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Banda Hispânica (collage, Floriano Martins)

Jorge Arbeleche

Collage, Floriano Martins

 

Al volver de lo íntimo y momentáneo

René Fuentes Gómez

 

Entre los posibles goces que todo poeta suele anhelar - si es que a eso se le puede llamar goce o la alegría más fecunda de la perseverancia - está la posibilidad de reunir en un sólo volumen una selección de su obra. Jorge Arbeleche cuenta hoy con esa realización: El velo de los dioses (Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 2001) recorre, en un orden cronológico descendente, la mayoría de sus libros. De manera que esta selección convoca, entre otras cosas, al reconocimiento y al análisis crítico de más de treinta años de escritura.

Martha L. Canfield señala en el prólogo: "Ese pasaje de lo inmanente a lo trascendente, de lo cotidiano y lo transitorio a lo mítico y permanente, no puede ocurrir más que en el perímetro de la poesía - poesía escrita, naturalmente - y es en la captación de ese mecanismo de pasaje que aparece límpidamente delineada la poética de Jorge Arbeleche. Poética donde confluyen latencias de varios tiempos y visiones que terminan siempre confirmando que el brote de su discurso sólo puede ocurrir cuando "todo el aire se torna mágico y sereno". O sea, cuando ya la experiencia pasó a ser sabiduría, y la sabiduría no pretende mostrarse sino sobrevivir al tiempo como rastro puntual de lo humanamente necesario.

Desde sus primeros libros (Las vísperas, 1974; Alta noche, 1979; La casa de piedra negra, 1983; El aire sosegado, 1989; Ejercicio de mar, 1991), Arbeleche ha puesto especial atención en los restos más delicados de la cotidianidad. En sus textos hay un proceso continuo de decantación perceptiva, que erige las palabras como la dimensión sonora de una fe - por momentos mística, y en otros religiosa - y discierne con fineza lo casual de lo perdurable: "Seco. De arena el aire ambiguo. / Un pájaro metálico lo cruza. / Hace un ruido. / Rueda la luz entre sus trampas. / (...) Y se abre el pozo. / Sin fondo. Insomne. Mudo". Esa decantación propone también un acercamiento persuasivo y - en el mejor sentido - pedagógico a los tópicos con que el poeta trabaja; testamentándolos, salvándolos y salvándose del olvido o de lo que otro modo se sabrá. Con un tono elegíaco, amoroso, contemplativo o sosegado por la cavilación filosófica, él parece asumir el hecho poético como una anagnórisis del mundo y de sí mismo. De ahí que su poesía corporiza pero no muestra; acude a un sentimiento ("Despedida"), un paisaje ("Travesía"), un recuerdo ("Los pucheros"), la nimiedad de un hallazgo ("Momento") pero no congela lo escrito en un acto ni en un tiempo consumado. Ni siquiera los sedimentos de su formación literaria escapan a ese estado de continuo develamiento. Como ocurre por ejemplo en "Nausicaa", donde hasta prolonga lo escrito por Homero: "La noche el sueño el reuma el frío / también fatigan a Nausicaa. / Junto al fuego recostada / se la ve cabecear / cuando la noche se endurece / alrededor de la ilusión de Itaca. / La acompañan a veces / un sueño, un nieto, un gato".

Después de Ágape (1993), se abre una etapa de arborización de todos los registros temáticos, referenciales y simbólicos que mantenían un cierto diálogo en sus libros anteriores. En Alfa y omega (1996) el aire visionario se vuelve más escurridizo, más afincado en un sistema de equivalencias donde lo endógeno y lo exógeno, lo sincrónico y lo diacrónico forman parte de una misma "mirada" aglutinante y una misma cuadratura espacial: "La tarde ha dirigido su voz hacia la noche. / En el umbral del ojo / los mosquitos despliegan su velo de zumbidos. /En el dintel del aire / un pájaro reposa". Los poemas más aventurados este libro prescinden del orden monológico de las ideas, para hacer de las estrofas (expandidas o crípticas) y del verso escalonado alumbramientos fugaces en medio de los espacios en blanco de la página: oscuridad de lo inefable. El ritmo ya no sólo se confirma en los significados semánticos y fonéticos de la palabra, sino también por el tempo del silencio de donde emerge: "y en el dintel del alba / un gallo/ canta. /Tres veces. / Y el aire no lo niega. / De monte en monte / se expande / erguida crestería"; o donde rebota su enunciación: "el rumor de las piedras con / el eco del pasto con / el silbo del mirlo con/ el canto del niño con / el ruido elástico del jaguar en la rama".

Aunque El hilo y la lumbre (1998) es un libro formalmente más cauto y hasta cierto punto regresivo, en uno de sus poemas, "Geografía", el poeta clarifica "ese mecanismo de pasaje" al cual M. Canfield hace referencia: "Mirarán los ojos un paisaje que otros / verán. Será la misma y otra la mirada. Verán lo mismo y no serán iguales. / Sólo el ojo de la luz verá / lo que no vieron tus ojos y los míos". El poema está dedicado a ella; pero lo más importante es que Arbeleche explicita en unos pocos versos el concepto raigal de su próximo, y hasta el momento, último libro: Para hacer una pradera (2000). Donde el ejercicio de la poesía escrita alcanza un valor fundacional, de materia construida, palpitante y habitable en todo aquel que la engendra o la percibe. "Entre el ramaje tupido de los ruidos", ya no es suficiente el decir; se precisa además pintar, retratar, radiografiar, delimitar "con las palabras un perímetro / donde el hedor de la huesa no penetre". Lo íntimo y lo momentáneo, después de un largo recorrido, pueden ser una suma de particularidades que dan sentido y propiedad a la belleza; como el trébol y la abeja de Emily Dickinson, como la extrañes que siempre reverdecerá mientras los insomnes pulsen "el mercurio de las sombras". Ese azogue necesario con que la pradera extiende su iniciación en cada imagen creada y recreada por su reflejo. Poemas como "Trazos", "Seca", "Cervicales" o los de la serie Galería poseen un equilibrio textual y visual. Se leen y se ven, la palabra impone su simetría igual que "el cardenal de pie sobre su / canto".

El velo de los dioses, además de ser una buena oportunidad para encontrarse o reencontrarse con la poesía de Jorge Arbeleche (1943), ofrece también el discurso él pronunció cuando ingresó en la Academia Nacional de Letras del Uruguay en 1997 y otros datos de interés para un conocimiento más pormenorizado de su vida y su obra.  

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