poemas
Caballero a solas
Un caballero a solas en la sala de baño
Rigurosamente desnudo
Sin zapatos ni portadocumentos
Es una rosa blanca recién acabada de arrancar
Recién abiertas en las muñecas
Las hendiduras de la hoja
Recuerdo de un jardín
A quién pueden servirle mis palabras
Nada eterno contienen
Tal vez el recuerdo de un jardín
No se sabe en qué tiempo
Ni en qué Edad
Solo un puñado de cenizas
Que el fuego abandonó
En el pozo sin fondo de la memoria
Voluptuoso estío
Me aproximo a la estación del mediodía
Al voluptuoso estío que desprende el fruto de la rama
Agosta y tiende los pastos amarillos
e incendia los nidos y corolas con relumbre infernal
Me aproximo a la estación del mediodía
El panteonero echa una siesta entre las cruces blancas
Tendré sumo cuidado en no sacarlo de su liviano sueño
Procuraré no ser tomado por esa mano aviesa
Que se cierne sobre toda curvatura
Pabellón de los cielos
Mi palabra y mi sueño
Son un mismo tema de animales
En mansedumbre todos
Rapaces, viperinos, como llamas de vida
Resplandores efímeros
Reposando sobre sus patas delanteras
Y
acompañándonos en este paso por el mundo
No hay nada más bello que un león hambriento
Ni nada más conmovedor
Que un ciervo paralizado por el miedo
Ellos son la paz del Universo
Las figuras que ornamentan
El gran pabellón de los cielos
Toda mi confianza sea con ellos
Mortales como yo, dulce compañía.
Rojo entre el amarillo
Tú, entre los cardos
Criatura podrida aureolada de moscas
Tú, entre los insectos carniceros
Cuerpo en crepitación
Vientre y lengua más procaces
Que el sol sanguinolento entre los álamos
Tú, entre los luminosos rumores
Del campo al mediodía
Mi Semejante, mi hermano masacrado |