|
Partes Mínimas,
de Esteban Moore
Ana María Russo
Esteban
Moore comienza su libro con una cita de Octavio Paz: "Cómo
olvidar que lo sabemos / Tiempo que entreabre los párpados / Y
se deja mirar y nos mira". Desde este epígrafe hasta el final
del libro, todo es un entreabrir tiempos, y hablo de tiempos
imaginados y de los que no se pueden definir históricamente,
como si el poeta pudiera ver remotas eras pero también pienso en
los tiempos del juego verbal, en la flexibilidad conque va y
vuelve manejando esas dos instancias y haciendo el recorrido de
este libro. Luego: "Tiempo que se deja mirar y nos mira". Moore
puede mirar el tiempo, puede alterar el orden y detenerse a
mirar. Momentos que "se dejan" observar por la mirada del poeta
que no puede "olvidar lo que sabe" y eso genera ese "entreabrir
de párpados" para que se revele el recuerdo, aunque este
franquear la imagen sea fragmentario ya que no entrará en los
ojos completa y abruptamente sino por el resquicio que dejan los
párpados entreabiertos, vale decir, que la evocación es
percibida permaneciendo en un estado meditativo, que a la manera
budista deja una suave contemplación de la realidad impermanente
con ojos a medio cerrar para que la mente haga su trayecto.
El fondo de la obra es aclarar la idea de "lo mínimo", este
mensurar es un contraponer, un desacomodar las medidas de las
cosas, un jugar entre la idea de grandeza y la idea de
exigüidad. Moore encuentra que esa grandeza global, ese mundo
central y extendido del siglo XXI puede ser alterado tomando
conciencia de lo minúsculo y uno y otro concepto construyendo
una alternancia que vulnere los parámetros actuales de magnitud
impuestos por el mundo (shoppings, macros, etc.) mundo
interconectado, mundo interactuando, enormidad nimia en la que
el hombre queda con su espacio coloquial desdibujado.
El primer tramo del libro es un constante escenario natural que
hace de la Patagonia un "lugar morada" en el que Moore
decide sostener su voz. Poemas en prosa en los que
deliberadamente incorpora lo terrestre y lo celeste como
fenómeno. Mínima naturae es la propia estructura de los poemas
que se suceden breves con cuidadoso tono que respeta una
atmósfera por momentos irreal. En medio de la amplitud de lo
desértico el poeta reflexiona haciendo una permanente metáfora
metafísica, en el espacio franco, extendido hasta la
exasperación el que deja al hombre fuera de su centro. Este
hombre que vive el siglo XXI también fuera de su centro, en el
lugar que le permiten los "no lugares" inventados para
ser identificados, construidos para perderse entre la gente.
Moore va describiendo esta parte de la tierra argentina
insistiendo y atestiguando que su grandeza es un dominio
universal a los ojos para poder tomarla hace suyos como puntos
de apoyo lo doméstico a mano: accidentes geográficos (planos,
pantanos, canales, ríos, torrentes, altas cumbres, glaciares);
momentos climáticos ("la onda de aire cálido") o "el viento que
sopla desde el desierto cristalino" elementos (piedra de metal,
canto rodado, guijarros, rocas, ceniza calcinada, esponja
magmática). Recurre a imágenes que transmiten un efecto
fortalecido en contrarios, tanto lo denso como lo etéreo, lo
fluido como lo inamovible, lo alto como lo bajo, lo opaco como
lo lumínico, lo ardiente como lo helado, comparten la
descripción. Lo natural con lo cotidiano va narrando un lugar
entre fantástico y conocido, los poemas tienen una impronta
fotográfica y un estado que fluctúa entre la creación del mundo
o su hecatombe última "el viento que sopla desde el desierto
cristalino tan blando como un terso cielo -anunciará del
universo, infinitas desconocidas geometrías / el más pequeño de
los detalles / los dominios de una agregada luminosidad" o "los
galaciares en la lejana patagonia impulsan / el tamaño -de su
acumulado volumen / -recreando bajo la magnitud de sus formas /
-una música de aguas".
La estructura de esta primera parte de la obra está trabajada
como una unidad con la Data que agrega luego del poema número
35, la que supone en cierto modo un cuaderno de bitácora para el
lector. En dicha anotación nos informa que cada título responde
a un verso de otro poeta, es así como trae a referencia nombres
que vale la pena citar y que sería conveniente transcribir en su
totalidad. Citaremos sólo algunos: poema N° 8 "In the main of
light", "En lo principal de la luz" William Shakespeare -Sonnet
60. Histories and Poems; poema N° 17 "Ciego discurso humano",
Luis de Góngora, Soneto CLVIII; o el N° 25 "catch the roar of
eternity" o "atrapa el rugido de la eternidad" -Jack Kerouac.
Poems of the Buddhas of Old. Lecturas diversas que acompañan al
autor y lo pluralizan, lo extienden, voces que se suman a su
voz, textos que soplan en la poesía de Moore y la disparan y la
connotan.
Lo que sigue del libros es Hoja de Ruta y luego un aparte
denominado Versiones en el que incluye traducciones de su
autoría, no olvidemos que Moore ha desarrollado esta labor desde
hace tiempo con sólida dedicación y profesionalismo. Pero
volviendo
a Hoja de Ruta, tengo la necesidad de significar el
estilo innovadoramente coloquial que hace de los poemas un
trayecto incidental y del lenguaje un espacio que genera otro
espacio de puntuación escritural. Valiéndose de barras y
guiones, Moore va dejando lugares que bien podrían ser
reflexiones, aclaraciones, mutismos o el tratar de acordarse
mientras va escribiendo el poema:
"Relata el poeta que -cuando regresó a visitar el lago -que
había conocido de niño -recobró -desde una perspectiva
renovada -la imagen de aquellos cisnes que con elegancia
aún nadaban allí
él estimó el número de los
mismos en -nueve y cincuenta /operación matemática
que no pretendía dar cuenta exacta -de la cantidad de aves
que - sobre el agua verde cristalina -sacudían sus largos
cuellos -y agitaban -el color -de sus alas extendidas -hacia
ese cielo cargado….
sólo buscaba
dice -la música de la cifra-“lo demás me pareció
irrelevante”: de " El viejo Bill explica un poema".
Asimismo podría tratarse de señales de esta Hoja de Ruta que
deja libradas al lector, lo cierto que el poema -tal como ha
sido transcripto es como una figura en el libro- deja explicarse
no en la voz del viejo Bill sino en el sitio en que el
pensamiento encuentra un espacio abierto respirable.
Experimentación que fragmenta, como son fragmentarios los
recuerdos. Y lo dice en "El tiempo labra las ruinas de la
memoria":
"De aquella noche -sólo quedan -recuerdos
los sonidos del lugar -el atareado ronroneo
en la noche caliente -del equipo -de aire
acondicionado -el chirrido de una cortina - que
se cierra - al resplandor de la ciudad"
El mundo lo asalta en el instante, y lo nimio, lo pequeño lo
hace sobresaltar y caer en la cuenta de lo inmenso que no tiene
explicación, un juego dialéctico que deja entrever aquello dicho
al comienzo, la meditación de ojos entrececerrados, la reflexión
entre el elemento cotidiano y lo cosmológico, lo existencial. En
lo lleno de la imagen narrada, aparece el vacío y los finales de
cada poema dejan una alteración de lo descrito para abordarnos
con un remate tan abierto como el enorme paisaje que refiriera
en la primera parte:
"...cerrás los ojos - pasa el colectivo y ahora -estás
al borde de tu cama -mirando la luz azulada-que
se filtra por las ranuras de la persiana -irradiándose
en las infinitas partículas -que sostiene el aire
......abrís los ojos y -no sabés que pensar "
"Tarde a la americana" es un encuentro en el que relata a
Bukowski leyendo un poema de Borges por la radio que se está
escuchando en un bar de la avenida Broadway: con parroquianos
que entre cervezas y Jack Daniels querían escuchar al poeta
borracho diciendo:
"
Dark, you will entyer the darkness that expects you,
Doomed to the limits of your traveled time.
Know that in some sense you by now are dead "
Ambos poetas comparten un homenaje trágicamente humorístico y
atípico. Bukowski habla de lo negro, lo oscuro esperando del
tiempo como único sentido de la muerte; y es el tiempo el que
queda desacomodado en ese bar de Broadway cuando cierra el poema
diciendo: "Borges estuvo ahí -con nosotros- (...) -y lo
acompañaba Carlos Gardel -te lo juro… … … que me caiga muerto…"
Moore articula y crea realidades paralelas en las que aparece un
sujeto que asegura que esto fue así, con el lenguaje de
adolescente mentiroso, tal vez para que el lector pueda pensar
que el poeta puede ser dueño de tantos escenarios como necesite
para intervenir la realidad y entremezclarla con el pasado, con
lo imposible, con lo irreal, con lo loco o con el deseo.
Para concluir debo decir que la unidad de sentido, de gráfica,
de estructura y de tapa, está formulada para saber que con este
libro, breve, de entrada estamos ante una decantación. La tapa
diseñada con tipos de letra que van declinando sus cuerpos sobre
fondo negro como una mínima etiqueta, marca adrede el estado de
despojamiento que tiene que ver con aquel trayecto de que
hablara antes. Esta etiqueta se apoya sobre una cubierta
metalizada, fría, propia de quien decide asépticamente
presentarse y nimia es la aparición, entre las líneas del fondo,
del nombre del autor. El diseño acuerda con aquel hombre
desdibujado en medio del paisaje. |