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Julio Inverso |
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Julio Inverso: la rosa concluida
Alfredo Fressia La imagen que se impone al lector de la obra de Julio Inverso (1963-1999) es la de un brillante meteoro que atravesó e iluminó con su luz rara a la literatura uruguaya del fin del siglo XX. El poeta nació en Montevideo en 1963 y allí se quitó la vida en 1999, algunos días después de la aparición de su último libro, Más lecciones para caminar por Londres (Vintén Editor). Estudiante de medicina avanzado, abandonó esa carrera para dedicarse por entero a la creación: la poesía como actividad "paralela" es de hecho inimaginable en su obra. Autor de una escritura de apariencia exasperadamente romántica, como la de varios poetas jóvenes de los 90, Inverso asumió la poesía como la única realidad digna de ser vivida, aun cuando a veces la encontrara en imposibles paraísos artificiales, o en el "raisonné dérèglement" rimbaudiano de los sentidos, y desencadenara la propia autodestrucción física. La idea de entrega, que en su caso roza la del martirio, aparece en las últimas palabras impresas que dejó el poeta, las que cierran esas Lecciones de una caminata: "dejo entre mis papeles, este informe, esta dádiva, esta mortal rosa blindada". Oscura a veces, "blindada", por indestructible, mortal para el poeta que se aventuró a recogerla en su galaxia, y traérsela al lector, la obra de Inverso excede al papel, al libro, para ocupar otros ámbitos, que pueden ir desde los graffiti que ejecutó en la Brigada Tristan Tzara y La Torre Maledetta, hasta el territorio mismo del cuerpo y de la vida. Y es por eso que su muerte trágica no debería ser leída con los previsibles criterios de la ficción sicoanalítica, una tentación inane, y también fácil de satisfacer, sobre todo en ese último libro que anuncia repetidamente la muerte. Más bien, la partida del meteoro, del sideral Inverso, debe entenderse dentro de la obra que el poeta realizó con las palabras y con su vida. Su obra "en papel", su dádiva en libro ocupa por el momento cuatro publicaciones, todas dentro de la década de los 90: Falsas criaturas, en Vintén Editor, 1992, Agua salvaje, una edición autoral de 1995, Milibares en la tormenta, Ediciones Imaginarias, 1996, y Más lecciones..., el libro que cierra su vida y su obra en 1999. Un quinto libro, Vidas suntuosas, que presenta un conjunto de nueve cuentos, de alto voltaje poético, galardonado con un premio municipal en 1996, permanece todavía inédito. El original dactilografiado de esas Vidas..., sin embargo, circula fotocopiado entre los poetas y los lectores de los circuitos "subterráneos" que han sido vitales en la poesía uruguya de la década. De hecho, Inverso fue un poeta de culto en esos ductos de la movida poética. Lo seguirá siendo, ciertamente, y es probable que ahora, concluida su obra, una parcela mucho más amplia de lectores también se aproxime a ella. Por lo pronto, es tangible su influencia entre varios poetas jóvenes, y hasta llega a aparecer como personaje ("literario") en la obra de Federico Rivero Scarani (Ecos de la Estigia, de 1998). El excelente poemario y CDRom Árbol veloz (1998) de un poeta mayor como Luis Bravo le rinde un homenaje estremecedor, porque también es premonitorio de su parábola. Por otro lado, la obra de Inverso, como la de varios poetas que empezaron a producir en los 90, gana al ser entendida en el marco de una reacción frente a la sociedad que se "globaliza", en una década marcada por la degradación de las relaciones interpersonales, un universo yuppie y postyuppie que se entretiene con gadgets posmodernos (que también incluyeron la especulación y la corrupción financieras). Es en ese Uruguay y en esa década donde aparece y brilla el meteoro Inverso, el que recupera al Gérard de Nerval que entendía a la locura como modo de conocimiento, el que se refugia en un universo "gótico", explícitamente inspirado en los románticos alemanes e ingleses, el poeta que es repetidamente un "alquimista", rodeado de magos, brujas de cara azul, pulpos de antimonio, espantapájaros, en una lista que incluye personajes "reales" como Trotski, Turgueniev, Brahms, Buster Keaton, Karl Shapiro, los surrealistas, el propio "Julio inverso" (sic) o la más revisitada Marosa di Giorgio, entre tantos otros. El surrealismo, la magia, los beatniks, la aparente irracionalidad como alternativa de vida y de creación son las instrumentos desde los que Inverso crea una parte importante de su obra, en esos subterráneos poéticos que también constituyeron una forma casi inesperada de resistencia. Urgente en el decir, el autor recurre tanto a la poesía en verso como en prosa, raramente menciona la posmodernidad tecnológica, y el tema de la violencia social (o siquiátrica, o policial) está casi siempre sobreentendido. El castillo de hadas violentas o tiernas creado por Inverso en el conjunto de su escritura desplaza a la tecnología (las computadoras, por ejemplo), que también contiene en sí un abismo irracional, pero jamás convierte al poeta en un naïf. La obra de Inverso nada tiene de ingenuo, y el propio poeta explicita su lucidez creativa en el primero de los cuentos de Vidas suntuosas. Se trata de "Juan Morgan, poeta", tal vez el único cuento, puramente narrativo y no contaminado por la prosa poética del libro. Narra la biografía creativa del poeta Morgan, que también es un personaje de Agua salvaje, y que "salió a la vida un día de 1958" y publica su primer libro en 1960. Esto es, la vida de este alter ego autoral no interesa sino como instancia de creatividad poética. La violenta necesidad de expresión, los viajes, reales o metafóricos, las internaciones, el liderazgo de un movimiento poético en choque con su medio (o directamente con la policía) son algunos de los elementos aparentemente autobiográficos en este personaje que publica, entre otros, libros llamados Agua salvaje y Milibares en la tormenta. Fechado por el autor en 1993 (y sería en cierto sentido irrelevante si la fecha fuera meramente ficcional), el texto explicita un programa poético, lúcido, metódico, totalmente ajeno al impromptu romántico, a partir del cual el poeta ejecuta su obra. Morgan comienza por frecuentar una editorial donde "se estaba cocinando una interesante movida poética, con los jóvenes alaridos desgarrados". Y el narrador explica: "Todas las tendencias, todos los fermentos que corrían por los ductos subterráneos de Montevideo". Es probable que un poeta "programático" como Inverso esté rindiendo en esa primera página de su relato un homenaje a las Ediciones de UNO, el movimiento y la editorial que en los años 80 nuclearon "todas las tendencias" en la tentativa ardua de superar la autoridad del canon. "Morgan es el UNO de la poesía mundial", añadirá el narrador, consciente de que la poesía joven de los 90 no se explica sin la preexistencia de los poetas que una década antes habían encontrado una paradójica unidad generacional en el mismo principio anárquico de la disparidad. Pero la lucidez del poeta de 1993 va más lejos. Dice del primer libro de Morgan: "Tratábase de un librito que recogía la herencia de los románticos ingleses y alemanes, pasaba de largo por el surrealismo, tomando de él lo válido en su hora y terminaba clavándose como un dardo en el blanco del hermetismo italiano". Decididamente Inverso se adelanta al trabajo de los críticos dando allí una perfecta definición de sus Falsas criaturas de 1992, el libro donde un lenguaje dadá prefigura el "gótico" de su Agua salvaje de 1995. Y da sus razones sin vacilar: "el artista es un buzo del inconsciente, que toca con las manos cosas todavía sin nombre, cosas errantes y fantasmagóricas que son sus herramientas de trabajo y con las que los demás no se atreven a soñar". El narrador hace un retrato del poeta Morgan-Inverso que desarma cualquier ingenuidad en el lector de su poesía: "Las posibilidades de razonar las cosas y de llegar a conclusiones atinadas habían sido desplazadas casi completamente por la pasión desorbitada, la imaginación, el sueño y la magia. Morgan no entendía otra cosa que el arte. Era un monstruo. La vida le parecía por completo desdeñable si no se hallaba en conexión íntima con un principio trascendente que lo volviera a poner en comunicación con un magma que él llamaba la poesía y, a veces, simplemente, la vida". Y otra vez el poeta crítico contempla su poesía: "Morgan veía lo que no debía verse. Lo insólito en lo insólito, lo maravilloso, lo instantáneo, las guiñadas de los dioses (...) y compuso los poemas que muchos jóvenes de ese momento esperaban". Autor de una poesía compuesta en un lenguaje preciso, que tampoco teme los cultismos del idioma, que más bien los controla y los pone en tensión con otros registros de lenguaje, Inverso exhibe la conciencia del verdadero poeta, situado siempre en las antípodas del espontaneísmo en el manejo de la palabra: "Cada frase oída en la calle puedo hacerla sonar durante 15 minutos en mi cabeza. Después la tamizo como lo hacían los buscadores de oro en California, casco cada frase, me mastico su sentido y me quedo con las palabras, que brillan. Las hago bailar, las pinto y las guardo en mis anaqueles(...)". Finalmente, la muerte del poeta está prevista como su mismo arte. La escritura tiene una finalidad ética: crear "un espacio para los hombres, un mundo habitable para los hombres", y la muerte adviene como un nuevo libro, seguramente el más misterioso. El narrador nombra una decena de publicaciones de Morgan, precedidas por su fecha, y la lista concluye, sin solución de continuidad, con "En 1982 es hallado muerto en su apartamento en Pisa, víctima de una sobredosis de heroína". Si realmente la poesía se destina a crear un universo "habitable", era inevitable, y trágico, que las Lecciones de 1999 tuvieran que cerrar la obra de Inverso. El tema de Milibares... de 1996, y si se entiende por "tema" el entramado de obsesiones que organizan el idioma en obediencia a una estética, era el movimiento. Se trataba efectivamente de una obra "en curso". El libro se abría con una partida (desde la quietud de una casa) y se cerraba con un "saltar" y "volar". Durante todo el discurso, de "inconsciente a flor de piel" (p. 24), el universo se mueve, llega, va, se aleja, vuelve. Milibares... ya no contenía el mundo de hadas (enrarecido a veces, "radioactivo") del lado "gótico" de la escritura del joven Inverso. En Lecciones... el poeta admite que su obra es una pensada construcción: "He construido mi árbol con precisión de ingeniería/ monté el oro/ ensamblé las lágrimas del jazmín/ el tul rosa pálido de las hadas" ("Construcción de un árbol"). El clima de balance y reflexión elude la movilidad, excepto la de la muerte: "la corrosión de la muerte/ dirige el circuito de mi sangre" ("Dolor en los riñones"). El poeta ya no busca la retórica romántica, la paraliza más bien, para dar paso al tono meditativo, y algunos poemas sufren en su propio cuerpo este cambio tonal ("Grito por los santos" o "Mundo", por ejemplo). Poemario de la muerte agazapada en el oxímoron, de quien oye que "cascos de caballos, fanfarrias y el hacha/ preparan mi muerte" ("Pintor de iconos"), las Lecciones... enseñan la quietud, demasiado cercana a las regiones donde vivir duele. "Esperar/ ¿qué?/ ¿algo que nunca llega?", interroga el poeta ("Exposición del amor amargo"), y acaso encuentre la respuesta en el poema que da título al libro: "en el más allá/ nunca hay noticias del desastre". No es casual que ese poema tienda a la horizontalidad, y se oponga así al vertical "Londres 1977" de Agua salvaje. El poeta de 1999 no juega con el "caminar" del título: el meteoro se había internado en el mundo que sólo puede ser habitado con la rosa blindada, la obra concluida, su herencia, talismán y arte. |