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Banda Hispânica (collage, Floriano Martins)

Ricardo Paseyro

Collage, Floriano Martins

 

Para enfrentar al ángel, de Ricardo Paseyro

Alfredo Fressia

En la "Noticia" que precede este poemario de Ricardo Paseyro (n. 1925), el propio autor señala que "sin demorarse en lo cotidiano, estos poemas se aventuran lejos: para volverse poesía, la palabra debe pasar por el otro mundo. La mía trajo, al retorno, los sones y los signos transcritos aquí". Efectivamente, la naturaleza órfica de la poesía asume en los textos de este poeta uruguayo un idioma y una sonoridad ("sones" y "signos") por cierto raros en la poesía nacional ulterior al ‘45.

Hombre de su tiempo, Paseyro vivió (y sufrió) las contingencias históricas de su generación. Y si reside en Francia desde 1951, lo hace sin desligarse de la realidad de su país, del que además ha sido representante diplomático, destituido durante la dictadura. Sin embargo, Para enfrentar al ángel (Editorial Verbum, Madrid, 1993) (como por lo demás el conjunto de la obra lírica de Paseyro, que incluye, entre otros títulos, Plegaria por las cosas, El costado del fuego, Música para búhos, El alma dividida) no deja constancia del lado exterior e histórico de las vicisitudes de una generación y de un país. "Yo vivo en un castillo: la Poesía", afirma este poeta deslumbrado de eternidad. Y si "Los mundos son despojos de lo eterno" ("La pupila"), el poeta aspira a esa "eternidad", y no a sus "despojos": "en el compás de mi palabra escrita/ caben sólo reflejos de lo eterno" ("Reflejos") son versos que atestan la voluntad neoplatónica que los mueve y el lamento de que en el lenguaje "ciego" sólo haya "reflejos".

Pero este libro de Paseyro no se encierra en un vano "torremarfilismo". Más bien sus cuatro partes ("Peligro", "Pantocrator", "La rueda" y "Los peregrinos nunca llegan") dibujan la pura tragedia humana ("En Afganistán", el "dolor de la vida" mencionado en "Las encinas", el paso del tiempo en "La rueda") y la busca de Dios, sorprendida a veces por el vacío en un tiempo detenido: "Es un joven guerrero. Las auroras/ lo recuerdan celoso en las almenas/ vigilando las cumbres y los valles./ Es un viejo guerrero. Las tinieblas/ lo recuerdan despierto entre los búhos./ Mudan las estaciones, no su idea:/ si viese con los ojos no vería/ ni enemigos, ni torres, ni banderas,/ ni azul, ni atardeceres, ni rapaces,/ ni llanuras, ni peñas, ni maleza,/ mas un desierto como el de la luna." ("Destino").

El poeta adopta, en la construcción de esta estética, los procedimientos de un "clásico". Por un lado, trabaja en un español que no pertenece a ningún ámbito particular del habla hispana, que pertenece más bien a todos, y no ciertamente por un proceso de empobrecimiento hacia el "español standard" (aunque sí sea evidente que el lenguaje de Paseyro dialoga con cierto francés clásico), sino por el despojamiento de lo accesorio, al modo de un Fray Luis, lo que incluye un exquisito trabajo de sonoridades. Son las aliteraciones cristalinas que brillan en los metros clásicos de estos cuarenta y cinco poemas: el endecasílabo que domina largamente en este poemario, seis poemas octosilábicos, de eventuales rimas consonantes ("Testigo"), dos heptasilábicos ("Las encinas", "Balada de lo invisible"), un decasílabo (metro obsesivo y sincopado, justo para esa "Balada escrita a caballo") y cuatro poemas con los rebeldes, pero también sugestivos versos de nueve sílabas.

Por otro lado, el lenguaje de Para enfrentar al ángel también elude cualquier eventual mención contemporánea que pudiera perturbar la expresión sobria de lo que "el dolor de la vida" tiene de universal. El "yo" lírico es aquí el "yo" humano, colectivo e intemporal. Y las imágenes de las que Paseyro se vale tienden más bien a los símbolos "eternos", que también podrían ser los del Tarot: el castillo, la torre, con el amenazante y repetido rayo de la Carta XVI, la rueda de la fortuna (y del tiempo), el propio ángel mencionado desde el título, que es el de Jacob: "(...)En esa forja/ Jacob habrá fundido su ser místico/ para enfrentar al ángel: ¡Poesía!" ("Poesía"), un ángel de la Poesía, pero que también podía ser el Ángel de la Muerte y sin duda el "ángel" (o "duende") que permea el exquisito discurso del poemario.

Si el conjunto de la poesía de Paseyro elude las contingencias de su tiempo, la fortuna crítica de esa obra ha dependido demasiado de ciertas urgencias históricas que decididamente no mueven al poeta. Como además el autor no vive ni publica en Uruguay (y escribe sus textos de prosa en francés), la obra de este poeta uruguayo, quien tampoco publicaba en español desde El alma dividida, de 1981, vagaba en una especie de olvido, al menos local, del que Para enfrentar al ángel viene a rescatarla, confirmando también que cada nuevo opus de Paseyro acierta al blanco del lenguaje, acaso como en la solitaria estrella herida de "Sentencia": "Se presenta el heraldo. Su proclama/ dice que los arqueros de las torres/ han de morir si al despuntar el día/ no contienen estrellas sus aljabas./ Siete flechas partieron rumbo al cielo:/ una sola volvió, tinta de sangre."

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