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Banda Hispânica (collage, Floriano Martins)

Roberto Echavarren

Collage, Floriano Martins

 

Juego de espejos
Una lectura de Performance. Género y Transgénero, de Roberto Echavarren

Mariella Nigro

Está encerrado en la imagen de su desafío,
esplendor del sol sobre la tierra,
Tiresias divino con aspecto indeciso.
Viene a cumplir el pacto
siempre desoído, echado a perder. El quiere
ser arrojado por la escalera con las flores de la fiesta,
barrido con agua antes que amanezca.

Roberto Echavarren, de Antino (Aura amara)

Al abrir el gran volumen plateado, el "Indice" y la "Razón de esta obra" a cargo del compilador confirman y amplían la promesa formulada desde la tapa. Así, el título -Performance- alude a una "puesta en escena" de los textos poéticos, narrativos y reflexivos de Roberto Echavarren y de unos materiales trabajados en torno a su obra; al tiempo que el subtítulo -Género y Transgénero- adscribe la labor a la búsqueda de lo ‘transgenérico’ como unidad temática y como modalidad de investigación: tema y método se afilian espontáneamente al ligar lo 'transgenérico' en un juego de espejos entre lo literario y lo sexual.

Hay ‘performance’ porque, con un desplazamiento de ida y vuelta sobre los tópicos, los textos del autor y sus críticos son registros de voces de los agonistas de un ritual. Esa actuación garantiza una gran dosis de misterio: proponer una mirada de corte transversal sobre los géneros -de ambas naturalezas- y también sobre las estructuras ocultas de una obra polifónica como la de Echavarren, es propiciar una actitud epistemológica regida por lo poético, en un ejercicio transgresor del establishment discursivo.

Si la labor es acerca de todo el ‘decir Echavarren’ y con variadas modalidades (críticas, entrevistas, paneles, reseñas, fragmentos, etc.) y proviene de una multitud de miradas, incluyendo la del autor, las fotografías en las solapas y en las portadillas de cada sección, pertenecientes a su serie New York Pallor (1985-1987), reafirman, desde lo formal, la intención performática y la atención a lo intertextual. Asimismo, las luces cenitales de la instalación en base a Pacific Palisades y los destellos del film Atlantic Casino de su autoría refractan en el libro plateado, iluminando el escenario de la performance.

Advirtiendo singularidades y matices en los múltiples discursos que dialogan con la obra integral de Echavarren y también entre sí, es posible relevar en el correr del libro ciertas reflexiones confluyentes de sus participantes. Tal vez sea esa tarea la lectura más apropiada que pueda darle a este libro polifónico y de largo aliento: descubrir apenas la urdimbre tejida entre ellos, la dirección de algunos gestos.

Si se aborda su poesía por varios flancos -selección de textos poéticos, crítica literaria sobre la misma, entrevista al autor, ’confesiones’ del poeta ("Explicación falsa de mis versos")-, finalmente en todo el libro hay un ir y venir sobre ella: narrativa (Ave roc), ensayo (Arte andrógino: estilo vs. moda en un siglo corto), instalación (Pacific Palisades -Oír no es ver/To hear in not see), film (Atlantic Casino), todos son espacios expresivos donde la poesía de Echavarren pulsa. Desconoce fronteras genéricas el lenguaje del deseo.

La poesía de Lezama Lima es uno de los referentes barrocos que orienta la comprensión por parte de los críticos de ciertos perfiles de la obra echavarriana. El devenir ardiente, extravagante y fragmentado del discurso en esta vertiente que llega hasta el ‘neobarroco’ (y que también roza como tangente la deriva ‘neobarrosa’ rioplatense) es profusamente analizada por los críticos y por el propio Echavarren. El fenómeno barroco encarna en esta escritura en que el referente y el significante se distancian tanto como las entrantes y salientes de un bajorrelieve ("fuga del signo frente al referente objetivo" (Milán), espacio de atracción entre la cresta de la ola y el sial de un "mar escritural" (Berenguer). Bien que existe -y se expresa- una diferencia entre los frutos de la universalidad de Echavarren y los de la insularidad de Lezama. Polisémico y rizomático, destruye con el decir los encorsetamientos y las taxonomías de los materiales con que trabaja: lenguaje, idea, imagen. Eso queda dicho insistentemente en todo el libro al subrayarse, de diferentes formas, como nota particular del lenguaje de Echavarren, el fenómeno de la "implosión" de un discurso del exceso (v.gr. Milán y Morales).

Ahora bien, aspectos lingüísticos del poeta, como el "exceso" (Cangi, Panesi), la "fragmentación" (Ojeda), la "creación ex-nihilo" (Milán), se imprimen también -simetría en la construcción del sentido- en el núcleo temático del pensador: el estilo y lo andrógino. Se trata siempre de esa "franja indecidible" (que señala Echavarren en su Arte andrógino) donde se instala el estilo -del individuo y de la escritura- y que supone una convulsión de la univocidad de la identidad.

Así, con análogos fulgores, excesos y fugas, se exhibe lo andrógino. Ligado, aunque disímil, al monstruo y al mal, el andrógino es "anti-identitario" y signado por lo híbrido y la libertad (Cangi), "anti-utópico" (Panesi), "del otro lado" o en la grieta del espejo (Rodríguez). El propio autor parece develar el acertijo del andrógino al responder a preguntas sobre su escritura (entrevistas de Vianna y de Rivero): "asumir y considerar lo ficticio como cifra de la verdad", "nociones de intensidad y devenir", expresa. Y viceversa, refiriendo a lo andrógino (entrevista de Cangi y Rodríguez), sus expresiones "una dirección, una línea de fuga", "una yuxtaposición diacrónica de disfraces" reenvían a los códigos de su escritura.

Queda de manifiesto así una correspondencia entre los universos lingüístico y numénico del discurso echavarriano: hay propiamente ‘estilo’ en su ejercicio textual, al tiempo que analiza el ‘estilo’ como topos. Las fugas y derivas de un género a otro, de un arte a otro, de un sur a un norte en el lenguaje del poeta -claves de su ideolecto- son propicias en el territorio en que emplaza su reflexión: la desconcertante topografía del andrógino, " ...esta sinuosidad que viene a ser adonde estamos." (La planicie mojada).

Luego, como muñecas rusas, el juego de claroscuros y barrorelieves (del lenguaje y del andrógino) del discurso poético y reflexivo de Echavarren se continúa en la summa de Performance. La instancia dialógica entre una obra fascinante y las miradas fascinadas que provoca reclama un modo de ver transversal y transgenérico (como el del ojo del cíclope que algunos de los autores traen al texto) que el compilador anuncia al inicio y que se lleva a cabo con gran eficacia, ya que proyecta hacia el lector el hechizo que conectó a los ‘performers’. Un encantamiento que ya revela el propio Echavarren al expresar que el estilo "...también supone una manera de ver, un ser afectado, un voyeur que discierne".

En el correr del libro se señala una naturaleza de "manifiesto" (Cortés Rocca), de "alegato" (Ojeda) -cariz activo, autosuficiente- de esta creación. Son también perfiles del propio conjunto de Performance: más que una selección y compilación de textos, un fino y lúcido debate antropológico de fin de siglo provocado por Echavarren en torno a nuevos conceptos sobre el individuo y la poiesis.

Performance. Género y Transgénero. Selección, compilación y prólogo de Adrián Cangi (Editorial Universitaria de Buenos Aires, julio de 2000, 376 ps.). Resenha originalmente publicada en Cuadernos de Marcha, Año XV, Nº 170 (febrero-marzo, 2001), Montevideo, Uruguay.

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