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Héctor Rosales: mientras la
lluvia no borre las huellas
Juan Manuel Vázquez
La
publicación del libro de Rosales propone un nuevo acercamiento a
la obra gráfica del notable artista gallego Alfonso Rodríguez
Castelao, cuyos dibujos, junto a la voz del poeta uruguayo,
recorren temas sociales comunes a Galicia y Latinoamérica, en
una unión expresiva de hondo aliento crítico y perturbadora
vigencia.
Al
hablar o escribir sobre Galicia no se puede obviar la obra de
Castelao, ensayista, periodista, político, dibujante y un
intelectual que no presumía de ello.
En
el presente libro, el poeta uruguayo Héctor Rosales suma su voz
crítica a las imágenes de estilo impresionista que Castelao
dibujó entre 1931 y 1938. En ellas nos muestra unos personajes
del pueblo gallego hundidos por el hambre y la miseria,
subyugados constantemente por el poder de las clases acomodadas
y el fascismo.
Rosales está afincado en Catalunya desde finales de los setenta
y ha desarrollado su carrera literaria en Barcelona, aunque no
ha perdido el contacto con la cultura uruguaya, de la que es un
representante reconocido. Tampoco ha renegado de sus raíces
gallegas, como demuestra este proyecto que él ambicionaba desde
los años ochenta.
Los
que conocemos la trayectoria poética de Rosales podemos
comprobar en esta obra un cambio de estilo, más de contenido que
de forma, hacia la problemática social y política, en este caso
de una Galicia azotada por la indigencia y la guerra civil
española.
En
otras obras como “Desvuelo” o “Alrededor el asedio” los temas
más comunes eran la memoria, el exilio, el individuo que busca
su propia identidad, el vacío metafísico de este fin de siglo o
la represión social que él vivió en Uruguay. En “Mientras la
lluvia no borre las huellas” su poesía interpreta perfectamente
estos dibujos de Castelao, cargados de un expresionismo que me
recuerda mucho a “Los caprichos” de Goya, y a otros artistas
como Bosco o Brueghel que Castelao conocía bien, especialmente a
partir de su viaje a Bélgica en 1921.
Los
personajes que van apareciendo a lo largo de la obra son muy
diversos, siempre dentro de la sociedad rural gallega, un mundo
que Castelao comprendió profundamente. Y todos están retratados
con rostros consumidos y degradados por la pobreza, la desgracia
o la violencia. Como por ejemplo “A tola do monte” (la loca
del monte), donde una joven aldeana sufre una violación que
la trastorna, frustra sus ilusiones, y la convierte en una
criatura marginal y solitaria. En este bello poema Rosales
recupera uno de sus temas más característicos, el enfrentamiento
entre individuo y sociedad, y en este caso, la lucha encarnizada
por la supervivencia en el mundo rural gallego.
Siempre son los débiles y los más desfavorecidos por la economía
los que salen perdiendo. Muestra de ello la tenemos en “O
enfeitizado” (el hechizado), un niño que sufre las
consecuencias de una familia derrotada por la ignorancia, la
fatiga y el odio. Los niños son los tristes protagonistas de
otros poemas como “Le mataron un hijo” o “Supervivientes”, en
los que el poeta sabe resaltar la mezcla entre la inocencia de
los chicos y la desgracia que les envuelve. La denuncia social
sigue en poemas como “A verdade” o “¿Qué comerá el rey?”, donde
la voz de Rosales se hace grave, pausada, e incita a una
reflexión profunda.
Los
desajustes económico-sociales de la sociedad gallega en
determinadas épocas forzaron al pueblo a la emigración. Este
tema tan propio del mundo rural de Galicia lo encontramos en el
poema “Él no quería morir allá”, el típico emigrante que sueña
con morir en su aldea y para quien el tiempo no tiene otro
sentido que el retorno al hogar familiar: “Fueron tres
décadas / lijando al hosco gobierno de los almanaques.” El
vivir cotidiano para el emigrante es un obstáculo que frena su
destino y creo que aquí el poeta expresa con gran maestría
lírica el sentir de la mayoría de la población gallega emigrada.
El
lado más oscuro de la emigración y el exilio, la represión
política, aparece en poemas como “Cobardes” o “Así aprenderán a
no tener ideas”; aquí el poeta dedica sus versos más
contundentes a la denuncia del fascismo con todas sus caras, y
cita a los opresores con la fría muerte que tarde o temprano se
reirá ante sus rostros: “Ni un disparo,
ni un objeto de metal / punzante...”
Al
final también queda un lugar para la esperanza en los poemas
“Evasión” y “Levántate peregrino”. En este último, el gallego
tumbado ante el buitre (la amenaza de muerte) ya no resiste
tanta pobreza y dolor, pero parece que el poeta confía en que
recupere su dignidad y su ser, la tierra, la misma que: “(…)
ha tragado tus generaciones anteriores / y a tus hijos
disgregados esconde y siega.”
A
través del libro el poeta se identifica con aquel espíritu
luchador que caracterizó a Castelao en defensa de su pueblo, y
aún más, en defensa de la dignidad y la libertad en cualquier
tiempo y lugar. Rosales, con un lenguaje más desnudo que el
empleado en otras obras suyas, retoma la realidad de los dibujos
castelanianos para destacar la vigencia de sus temas esenciales:
la denuncia de las injusticias, de las penurias del pueblo y de
la opresión del poder fascista.
Decía Castelao que el gallego enfrentado al poder, o se conforma
o se va, y esta obra planta cara a la prepotencia de los
opresores. En tiempos en los que Galicia sigue mostrando
ejemplos de caciquismo, es necesario que escritores como Rosales
nos recuerden la figura de aquel gallego universal que no cesó
en su lucha aunque estuviese lejos de la tierra de Breogán; y
espero que muchos sigamos este camino mientras la lluvia no
borre las huellas. |