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Cordero de luz,
de
Mauricio Otero
Guillermo Soto
Como
siempre sucede, se comentaba que el poeta osornino, que no
editaba en papel desde 1995, tenía terminadas las fases de
impresión de esta obra, concretamente con Gráfica LOM, noticia
que se confirmó al cierre de este número.
Visitamos al vate volcánico en su residencia, en el centro de
Osorno, un día de los que los sureños llaman ‘llueve y sale el
sol' (y vuelve a llover). Otero nos solicitó acudir en la tarde,
pues había dado ‘la noche con la mañana', tras una maratón de
lectura. ‘Espero sea la crónica de una revida anunciada', nos
dice sonriente. Los libros están por todas partes y siempre
tiene uno en la mano marcado; ‘éste no lo he rayado con notas,
he cometido muchos librocidios, pero Las mil y una noches
siempre se salva', ríe con una sonrisa fresca y no deja de
hablar con ansiedad y entusiasmo. Se ve dichoso, ‘a pesar de mis
dolencias. Nacido en 1960, este solitario empedernido está
‘casado con la poesía y es muy celosa': salvo amores tormentosos
y aventuras dulces, no se ha matrimoniado ni tenido hijos. ‘Uno
llega a amar la soledad, el estar leyendo y escribiendo de la
luz a la oscuridad.' Piensa que el amor está condenado por el
avance del Sida: ‘Es más serio de lo que se pensaba… ¡Los
criminales lo han logrado!, nos van matando por millones, aunque
tengan las vacunas no las darían para comerciar con los
medicamentos. La muerte es un negocio muy lucrativo', sentencia
muy serio.
Luego, acomodamos nuestras grabadoras y se inicia el
cuestionario.
P: En el umbral del lanzamiento de esta obra, como tú la has
categorizado, de madurez vérsica, siendo la tercera en papel de
un total de cinco incluidas las digitales, ¿cómo sientes el
momento de la poesía chilena y si piensas que están dadas las
condiciones para una apreciación real de la magnitud de un
trabajo incansable como el tuyo?
R: La poesía chilena es de las mayores de la edad moderna, con
autores que resuenan en el ámbito universal con inmensas luces,
con dos premios Nobeles mediando menos de tres décadas, (Mistral
y Neruda) y con genios luciferinos aún no desentrañados y cuya
tarea es de toda la eternidad, podríamos decir, pues si leemos a
Rosamel del Valle, Humberto Díaz Casanueva, hijos de algún modo
de Vicente Huidobro, en un país de tradiciones conservadoras
donde ha sido difícil imponer nuevas preceptivas, con una
crítica nacional no del todo propicia a dar salvoconductos de
buen comportamiento a vates rarefactos, aun así, pienso que hay
un nicho para la poesía que vengo desarrollando, prima de esa
corriente que emerge con los poetas nombrados, del lado de las
tinieblas, del tornasol y de los Orfeos y de la filosofía
prometeica, ya mítica, de desgarro, de vitalismo, de buceadores
de lo imposible. Si bien en mis dos poemarios impresos
anteriores, esto es, “Testimonios de El Hombre” y “Poema de La
Creación ”, se ciñeron a un correlato de las escrituras sagradas
judeo cristianas, como sus nombres lo indican, y este tercer
volumen se presenta con una dicotomía in escritus, pues “Cordero
de Luz” es identificable con esa tradición, empero el lector al
enfrentarse al texto hallará un “blasfemo coronado”, en un
corpus sinfónico que no deja fuera elementos de ningún aspecto
de la modernidad ni de la tradición, vale decir, siendo un libro
juzgado como “bellísimo y alucinado” por gente que ha tenido la
ocasión de leerlo, toca temas de derechos humanos, política,
aunque no tan directamente, pues no es mi estilo el discurso ni
la propaganda, que tienen lugar en otros ámbitos, acaso más
ordinarios y de lucha, pedestres; no obstante en mi libro se
encuentran poemas que enuncian problemas cotidianos, éstos están
traspasados por un prisma celéride y de angustiantes velos,
donde el desgarramiento son aullidos o gemidos sordos, inscritos
en los versos, tensos, al límite, vibrando siempre entre la paz
y el caos, como lo constituye mi paisaje austral, de lagos y
volcanes, donde el Osorno, es el gigante colosal que siempre
mudo, nos está amenazando con una belleza que bien se podría
decir, vigilante, acechante de nuestra historia, de nuestra
lengua, de nuestra sangre, de nuestra forma de vivir en este sur
mitológico y a veces, para el visitante en época de inviernos,
en un infierno de lluvias y relámpagos y truenos, en el que
vivimos, pasamos la vida los sureños, cosidos por el telar de
los cuerpos líquidos que pasan como fantasmas en tardes de
aguaceros y se disipan de pronto en unos oasis de nieblas y
nubes que semejan pequeños edenes encontrados en los valles, en
los bosques milenarios, en los fríos vahos que emergen todo el
día en un mundo de ríos que lanzan sus brazos desesperados y
trémulos por todos lados, como si fueran imposibles pulpos de
agua dulce que se llevaran lo que hay a su paso, arrastrando
nuestra desolación y dejándonos estupefactos, en una tierra de
fuego que arde como una ninfa en celo por tantos desengaños y
esperanzas. Y entonces aparece el carnicero celeste del sol y
hace estallar miles de astros mágicos como en Las Mil y una
noches, ya que el panorama ante nosotros, es de un ilusionismo
patente que se disipa entre una nube y otra, entre un viento, un
sol, muchas lluvias, escarchas y voces broncas, de trabajadores
que van a sus labores, de comercios arrasados por la
globalización, el provinciano resistiendo esos embates, y claro,
ante ese espectáculo mi poesía no permanece indiferente, y da
cuenta, de manera polifónica, y al decir polifonía es un hecho
cierto, se dan como en una novela varias voces que alternan
incluso firmadas por personajes dentro de la obra con un mundo
propio aunque en el complex la voz es una, como una orquesta. Y
no es casual hablar en estos términos, pues quienes han leído
como primicia la obra, refieren de la ‘alta música verbal'.
Quiero pensar que el Chile XXI puede llegar a entender
exquisiteces, creo, con todo, que hay un sector de lectores que
se pueden detener y empaparse de mi mundo, un mundo cerrado, un
mundo propio dentro de mi ambiente, de estas atmósferas de
magia, de tornasoles, de infaustas y faustas jornadas, pues ya
soy mi paisaje, mi volcán, mis lagos, mis ríos, y los guiños que
el vate le va haciendo a la inmensa locura de la posmodernidad
en una ciudad de doscientos mil habitantes en el casi fin del
mundo, que no tiene bolsa de valores, empero hay accionistas,
que tuvo el nivel de progreso que en 1938 cuando nos visitó
Gabriela Mistral, donde diez mil personas salieron a las calles
a vitorearla, (reitero, hoy tal vez ni un jugador de fútbol o
una estrella de rock reúne una muchedumbre de estas
proporciones, ni aun en la capital), pero así era mi Osorno, un
volcán abalanzado al mañana con jubilosa alegría y con golpes
tremendos de la propia mágica naturaleza, como los terremotos
del año 60, cuando nací y se abrió la tierra devorando cuerpos y
destruyendo todo a su paso. Osorno no dormía una siesta de
siglos como otras ciudades, así expresó la Mistral , era la
perla del sur, más preclara. Pero esta perla con tantos golpes
se ha ido opacando, existe una decadencia por la misma
modernidad, la globalización, que hacen estragos mayores y eso
se nota en naciones centralizadas como Chile, donde el progreso
se concentra, en pocas ciudades como en pocas manos. En esta
realidad, el poeta, el augur, no podía sino entrar en trance y
emitir sus rayos dislocados, mas portadores de sentido. Me cabe
afirmar que puedo explicar cada poema y esto porque lo que
escribo si bien surge desesperado y ansioso al borde de un
vagido, medito todo el tiempo embargado de mis lecturas
literarias y vario tipo. No puede ser sino raro y paradójico que
yo haya escrito el que sea el primer libro de poesía de ciencia
ficción en Chile, en este sur decadente, entre 1992 y 1998, que
además lo publiqué digitalmente con ese nombre, “Poesía de
Ciencia Ficción”, con Mágica Web, para todo el mundo. Y con ello
quiero decir, que no obstante la realidad contradictoria, soy un
poeta integrado al mundo por Internet, con múltiples presencias
en medios mundiales, Estados Unidos, Suecia, México, Buenos
Aires, Canadá, Santiago, Perú, los zapatistas, etc, foreando,
activista de derechos humanos, hablando para el mundo en radio
Francia, en televisión española retratado, etc, no he dormido la
siesta de que Gabriela echó de ver que en Osorno no se hacía tan
tempranamente. Soy un hombre de ciudad, y nunca he vivido en el
campo, y mi poesía está tal vez fuera de lo folclórico por serme
fiel, auténtico, soy un poeta moderno sin lastres de ese tipo, y
no digo que estén mal, sino que no son parte de mi mundo
poético, en este Osorno paradójico y de muchos mundos en uno,
colonias prácticamente cerradas y también de un clasismo
insoportable, de pequeñeces, pero con gente de empeño que
forjaron esta república aquí sobre cien años.
P: ¿Qué sentido tiene el título de esta obra poética “Cordero de
Luz"-dentro del contexto general del libro y de qué modo está
estructurado éste?
R: Cordero de Luz, da cuenta de un sacrificio, pero de un
sacrificio por la luz, es decir, por lo que se ha dado en llamar
el bien, y en ese sentido el corpus textual va demostrando ese
sacrificio de múltiples formas, con desamor, dolor, angustia,
desesperación, desamparo, ratos de delirio y obsesiones…todo
transido de un belleza tal que hasta morir es bello, se enfrenta
a la muerte, incluso una de las voces líricas es un muerto y
luego otra más recuerda que lo estuvo y que ahora vive
nuevamente, en donde logra instantes primorosos y un pathos
poiético. Está constituido por voces cantantes, la voz
principal, como una ópera y luego las resonancias, de aquellos
que le acompañan en desdoblamientos, o con otras personalidades.
Hay un poeta que se firma como ‘Anónimo', y que representa a
todos los olvidados de este mundo en la historia universal y con
alusiones de política, de ver un mundo destruido, de dar la vida
(el cordero) para luego ver el triunfo de ese holocausto; como
hay un ‘Maestre', en un poema romance que en la obra no
desentona, pues forma parte de la coralidad y es coherente con
el corpus; de igual manera, aparece un ‘Conde' que es un
cronista en la conquista de América, que pareciera ser Cristóbal
Colón u otro de los ‘adelantados', esa coralidad se expresa en
temas y voces y en firmas o bien sin firmar, porque el tema
enunciado en los versos va entregando esa polifonía que te
hablaba antes. El cordero de Luz, también, es mi hermano Ulises,
fallecido en la dictadura con apenas veintiséis años, y es un
homenaje para él, del gran amor fraterno, de su bondad, de sus
nobles sentimientos e ideales puros, que es sacrificado y en una
muerte tan horrenda, no obstante nos entregó vida, no vida
eterna, sino vida, amor de otro modo.
P:¿Cuál es la visión de mundo que presenta en "Cordero de Luz"?
¿Existe una continuidad, una especie de viaje lírico con algunas
de sus anteriores creaciones o estamos en presencia de una
cosmovisión completamente distinta, nueva y o rupturista?
R: Este libro asume lo sacrificial, el dolor por el mundo que se
va perdiendo, por la decadencia, es un grito en el vacío, donde
es imposible que se le oyera, pero de todos modos, esa
inmolación del alma, ese viaje órfico no es en vano, pues el
poeta aunque aparentemente termina su canto desesperado y sin
saber al final lo que dice, trastornado, sale airoso hacia un
nuevo mundo, acaso en un paso de danza en las tinieblas, pero
este vate que ha descendido a la muerte es posible que resucite,
que venza a la muerte, a la muerte del alma, que retorne del
averno con las palabras primorosas como ya estuvo escuchando las
voces allá en los abismos. Este libro es a la vez una
continuidad con mi escritura como una rumptura, empero rumptura
en que ya no se ven los mundos del mismo modo, hay madurez en
todos los planos, de lenguaje, de imágenes, de ciertas
ingenuidades que en mis libros precoces se podían observar. He
escrito y trabajado mucho durante los diez años que median entre
mi última publicación impresa y ésta; quienes hayan leído mis
libros anteriores verán el progreso, donde la mano es otra, con
imágenes sorprendentes de mayor creatividad y fineza, a un
tiempo que hay dentro de lo fatal una belleza en “alturas” de la
poesía nacional, tal comentan.
P: ¿Qué rol asume el hablante lírico dentro de ese contexto al
que usted alude? ¿Hay algunas metáforas que lo personifiquen?
R: No hay un solo hablante, son varios, y en el contexto
general, el rol es blasfemo, a ratos luminoso, nuevamente en
tinieblas, vuelve a hundirse y canta desde los abismos, gime,
parece clamar, pero es un viaje eleusino, si en ello le va la
vida que vendrá, la vida que ha perdido y que gana con el
descenso a los límites del dolor, porque los criminales de la
luz, o El Criminal que lo condenó al sabor de la acidez de la
muerte, se ve disipado, en un nuevo mundo, no en el paraíso ni
la vida eterna, sino una existencia de augur en libertad, la que
soñó siempre y por la cual dio su vida anterior. El sueño de un
hombre nuevo, que no sabemos cómo será, que es algo en proceso,
en esta globalización tan injusta y difícil y penosa para los
pueblos de la tierra, eso en el campo de la realidad, porque se
trata de metafísica de hondura, desgarrada por esta modernidad
mundial que golpea brutalmente al ser.
P: Se podría hablar quizás de una especie de "orfandad",
"marginalidad existencial" del hombre en su visión de mundo?
R: Sí, pues todo viaje al interior de la nada, es desamparado,
no hay cobijo, ni estado ni instituciones, nada, en absoluto, un
desierto de nada, como dijo Kayham, es el ser enfrentado a lo
terrible, a sus demonios, y eso debe ser y lo es siempre en
descampado. Le pasó a Cristo y otros muchos cristosos, hay una
pérdida en lo maligno, donde se requiere soledad, la
marginalidad total, porque el universo está vacío, no hay
existencia más que la del vate frente a sus terrores, a lo
horrendo, a la Muerte , donde la desolación es absoluta, ni
puede rezar, y si por desesperación trata de orar, es otra
forma, otro rito, diferente y donde está en juego la vida de
‘verdad', no sólo la salvación, sino la perdición para volver
sano de la muerte, de los vértigos infinitos y los retornos
odiseos eternos. Se ha elegido el camino más duro, por el que
nadie acude, pero es porque se volverá coronado, coronado por sí
mismo, con el encuentro con su amor colosal y último, mayor que
el amor humano, mayor que la muerte.
P: ¿Cómo se vivencian,(qué lugar ocupan) y vinculan en su obra:
hombre y dios; dios y el bien/mal; hombre y mujer; hombre y
lugar?...
R: El hombre es las voces de la desesperación, esas voces que
retan, que claman, que protestan contra el crimen luminoso, del
‘bien', por el cual se condenó a un mundo primigenio a sufrir
eternamente, antediluviano, cuando el planeta o el universo no
estaba dividido entre bien y mal, entre colores y clases y odios
diversos. Esas voces que desafían sufriendo aquello que no se
puede nombrar, blasfeman, provocan, son radicales, y no puede
ser de otro modo, pues se enfrentan al Poder Máximo, al Rey del
Universo, al pretendido monarca de la Creación , a la fe y al
orden establecido; es una blasfemia en que se ha visto acabarse
todo, las esperanzas, donde la vida ha cambiado muy poco, donde
a todos nos condenaron al padecimiento, en la realidad y en la
otra realidad metafísica el hombre común, este hombre, especie
de anticristo lleva a los débiles, a los castigados a un viaje
donde podrán hallar un consuelo revolucionario. El lugar es la
Tierra y la mujer también se ha perdido, de un amor inmenso ha
quedado el vacío, el abandono, la incomprensión, la soledad
eterna. Por eso no puede sino dolerse, pero dolerse en un viaje
definitivo, a rescatar al hombre puro, que se extravió en la
modernidad, donde fue derrotado y traicionado, mas él, ese mismo
hombre está dispuesto a creer, pero creer de otra manera, menos
inocente, a la rebelión del cordero sacrificado, ese es otro
mensaje del libro.
P: ¿Cómo ha evolucionado su poesía en cuanto a recursos
literarios, imágenes poéticas y tratamiento del lenguaje en su
proceso creador?
R: Hoy es más rica, más poderosa, de lo que ya prometía
anteriormente, hay madurez, los recursos se han desarrollado
inmensamente, ya no hay candidez, es una lectura no abierta, con
logros sustanciales y evidentes para cualquier buen crítico no
prejuzgado. Me he vuelto hermético, pero el hermetismo no es
cerrado cuando haya un solo ser que entienda. Al lector se le
exige, no es algo dado gratuitamente, como si fuera una crónica,
no son poemas cotidianos, se requiere concentración, detenerse,
conocimiento y meditar, sumirse en el pathos, tal vez los
lectores que comprendan habrán sufrido lo que hemos nosotros, ya
como autores, ya como personas, se requiere sensibilidad, y ella
viene dada por el sufrimiento, pues quien haya vivido o viva en
un mundo tradicional burgués no podrá comprenderlo. Las imágenes
son inverosímiles como deben serlo las imágenes, de un proceso
creador, acaso algunas dolorosas, o terriblemente bellas, donde
lo funesto se siente bello, se padece con cierta dicha, y el
lenguaje sigue en la senda iniciada en mis primeros libros,
buscando nombrar lo inefable, aquello indecible, valiéndose de
muchos recursos, neologismos, palabras compuestas o
distorsionadas, vocablos de otros idiomas, otras lenguas y
dialectos, al mismo tiempo la composición es lúdica y airosa, un
lenguaje con música verbal, con un conocimiento del lenguaje
maduro y ya delirante, pues para delirar se requiere manejar los
recursos, aun en la desesperación, se requieren datos, y a más
datos, como en las matemáticas, mayores posibilidades.
P: ¿Se podría considerar su poesía como de transición entre lo
que algunos críticos llaman "Poesía Contemporánea" y una Poesía
"Poscontemporánea"?
R: Me parece lo que manifiesta, en el sentido de que a pesar de
que me sitúo en las posvanguardias o desde ellas, he avanzado,
como se avanza, desde un lugar en la historia, con el idioma
madre, con amor, pero no un amor que excluya, hay en esta
polifonía necesariamente extractos, y he trabajado con los
poetas ingleses y franceses, chilenos, argentinos y peruanos,
alemanes, de modo que no es extraño ver indicios o huellas de T.
S. Eliot, Artaud, Pound, Lezama Lima, Germán Belli, el siglo de
oro, rumptura y tradición, simbolismo, orfismo, decadentes como
Leopoldo María Panero, surrealizamientos, lirismo, Huidobro,
Girondo, Juarroz, Vallejo, Díaz Casanueva, Del Valle, etc. Soy
transición entre esos periodos a la vez que un lugar renovado,
un aire fresco viene en este libro, Cordero de Luz. |