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Um esboço de Leonardo da Vinci - link para page do editor

banda  hispânica

césar dávila andrade

 

 

POESÍA DEL GRAN TODO EN POLVO

 

EL  NUDO

 

A veces Uno quisiera hacerse un nudo

a lo largo del esqueleto único

en la parte más larga, más muda, más blanca,

aquella que se enredó trágicamente

en los cuernos de las Obras!

Y, no puede. ¡No alcanza!

Hacerse un nudo. Uno solo.

Mientras Ellos disparan, rugen, mienten, afanan, sudan, luchan, matan.

 

Negocios, Guerras, Sombras, Negocios, Guerras, Bombas.

Bombas, Bombas, Bombas.

Un solo negocio, grande.

Una sola guerra.

Una sola bomba.

Uno quisiera hacerse el último nudo.

¡Y no alcanza!

 

ROPAS AL VIENTO

 

Han estado la mañana entera tirando boquerones.

Púlpitos de aire al sacudón llameante

jala y baila mordidas a la cuerda

sobre las azoteas.

‑¡Zape, zute, hipa, jala, daca!

Se revolvían idas

vueltas

revueltas

zarandajas.

Preñadas a catapulta.

Putas de nada

zas en el aire como en un larguísimo albayalde.

Gallas infladas, desinfladas, fláccidas

Solares.

Las venturas vacuas

de estas ventrudas vanas.

Viento feroz de las Enajenaciones.

 

ENTRECEJO

 

Circunscribir un punto con un poema.

Instante súbito del entrecejo.

Tú.

Relámpago con uno de sus ojos en el lápiz.

Ojos

del compás sin radios ni horizonte.

Alfil de la circunferencia, ahogado en el solar del círculo.

Dolor único.

Gran dolor humorístico

que nos causa, a veces, un helado

en el profundo centro del cráneo etérico de Todos.

Ultimo pez‑espada de las Olas.

Gallo subido al espermatozoide.

Jerusalem,

mirada desesperadamente

por un fusil

desde el fondo

de todos los kilómetros del Mundo.

 

EL GRAN TODO EN POLVO

 

Del Gran Todo en polvo, el sol y el ananá

y el sentido que se oprime

contra la pared del astro medianero y

la esperanza como un aprendizaje

de la nariz en hilo del infierno,

nada sabemos. Estamos pintados dentro de la oscuridad

por manos contrarias a las nuestras

para reconocernos, más allá.

Y llenos de infinitos granos de roca, dormimos

sobre las rocas que nos

vigilan desde el Cielo.

Aldebarán, tus collares pasan en altísimos vuelos

sobre la granulación de las especies y

entre las fauces y los mares

se arremolina el sentido del peso universal.

La gran bala torácica nos aproxima cada noche

a nuestro corazón como a un eclipse,

hombre que vives arrimado al frontis

de tu casa de cal, los collares altísimos

de Sirio, llueven sobre tus ojos fijos

a otros collares y son polvo.

 

MEDITACIÓN EN EL DIA DEL EXILIO

 

Sólo el Infierno puede hacer verdaderos mártires,

porque la salvación es el peor de los descaros

en nuestra Época;

porque dura precisamente

el tiempo que se necesita

para preparar un nuevo Universo de Condenados.

 

Sí: el Infierno es un lugar quebrado hasta lo infinito.

Perro y caballo se alimentan siempre

del camino más corto entre dos puntos.

Busca Tú la Poesía.

 

Y, ¿recuerdas? ‑ Nadie podía salir

del paisaje natural sin perder

todo su vello

como el oso arrancado al útero de la osa.

Empaisajeados, dormimos cien años consecutivos

en el pueblo caliente de la mata de arena.

 

¡Y tú, Poesía sola, hecha de mente, de ladrillo y de persona!

Permaneces pura

hasta cuando te inclinas

sobre el plato de azafrán de las posadas.

Como ese grillo insalvable,

cantas con todo lo que te ha sido dado

en una sola noche de amor

y estallas al amanecer, con la última cuerda

del viento en la boca. [1]

Y Tú, distinguiendo siempre:

Agua, Tierra, Fuego, Éter.

 

Hasta que ese día de Corpus Christi, miré

la batea de sangre a los pies del cadáver (el cadáver

en posición fetal). Sí: el cuerpo se mantiene

sin nacer jamás, y soles nos dirigen,

pero las auroras están a ambos lados

y el Hombre, bocabajo, sobre la estera o petate,

entre cuatro velas:

                                   Fuego,

                                   Éter,

                                   Agua,

                                  Tierra.

 

Y las estrellas muriendo de púa como abejas. ¡Esa bala!

No era mortaja ni toalla sino país de heno puro, florido.

El éter duerme en los baños, en los astilleros,

en los calvarios;

el Fuego, lanzado al voleo cae en la tierra,

color de uña y rosario de los muertos.

¡Y tú, exilado!

¡Mano de Cristo en el cortocircuito de la araña!

 

TAREA POÉTICA

 

Dura como la vida la tarea poética,

y la vida desesperadamente

inclinada, para poder oír

en el gran cántaro vegetativo

una partícula de mármol, por lo menos,

cantando sola como si brillara

y pinchándose en el cielo más oscuro.

 

Atravesábamos calles repletas de sal

hasta los aleros, y la barba

se nos caía como si sólo hubiera estado

escrita a lápiz.

Pero la Poesía, como una bellota aún cálida,

respiraba dentro de la caja de un arpa.

 

Sin embargo, en ciertos días de miseria,

un arco de violín era capaz de matar una cabra

sobre el reborde mismo de un planeta o una torre.

Todo era cruel,

y la Poesía, el dolor más antiguo,

el que buscaba dioses en las piedras.

Otro fue

aquel terrible sol vasomotor

por entre las costillas de San Sebastián.

Nadie podrá mirarte como entonces

sin recibir

un flechazo en los ojos.

 

CENTINELA

 

Sin un solo suceso, la Noche

hace el vaciado de su calavera, y

los más duros ángeles,

desprovistos de sus armas y sus responsabilidades,

se acuestan sobre las alas plegadas

como en una nueva cuna. Pero los terribles

salvadores de la carne del mundo

empuñan fuego y retroceden milenios

para ordenar osarios y matanzas,

de acuerdo con la temperatura y las veleidades

del estroncio venidero... Ellos beben

nuestro sueño,

putrefacción de luna y diurnas contiendas.

Y sólo aquel uno,

poeta con sortijas de muladar labrado en roca,

escuchando el millón de grillos

que revienta de un solo amor,

sólo él

dispone de los más hermosos días

durante el tiempo de la Noche Antigua.

 

LUGARES SALVAJES

 

Y descendí a lugares enriquecidos

por trémulas conquistas,

por el cobarde pillaje de los ojos,

por las larvas de la concupiscencia

y de la idolatría.

Y encontré que estaban vacíos.

 

Ningún pacto obligaba a la atmósfera

a permanecer sobre aquel pálido suelo.

Ya no estaban nunca más:

ni mi pelo de limo de la tierra,

ni mis uñas atornilladas en lobo.

 

A través de punzantes injertos, oíanse

los pruritos del campo magnético

en el rostro del Santo de los Santos, y a veces,

la facultad sonora de los pueblos

disgregándose en tristes herramientas.

 

La Sala de Espera hacia el tremendo

cambio de persona por futuro, y

cada universo

sorbía nuestros egos con una paja de clavel.

¡Pálido suelo de miseria y alcanfor!

Oh Cosas,

oh Empírico Monarca,

sólo la infinita disolución

vuelve en billones a cumplirse,

mas ya sin criaturas.

El polvo y sus agujeros físicos

trafican con la Resurrección.

 

ABUNDANCIA ES LA MUERTE DEL CABALLO

 

El disco del Gran Día Pulido, y

su parte más alta en la frente del caballo.

Por agua hemos peleado, por agua

hinchada de monedas curvas. Y el bruto,

abierto el vientre, como un jardín

que rebasa la muralla, bebía

el estandarte como agua. Los gallos

cantaron electrones en desorden

y aquel sol duramente convicto de duraznos.

Claridad de cadáver sin vihuela

ni agua. Y aquellas herrerías por la redonda trompa

soplaron la metáfora en sus cascos.

Como un gabán de palo arrastró el carro.

Truenos marcados en damasco.

Graderías cosechadas a martillo.

Y no pudo rascarse los rubíes

con tantísimos caminos sobre el lomo.

Su motor verde

en lo profundo de la analogía

pidió agua

con la sonda

que llegó el día Viernes por la tarde

a la parte más alta de la Cruz.

 

ESFEROIDAL

 

Antes de llegar a ser y antes de llegar

a hogar alguno,

su alma, con un dedo sobre los labios,

y todo él en blanco,

como la noción del invierno

que desborda las capas de nieve.

Su larga espera de puente sin río, y

tan de sí mismo que,

de serle posible, naciera sin cuerpo,

de la unión solitaria de dos faltas.

Así,

él o yo, da lo mismo que Tú,

y todos escuchamos ese lirio mecánico

que respira debajo del navío.

Después de un banquete tan agudo,

todos lo mármoles ruedan desenredándose,

y un millón de nosotros,

fumando juntos en el gran inconsciente subterráneo.

Porque absorbidos en la flor compuesta,

te comemos un poco, dios mío, y otro poco

te exhalamos hacia las Hecatombes.

 

ESPONGIARIO

 

La forma esponjada de la lluvia

en los corrales y en los acueductos,

después de que pasan con su carga de azafrán los caballos,

ha estado creciendo sin fin

en las pacas de lana, concretas y mudas,

en las pacas de lana

auguradas en setiembre por los discos sacerdotales.

 

La forma esponjada de las escolopendras

y las orugas alimentadas con hojas de saúco

se arrollan sin rumor en la carreta de plumas

de las tumbas.

 

La forma esponjada de las muchedumbres estelares

‑astros y orugas de astros, estrellas novas‑

ha estado creciendo sin fin ni tiempo

en las cubas de vinos enterradas

hace millones de veranos fúlgidos,

e hincha ahora los focos de espermas cerebrales

en honor a la fuerza escarlata

de las hecatombes.

 

EL VELO

 

A través de la lejanía de los siglos y del sol,

a través de los barcos de café custodiados por papagayos

y de las palmeras muertas de flanco sobre el semen de las costas,

y a través del sol en lejanía de siglos acumulados

por los pueblos desaparecidos después de sus cánticos.

 

A través de los imperios, de los hechizos, de los archipiélagos,

de los túmulos, de las pirámides, de las hecatombes,

de los mástiles, de los istmos,

de las venas de magma enloquecido.

Oh Señor.

 

A través de los soles remotos con radios de cicatrices

y de los soles cubiertos de tumbas de arena repetida.

Y a través de los huesos dorados de las civilizaciones,

y a través de los haces de plumas de los ceremoniales

y de los varillajes de los grimorios.

 

A través de las llaves secretas de los coitos y de los crímenes.

 

A través de todo,

Tu Rostro, apenas, en vano,

como nada y como mucho,

como confín de todo y nada,

Tu Rostro,

en la picadura radiante del Velo.

Oh Señor.

 

TIERRA PURA

 

Todo lo que pudo ser premio, duración

del premio como consistencia, y castigo

como recuerdo,

ya pasó ‑¡hijo mío!‑. Ahora tú recibes

el espejo de señales de otras manos. Son médicos

que curan por potencias extrañas,

azogadas de terror para repetirte como nada,

pues quedas afuera.

 

Temblor es el recuerdo mientras agonizas

de cielo en cielo,

cayendo en el ascenso, porque tu dios

te alza para oírte sonar en cáscara y mortaja

y formas en deshielo.

 

La forma que fue tu patrimonio terrestre

sucedió sola en continuo aprendizaje

de tambores

sobre el sur del mundo,

allá donde tropeles se extenúan

en conquistas polvorosas.

 

Pareciera que duermes al despertar de ti

ante los olfatos de las bestias mayores

inclinadas sobre tu sepulcro,

que quieren izarte hacia su banquete,

pero sólo sonríen, untándose el hocico

en el gran candelabro de arcilla.

 

Y caes nuevamente en la tierra pura, desnudo,

grano pelado,

premio de varas que llovieron

sobre tus huesos, para escogerlos

sobre el palmo creciente del estío.

 

Te detiene la tierra contra el fuego.

Esta es

tu repetición de cuerpo y cuerpo para las siembras

 ‑como en una ondulada música de óvalos‑.

 

Penetra y recomienza,

como la planta de maíz que se enarbola

a sí misma

sobre la limpidez de un solo grano,

aquel que fue pensado para tallo

por la mente enterrada en cada foso.

 

COMPOSICIÓN

 

¡Además estaban los Adversos! Y entre los grupos

peludos del invierno, el pálido aguardiente salvaje

de los Andes. Períodos de profunda electricidad entre

las catacumbas. Súbitas divisiones de los sargazos

al caminar por la calle. Éxtasis de la grasa del carnero.

Legiones de girasoles sobre la piel del lobo

como un as de oros que necesita peinarse

para entrar en el salón. Largos bocados físicos

de las palmas del Domingo, " ¡Hosanna, hosanna!"

Océanos cortados a pico ante los botones

del hombre que nos da el pasaporte.

Y el paraguas del Calvario agujereado

hacia abajo para escondernos.

Salíamos de los más puros dibujos rupestres

y echábamos a correr desesperados

hacia la civilización y la muerte.

¡Los mediums, los mediums!

Y el ilíaco del perro, sentado dulcemente

entre los bulbos del lirio salvaje.

 

PERSONA

 

Persona, por favor, de calcio, de líneas

de betún y buril, persona. Los hombros así,

bajo los hombros, como si colgaran para la carga

o la sombra.

Persona toda tú. En nombre del Padre. Persona.

Más cal sobre más piedra. Personalmente.

Y en lo íntimo, detenciones y límites.

Es de derecho y de plexo. Persona.

Derecho personal en polvillo. Iris del hombre.

Persona, ya te tocan. Vuelves. Te asombras

de estar en el mismo sitio, entre personas.

Ha reventado el albedrío y desangras.

Es tu persona de sílice contra la de pómez.

Persona, tú y sobre ti la Persona Infinita

que te ama, pisándote las huellas.

Persona, no te olvides,

sal de ti ahora mismo.

 

ABALORIO SALVAJE

 

Los cielos,

colgantes de abismos aún más altos,

suspendían el asombro que retorna de la adivinación

como de una batalla volublemente ganada

en el fondo de un infierno de polen.

 

Invitaciones de las sinuosidades,

tejados, hojas, ascuas,

gotas que mentían como rodillas, al caer.

 

Y abstenerse,

para reunir en un haz todas las quintaesencias,

todos los vínculos prestados a la muerte,

en cristal,

por una hora.

 

Y cuando era imposible avanzar

por entre la tormenta de incitaciones y de ídolos

el alma dividíase en mil debilidades.

 

Sólo palpando la incoercible zona

podía recomponerse el acto universal

que la delicia esconde en evaporaciones.

 

PROFESIÓN DE FE

 

No hay angustia mayor que la de luchar envuelto

en la tela que rodea

la pequeña casa del poeta durante la tormenta.

Además,

están ahí las moscas,

veloces en su ociosidad,

buscando la sabor adulterina

y dale y dale vueltas

frente a las aberturas del rostro más entregado

a su verdadera cualidad.

El forcejeo con la tela obstructiva

se repliega en las cuevas comunicantes del corazón

o dentro de la glándula de veneno del entrecejo

cuyos tabiques son

verticales al Fuego

y horizontales al Éter.

Y la Poesía, el dolor más antiguo de la Tierra,

bebe en los huecos del costado de San Sebastián

el sol vasomotor

abierto por las flechas.

                                        Pero la voluntad del poema

embiste

            aquí

                y

                     allá

 

la Tela

y elige, a oscuras aún, los objetos sonoros,

las riñas de alas,

los abalorios que pululan en la boca del cántaro.

             Pero la tela se encoje y ninguna práctica

             es capaz de renovar

             la agonía creadora del delfín.

El pez sólo puede salvarse en el relámpago.

 

CAMPO DE FUERZA

 

¿En qué instante se une el buscador

a lo buscado, y

Materia y Mente entran en la embriaguez

del mutuo conocimiento?

 

¿En qué relámpago se funden los contrarios

como gota de esmalte

que deslumbra

la pupila central del  girasol?

Escuchad:

                                         Una detención

del milenario flujo de la respiración

sobre el húmedo vértice del aliento

y la ampolla de Éter

circunvala y detiene la cabeza erizada

del Dragón.

             El Sabor de la Piedra al pasar por el anteojo

 inaugura la fiesta de los quitasoles

y el ángel se acumula furiosamente en la ananá.

            Ombligo, Corazón y Retina

son saboreados por el áspid que mana

             sin cesar

de la Boca Santísima de la Carne.

 

EN EL PICO DEL COMPÁS DE BAMBÚ

 

Henchida de su Único amanece

            Hierba de la Mañana.

Sin poder tragar la luna,

su garganta

dista de ser la goma mística del embarazo,

pero como una campana a medio enfriar

conserva los brillos del pozo de los leones.

            Su metal

resplandece en la vieja rodilla lustrosa

            de Satán.

Rosa de piel curtida por los atrios,

Rosa de los mendigos

y de las prostitutas que brotan de las columnas.

            Cráneo sobre cráneo,

el mundo de los muertos

hincha el panal de yeso de Josafat

y sus ángeles son modelados por un salto de agua.

Sin embargo,

con un instante de percepción,

el universo puede ser detenido

y revisado

como un reloj que levanta las alas antes de gorjear.

 

OBRAS

 

Esos obreros malditos han comenzado a perforar

el cielo esta mañana; pero no saben

de las astucias del Otromundo

para la síntesis y la analogía, y desconocen

asimismo el vasto olor de vaca

del Cuarto Espacio.

La máscara altiva del Océano transporta

sabor de telaraña.

Bruñidas destilaciones serpean la Rama

en busca del nudo solar de los jugadores

devorados por la pelota.

Da la vuelta, cuero de hombre, para rebotar.

El bullicio en el hoyo del oído dura hasta

permitir que el sudor atraviese

el ojo del caballo.

Nada

allá se consagra sino por las derrotas de Sí Mismo,

y todo irradia por el insecto

que suena mientras

hacemos porvenir

en la cama.

Torre de Marfil, Casa de Oro,

esos obreros malditos tocan la puerta:

abridles el pantano;

sus manos rasgan el papel que suena

en la cabeza del murciélago

y no toca nada aunque toda la noche y el cielo

volteen sin cesar.

 

REY  COTIDIANO

 

Animal oscuro de dos manos

sobre la puerta,

tu boca es hermosa como el miedo

del último peldaño y

escapa volublemente

en mil copas solares

a través de la red.

Bestia pulida como el manubrio,

empapada como el pasamanos

en que se apoyan los monstruos

del carnero

al descender ardiendo en las virutas.

 

Animal de la puerta sucesiva,

te oyes

correr en sandalias que no ensayas.

Te oyes temblar, y es sólo

el Corazón

detenido en el cortinaje izquierdo

para que el viento pueda describir

su ondulación de perro

en las gramíneas.

 

Pero es sólo terror de asombrarte

en la hermosura

del rostro que practicas en el sueño.

 

Despiértate:

está listo tu semblante Inofensivo

y

puedes ya morir en tu provecho.

 

EN EL FONDO DE LA MANO

 

En el fondo de la Mano estuvo el pie.

                        Todos

caminamos por un préstamo de la Rueda a la Rama.

En el fondo de la Rueda estuvo el ojo

de la piedra de encender.

La estrella puede caer de pestañas en el barro

                        y apagarse.

Es doblemente blanca la llama de la Luna

cuando el agua comienza a morir por las cejas.

En el fondo de la Mano estuvo el limo

punzante de las uñas.

Arañar el cuello del Sol, sólo a las águilas

les es permitido

cuando trasladan por encima del mar

los haces de armas, pesados como el Fuego.

Aún no ha sido claveteado el pajar

con aquellos pies de grillo

en donde cantaba la pequeña tabaquera de Schubert.

En el fondo de la Mano estuvo la llave

de la Cabeza Vendada,

en recuerdo del huevo de magnolia emparedada.

Estuvo el eje emplumado radiante del alcohol,

su caballo que duerme con los brazos cruzados

sobre el vidrio.

 

En el fondo de la Mano estuvo la veta de la estatua

y el martillo

que puede ser oído saltando con la cresta

dividida en diez clavos.

Estuvo el lápiz reflejado en el perfil del trigo

cuando es más azul el foco de las crines.

En el fondo de mi Mano estará siempre

el hilo aturdidor de la cometa.

                        Sólo con él me es posible

escribir Poesía y volar

sin salir del terrible Lago de los Leones.

 

LA QUIMERA

 

No es precisamente de los corrales

                           de donde

 brota.

Pero en sus inmediaciones, al brillo del zapato subterráneo,

entre las listas de cosas y de ácidos,

extiende su pata de vaca

                        

                                         La Quimera

con moño de geranio.

El terror de perder el estilo en medio del mal de agujas

nieve abajo,

o de cicatrizar demasiado pronto

a despecho del freno que silba más allá de los soles.

Y la Quimera escapa apretándose el seno con las plumas.

Suspiramos entonces con el hueco del rostro

en el vacío.

Sólo dos campanas juntas pueden conocer,

boca con boca, un silencio mayor.

 

Su Membrana no está sobre las gárgolas del palacio

ni sobresale

de las negras techumbres de mil ochocientos y tantos...

Está de pronto sobre la punta de la nariz

rodeada por la visión difusa de los ojos.

Está de paso.

 

              Un día los perros hambrientos de los alrededores

              se aproximan a nuestros cementerios,

              hurgan desesperadamente el suelo

              y no llegan a conocer al hombre

             sino en su olor de bolo de hierba.

‑Su Quimera es el Hombre.

 

BREVE HISTORIA DE BASHO

 

La puerta se abre por una necesidad de terror

descubierta en nuestra alma por el duende

y

vemos el baile diagonal del polvillo

y al sol con un dedo fuera de la órbita,

demostrándonos el paso de las nómadas a la gran ilusión.

Pero éstas son sustituciones

suertes

lapsus.

El santo ansía extender la vena central de su cuerpo

hasta el extremo mismo de la sagrada palanca

y, al desquiciar el mundo

sentir el tic‑tac

de la piedra preciosa.

 

La bienaventuranza supone sus propias concupiscencias

sin bien ni mal.

Empleo sin empleo.

 

Cuando Basho el Poeta‑Zen llegó a la edad del cordero

‑siglo X d. de C.‑ y escribía "Las Sendas del Oku",

supo

que debía experimentar la entrada de las cosas

una a una

a través de la Puerta sin Abertura,

manteniéndose despierto bajo los párpados

de la segunda visión.

 

El Plexo Solar del Tao, tanteando con el dedo gordo del pie

el barro sedoso del Camino

a través de los caminos,

hilo de seda del tránsito respiratorio

que corta la grasa del aire

y alimenta imperceptiblemente como la nutrición

de una pluma.

Así, cuarenta años

maduró la atención de Sí Mismo

sobre todos los nones cambiantes.

Y llegó cierto día a orillas de un bosque

y

tomó asiento en la hierba.

Mil años esperándole a él solo

una rana cargada

de huevos color de perla de lodo,

estaba allí

detrás

a orillas de una charca

esperando

que el soplo del Macho empujara la carga encantada.

Y

saltó

y hubo ruido de agua y fue suficiente

y él oyó la armadura toda del Oído del Agua,

la forma sucesiva y la abrupta

y la entrada pura del charco de agujas

en el agua de vida

que ya estaba en El.

 

TE LLAMAS LUDO

 

Estamos aún maniatados

y ya empiezan a devorarnos

los de enfrente,

pues sin quererlo, no somos distintos

de las piezas de ajedrez

movidas por sus negras‑blancas

cuadrumanas.

 

Pretendo resistir tu olor

pequeño ratón

tu válvula rosada en los palacios,

pero es inútil

porque el gato del país

el gato expresivo

manzana de tinta, costilla de luna,

me arquea

sobre los breves crispamientos del tesoro

de la mujer mordida en la calle por su liga.

Y,

si comenzáramos a encendernos

y

a evitar las linternas

para llevar su carne

a las esposas encinta del Verbo sin comida?

Todo es pérdida

o demasiado libélula

cuando ellas quieren nadar fuera de estuche

contra la herida que aprietan sus rodillas.

Todo es pérdida.

Y, ahora,

al toro sin pastor,

al torno negro,

esas ojeras que sólo pueden ser absorbidas

con un pedazo de tiza

cuando rebasan la bola agrícola del ataúd.

Finalmente,

expuesto al Ego,

quién rodará cama arriba

por los surcos que agotan los muertos

al sacudir

uno en otro sus goteros?

 

Terrible es Supermán, el de los saltos de corcho

en la Casa de David!

 

Te amamos y creemos en Ti

y somos para tu servicio sin esquinas,

Señor,

pero ahí están nuevamente los de enfrente

esperando

que apostemos el alma

a cada cambio de sombra blanquinegra de sus manos.

Con pequeños esguinces de lado,

sus caballos

soslayan la gracia de la Madre.

Torre de Marfil,

 Casa de Oro.

              Nosotros, sólo vinimos a jugar.

              No nos propongas la Belleza.