatua del contorno.
Tu ciclo ecuánime en un folio.
La aurora, en hilachas, a tu puerta.
Hierba del ocio, cúbico Atlas.
Tú, sustentas el íntimo abismo
de los féretros,
y recortas la estatua del público paisaje.
Destrucción de mis días,
me hospedas en la lineal esponja del anónimo
y en la mortuoria cal del inquilino.
["Las Termópilas", 26 de noviembre de 1958. Original de
propiedad de Manuel F. Caicedo.]
LA VOLUNTAD DE UNO
La voluntad es de uno, inamovible.
Es la fiesta del Ser.
Una, y ninguna. Es o no Es.
Pero está en él. Nadie. Uno. Todo.
Pero todo vuelve a ser El y el Único,
el Solo. Aquel que nunca
volverá a ser solo.
[Sin fecha. Manuscrito en poder de M. F, Caicedo.]
TERESITA
Teresita
Eterna Teresita.
Ríe de mí, Teresita.
Eres la risa libre.
Suelta risa del aire.
Aire de mi agonía.
[Sin fecha. Manuscrito en poder de M. F. Caicedo.]
POETA PEQUEÑITO
Poeta pequeñito
mínimo poeta. Señor del Infinito
tu cuna es todo el mundo
y el Señor, que está lejos,
y está distante siempre,
no tiene para otros
ni pan
cuna
ni amor.
Pero tú pequeñito
estás bien defendido
por un espejo lleno
y por una navaja
vacía ‑y la bacía.
[Manuscrito a lápiz. Suscrito al pie: C.D.A. Firma del autor C.
Dávila A., al margen. Propiedad de Alfredo Pérez P.]
DÍAS Y SONIDO
Cuando ya haya sonado ese azul
que tanto cielo quieres tú
y ese infierno de tanto sonreír,
ojera pura ya para el corcel
sin agua,
para el sol sin apoyo en último auro
para el pan que cansa de comer.
En ti, caen de sol, cansadas
todas las alondras.
Y la tarde se hechiza
en su auro‑nocher.
[Manuscrito a lápiz. Suscrito con las iniciales del poeta.
Fecha: 29‑1‑59. Propiedad: Alfredo Pérez Palis.]
PARA FANNY, RECORDADA
Alta como la noche que produce la estrella.
Discurres titubeando como una mariposa.
Todo el jardín de mi alma
te recibe y no vuelves: y, sin
embargo, tu visita invisible,
acompañada de tu fantasma
puro, concebido en las sombras
en donde todas las sílfides hacen,
de azul, su nido.
"Llama perdida y pura para encender la noche: esa noche
en que tiemblas rodeada de infinito".
El infinito que arma tu sonrisa y la mía, llena
de cicatrices por tu mano divina.
Sembradora, el tatuaje es
para mí lo mismo que tu primer impulso
en donde toda mi alma tuvo su última caricia.
[Manuscrito a lápiz de propiedad de Alfredo Pérez Palis, s/f.]
RÍE DE MÍ, AHORA
Ríe de mí ahora
y yo me reiré de ti;
también sonreirás mañana
ante el que soñó en ti.
Porque un Ángel de la Muerte
estaba ya en tu corazón.
Ríe, ríe nuevamente.
Estabas bella una noche
sulamita, yo te amé.
[Manuscrito, a lápiz. s.f. Suscrito C.D.A. Propiedad de Alfredo
Pérez Palis.]
CANCIÓN PARA LA AUREOLA DE UNA JOVEN LLAMADA MARÍA
Para María de las Mercedes Uribe de Reyes
Sé que sueñas el cielo en su cenefa
desde la luna de tu casa azul.
Pero alguien te responde desde el humo:
‑Había una muñeca hecha de espuma:
Fue a desnudarse bajo el sol y se desvaneció,
Sé que ciñe a tu latido la armonía
y escuchas un arroyo en tus anillos
girar sus labios de oro en tu alabastro cuerpo.
Pero, alguien te dirá desde el Silencio:
‑Había una muñeca hecha de brisa,
entró en la Música… y desapareció.
Y sé que, a veces, la Nostalgia te trae
su ciprés detenido en verde garza,
y que la fiel saudade de otro mundo
te pinta de rocío la mirada.
Pero, alguien te dirá a la luz del tímpano:
‑Había una muñeca hecha de Lágrima;
penetró en la Tristeza y la alegró.
Sé que el Espacio, en tu costado ileso
mide su triple flor y su violín;
y, que la intimidad que se desata
en la gola del Ángel, te reclama que vayas
de burbuja, por Abril.
Pero, alguien te dirá en la ternura:
‑Había una muñeca hecha de céfiro
y en una canción de Schubert se absorbió.
Sé que en el intimo cristal de tus sortijas
habitas como mínima princesa
hechizada en la gema del Estío.
Pero, hay alguien que te repite en su alma:
‑Había una muñeca de topacio
y un rayo de sol la devoró.
Sé que en tu blanca noche de novela,
desvelada, inquieres por la Sombra
que trae, de puntillas, a la Aurora.
Pero yo te aseguro que en un reino
había una muñeca en duermevela
y el alma de la Noche la encantó.
Sé que desde el rayo de gasa de los niños
y desde el hondo nadir de cada cielo,
tu alma pregunta al Todo sus confines,
y el por qué del revuelo de la rosa
hasta su leve cómo de caer.
Pero, también conozco que en una vida:
‑Habla una muñeca
labrada con el sueño de los Dioses.
Cerró sus ojos y miró en lo Oscuro
el terror y la gloria de los mundos.
[1957]
SALIDA DEL TIEMPO
Ven, YO, salgamos ya del Tiempo.
Después de tanta Era, seremos Uno.
Campanas nos persiguen ya sin delatarnos.
Somos el infinito pasto de los que vuelven
a través de ese puente pintado por el mar.
* * *
Las Tijeras revolotean otros días.
Las semillas pugnan por ser águilas de jardín.
La luz pulsa el manubrio de la sombra.
Los colmillos penetran de noche en los azúcares del Ser.
Los loritos cuelgan linternas en la paz del ganado.
Las bailarinas alzan sus pétalos y llenan sus barrancas.
Pero, Nosotros, Yo, estamos fijos en el columpio sin fin.
Hemos pagado los Pronombres.
Hemos asesinado al Cisne del Bautizo.
[Quito ‑ 13 ‑ 12 ‑ 57. Manuscrito propiedad de Ramón Burbano
Cuesta.]
PATRIA
Patria, me has puesto el nombre de soldado.
Patria te he puesto el nombre de mi madre.
Patria de mis hermanos, Patria toda.
El cinturón de fuego de la Tierra
hunde tu dulce ombligo de amapola.
Si algún día quisiera consagrarte
algo que nunca tuve para nadie,
te daría la sangre de mi música
y el resplandor de mi alma,
Patria mía.
[Manuscrito propiedad de Ramón Burbano Cuesta.]
RAMÓN
Amigo puro desde nunca solo,
padre de ti mismo y de los tuyos.
Ser hijo, es ser crucificado
en el dulce madero de la Madre
y en el calvario abstracto
de los que hacen la vida
con la muerte de otros jardines
y con la muerte
de aquella pequeña flor
que se llama "nomeolvides".
[Manuscrito propiedad de Ramón Burbano Cuesta.]
NOTAS
Publicado por primera vez en El vago cofre de los
astros perdidos, antología poética de César Dávila
Andrade, Universidad de Mérida et alt.,
Mérida-Venezuela, 2003. Antologador: José Gregorio
Vásquez. Pp. 255-256. Manuscrito propiedad de Bethania
Uzcátegui, firmado por César.
Publicado por primera vez en El vago cofre de los
astros perdidos, antología poética de César Dávila
Andrade, Universidad de Mérida et alt.,
Mérida-Venezuela, 2003. Antologador: José Gregorio
Vásquez. Pp. 257-258. Original de propiedad de Bethania
Uzcátegui.
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