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Banda Hispânica (collage, Floriano Martins)

Saúl Ibargoyen

Collage, Floriano Martins

 

Saúl Ibargoyen: una entrevista

Hassan El Quazzani

¿Si usted tuviera que hacer su propia autobiografía intelectual, qué aspecto acentuaría?

1. Más allá de una formación educativa insuficiente -no alcancé a completar el primer grado de preparatoria, ya que desde muy joven debí ayudar al sustento económico de mi familia-, mi formación se produjo en un ámbito de clase media urbana mezclada con burguesía rural venida a menos. Es decir, en ese tiempo era muy fuerte la influencia de la cultura francesa, tanto por tradición (no olvidemos los tres poetas que Uruguay dio a Francia: Lautréamont, Laforgue, Supervielle) como por la estructuración de los programas de enseñanza media y universitaria. Eso ha cambiando muchísimo, sobre todo por las exigencias de la llamada globalización, que tiende a desnacionalizar la cultura. En lo personal, soy resultado en parte de esos largos procesos históricos y culturales, pero en función de mis experiencias sociales -en un sentido amplio- siempre he tratado de vincular mis intereses intelectuales y mi producción literaria a la vida cotidiana. Además, la versión oficial que se ha dado sobre mi país ha escondido siempre muchas verdades, que los actuales investigadores ayudan a develar. Mi intención ha sido siempre la de encontrar al país real, al pueblo verdadero, a las tradiciones espirituales vigentes; es decir, me opongo también a una interpretación clasemediera de la realidad nacional y a una visión estrecha de los temas culturales e ideológicos respecto a América Latina y al mundo. Mi concepción se aleja del narcisismo propio de las clases medias ilustradas. Me considero un animal poético de frontera: en el mayor intercambio con el mundo y moviéndome con él. Y, asimismo, tratando de apoyarme en las más creativas tradiciones de la cultura nacional, latinoamericana y de otras regiones del mundo para forjar una tradición personal, que todo poeta debe "en sí y para sí" debe tener.

 

2. ¿Cuáles son para usted las más importantes características de la vida cultural y poética en México?

Es un tema muy amplio, que en verdad nadie puede conocer totalmente. Fuera de los ámbitos de la cultura de prestigio, de la cultura globalizadora impuesta por los "mass media", de la cultura vista como mero espectáculo, de los espacios de la industria cultural y de la abarcadora actividad del Estado, existe una inabarcable diversidad relacionada con las numerosas nacionalidades indias (en México se hablan más 50 lenguas indígenas), la producción artística y literaria independiente, los grupos "banda" o contracultura, etc. Quizá un característica general sea una especie de tensión entre marcadas tendencias desnacionalizadoras -que rechazan la diversidad- y la todavía firme proclividad a sostener valores históricos nacionales y aun regionales, que se generaron durante los difíciles y complejos procesos de la formación del país como nación multicultural y multiétnica. Esos procesos todavía no terminan y, seguramente, darán productos culturales insospechados, esperemos que para bien de los mexicanos.

 

3. ¿Forma usted parte de la "antigua" generación de poetas? ¿Cuáles son sus vínculos con la nueva generación?

No sé si formo parte de alguna generación literaria; el crítico uruguayo Angel Rama me incluyó hace tiempo en la "generación de la crisis", surgida en mi país en los años 60 y 70. Una generación, en realidad, formada por varias promociones; una de sus características fue la de vincularse o comprometerse directamente con los conflictos de la sociedad y, además, de relacionar los asuntos nacionales con la realidad latinoamericana. Ese tipo de "compromiso" (para utilizar un término muy en boga en aquellos años) me permitió, en lo personal, buscar siempre una relación más flexible con los integrantes de otras generaciones; es decir, un trato humano y literario por encima del concepto "generación" (que a veces puede resultar un tanto estrecho o limitante). Mi relación con esas generaciones de escritores jóvenes se ha producido en estos últimos 25 o 30 años, tanto en Uruguay como en México y otros países, gracias a revistas como "Plural"( 2da. época), "Programa", "Universo", "Fundación", "Tinta seca", "Revista de Literatura Mexicana Contemporánea", "Archipiélago", "A quien corresponda", "Contraseña", "Universo del Búho", etc., además de suplementos culturales, pediódicos, etc. Han sido fundamentales en esa comunicación con los más jóvenes, los talleres de poesía que desde hace tiempo coordino; los encuentors internacionales de poesía (Medellín es excepcional); los viajes a provincia; las presentaciones de libros; los recitales de poesía, etc. A esto se agrega las facilidades de comunicación por internet. Cada vez siento más que no pertenezco a ninguna generación: es una forma de libertad.

 

4. ¿Cuál es su relación con la poesía árabe? ¿Cómo considera que el Festival Internacional de Poesía de Medellín lo acercó a dicha poesía?

Siempre me atrajo la producción literaria de lo que para nosotros es el Oriente, sobre todo el llamado Cercano Oriente. Allí se tuvieron origen los aspectos fundamentales de la cultura humana; allí nació el llamado Occidente. Las culturas del libro (judeocristianismo, islamismo) fueron para para mí, y lo son hasta ahora, parte de mi formación en más de un sentido; pero también, en una misma medida, el Egipto faraónico y el poema de Gilgamesh. El haber visitado Egipto, Uzbekistán y Andalucía me acercó de modo sensorial, no libresco, a mis lecturas de poetas árabes, incluyendo a autores persas como Khayyam y a los maestros del sufismo, como Rumi. Puedo dar unos cuantos nombres de poetas que conocí hace tiempo de modo casual (aunque la casualidad no existe) y más tarde por riguroso interés: Rabia, Nuwas, Atahiya, Al-Buhturí, Al-Maarrí, Farid, Darwish, Ibn-Quzmán, Zaydum, etc. En Medellín la presencia de poetas árabes refrescó ese vínculo, aunque las temáticas son distintas, obviamente; sin embargo, el escuchar los poemas en árabe, lengua que por desgracia no conozco, percibí ritmos y asociaciones fonéticas que son imposibles en español, pero que estimularon en mí una nueva atracción por la oralidad.

 

5. Usted participó en el festival internacional de poesía en Medellín. ¿Qué significa para usted ser poeta en un país que vive una guerra civil?

El festival de medellín, ya lo dije, es un evento excepcional: por su valor en sí mismo y, sobre todo, por realizarse desde hace diez años en un país en estado permanente de guerra interna. Ser un poeta en esas circunstancias significa (además de los problemas personales de cada día, de las dificultades económicas, de los obstáculos para publicar o difundir la obra poética) enfrentar terribles formas de violencia que pueden alcanzar a cualquier ciudadano en cualquier momento; por lo tanto, el uso y el usufructo de la palabra poética necesitan una mayor resonancia. O sea, el corazón del poeta debe ser movido también por la sangre colectiva. El festival de Medellín (regional, nacional e internacional) se levanta como una afirmación, no sólo de los valores metafóricos de la palabra y su resonacia en muchísima gente, sino de los valores primordiales de la convivencia humana y de la vida en todas sus manifestaciones.

 

6. ¿Qué significa para usted ser poeta el día de hoy?

Creo que la pregunta está contestada parcialmente en las respuestas anteriores. Percibo la poesía como un sistema ecológico delicado y fuerte al mismo tiempo; un sistema que se agrega a la denominada realidad y que está formado por el poeta, el receptor, los medios, la sociedad, la cultura, la tradición, etc. Y cada una de esas partes es también un sistema en sí misma. Yo soy, pues, una parte del sistema de la poesía. Muchos tiempos se juntan en mi palabra poética, así como hay muchas dimensiones de espacio/tiempo en otras culturas, en otros países, en otras regiones del mundo, en otras gentes. El ejercicio de mi escritura no puede evitar el desasosiego de final de siglo; tampoco puede soslayar la angustia ante el vacío espiritual; la concentración brutal del poder político/financiero; la globalización de la miseria; el crecimiento del hambre y las enfermedades; la expansión de la corrupción; la vulgarización de la literatura, el arte y la cultura; el fortalecimiento del militarismo; el desarrollo científico/tecnológico asociado al poder; las debilidades de la democracia; el implacable asalto a las riquezas del planeta, etc., que está imponiendo el sistema capitalista. Y la poesía no cambia la realidad. Pero puede ayudar a cambiar al propio poeta y asimismo a muchos receptores en un sentido ascendente, iluminador y solidario.

Hassan El Ouazzani. joven poeta marroquí (nacido en 1970). Secretario general adjunto de la "Casa de la poesía en Marruecos", "Tregua", libro de poemas publicado en 1997. participó en el Festival Internacional de Poesía en Medellín, Colombia. Contato: hassanelouazzani@yahoo.com

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