|
José
Máximo Figueredo: itinerarios para el crepúsculo
Alfredo
Fressia
En uno de los poemas de esta Antología
“personal” de José Máximo Figueredo (Melo, 1930), el autor
se dirige a la misma “Poesía” y afirma: “No
naces de mi mente,/ vienes de alma adentro”. Nacida “alma
adentro”, esta poesía autoriza a su autor a la libre expresión
del sentimiento, que incluye textos dedicados a su madre, sus
nietos, su tierra natal, algún amigo muerto. El lector, por su
vez, tiene el derecho y sin duda la obligación de elegir entre
estos poemas, como lo hace el propio autor con el conjunto de su
obra, y crear su “antología” de esta Antología. Algunos
caminos de la lectura, en este libro que reúne buena parte de la
producción de Figueredo (incluye poesía de Pagos de Cerro
Largo y otros poemas, libro publicado en 1989, pero escrito
entre 1946 y 1954, de Atardeciendo, 1993, y poemas inéditos),
deparan la mejor de las sorpresas: el encuentro de un poeta que
somete su caudal expresivo a una forma trabajada y sobria, a veces
brillantemente.
Tal vez el mejor itinerario para el lector esté
constituido por los poemas en que Figueredo pinta el paisaje, al
modo de Antonio Machado, un paisaje que contiene en sí mismo la
emoción y que se crea a partir de imágenes originales, a veces
inesperadas. Entre las sonoridades de la noche, el poeta puede
mencionar: “Clarinadas
alertas del terutero./ Chistidos de la torva lechuza”, y
agregar el “Pasar sigiloso
de los contrabandistas por sendas anónimas” (“Saldré por
los campos”). El poema “Sequía” recuerda la “Angustia”
en la obra de Alba Roballo: “Columpian
el aire,/ agoreros de muerte,/ los cuervos”, pero sin que la
agobiada pintura ceda a la primera persona. Son imágenes ricas en
expresividad como esos álamos desnudos “como
los hijos de los pobres”, en “Por los campos”, un poema
que tampoco esconde su diálogo profundo con la obra de Rosalía
de Castro, a quien el autor cita en el acápite de Pagos de
Cerro Largo.
Pero más que poeta de Cerro Largo, Figueredo es
poeta de Melo, que el autor aborda en varios textos como en este
machadiano “Atardecer”: “Se
enturbia el Cerro Largo en el horizonte ceniciento./ Ya cubren las
sombras los muros del viejo cementerio./ Piafa y corre un tren
sobre el puente metálico./ Cruza una avioneta planeando sobre
Melo”. Por lo demás, el tema expresamente urbano comparece
en la obra de Figueredo en los “verlaineanos” poemas que el
poeta dedica a la calle Alvear de la montevideana Villa Muñoz.
Poesía de la tarde, del crepúsculo, esta obra
firmada en algunos opus
en la colonia Saint Bois donde el autor sufrió una larga
internación (“Hospitalarias”), se detiene más en el “hastío”
que en la angustia. Y supera, con el trabajo de los cromatismos,
las sonoridades y el ritmo del verseo, la sensibilidad crepuscular
meramente romántica, como en “Atardeciendo”: “Rojos funerales del crepúsculo/ sobre los campos lejanos.// El valle en
sombras.// Los cipreses del viejo cementerio/ inmutablemente
serios./ (...)/ Me he
pasado la vida atardeciendo.”
Otro itinerario posible del lector frente a los 75
poemas de la antología Desde el olvido consiste en relevar
en el conjunto de la obra los signos que apuntan a la poesía “cósmica”
con que el autor quiso cerrar el libro. Una poesía metafísica
que no huye, en textos como “Gloriosamente”, a la influencia
de María Eugenia Vaz Ferreira y que logra imágenes
estremecedoras en “Tiempo”, el poema final: “(...)Y que ha de venir,/ primavera cósmica del amor y de la vida, empinado
en solsticios y equinoccios/ volando en alas siderales/ órbitas y
edades,/ en lucha sempiterna/ del amor, la idea y la barbarie/ en
titánicos esfuerzos milenarios/ de la especie: la bestia, el homo
sapiens.”
De la presente edición, se debe agradecer a la
Asociación de Escritores de Cerro Largo el rescatar “desde el
olvido” (por lo menos un olvido aparente y sin duda
“capitalino”) la obra de un fino poeta como Figueredo, quien
además parece haber rehusado los circuitos editoriales
montevideanos. Ya los acentos erráticos y ciertas faltas ortográficas
más gruesas resultan doblemente imperdonables cuando se imprime
un poemario de caminos tan valiosos como éste. |