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Introducción sucinta a su obra literaria
Jorge Dávila
Vásquez
Todos somos fruto de
nuestro tiempo. Incluso los hombres más geniales, aquellos que
rompen con la forma de pensar de su época, con los modos
expresivos artísticos y con la sumisión social anterior.
César Dávila Andrade cambió
para siempre la forma de hacer poesía en su pequeña ciudad, la
Cuenca de finales de los años 40, pero fue en todo momento,
incluso en los de búsquedas más intelectuales y metafísicas un
producto de su conflictivo tiempo y de su estirpe, intensamente
ligada a la historia de la región austral.
El ancestro, el pensamiento,
la experiencia, la escritura y la vida forman una sólida unidad
en Dávila, y evolucionan a medida que el poeta avanza en el
camino de la existencia.
Desde muy joven, ocurre algo
que caracterizará su contradictoria personalidad: se inclina
hacia dos concepciones vitales y filosóficas contrarias:
Lo místico. El rosacrucismo y
la masonería son vías por las cuales encauza su inquietud
espiritual.
Lo social. El socialismo le
parece una vía de rescate de ese ser humano explotado y
maltratado por el que sufre y se interesa reiteradamente en su
obra; por ello, se afilia al Partido Socialista Ecuatoriano.
Nunca abandonará sus ideas, más que de izquierda, progresistas,
pero jamás tendrá una militancia como sí la tuvieron otros
artistas de la época: Joaquín Gallegos Lara o Enrique Gil
Gilbert, por ejemplo; él se siente, sobre todo, hombre de
letras, no político.
Estas preocupaciones
convivirán claramente en su interior, llegando a veces a un
conflicto, cuya única salida era su inmensa capacidad creativa,
y con esas inquietudes se mezclaban muchas otras, que giraban en
torno a la condición humana y sus flaquezas.
Temas como el mal, ya fuera en
forma de enfermedad, pasión o muerte; el sexo como aniquilación;
el amor como ideal, aparecen de manera constante a lo largo de
su obra, son resultantes de sus preocupaciones reales y hundían
sus raíces en lo más vital del poeta y de su entorno físico y
social.
La poesía que data de la
década del cuarenta, es lo más popular de la producción
daviliana; esa obra, que se emparenta con el primer Neruda y el
Carrera Andrade joven, y que al finalizar los cuarentas él mismo
desdeñaba un poco.
Se trata de neo-romanticismo
(por la sensibilidad) y neosurrealismo (por la expresión), pero
se revela ya en esta producción del período cromático la
verdadera estatura del poeta. Veinte poemas se publicaron en el
libro Espacio me has vencido,pero muchos otros no aparecieron en
volumen jamás. Hay composiciones de particular hermosura y
calidad en esta producción inicial, particularmente algunas de
las cartas y canciones del libro primogénito: "Esquela al
gorrión doméstico", "Canción a la bella distante", "Invitación a
la vida triunfante" y "Espacio me has vencido";y otras
contemporáneas, como la inmortal "Carta a la madre", quizás el
más entrañable y amado de sus poemas, "Canción a Teresita" y "Oda
al Arquitecto"; estas dos, de lo más hermoso y acabado de su
creación.
Llamamos período
experimental-telúrico, al segundo lapso creativo. De este, en lo
telúrico, lo vinculado con la tierra americana y sus habitantes,
sin duda, la pieza fundamental es Boletín y Elegía de las Mitas,
monumentoépico-lírico al indio ecuatoriano. Y en lo que respecta
al experimentalismo, señalemos el libro Arco de Instantes y el
poema "Catedral Salvaje", de gran belleza, pese a ser un tanto
desarticulado, tal vez por su enorme extensión, o porque el
escritor se deja arrastrar por la catarata de imágenes que lo
inundan todo.
Arco de instantes es libro
nuclear en lo experimental y muestra los resultados, no siempre
exitosos, del intento de superación de la primera lírica
daviliana, que llega, lo repetimos, hasta fines de la década del
40, como también del imaginismo gigantista y caótico de
"Catedral Salvaje".
El poeta quisiera desterrar el
esplendor verbal, las metáforas suntuosas y la idealización de
la realidad. Para ello opta por una expresión que quiere ser
despojada, desnuda, pero cae en la ambigüedad del vanguardismo y
de lo surrealista.
Verdad es que surrealismo y
audacias innovadoras no bastan para ocultar las heridas vitales,
las lacras y las frustraciones que subyacen en el fondo de esta
obra; pero ello no impide su poderosa presencia en la mayor
parte de los textos. El sueño es insuficiente para refugiarse en
él y olvidar "los pasos rotos" y "la blasfemia de los ebrios";
la situación del poeta y del hombre en general, "ahogado en
piedra, con un cielo enloquecido en el corazón"; su peregrinar
por "calles, moradas, antros, desfiladeros del dolor civil"; su
conciencia de ser un "inútil puro"; su desesperada búsqueda de
esa "esquirla de los Espejos del Altísimo", de aquella sabiduría,
apenas intuida, pero hacia la que irá en adelante, libre ya de "la
basura chispeante" de cuanto escribiera en el pasado.
Arco de Instantes es
íntegramente poesía de un surrealismo tardío, pero intenso; cada
uno de sus poemas contiene siquiera una de esas desconcertantes
imágenes en las que impera lo sorprendente, la asociación
impensada, insólita, como es frecuente en manifestaciones
artísticas de esta tendencia.
Por ejemplo: "El organista
busca en sus gabanes, las manos de unos novios, los límites del
péndulo y de los clavicordios". ¿Cuáles son, podemos
preguntarnos, las ligazones entre los elementos de esta imagen?
Posiblemente sean tan subterráneas que no lleguemos a
descubrirlas; pero, se produce ese shock que es frecuente en la
poesía del surrealismo; ese desconcierto al tratar de establecer
los parentescos que unen a un organista con las manos
espectrales de unos novios, imposibles de ser encontradas en los
bolsillos de un gabán fantasma, y peor aún en compañía de los
límites del péndulo, en su perpetua oscilación, o de los
clavicordios, con su evocación de pasado.
En ocasiones, la atmósfera de
extrañeza es tan fuerte y la dosis de sueño que se desprende de
las imágenes tan densa, que poemas enteros se vuelven difíciles
de interpretar; es como si el poeta cerrara con una llave de
misterio el código usado para la composición, y no dejara lugar
sino a intuiciones.
Por cierto, se dan excepciones
como la vívida "Infancia muerta, o el desgarrado Origen", o de
poemas plenos de vivencias directas tales "El ebrio" y
"Hospital", o de esa única presencia de la geografía en este
volumen La Corteza Embrujada, un nombre que fue una de las
obsesiones de Dávila.
En estos y en algunos más, la
realidad, los referentes emergen de la complicada trama
surrealista-vanguardista, y lo hacen con todo su amargo peso;
pero, ya Dávila ha empezado su incursión en el hermetismo, con
la decisión de quien se lanza a las titánicas "batallas del
silencio", aunque conoce que su "afán de Paraíso está en
desgracia" y quién sabe si su voz "a las puertas de un Dios
mudo".
Del último tiempo, al que
quienes han estudiado a Dávila coinciden en llamar período
hermético, sus mejores composiciones son las que contienen la
poética del autor, es decir sus ideas sobre literatura, estética
y vida, como "Poesía quemada" y "Tarea poética".
De la narrativa, las grandes
piezas son "Vinatería del Pacífico", de la etapa inicial, cuento
realista, pero de un desgarrado lirismo; la mayoría de los
Relatos,su obra del periodo de madurez, que la conforman piezas
narrativas impresionantes por su hondura humana, por los dramas
terribles que plantean: la enfermedad, la muerte, la
descomposición, el olvido, la locura, el mal, y dignas de
admiración también por su extraordinario sentido de lo poético;
y "El viento", "La carreta de heno" y "En la rotación viviente
del dodecaedro", del tiempo final y hermético; cuentos, sobre
todo el último de los mencionados, en los que se mezclan las
ideas extrañas de las que estaba saturado el autor, y la poesía
más intensa, de manera admirable.
En la prosa no ficcional, son
excelentes sus Evocaciones,del primer período, en las que con
una gran economía de la lengua, pero también con un notable
sentido de la caracterización del personaje, consigue pintar
para nosotros a algunos de los seres que admiraba, como Ghandi o
Antonio Machado; Magia, yoga y poesía, importantísimo ensayo
sobre poética, escrito en pleno período hermético, y algunos
micro ensayos, aparecidos frecuentemente como artículos en el
periódico El Nacional de Caracas, entre 1950 y 1966. |