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banda

hispânica

Banda Hispânica (collage, Floriano Martins)

Víctor Sosa

(Uruguai, 1956)

Obra poética

Sujeto omitido. Edición de autor. San José. 1983.
Sunyata. Editorial Praxis. Mexico. 1992.
Gerundio. Editorial UAM. México. 1996.
Decir es Abisinia. Universidad Iberoamericana. México. 2001.

Collage, Floriano Martins

 

Em defesa da poesia

1. Quais as tuas afinidades estéticas com outros poetas hispano-americanos?

Más que de poetas yo hablaría de poéticas que me son afines. Por ejemplo, las búsquedas concretas del grupo Noigandres en Brasil desde la década de los 60 y hasta nuestros días; la poética restauradora de Gonzalo Rojas, donde la sustantivación de la palabra -el juego homofónico, el ritmo cortado del verso, la amistad de los vocablos- se conjuga con aquello que antes se denominaba "fondo", y ese fondo, en Rojas, lleva el nombre de Erotismo -en un sentido amplio, aglutinante del término. Creo en las poéticas de la pasión inteligente. La llama debe arder -en el doble sentido de este término- pero debe convocar la lucidez de las palabras. Lúcidas-lúdicas-locas, las palabras; poéticas, las impúdicas.

2. Quais contribuições essenciais existem na poesia que se faz em teu país que deveriam ter repercussão e reconhecimento internacionais?

Desconfío de las fronteras nacionales cuando de poesía se trata. No creo que ni Uruguay -país donde nací-, ni México -país donde vivo desde hace 17 años- tengan una poesía específica, que pueda definirse política o topográficamente. La poesía responde al llamado de su lengua -"minha patria é minha lingua"- y, claro, al llamado de su época. El poeta vive como pocos su tiempo, su circunstancia, como decía Ortega y Gasset. Pero esa circunstancia, cuando de poesía se trata, rebasa lo meramente histórico, rebasa el periodismo y se inscribe, sincrónicamente, dentro de un universal poético que nos hace contemporáneos de Dante, Homero, y los que vendrán.

3. O que impede a existência de relações mais estreitas entre os diversos países que conformam a América Hispânica?

La raíz ilusoria de América Latina -L´amerique Latin, es un término inventado por Napoleón, para tratar, maquiavélicamente, de tener justificaciones intervencionistas. Desde ahí -sino de antes- comienza el engaño de esa hipotética identidad latinoamericana. Tenemos tanto de latinos, como de judíos, de árabes, de indígenas, de negros. Por cierto -salvo en el Río de la Plata- nuestros paises americanos tienen nada o muy poco que ver con Roma. Lo de Iberoamérica e Hispanoamérica, son términos menos engañosos pero que, de igual manera, habría que reconsiderarlos junto con la aberración napoleónica. Propongo un Congreso de Poetas -excluídos los historiadores, claro- que trate estos temas y que suscriba un cambio de nominación, con miras a integrarnos en este nuevo milenio, de una vez por todas, a la Aldea Global.

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Collage, Floriano Martins

 

Poemas

 

XVI

Las cosas caen por gravedad o por gaviota,
parece que perecen cuando tumban
-Titánic hacia el fondo de lo hondo-
y hacen temblar en su caída al mundo.
Caín -hijo mayor de Adán, el primer hombre-
cayó en el albedrío de la envidia.
Cristo nunca cayó, crucificado,
venció la gravosa gravedad humana
y en su servicio se elevó. Las cosas
caen al polvo, el fuego sube;
asciende en su virtud el hombre santo,
el ciego desasido del deseo
que en todo respira un mismo canto.
Si caemos, saber por qué caemos es preciso:
decirlo así no salva, salva el Verbo
que se oculta detrás de la palabra.

 

XVII

Queda, en cambio -ahora-, bien mirado,
sólo aquello que escapa: migraciones.
Si ni siquiera el rostro del ser ayer amado
fijamos al presente con certeza. ¿Es que
alguien amó, alguien fue amado en esa
fuga impersonal del fuego venturoso?
Nadie nada ama; es el Amor que solo
toma cuerpo, encarna en carnaval: en
carne amada; se enmascara en nosotros
y seduce, y se hace -en su efímero reino
y en su juego- pasar por la misma eternidad.
Pero abandona Amor la carne herida,
más temprano que tarde se hace viejo
el juvenil anhelo desmedido, y donde
fuego hubo sólo queda, letal e intermitente,
el dardo del dolor en la ceniza. Ese
dardo, ese ardor, esa es la llave,
el arcano mayor que te contempla
desde tu inquieto centro permanente
y te impele a buscar; busca la clave
de todo lo que hiere: más allá de la carne
está el Amor, no te detengas -que nadie
ni nada te detenga- y cuando encuentres
-si es que encontrar fuera en verdad tu sino-,
regresa al mundo en la apacible luz.

 

XXVIII

Retoña una vez más Fénix del alma,
no te amilanes, mata el mal que te arredra
y resucita que hay mucho -ya lo sabes-
por hacer: darle alas al Ícaro; izar, iterativo,
las velas hacia Ítaca para que siga Ulises
en este invernadero su bogar.
Forja en la fragua de la fe una espada,
inscribe en ese filo la abreviatura de tu ser
y abre en la fronda un llano; en esa frente espesa
de la jungla un límpido círculo de piedra
espera que lo traces -hazlo como haz de luz-,
centrífugo y centrípeto y perpendicular
al sol ya que será tu asiento, tu centro
en este mundo cuando un orden
puedas con tu espada concebir.

 

XIX

Sucesos que acaecen en la nada. Nadan
ahí, niegan la trascendencia; devienen.
Suceden ciclos cíclicos. La cima es simulacro;
símil de lo real, como esa escritura que fluye
sin son ni sonido real sobre el papel; simplemente
sucede como el sol o Sodoma y Gomorra -dicen.
¿Pero, quién dice esto que digo sin sentido? ¿Él?
¿Yo? ¿Lo que se sienta y sigue, aquí, por extensión,
por insistencia? Aquí lo tienen, como ayer,
en esa savia salobre por el mar y la madre. El mar
está allí y alguien canta -una mujer de Quebec
canta en la noche-, porque la noche se hizo
para cantar, para que ella cante ahora sin fin,
como quien escribe sin saber en verdad adónde
va, ¿adónde va la luz o el canto o la escritura
que avanza sin precisar destino cierto? No es preciso
saberlo, ¿sabes? -no precipites: prosigue. Sí,
lo sé, lo sigo por eso, para deshacer, deshilar
la simiente: la perla del saber sin celo.
La ciencia incierta de este devenir, de esta
prematura prótesis de vida: la escritura
es prótesis -no protestes-, pide que no pare
para no caer a renglón seguido en el vacío,
en la báscula ingrávida de la vida. Le vide
-como dicen, ¿quién? La voluntad, la voluntad;
ser voluntario de la consecución y consecuente
con eso que no se sabe pero pulsa
en el diapasón de la salida, en la diáspora del ser.
¡Pero qué sinceridad en todo! Me conmueve
tu toreo matador; mírate: monarca enancado
en ese reverbero sísmico; dolor es
lo que ata este desglose, el goce apenas
se siente en su ausencia; simio, palabras
y pirámides te preceden: Chernobil
en el aire de la palabra queda, si es que algo
queda en esta resta hacia el don de nadie;
amables ignorancias vocativas, ¿voluntad?
es lo que sobra para seguir si alguien
se atreviera a seguir en esta planicie del presente.
Demasiado presente agobia, petrifica,
fósil. Sucesos, que se llaman.

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