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El buen año de Lucrecia Maldonado
Jorge Dávila
Vázquez
Este
2005 ha estado lleno de satisfacciones para Lucrecia Maldonado
(Quito, 1962). No solo la consolidó como la cuentista de su
generación, con la reedición de alguno de sus libros de relato,
sino que la presentó como novelista, gracias al Premio “Aurelio
Espinosa Pólit” otorgado a su obra Salvo el calvario, y
como poeta, por la publicación de Ganas de hablar, en la
colección La (h)onda de David de la Universidad de Cuenca y el
Encuentro sobre literatura ecuatoriana “Alfonso Carrasco V.”.
Este libro puede ser incluido entre los de poesía coloquial, que
a ratos roza la antilírica, cuyos mayores representantes fueron
Ileana Espinel y David Ledesma, y sigue siendo el magnífico
Euler Granda.
La lírica ecuatoriana parece oscilar entre dos vertientes: una
centrada en un intenso trabajo sobre la lengua, que a veces
cifra el mensaje de tal modo que se vuelve hermética, y cuyos
nombres trascendentes son Bruno Sáenz, Iván Carvajal, Javier
Ponce y Alexis Naranjo, y otra que eleva a categoría poética la
lengua de todos los días, que empieza con Fernando Nieto Cadena,
avanza por numerosos textos de Julio Pazos, halla en Roy
Sigüenza y Cristóbal Zapata algunos de sus mejores exponentes, y
dentro de la que podemos incluir la obra poética de Lucrecia
Maldonado.
Este volumen 15 de La (h)onda recoge una serie de textos
cálidamente conversacionales, que, sin embargo, no caen casi en
ningún momento en lo prosaico, riesgo de todo coloquialismo.
Seis secciones lo conforman. En general, poemas breves,
intensos, y alguna prosa lírica sumamente sentida.
En ellos, Lucrecia no evita la crónica de lo inmediato: el
accidente que causa la muerte de una joven mujer y sus hijos
:“te vimos una noche en las noticias/ y después te olvidamos”;
las torturas del régimen de Pinochet en la década del 70:
“alguien/ tal vez de mi misma edad en ese entonces/ en una celda
de un metro cuadrado…”; macotas atropelladas en las calles: “el
nuevo y motorizado / mejor amigo del hombre/ echó por
tierra a los que/… no encontraron lugar/ entre la prisa gris de
esta mañana.”
Lo cotidiano entra así, por su palabra, una vez más, y con
derecho propio, en el reino de la poesía ecuatoriana. |