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Conversación
con Jorge Luis Borges
Enrique
Hernández-D'Jesús
“ ... Ver en el día o en el año un símbolo
De los días del hombre y de sus años,
Convertir el ultraje de los años
En una música, un rumor y un símbolo...”
Estos versos de Arte Poética, aclaman la palabra incontenible
que fluye en la memoria de Borges. Igual que en Homero, la
ceguera constituye un estado que permite entrar en contacto con
las profundas visiones de lo humano. Instintos convertidos en el
ultraje de los años, laberintos y posiciones arbitrarias,
estremecedoras como toda su “literatura fantástica” ¿Símbolos?
Claro que símbolos y “ficciones” Un germanista con el tiempo de
Buenos Aires, un “Hombre de la esquina rosada” con sus
“milagrosos secretos” es “el Otro, el Mismo” en “las ruinas
circulares”. No ama a Gardel porque es de Toulouse, pero él,
Jorge Luis es más de Toulouse que Gardel. Vino a “ver” el coleo.
Escuchar el ruido de la caída del toro.
Antes de comenzar esta conversación, el actor alemán Rolf
Gunther, en el pasillo de Macondo, interpretó fragmentos del
Fausto, de Goethe. Borges lo sintió gracias a su oportuna
costumbre de estar. Se sentía su emoción, cada vez que Gunther
le recordaba diálogos y situaciones del Fausto, ahora estábamos
sentados alrededor de una mesa en el jardín de la casa. En el
plato de Borges, un pedazo de pollo preparado especialmente para
él. Yo le observaba su sonrisa, la comprendía. Así que, él o yo,
continuábamos en el delirio, é1 en el ordenamiento de sus ideas,
con las historias más sencillas y triviales, Borges Babilónico,
Arca de Noé.
Borges me dice:
-Ahora puedes acomodarme el bastón en algún lugar. El águila que
tiene el bastón de Lousiana, es el águila americana.-
Yo agarré el bastón de Borges, lo coloqué “Al Horizonte de un
Suburbio”, que por lo demás podía confundirse con el
planteamiento estético sobre los americanos.
De nuevo entra en los laberintos, persiste la sorpresa, las
señales propicias del alucinado, del candoroso a la palabra con
humor, muchas veces llena de ironía.
Al sentarnos a la mesa, le recuerdo que a él lo que le gusta, es
el arroz con manteca...
Borges, nuestro tema sería el bastón, pero es mejor que hablemos
sobre el gusto, sobre los sabores, sobre las comidas...
Sobre el paladar, estoy muy agradecido, al cabo de tantos años
estoy descubriendo que los sabores pueden ser una felicidad, un
placer, eso no lo sabía antes, lo he descubierto en Venezuela.
Estaba esperando los sabores.
Nosotros desafortunadamente conocemos dos sabores, lo salado y
lo dulce, y existen otros el ácido, el amargo, el agrio, el
simple.
No es eso demasiado abstracto, cada sabor es singular, está más
allá de la dulzura...
¿La dulzura del corazón, la dulzura de la vida?
Claro, como yo soy un individualista, de sangre inglesa, yo creo
en los individuos y no en las relaciones, en los hombres y no en
la humanidad, cada sabor lo veo más allá de lo ácido, de lo
dulce, de lo amargo, cada sabor es único.
¿Cuál ha sido el plato predilecto de Borges?
Yo creo, que el arroz con manteca y queso, y el dulce de leche,
el dulce de tomate también.
¿Sabes cómo se preparan estos platos?
Yo no sé cómo se preparan, soy muy ignorante. Quizás María sepa.
Yo sé que el dulce de leche se hace con leche, con azúcar y con
bicarbonato para que se mantenga más. Con leche de vaca, no de
cabra como en México que es horrible, y se lo comen. Es horrible.
Y en la infancia Borges, los platos que preparaba tu madre, ¿te
recuerdas?
No, ella no preparaba nada, ella no sabía cocinar. Bueno, cuando
yo era chico, era muy pobre la comida en Buenos Aires, las
pastas italianas no habían llegado todavía. Se comía carne tres
veces al día.
Claro un país de carne...
Ahora no, está muy cara la carne. Estamos hartos de carne,
ningún argentino le gusta la carne. Los de mi generación
comíamos carne tres veces al día. Puchero todas las mañanas, al
mediodía bifet, y en la noche churrasco y después milanesa.
Después vinieron las pastas italianas hacia 1910, descubrimos
los ravioles, los ñoquis, que son ahora la comida nacional. Los
domingos antes del puchero de gallina o de las empanadas, y
ahora están los ravioles. Y esto se ha convertido en una nueva
tradición porque son muy ricos.
Pero, esto es una influencia de los italianos...
Excelente influencia ha sido para nosotros. La República
argentina ha tenido tres privilegios que no ha sabido aprovechar,
primero una fuerte clase media, creo que es la más importante,
luego una fuerte inmigración extranjera, que se ha aumentado
mucho últimamente, hay muchos armenios, le siguen los libaneses,
japoneses, una buena inmigración judía, y luego en los años
anteriores, ingleses, alemanes, franceses, claro los ingleses,
franceses y los alemanes, eran siempre gente culta, en cambio la
inmigración española o italiana no, muchos de ellos han
aprendido el castellano en Buenos Aires. Llegaron hablando yo no
sé, gallego, o lo que fuera, eran dialectos. Teníamos una fuerte
inmigración extranjera, luego problemas raciales no había,
porque matamos a los indios y los negros se murieron. Cuando yo
era chico eran muy frecuentes los negros, ahora no hay. Mi
familia era pobre, de modo que sólo teníamos cinco o seis
esclavos nada más. La gente rica tenía más. Los esclavos creían
que eran autóctonos, no sabían que los habían traído del África.
El negro es tan criollo como el blanco, como el gaucho que es de
sangre blanca. Hubo un regimiento que comandó mi tío bisabuelo,
el general Soler, se llamaba el regimiento Nº 6 de pardos y
morenos, hubiera debido ser de mulatos y negros, pero para no
ofenderlos fueron pardos y morenos, que se distinguieron en la
batalla del Cerrito cuando los españoles en Montevideo. Eran
excelentes soldados de infantería, porque no eran gente de
campo, eran cocineros, mucamos.
Borges, ¿era el mismo tío abuelo que peleó en la batalla de
Junín?
No, no, no, ése era mi tío bisabuelo el coronel Suárez, que fue
soldado de Bolívar, comandó una carga de batería peruana en la
pampa de Junín, en el año, caramba, creo que en 1826. Porque é1
había nacido en el 99 y tenía 27 años, y era primo de Rosas,
pero con Rosas no entró unitario. Bueno, de modo que hemos
tenido esas ventajas, una fuerte inmigración extranjera, una
fuerte clase media, cuatro países muy ricos, y problemas
raciales no ha habido, porque la guerra con el indio fue
despiadada.
Y el personaje de “El hombre de la esquina rosada”, ¿qué comía?
Yo no lo sé, comería carne, como todos nosotros y matearía desde
luego. Mucho mate. En cambio el mate ha desaparecido de Buenos
Aires. Por ejemplo, María Kodama, no lo ha logrado ver nunca. No
es que no lo conoce. Bueno, en casa ha visto un mate plata que
mi bisabuelo Suárez trajo del Perú. Es el único mate que ha
visto en su vida. El café, el chocolate, el té, si los conoce.
Los llaneros qué toman aquí, café, no.
Los llaneros toman café, pero un café aguarapado. Mejor dicho lo
toman de dos maneras, en la mañana, un café fuerte que ellos
llaman serrero. Y después en el transcurso del día toman café
aguarapado.
A lo mejor me sirven, ahora, arroz con manteca con un poquito de
queso.
María Kodama, le recuerda qué no puede ahora comer arroz con
manteca.
Borges, ¿no te gusta la cebolla y el ajo?
No, no soy ni norteamericano, ni español.
Borges, ¿la impresión de Venezuela en las pocas horas de estar
aquí?
Por ahora excelente, pero no sé si tengo derecho a hablar de
ello. Dos, tres horas en Venezuela.
Pero, fíjate Borges, tú hablabas que Bioy Casares, en una
oportunidad te había hecho referencias sobre el llanero
venezolano comparándolo con el gaucho.
Bioy no me ha dicho nada de eso. Todo lo contrario, voy a sacar
un libro contra los gauchos, diciendo que los gauchos son
pequeños comerciantes.
Una de las razones por las cuales quería venir a Venezuela, era
la de presenciar una coleada de toros.
El coleo se ignora en mi país. Bioy me dijo que era imposible.
Que ningún jinete podía hacer eso. Un gaucho no, un llanero sí.
Me dijo que era imposible, salvo que sean novillos, y, aun así
es muy difícil, me dijeron, en el Uruguay algunos Jinetes que
era imposible, que era una mentira, que no podía haber esa
fiesta.
Yo no sé nada... En Buenos Aires, me dijeron que era imposible
lo del coleo.
Borges, Luis Alberto Crespo, quien conoce mucho el llano, y
tiene varios caballos en Guardatinajas, ha visto toros coleados,
él puede decirnos algo.
Crespo:
Los toros coleados, aquí, es la segunda Fiesta Nacional. Es un
rito, es un ritual que hay en todos los pueblos, en los llanos
de Venezuela. Todos los sábados y domingos hay toros coleados.
Es impresionante la violencia, la belleza que se ve. Existe
desde hace mucho tiempo, y creo que Venezuela y México son los
únicos que practican el coleo.
Borges le dice a Crespo -Yo no lo sabía... ¿Y Colombia no?-
Crespo:
No, esos justamente es muy venezolano, porque quienes primero
practicaron el coleo, que era el tumbar una res corriendo con el
caballo fue el general José Antonio Páez, esto es muy venezolano,
porque en España no existe.
Borges: No, no existe. En Argentina me dijeron que era imposible.
Yo leí eso en un libro sobre Páez.
Un llanero muy valiente.
Llanero, que linda palabra. Se aplica a los Riojanos, los de
Quiroga, los llanos de las riojas. Hay muy buenos jinetes. Yo
creo que en general el jinete de montaña es superior al de
llanura. Un sobrino mío me dijo que Tucumán el gaucho era mucho
más diestro que el de la pampa, porque tiene que halar montañas
y hay bosques espinosos. Es decir que un peón, que un gaucho en
la provincia de Buenos Aires no podría trabajar. En cambio en
Tucumán hay cerros no muy altos, pero son muy ásperos, y hay
vegetación espinosa, es decir que un peón, que un gaucho en la
provincia de Buenos Aires no encontraría trabajo, sería muy
torpe. Claro digo un jinete pampeano sería torpe, y los
uruguayos son mejores que los argentinos porque es tierra
quebrada, son cuchillas, son sierras, los mejores jinetes de la
llanura, tienen que resolver muchas cosas, tienen que escalar.
Pero no sólo en los jinetes, creo que en los animales también,
un toro de la llanura y un toro de la montaña, sus carnes son
muy distintas, son más duras las carnes de la montaña, los
animales suben y bajan los cerros.
Los gauchos del norte, los de Salta son de montaña, los de
Uruguay y los de entrerríos son de cuchillas, de las serranías.
Los de provincia de Buenos Aires, no, el jinete de la pampa no
es tan bueno como los de las montañas y los cerros, y es
natural.
¿Y el Borges joven?
Cuando era chico, en cada esquina había alguien templando una
guitarra, no sé si la tocaba. El piano, la flauta y el violín,
los instrumentos del tango no eran los del pueblo. Los de los
inquilinatos no gozaban el tango. El tango lo impuso la
aristocracia. El pueblo nunca lo aceptó, las mujeres no querían
bailarlo. Yo vi parejas de hombres bailando tango en las calles,
las mujeres no querían hacerlo, lo veían como un baile de
prostitutas, y la letra era muy obscena, y las figuras eran muy
extrañas, eran figuras de coito. En París lo hicieron
melancólico, lo hicieron lento. Cambió totalmente. Quien se
encargó de transformarlo fue uno que se llamó Carlos Gardel, é1
era de Toulouse, quien no quiso nunca ser ciudadano argentino.
Tenía razones era francés y no quería renunciar a su patria. A
é1 personalmente no le gustaba el tango, a él le gustaba la
música de campo, pero le dijeron que podía tener éxito cantando
tangos y se resignó. Luego murió en Colombia, en un vuelo, en
Medellín, en esa ciudad hay una casa gardeliana, que tocan
tango, lo tocan muy mal pero lo tocan.
Pero usted es gardeliano Borges?
No, no, yo no.
¿Usted no es tanguero, usted es más bien milonguero?
Más bien si. Yo hubiera podido oírlo a Gardel, pero habíamos
visto con un amigo un film de gángsteres, de modo que después de
ver ese film oímos cantar a ese maricón de Gardel, de modo que
yo no lo vi nunca. En disco si lo es.
¿y cuál es el músico que más te interesa?
Yo no entiendo nada de eso. A mi me hizo escribir milongas, no
recuerdo el nombre de quién fue. Me dijo que si quería escribir
una milonga, yo no sé nunca había escrito una. Pero se me
ocurrió la primera, recordé a un hombre que lo habían matado a
puñaladas, la Milonga de Jacinto Chiclana, escribí la letra y
luego é1 le puso la música. Yo tengo un libro de milongas
titulado “Para las Seis Cuerdas”, son las cuerdas de la
guitarra.
“Entre las cosas hay una
De la que no se arrepiente
Nadie en la tierra. Esa cosa
Es haber sido valiente...
…Siempre el coraje es mejor
La esperanza nunca es vana;
Vaya Pues esta milonga
Para Jacinto Chiclana...”
Bien Borges, ¿y los payadores?
Ahora los payadores, he conocido muchos, cantaban sin alzar la
voz, casi en voz baja. Y la música era muy monótona, pero podían
improvisar versos disparatados, pero medidos por cinco o seis
horas, hasta que se cansaban, eso se llama payada de
contrapunto, que es como un duelo. Y eso se hace con muy buenos
modos. Generalmente la milonga se cantaba así, estos son unos
versos del Martín Fierro:
“Susurraba por desgracia
que había un baile Por allí
y me dio desesperado
al ver la milonga juir
Como nunca es la ocasión
por pelear me dio la tranca
Me la prendí con un negro
que trujo una negra en ancas...”
Y eso seguía horas y horas, sin que alzaran la voz. Era todo
disparatado. Yo recuerdo que entré a un almacén de Buenos Aires
con un amigo mío, lo saludó. Un payador que estaba allí, nos
dijo este disparate (la tonada no sé cuál era):
“Siéntese con eminencia
en el sillón soberano
si se sienta su presencia
se habrá sentado lo humano”
No dice nada, absolutamente nada, pero qué importa, estaba
medida y rimada. La gente lo que le interesa es la forma y no el
fondo. Siempre que fueran más o menos octosílabos, más o menos
rimados, eran aceptados. Seguro que aquí lo hacen en el llano y
con guitarra.
Lo hacen con otro instrumento llamado el cuatro, y organizan un
conjunto con arpa y maracas. Y los versos también son
disparatados y es un contrapunteo...
El cuatro... ¿se parece a la guitarra?
El cuatro es un instrumento de cuatro cuerdas, es más pequeño
que la guitarra...
¿Y la guitarra eléctrica qué es?
La guitarra normal tiene su caja sonora, mientras que la
guitarra eléctrica es plana, y son las cuerdas por la
electricidad las que producen el sonido, digamos un sonido más
ruidoso, más moderno...
En el sentido más melancólico de la palabra por lo moderno como
usted dice.
Sí, melancólico por la añoranza de esa guitarra tradicional.
¿Y por qué se llama eléctrica?
Sencillamente porque le agregan electricidad.
¿Y la forma es igual?
Su forma es más moderna...
¿Qué quiere decir moderno, más grande o más chica?
No, es por el diseño, el diseño no es el tradicional, ahora las
hacen con otros materiales, se ven más refinadas, brillantes...
¿Y es más fuerte el sonido?
Es más fuerte el sonido. Las fabrican en el Japón , o en los
Estados Unidos...
Los japoneses son mejores artesanos que los norteamericanos, en
el sentido estético.
Tienen más tradición...
Yo estuve cinco semanas en el Japón. Y decía - caramba soy un
bárbaro -, estoy en un país civilizado, que raro, claro era una
experiencia nueva para mi. Y eso que me he quedado en Suiza, he
vivido en Inglaterra, país que quiero mucho.
“Capitán, los afanes son engaños
Vano el arnés vana la porfía
Del hombre cuyo término es un día;
Todo ha concluido hace ya muchos años.
El hierro que ha de herirte se ha herrumbrado;
Estás (como nosotros) condenado”.
Borges, y ¿cómo es eso de que un argentino esté comiendo pollo
cuando le gusta mucho la carne?
No creo que le guste, se resigna a ella. Nos educaron así. En
Buenos Aires es lo más caro que hay, la carne. Más barato es el
pollo, pavo...
Y el conejo?
El conejo es muy raro comerlo en Buenos Aires. Lo que yo he
comido es nutria, en Rosario, en Santa Fe. En Buenos Aires no se
come nutria, es como el lechón, es una carne, así fuerte más
bien. Pero fiambre es rica. Ahora el gusto es un poco fuerte.
Las bruchan todo, la piel, la carne, todo, pobrecitas. Yo conejo
no he comido, ¿es rico?
Es muy sabroso, es una carne distinta., cómo se podría explicar,
parecida al pollo...
Al pollo, ¿es raro el pollo?.
No es como el pollo, su carne es blanca como el pollo, un
poquito hacia el rosado, es más fuerte, es más gustosa.
Yo quería ser vegetariano, pero no puedo, me gustaría. Es
horrible alimentarse de cadáveres...
Yo no he comido conejo... ¿Y usted María?
María Kodama:
No Borges, yo no, si no como carne no voy a comer conejo.
Borges ¿cómo era la relación con Lugones, a quien le dedicas “El
Hacedor”?
Yo tenía la esperanza de que a Lugones le hubiese gustado “El
Hacedor”. A Lugones no le gustaba lo que yo escribía, con toda
razón, desde luego. El me apreciaba como persona y no como
escritor. |