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POESÍA DEL GRAN TODO EN
POLVO
EL NUDO
A veces Uno quisiera hacerse un nudo
a lo largo del esqueleto único
en la parte más larga, más muda, más blanca,
aquella que se enredó trágicamente
en los cuernos de las Obras!
Y, no puede. ¡No alcanza!
Hacerse un nudo. Uno solo.
Mientras Ellos disparan, rugen, mienten, afanan,
sudan, luchan, matan.
Negocios, Guerras, Sombras, Negocios, Guerras,
Bombas.
Bombas, Bombas, Bombas.
Un solo negocio, grande.
Una sola guerra.
Una sola bomba.
Uno quisiera hacerse el último nudo.
¡Y no alcanza!
ROPAS AL VIENTO
Han estado la mañana entera tirando boquerones.
Púlpitos de aire al sacudón llameante
jala y baila mordidas a la cuerda
sobre las azoteas.
‑¡Zape, zute, hipa, jala, daca!
Se revolvían idas
vueltas
revueltas
zarandajas.
Preñadas a catapulta.
Putas de nada
zas en el aire como en un larguísimo albayalde.
Gallas infladas, desinfladas, fláccidas
Solares.
Las venturas vacuas
de estas ventrudas vanas.
Viento feroz de las Enajenaciones.
ENTRECEJO
Circunscribir un punto con un poema.
Instante súbito del entrecejo.
Tú.
Relámpago con uno de sus ojos en el lápiz.
Ojos
del compás sin radios ni horizonte.
Alfil de la circunferencia, ahogado en el solar
del círculo.
Dolor único.
Gran dolor humorístico
que nos causa, a veces, un helado
en el profundo centro del cráneo etérico de
Todos.
Ultimo pez‑espada de las Olas.
Gallo subido al espermatozoide.
Jerusalem,
mirada desesperadamente
por un fusil
desde el fondo
de todos los kilómetros del Mundo.
EL GRAN TODO EN POLVO
Del Gran Todo en polvo, el sol y el ananá
y el sentido que se oprime
contra la pared del astro medianero y
la esperanza como un aprendizaje
de la nariz en hilo del infierno,
nada sabemos. Estamos pintados dentro de la
oscuridad
por manos contrarias a las nuestras
para reconocernos, más allá.
Y llenos de infinitos granos de roca, dormimos
sobre las rocas que nos
vigilan desde el Cielo.
Aldebarán, tus collares pasan en altísimos vuelos
sobre la granulación de las especies y
entre las fauces y los mares
se arremolina el sentido del peso universal.
La gran bala torácica nos aproxima cada noche
a nuestro corazón como a un eclipse,
hombre que vives arrimado al frontis
de tu casa de cal, los collares altísimos
de Sirio, llueven sobre tus ojos fijos
a otros collares y son polvo.
MEDITACIÓN EN EL DIA DEL EXILIO
Sólo el Infierno puede hacer verdaderos mártires,
porque la salvación es el peor de los descaros
en nuestra Época;
porque dura precisamente
el tiempo que se necesita
para preparar un nuevo Universo de Condenados.
Sí: el Infierno es un lugar quebrado hasta lo
infinito.
Perro y caballo se alimentan siempre
del camino más corto entre dos puntos.
Busca Tú la Poesía.
Y, ¿recuerdas? ‑ Nadie podía salir
del paisaje natural sin perder
todo su vello
como el oso arrancado al útero de la osa.
Empaisajeados, dormimos cien años consecutivos
en el pueblo caliente de la mata de arena.
¡Y tú, Poesía sola, hecha de mente, de ladrillo y
de persona!
Permaneces pura
hasta cuando te inclinas
sobre el plato de azafrán de las posadas.
Como ese grillo insalvable,
cantas con todo lo que te ha sido dado
en una sola noche de amor
y estallas al amanecer, con la última cuerda
del viento en la boca.
Y Tú, distinguiendo siempre:
Agua, Tierra, Fuego, Éter.
Hasta que ese día de Corpus Christi, miré
la batea de sangre a los pies del cadáver (el
cadáver
en posición fetal). Sí: el cuerpo se mantiene
sin nacer jamás, y soles nos dirigen,
pero las auroras están a ambos lados
y el Hombre, bocabajo, sobre la estera o petate,
entre cuatro velas:
Fuego,
Éter,
Agua,
Tierra.
Y las estrellas muriendo de púa como abejas. ¡Esa
bala!
No era mortaja ni toalla sino país de heno puro,
florido.
El éter duerme en los baños, en los astilleros,
en los calvarios;
el Fuego, lanzado al voleo cae en la tierra,
color de uña y rosario de los muertos.
¡Y tú, exilado!
¡Mano de Cristo en el cortocircuito de la araña!
TAREA POÉTICA
Dura como la vida la tarea poética,
y la vida desesperadamente
inclinada, para poder oír
en el gran cántaro vegetativo
una partícula de mármol, por lo menos,
cantando sola como si brillara
y pinchándose en el cielo más oscuro.
Atravesábamos calles repletas de sal
hasta los aleros, y la barba
se nos caía como si sólo hubiera estado
escrita a lápiz.
Pero la Poesía, como una bellota aún cálida,
respiraba dentro de la caja de un arpa.
Sin embargo, en ciertos días de miseria,
un arco de violín era capaz de matar una cabra
sobre el reborde mismo de un planeta o una torre.
Todo era cruel,
y la Poesía, el dolor más antiguo,
el que buscaba dioses en las piedras.
Otro fue
aquel terrible sol vasomotor
por entre las costillas de San Sebastián.
Nadie podrá mirarte como entonces
sin recibir
un flechazo en los ojos.
CENTINELA
Sin un solo suceso, la Noche
hace el vaciado de su calavera, y
los más duros ángeles,
desprovistos de sus armas y sus
responsabilidades,
se acuestan sobre las alas plegadas
como en una nueva cuna. Pero los terribles
salvadores de la carne del mundo
empuñan fuego y retroceden milenios
para ordenar osarios y matanzas,
de acuerdo con la temperatura y las veleidades
del estroncio venidero... Ellos beben
nuestro sueño,
putrefacción de luna y diurnas contiendas.
Y sólo aquel uno,
poeta con sortijas de muladar labrado en roca,
escuchando el millón de grillos
que revienta de un solo amor,
sólo él
dispone de los más hermosos días
durante el tiempo de la Noche Antigua.
LUGARES SALVAJES
Y descendí a lugares enriquecidos
por trémulas conquistas,
por el cobarde pillaje de los ojos,
por las larvas de la concupiscencia
y de la idolatría.
Y encontré que estaban vacíos.
Ningún pacto obligaba a la atmósfera
a permanecer sobre aquel pálido suelo.
Ya no estaban nunca más:
ni mi pelo de limo de la tierra,
ni mis uñas atornilladas en lobo.
A través de punzantes injertos, oíanse
los pruritos del campo magnético
en el rostro del Santo de los Santos, y a veces,
la facultad sonora de los pueblos
disgregándose en tristes herramientas.
La Sala de Espera hacia el tremendo
cambio de persona por futuro, y
cada universo
sorbía nuestros egos con una paja de clavel.
¡Pálido suelo de miseria y alcanfor!
Oh Cosas,
oh Empírico Monarca,
sólo la infinita disolución
vuelve en billones a cumplirse,
mas ya sin criaturas.
El polvo y sus agujeros físicos
trafican con la Resurrección.
ABUNDANCIA ES LA MUERTE DEL CABALLO
El disco del Gran Día Pulido, y
su parte más alta en la frente del caballo.
Por agua hemos peleado, por agua
hinchada de monedas curvas. Y el bruto,
abierto el vientre, como un jardín
que rebasa la muralla, bebía
el estandarte como agua. Los gallos
cantaron electrones en desorden
y aquel sol duramente convicto de duraznos.
Claridad de cadáver sin vihuela
ni agua. Y aquellas herrerías por la redonda
trompa
soplaron la metáfora en sus cascos.
Como un gabán de palo arrastró el carro.
Truenos marcados en damasco.
Graderías cosechadas a martillo.
Y no pudo rascarse los rubíes
con tantísimos caminos sobre el lomo.
Su motor verde
en lo profundo de la analogía
pidió agua
con la sonda
que llegó el día Viernes por la tarde
a la parte más alta de la Cruz.
ESFEROIDAL
Antes de llegar a ser y antes de llegar
a hogar alguno,
su alma, con un dedo sobre los labios,
y todo él en blanco,
como la noción del invierno
que desborda las capas de nieve.
Su larga espera de puente sin río, y
tan de sí mismo que,
de serle posible, naciera sin cuerpo,
de la unión solitaria de dos faltas.
Así,
él o yo, da lo mismo que Tú,
y todos escuchamos ese lirio mecánico
que respira debajo del navío.
Después de un banquete tan agudo,
todos lo mármoles ruedan desenredándose,
y un millón de nosotros,
fumando juntos en el gran inconsciente
subterráneo.
Porque absorbidos en la flor compuesta,
te comemos un poco, dios mío, y otro poco
te exhalamos hacia las Hecatombes.
ESPONGIARIO
La forma esponjada de la lluvia
en los corrales y en los acueductos,
después de que pasan con su carga de azafrán los
caballos,
ha estado creciendo sin fin
en las pacas de lana, concretas y mudas,
en las pacas de lana
auguradas en setiembre por los discos
sacerdotales.
La forma esponjada de las escolopendras
y las orugas alimentadas con hojas de saúco
se arrollan sin rumor en la carreta de plumas
de las tumbas.
La forma esponjada de las muchedumbres estelares
‑astros y orugas de astros, estrellas novas‑
ha estado creciendo sin fin ni tiempo
en las cubas de vinos enterradas
hace millones de veranos fúlgidos,
e hincha ahora los focos de espermas cerebrales
en honor a la fuerza escarlata
de las hecatombes.
EL VELO
A
través de la lejanía de los siglos y del sol,
a través de los barcos de café custodiados por
papagayos
y de las palmeras muertas de flanco sobre el
semen de las costas,
y a través del sol en lejanía de siglos
acumulados
por los pueblos desaparecidos después de sus
cánticos.
A través de los imperios, de los hechizos, de los
archipiélagos,
de los túmulos, de las pirámides, de las
hecatombes,
de los mástiles, de los istmos,
de las venas de magma enloquecido.
Oh Señor.
A través de los soles remotos con radios de
cicatrices
y de los soles cubiertos de tumbas de arena
repetida.
Y a través de los huesos dorados de las
civilizaciones,
y a través de los haces de plumas de los
ceremoniales
y de los varillajes de los grimorios.
A través de las llaves secretas de los coitos y
de los crímenes.
A través de todo,
Tu Rostro, apenas, en vano,
como nada y como mucho,
como confín de todo y nada,
Tu Rostro,
en la picadura radiante del Velo.
Oh Señor.
TIERRA PURA
Todo lo que pudo ser premio, duración
del premio como consistencia, y castigo
como recuerdo,
ya pasó ‑¡hijo mío!‑. Ahora tú recibes
el espejo de señales de otras manos. Son médicos
que curan por potencias extrañas,
azogadas de terror para repetirte como nada,
pues quedas afuera.
Temblor es el recuerdo mientras agonizas
de cielo en cielo,
cayendo en el ascenso, porque tu dios
te alza para oírte sonar en cáscara y mortaja
y formas en deshielo.
La forma que fue tu patrimonio terrestre
sucedió sola en continuo aprendizaje
de tambores
sobre el sur del mundo,
allá donde tropeles se extenúan
en conquistas polvorosas.
Pareciera que duermes al despertar de ti
ante los olfatos de las bestias mayores
inclinadas sobre tu sepulcro,
que quieren izarte hacia su banquete,
pero sólo sonríen, untándose el hocico
en el gran candelabro de arcilla.
Y caes nuevamente en la tierra pura, desnudo,
grano pelado,
premio de varas que llovieron
sobre tus huesos, para escogerlos
sobre el palmo creciente del estío.
Te detiene la tierra contra el fuego.
Esta es
tu repetición de cuerpo y cuerpo para las
siembras
‑como en una ondulada música de óvalos‑.
Penetra y recomienza,
como la planta de maíz que se enarbola
a sí misma
sobre la limpidez de un solo grano,
aquel que fue pensado para tallo
por la mente enterrada en cada foso.
COMPOSICIÓN
¡Además estaban los Adversos! Y entre los grupos
peludos del invierno, el pálido aguardiente
salvaje
de los Andes. Períodos de profunda electricidad
entre
las catacumbas. Súbitas divisiones de los
sargazos
al caminar por la calle. Éxtasis de la grasa del
carnero.
Legiones de girasoles sobre la piel del lobo
como un as de oros que necesita peinarse
para entrar en el salón. Largos bocados físicos
de las palmas del Domingo, " ¡Hosanna, hosanna!"
Océanos cortados a pico ante los botones
del hombre que nos da el pasaporte.
Y el paraguas del Calvario agujereado
hacia abajo para escondernos.
Salíamos de los más puros dibujos rupestres
y echábamos a correr desesperados
hacia la civilización y la muerte.
¡Los mediums, los mediums!
Y el ilíaco del perro, sentado dulcemente
entre los bulbos del lirio salvaje.
PERSONA
Persona, por favor, de calcio, de líneas
de betún y buril, persona. Los hombros así,
bajo los hombros, como si colgaran para la carga
o la sombra.
Persona toda tú. En nombre del Padre. Persona.
Más cal sobre más piedra. Personalmente.
Y en lo íntimo, detenciones y límites.
Es de derecho y de plexo. Persona.
Derecho personal en polvillo. Iris del hombre.
Persona, ya te tocan. Vuelves. Te asombras
de estar en el mismo sitio, entre personas.
Ha reventado el albedrío y desangras.
Es tu persona de sílice contra la de pómez.
Persona, tú y sobre ti la Persona Infinita
que te ama, pisándote las huellas.
Persona, no te olvides,
sal de ti ahora mismo.
ABALORIO SALVAJE
Los cielos,
colgantes de abismos aún más altos,
suspendían el asombro que retorna de la
adivinación
como de una batalla volublemente ganada
en el fondo de un infierno de polen.
Invitaciones de las sinuosidades,
tejados, hojas, ascuas,
gotas que mentían como rodillas, al caer.
Y abstenerse,
para reunir en un haz todas las quintaesencias,
todos los vínculos prestados a la muerte,
en cristal,
por una hora.
Y cuando era imposible avanzar
por entre la tormenta de incitaciones y de ídolos
el alma dividíase en mil debilidades.
Sólo palpando la incoercible zona
podía recomponerse el acto universal
que la delicia esconde en evaporaciones.
PROFESIÓN DE FE
No hay angustia mayor que la de luchar envuelto
en la tela que rodea
la pequeña casa del poeta durante la tormenta.
Además,
están ahí las moscas,
veloces en su ociosidad,
buscando la sabor adulterina
y dale y dale vueltas
frente a las aberturas del rostro más entregado
a su verdadera cualidad.
El forcejeo con la tela obstructiva
se repliega en las cuevas comunicantes del
corazón
o dentro de la glándula de veneno del entrecejo
cuyos tabiques son
verticales al Fuego
y horizontales al Éter.
Y la Poesía, el dolor más antiguo de la Tierra,
bebe en los huecos del costado de San Sebastián
el sol vasomotor
abierto por las flechas.
Pero la
voluntad del poema
embiste
aquí
y
allá
la Tela
y elige, a oscuras aún, los objetos sonoros,
las riñas de alas,
los abalorios que pululan en la boca del cántaro.
Pero la tela se encoje y ninguna
práctica
es capaz de renovar
la agonía creadora del delfín.
El pez sólo puede salvarse en el relámpago.
CAMPO DE FUERZA
¿En qué instante se une el buscador
a lo buscado, y
Materia y Mente entran en la embriaguez
del mutuo conocimiento?
¿En qué relámpago se funden los contrarios
como gota de esmalte
que deslumbra
la pupila central del girasol?
Escuchad:
Una
detención
del milenario flujo de la respiración
sobre el húmedo vértice del aliento
y la ampolla de Éter
circunvala y detiene la cabeza erizada
del Dragón.
El Sabor de la Piedra al pasar por
el anteojo
inaugura la fiesta de los quitasoles
y el ángel se acumula furiosamente en la ananá.
Ombligo, Corazón y Retina
son saboreados por el áspid que mana
sin cesar
de la Boca Santísima de la Carne.
EN EL PICO DEL COMPÁS DE BAMBÚ
Henchida de su Único amanece
Hierba de la Mañana.
Sin poder tragar la luna,
su garganta
dista de ser la goma mística del embarazo,
pero como una campana a medio enfriar
conserva los brillos del pozo de los leones.
Su metal
resplandece en la vieja rodilla lustrosa
de Satán.
Rosa de piel curtida por los atrios,
Rosa de los mendigos
y de las prostitutas que brotan de las columnas.
Cráneo sobre cráneo,
el mundo de los muertos
hincha el panal de yeso de Josafat
y sus ángeles son modelados por un salto de agua.
Sin embargo,
con un instante de percepción,
el universo puede ser detenido
y revisado
como un reloj que levanta las alas antes de
gorjear.
OBRAS
Esos obreros malditos han comenzado a perforar
el cielo esta mañana; pero no saben
de las astucias del Otromundo
para la síntesis y la analogía, y desconocen
asimismo el vasto olor de vaca
del Cuarto Espacio.
La máscara altiva del Océano transporta
sabor de telaraña.
Bruñidas destilaciones serpean la Rama
en busca del nudo solar de los jugadores
devorados por la pelota.
Da la vuelta, cuero de hombre, para rebotar.
El bullicio en el hoyo del oído dura hasta
permitir que el sudor atraviese
el ojo del caballo.
Nada
allá se consagra sino por las derrotas de Sí
Mismo,
y todo irradia por el insecto
que suena mientras
hacemos porvenir
en la cama.
Torre de Marfil, Casa de Oro,
esos obreros malditos tocan la puerta:
abridles el pantano;
sus manos rasgan el papel que suena
en la cabeza del murciélago
y no toca nada aunque toda la noche y el cielo
volteen sin cesar.
REY COTIDIANO
Animal oscuro de dos manos
sobre la puerta,
tu boca es hermosa como el miedo
del último peldaño y
escapa volublemente
en mil copas solares
a través de la red.
Bestia pulida como el manubrio,
empapada como el pasamanos
en que se apoyan los monstruos
del carnero
al descender ardiendo en las virutas.
Animal de la puerta sucesiva,
te oyes
correr en sandalias que no ensayas.
Te oyes temblar, y es sólo
el Corazón
detenido en el cortinaje izquierdo
para que el viento pueda describir
su ondulación de perro
en las gramíneas.
Pero es sólo terror de asombrarte
en la hermosura
del rostro que practicas en el sueño.
Despiértate:
está listo tu semblante Inofensivo
y
puedes ya morir en tu provecho.
EN EL FONDO DE LA MANO
En el fondo de la Mano estuvo el pie.
Todos
caminamos por un préstamo de la Rueda a la Rama.
En el fondo de la Rueda estuvo el ojo
de la piedra de encender.
La estrella puede caer de pestañas en el barro
y apagarse.
Es doblemente blanca la llama de la Luna
cuando el agua comienza a morir por las cejas.
En el fondo de la Mano estuvo el limo
punzante de las uñas.
Arañar el cuello del Sol, sólo a las águilas
les es permitido
cuando trasladan por encima del mar
los haces de armas, pesados como el Fuego.
Aún no ha sido claveteado el pajar
con aquellos pies de grillo
en donde cantaba la pequeña tabaquera de
Schubert.
En el fondo de la Mano estuvo la llave
de la Cabeza Vendada,
en recuerdo del huevo de magnolia emparedada.
Estuvo el eje emplumado radiante del alcohol,
su caballo que duerme con los brazos cruzados
sobre el vidrio.
En el fondo de la Mano estuvo la veta de la
estatua
y el martillo
que puede ser oído saltando con la cresta
dividida en diez clavos.
Estuvo el lápiz reflejado en el perfil del trigo
cuando es más azul el foco de las crines.
En el fondo de mi Mano estará siempre
el hilo aturdidor de la cometa.
Sólo con él me es posible
escribir Poesía y volar
sin salir del terrible Lago de los Leones.
LA QUIMERA
No es precisamente de los corrales
de donde
brota.
Pero en sus inmediaciones, al brillo del zapato
subterráneo,
entre las listas de cosas y de ácidos,
extiende su pata de vaca
La
Quimera
con moño de geranio.
El terror de perder el estilo en medio del mal de
agujas
nieve abajo,
o de cicatrizar demasiado pronto
a despecho del freno que silba más allá de los
soles.
Y la Quimera escapa apretándose el seno con las
plumas.
Suspiramos entonces con el hueco del rostro
en el vacío.
Sólo dos campanas juntas pueden conocer,
boca con boca, un silencio mayor.
Su Membrana no está sobre las gárgolas del
palacio
ni sobresale
de las negras techumbres de mil ochocientos y
tantos...
Está de pronto sobre la punta de la nariz
rodeada por la visión difusa de los ojos.
Está de paso.
Un día los perros hambrientos de
los alrededores
se aproximan a nuestros
cementerios,
hurgan desesperadamente el suelo
y no llegan a conocer al hombre
sino en su olor de bolo de hierba.
‑Su Quimera es el Hombre.
BREVE HISTORIA DE BASHO
La puerta se abre por una necesidad de terror
descubierta en nuestra alma por el duende
y
vemos el baile diagonal del polvillo
y al sol con un dedo fuera de la órbita,
demostrándonos el paso de las nómadas a la gran
ilusión.
Pero éstas son sustituciones
suertes
lapsus.
El santo ansía extender la vena central de su
cuerpo
hasta el extremo mismo de la sagrada palanca
y, al desquiciar el mundo
sentir el tic‑tac
de la piedra preciosa.
La bienaventuranza supone sus propias
concupiscencias
sin bien ni mal.
Empleo sin empleo.
Cuando Basho el Poeta‑Zen llegó a la edad del
cordero
‑siglo X d. de C.‑ y escribía "Las Sendas del
Oku",
supo
que debía experimentar la entrada de las cosas
una a una
a través de la Puerta sin Abertura,
manteniéndose despierto bajo los párpados
de la segunda visión.
El Plexo Solar del Tao, tanteando con el dedo
gordo del pie
el barro sedoso del Camino
a través de los caminos,
hilo de seda del tránsito respiratorio
que corta la grasa del aire
y alimenta imperceptiblemente como la nutrición
de una pluma.
Así, cuarenta años
maduró la atención de Sí Mismo
sobre todos los nones cambiantes.
Y llegó cierto día a orillas de un bosque
y
tomó asiento en la hierba.
Mil años esperándole a él solo
una rana cargada
de huevos color de perla de lodo,
estaba allí
detrás
a orillas de una charca
esperando
que el soplo del Macho empujara la carga
encantada.
Y
saltó
y hubo ruido de agua y fue suficiente
y él oyó la armadura toda del Oído del Agua,
la forma sucesiva y la abrupta
y la entrada pura del charco de agujas
en el agua de vida
que ya estaba en El.
TE LLAMAS LUDO
Estamos aún maniatados
y ya empiezan a devorarnos
los de enfrente,
pues sin quererlo, no somos distintos
de las piezas de ajedrez
movidas por sus negras‑blancas
cuadrumanas.
Pretendo resistir tu olor
pequeño ratón
tu válvula rosada en los palacios,
pero es inútil
porque el gato del país
el gato expresivo
manzana de tinta, costilla de luna,
me arquea
sobre los breves crispamientos del tesoro
de la mujer mordida en la calle por su liga.
Y,
si comenzáramos a encendernos
y
a evitar las linternas
para llevar su carne
a las esposas encinta del Verbo sin comida?
Todo es pérdida
o demasiado libélula
cuando ellas quieren nadar fuera de estuche
contra la herida que aprietan sus rodillas.
Todo es pérdida.
Y, ahora,
al toro sin pastor,
al torno negro,
esas ojeras que sólo pueden ser absorbidas
con un pedazo de tiza
cuando rebasan la bola agrícola del ataúd.
Finalmente,
expuesto al Ego,
quién rodará cama arriba
por los surcos que agotan los muertos
al sacudir
uno en otro sus goteros?
Terrible es Supermán, el de los saltos de corcho
en la Casa de David!
Te amamos y creemos en Ti
y somos para tu servicio sin esquinas,
Señor,
pero ahí están nuevamente los de enfrente
esperando
que apostemos el alma
a cada cambio de sombra blanquinegra de sus
manos.
Con pequeños esguinces de lado,
sus caballos
soslayan la gracia de la Madre.
Torre de Marfil,
Casa de Oro.
Nosotros, sólo vinimos a jugar.
No nos propongas la Belleza.
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