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Alejandro Oliveros: el sonido de la casa o la reflexión desolada

Julio Bolívar

 

La poesía no tiene residencia fija. Suele invadir los demás géneros y casi no hay gran libro donde no esté presente. Hasta puede afirmarse que en última instancia no hay literatura sino poesía.

José Balza

 

Algo une irremediablemente a la tierra, al lugar de nacimiento. Podemos cortar con todo, incluso con la familia, pero algo invisible queda, aguardando. Ignoro si lo que me ocurre es usual. Acabo leer un libro de poemas y ya estoy de nuevo en la vieja Valencia que cuidó mi infancia (feliz y llena de juegos). Se trata de El sonido de la casa (Monte Ávila Editores, 1983) segundo libro de poemas de Alejandro Oliveros, poeta y ensayista valenciano de una particular vocación y escritura. Junto a Reinaldo Pérez Só y Eugenio Montejo formó el consejo de redacción de la revista Poesía, hoy devorada bajo las batientes mandíbulas presupuestarias, igual como ocurrió con Zona Tórrida de la cual también fueron fundadores. Ligados a este eje estuvieron J.M. Villarroel París, Rafael Humberto Ramos Giugni y José Barroeta.

Hace ya más de diez años, Alejandro Oliveros publicó un pequeño libro titulado Espacios. Hoy, con esos poemas y otros que añade, realiza el nuevo libro, que ahora nos ocupa. Al parecer, este libro es la reafirmación de una visión del paisaje que desaparece de la ciudad pero que se reitera en la memoria del poeta.: "Veranean los sauces y eucaliptos / la grama deseca entre las piedras", dice en Espacios (1974). Y luego en el poema IV de los Nuevos Poemas: "Hace diez años, tres libros / sobre mi mesa. Afuera, / el desfile de cerros calcinados / y la sequedad infinita / de los campos de Valencia".

El trato con las cosas, objetos, paisajes y recuerdos es directo, no hay mediaciones, ni construcciones metafóricas. La imagen en el poema de Oliveros es autónoma, no la crea el poeta; ella misma (el texto) crea su propia identidad. El estilo de Oliveros es llano. Su trato es con lo real y sus bifurcaciones las da el lector. Podríamos afirmar que esta poesía tiene su proximidad con el imaginismo norteamericano. No olvidemos el entorno del poeta. Después de tres años en estados Unidos, las lecturas y estudios de poetas de habla inglesa, pudo ensanchar los vínculos con alguna otra poética. Tal vez en Alejandro Oliveros encontraremos algunas vinculaciones con Williams Carlos Williams. La comprensión del espacio en una poesía carente de fantasía donde solo interesa las vibraciones con el acontecer cotidiano, el roce con la memoria, desnudad de malabarismos verbales, es el contacto con la realidad inmediata y sus consecuencias personales, las perturbaciones familiares, los viajes, la presencia de la hija en la reflexión de su vida. "Esta navidad en Caracas / -la primera para ti- / ha podido ser la última / para nosotros. / Tu cabeza sin pelos / (...) Desde una cama portátil / observabas el negro vacío / (...) Las llamadas telefónicas sacudían / los techos y paredes / cada vez más secretas y ominosas / "¿Qué piensas hacer? ¿Te vas a quedar? / Medítalo bien" (...)" "Diciembre 1976)".

La virtud de esta poesía está en la memoria reflexiva de los hechos, en describirlos y a su vez reflexionar sobre ellos. Esto parece un signo en la poesía valenciana, así como la presencia del paisaje -que se revela intacto en la memoria-, la casa, la familia, los animales.

También posee otra virtud: la descripción objetual, que narra en forma tranquila la épica diaria que construye un mundo. El contenido de los poemas de Oliveros lo constituyen la naturaleza física y cóncava, las ciudades que con sus tercos recuerdos hacen vivir el poema. Oliveros intenta arraigar lo desarraigado que hay en el poeta, como un intento de reconocer en los recuerdos el presente: "Todos los días a las seis / oscurece la mirada / de este hombre solitario / en sus espacios". (Espacios).

Observar el discurrir de los días, ver desaparecer sus espacios es el triste designio del poeta, testigo de su vida. Sentir cómo pasan los años, las cosas, qué será de la ciudad, desbocamiento urbano y la destrucción material del recuerdo, hacen que Oliveros se acoja a los cálidos espacios que alberga en su memoria: " Era de noche y nos perseguían / por calles de Valencia / que ya no existen. / Los soldados disparaban / sobre nuestras cabezas (...)" Son sucesos del pasado reiterados en los sueños reales en tanto que memoria y acción cotidiana que no han cambiado: "Despierto. La tibieza / de tu cuerpo desnudo. Lo real". Hay aquí una atmósfera extraña de terror por los pedazos de ciudad que se presentan.

El tratamiento que Oliveros da a su poesía proviene de su concepto para verla en la realidad. Presentir con certeza que el poema es uno solo para el hombre, que no hay un lenguaje proscrito y uno público, y que: "Con los mismos pronombres y adjetivos / todos los poemas deben estar escritos / en alguna parte".

La tercera parte del libro aborda aspectos similares pero desde una vía más pública, más tímidamente política. Es un poema largo titulado "Fragmentos", con la misma visión bucólica de lo perdido: "Ahora es Abril y llueve / en Valencia y verdean / algunos pocos árboles / que todavía nos quedan / (...) Valencia fue construida / y reconstruida. El cemento armado, / el hierro y las cabillas / sobre los cuerpos, sobre los campos (...)".

Sin duda empieza una nueva fase: "Quisiera que estos fragmentos abarcaran la historia de este tiempo", confiesa Oliveros en una entrevista. Es el retomar lo perdido del pasado como estandarte: "Que se pueda ver en ellos mi tiempo". Largo poema narrativo, histórico, en la tradición de Eliot o del viejo Ezra Pound. Son las identidades del autor en las identidades o realidades colectivas. Bien sea su propia vida o vidas y hechos paralelos. Es su experiencia personal la llama y que expone siempre con un dejo de orfandad y horror ante las ciudades que transita: "No son esta ciudades / para el hombre, cada ciudad / es un exilio y nadie conoce / ni pregunta los pasos del amor". Este es el poeta que madura y reflexiona sobre su país, y la dialéctica que lo rige: "Checoslovaquia se transforma / en un estado socialista / y Perón compra sus trenes / mientras en el Círculo militar / se decide, como siempre, / nuestro futuro: ingresar / a la siniestra colección de dictaduras (...)". Así, nos encontraremos con otro espacio, el de las guerras, otra perspectiva. Ojalá no perdamos al poeta. "Que no sea la historia puesta en verso. Que sea la historia detrás del poema". Los acontecimientos históricos tienen suficientes historiadores, especuladores y farsantes, los tiempos actuales requieren con fuerza la presencia del artista que revele la poética y el lenguaje de cada suceso.

[Publicado en Vertiente Nº 5.19.]

 

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