Clique aqui: milhares de poetas e críticos da lusofonia!

Endereço postal, expediente e equipe

 

 

Um esboço de Leonardo da Vinci - link para page do editor

banda  hispânica

jorge dávila vázquez

 

Jorge Dávila Vázquez (Cuenca, Ecuador, 1947).

Estudios

Lengua y Literatura en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Cuenca. Licenciado en Humanidades,  Profesor de Segunda Enseñanza y Doctor en Filología.

Teatro, en la Escuela Superior de Arte Dramático de Marseille; en Villeurbanne, con Roger Planchon, y en la Escuela Superior de Strasbourg. (Año lectivo 1970-71. Beca del Gobierno Francés).

OBRAS

Nueva canción de Eurídice y Orfeo,  poesía (Ediciones del Municipio de Cuenca, 1975).

María Joaquina en la vida y en la muerte, novela, Premio nacional de Literatura "Aurelio Espinosa Pólit" 1976. Cinco ediciones: EDUC, Quito, 1976 y 1982,  Ed. El Conejo-Oveja Negra, Bogota, 1986, Monsalve Moreno, Cuenca, 1993, Libresa, Colección Antares (107), 1994.

El Círculo Vicioso, cuentos, Depto. de Difusión Cultural de la Universidad de Cuenca, 1977.

Los tiempos del olvido, premio Nacional de la Casa de la Cultura de Quito "Al mejor libro en prosa literaria". Tres ediciones: CCE, Núcleo del Azuay, Cuenca 1977; Imp Monsalve, Cuenca, 1979, y CCE, Quito, Colección Básica de Escritores Ecuatorianos (100), 1989.

Pequeñas desolaciones, in. en Narraciones, volumen Colección Letras del Ecuador, CCE, Núcleo del Guayas, Guayaquil, (88), 1979. Título compartido con Eliécer Cárdenas.

Relatos Imperfectos, CCE, Quito, 1980. Colección Básica de Escritores Ecuatorianos (33).

Este mundo es el camino, cuentos, Premio Nacional de Literatura "Aurelio Espinosa Pólit" 1980. Dos ediciones: EDUC, Quito, 1980, y CCE, Núcleo del Azuay, Cuenca, 1985.

Con gusto a muerte, teatro, Imp. Monsalve, Cuenca, 1981.

Cuentos de cualquier día, CCE Núcleo del Azuay, Cuenca, 1983.

Las criaturas de la noche, cuentos, Colección Letraviva, Planeta del Ecuador, Quito, 1985.

Espejo Roto, teatro, Premio Nacional Casa de la Cultura, Quito, 1990. En Teatro Ecuatoriano, Ocho obras seleccionadas por la Casa de la Cultura Ecuatoriana, CCE., Quito, 1991.

De rumores y sombras, tres novelas cortas, Colección Letraviva, Planeta del Ecuador, Quito, 1991.

El dominio escondido, cuentos, Colección Antares (74), Libresa, Quito, 1992. Estudio introductorio: Felipe Aguilar.

El dominio escondido, dos cuentos, Universidad de Salta, 1996.

Cuentos breves y fantásticos, Ed. El Conejo, Quito, 1994.

Acerca de los ángeles, cuentos, edición trilingüe, español, inglés, francés,Imp. Monsalve Moreno, Cuenca, 1995.

César Dávila Andrade, Combate poético y suicidio, ensayo,Univesidad de Cuenca, 1998.

La vida secreta, novela corta, Universidad de Cuenca, 1999.

Memoria de la poesía y otros textos,  CCE, Núcleo del Azuay, Cuenca, 1999.

Piripipao, novela corta, Universidad de Cuenca, 2000.

Libro de los sueños,  cuentos fantásticos, Monsalve Moreno, Cuenca, 2001. (Premio “Joaquin Gallegos  Lara “ de la Municipalidad de Quito, 2001)

Arte de la brevedad, cuentos, Libresa, Quito, 2001.

Historias para volar, cuentos, Alfaguara-Santillana, Quito, 2001.

Entrañables, cuentos, Alfaguara-Santillana, Quito, 2001.

El Parque mágico (cuento infantil didáctico, ilustrado por Esteban Torres) Cuenca, 2004.

Río de la memoria, poesía, Universidad de los Andes, Mérida-Venezuela,  2004. Segunda edición, Sínsula Editores, Cuenca, 2005.

La luz en el abismo y otros cuentos, Quito, 2004, Campaña de Lectura "Eugenio Espejo"

Minimalia, cien historias cortas, El Conejo, Quito, 2005.

La noche maravillosa, antología personal de cuentos,  Antares, 2006.

1. ¿Cuáles son tus afinidades estéticas con otros poetas hispanoamericanos?

Amo profundamente la forma aparentemente simple que tiene Borges de enfrentarse a lo cotidiano; me gusta el modo como Roberto Fernández Retamar hizo de lo coloquial una cabal expresión poética; Juarroz y Jaime Sabines han dicho cosas que me hubiera podido decirlas yo también a mi modo, no sé si lo consiga. Me siento cercano de todos los grandes poetas de América, no tanto por lo que pueda lograr, sino por emoción profunda que me invade al leer a un Carrera Andrade, a un Paz, a un Dávila Andrade, a un Vallejo, Un Huidobro, y a muchos, muchos más. 

2. ¿Cuáles son las contribuciones esenciales que existen en la poesía que se hace en tu país que deberían tener repercusión o reconocimiento internacional?

Fundamentalmente el universo entre lo simple y lo cósmico, lo familiar y lo universal que caracterizó a la producción de Jorge Carrera Andrade; la bella perfección formal de Gonzalo Escudero; la contenida pasión de Aurora Estrada y Ayala; la "adversidad y gloria", que hace de la poesía de César Dávila Andrade uno de los monumentos no solo de la lírica del Ecuador sino del Continente; el humano desgarramiento de un Alfredo Gangotena, un Francisco Granizo o un David Ledesma, cada uno con su tono y color propios; el dolor imposible de paliar de una Ileana Espinel; la fuerza antilírica y anticonvencional de Euler Granda; el paisaje y la revuelta vital-existencial del mejor Rubén Astudillo y A.;  la suave profundidad que hunde sus raíces en lo metafísico de un Bruno Sáenz y los colores, perfumes y sabores de las evocaciones de alimentos, cuadros, paisajes o momentos históricos de buena parte de la poesía de Julio Pazos.  

3. ¿Qué impide una existencia de relaciones más estrechas entre los diversos países que conforman Hispanoamérica?

La falta de una política cultural solidaria por parte de los diversos regímenes, más empeñados en lo bélico, lo comercial o la explotación de recursos materiales. El desconocimiento involuntario de lo que hacen nuestros vecinos. La limitación en los sistemas de comunicación, incluso en la época del internet.

textos

 

VALS MELANCÓLICO OPUS 5

 

Luego de la boda de Celina, cuando casi todos los invitados se habían ido, y no quedaba más que un pequeño grupo familiar, cansado y soñoliento, una pareja solitaria bailaba el vals de La Viuda alegre, que los músicos interpretaban mal que mal, en la semiebriedad del amanecer ceniciento

-Vaya, dijo mi tío Antonio, poseído de una mezcla de tristeza -porque estaba convencido que su sobrina favorita acababa de hacer un mal matrimonio-, borrachera -porque había bebido con todos, incluidos los miembros de la antipática familia política- y alegría, porque, por fin se terminaba esta fiesta organizada y pagada por él, pero hacia la que expresó, en todo momento una resistencia  mortal-; vaya, repitió, a lo mejor es un buen presagio.

-¡No digas semejante barbaridad! Se sobresaltó mi tía abuela María Emilia.

Pero él, solo sonrió, mientras a los lejos la pareja iba desapareciendo al compás de le melodía de Lehar que se extinguía como las últimas luces artificiales del salón, mientras el pálido nuevo día entraba por las ventanas.

Años después, durante las exequias de Celina, que efectivamente tuvo un desastroso matrimonio, alguien se acordaba todavía de la inútil corazonada de su viejo tío.

 

ROMEO

 

He tenido un sueño extraño. Iba disfrazado con una máscara, en pos de Rosalina, a un baile que daban en casa de Capuleto. Todos me decían “cuidado, cuidado”, mas, llevado de mi pasión, iba.

Pero en medio de la fiesta me encontraba con una joven desconocida, y ante ella olvidaba mi amor por la hermosa e ingrata Rosalina. Era una pasión sin medida, que no impedía ni el saber que era la hija del dueño de casa, del enemigo de mi familia. La seguía por toda la ciudad, la acechaba, buscaba los oficios de tercería de su nodriza, me bañaba en un mar de sangre, porque su familia y la mía se desangran desde hace tiempos por un quítame estas pajas.

Me desperté, sudoroso, atormentado, cuando los dos íbamos hacia la muerte, porque todo se oponía a nuestra unión, a nuestro amor.

-Menos mal que solo era un sueño, dije, y miré con ternura el retrato en miniatura de Rosalina, que llevo siempre conmigo. Menos mal. Pero algo extraño, como esas oscuras natas que se forman sobre las aguas más puras y transparentes, ha quedado flotando en  mi alma desde esta mañana, y no sé si es un presentimiento, un deseo secreto de encontrar algo que cambie para siempre el rumbo de mi vida o el temor de que ese sueño pueda tener algo de verdad y un día logre separarme de la mujer que amo, dejándome llevar por una pasión insensata.

 

INSTANTÁNEAS

 

A Jorge Velarde

1

Justo en el momento en que levantó el matamoscas, se dio cuenta que no era una enorme mosca zumbadora, sino un pequeño ángel desubicado, cuyas alas ronroneaban incesantes en la tarde bochornosa.

2

-Señora Lida, dice mi mamá que si sus hijos no aprenden a volar como es debido, ella misma les cortará las alas. Le están destrozando el jardín.

3

-Angelita, deja de hacer esas maromas con tu cuerpo, no saltes tan alto, te vas a romper un hueso. Tus alas no están todavía listas para el vuelo.

4

-Y esos que tocan la lira mientras vuelan, ¿quiénes son?

-Antiguos poetas.

-¡Pero no tienen alas!

-Les basta su inspiración para volar.

5

¿Quién iba a creer que cuando Isa dijo "me voy volando", se le encenderían dos alas en la espalda, con un fulgor solar, y que ella desaparecería en segundos en el espacio.

6

-Este chico, se queja la señora Juanita, la mujer del zapatero, me tiene loca con aquello de que es un ángel, ya no sé qué hacer. Y no se vuelve siquiera a mirar las piruetas del muchacho, en el aire, a muchos metros del suelo.

7

Estaban todos en el grupo, bromeando y riendo, como siempre a esa hora del atardecer, cuando vieron llegar a Marcos, más sonriente que de costumbre.

-¿Y tú que tienes?

-Por qué tanta alegría?

-Es que estoy estrenando alas. Y se quedaron boquiabiertos al verle alejarse, volando en dirección al sol poniente.

8

-Un ángel malo, dice la señora Justina, mientras quita el polvo de la peana de su San Miguel, eso eres. Y el demonio sonríe.

-¿Por qué dice eso? Jamás la he molestado. Nunca le causé problemas, y estoy siglos  aquí, sumiso bajo la planta del Defensor.

-¿Y los sueños? Refuta la viejecilla enfurruñada ¿Por qué no me dejas dormir en paz, y vienes con tu carga de pesadillas, todas las noches, a perturbar mi descanso?

Y pasa el plumero con furia sobre la imagen del ángel caído, evitando escuchar sus protestas de inocencia.

9

A veces se cansa del vitral, en que un viejo artesano de blancos y escasos cabellos, lo puso en adoración, con sus alas plegadas ante el sagrario. Sale de la vidriera y revolotea por la nave de la iglesia en penumbra. Algún solitario orante escucha un ruido de alas y piensa "un ave nocturna está dando vueltas por ahí. Como dicen que se alimentan de cera...", y vuelve a su plegaria silenciosa.

10

-No son ángeles, dice un querubín a otro, admirando un enjambre de mariposas multicolores, que revuelan sobre una cascada.

-Pero merecerían serlo, cavila, maravillado, el otro.

-Cierto, asiente el primero, y extiende sus manos transparentes, para que los hermosos lepidópteros se posen un instante en el aire, justo sobre el espejo plateado, al pie del salto de agua.

11

Después del choque violento, en que el halcón se destrozó un ala, el depredador miró fijamente al ángel.

-¿Qué clase de pájaro eres tú?

-No soy un pájaro, dijo el ser alado.

En medio del dolor, el ave de presa intentaba hacerse fuerte. Recordaba que la extraña criatura lo había tomado sobre sus alas y conducido a ese risco en que ahora dialogaban, justo después del impacto.

-¿Sabes que hay quienes me temen? Preguntó con tono altanero.

-Seguramente, dijo el ángel. Y miró las garras, el pico afilado.

-Y tú te has interpuesto hoy en mi vuelo, para evitar que cazara a una pequeña y estúpida torcaz.

-Me molesta la violencia, Me horroriza que maten a los inocentes.

-Nadie me ha hablado así, masculló el halcón. Ningún ave diría esas estupideces. Y miró, impotente por primera vez, el ala despedazada y sangrante, que le impedía atacar al intruso hablador y salir volando en seguida.

Este puso su ala multicolor y al mismo tiempo transparente como la de una gran libélula sobre la extremidad herida, y el halcón vio con asombro cómo se iba cicatrizando y cómo recuperaba la fuerza y la flexibilidad.

-¿Quién eres? Preguntó con una mezcla de admiración y temor.

-Un ángel. Dijo simplemente el otro. Anda, vuela...

El halcón lo miro rencoroso, y al mismo tiempo sorprendido.

-Ningún ave se llama ángel.

-No soy un ave, repitió paciente, el otro. Vuela, y espero que hayas aprendido algo.

-¿Aprender qué? Dijo desafiante el halcón, mientras se perdía en el azul, pero su corazón de rapaz sintió que dentro se formaba como un breve charco de luz. Inquieto, no sabía qué le ocurría, mas en su belicoso interior ya había cambiado para siempre.

 

EL JOVEN CENTAURO

 

A la memoria de Anthony Lobdell.

 

-Madre, tú nunca me has dicho que era diferente. Sentía tu amor día y noche, cubriéndome, con esa ternura tuya, digna de los inmortales, pero por qué nunca me dijiste que más allá de estos bosque en que crecí, de estas aguas transparentes, que tú repetías se parecían a las de la fuente Castalia; a lo lejos, en esos valles que apenas se divisan desde el pico más alto, habitan unos seres distintos a nosotros, con un cuerpo extraño, en el que apenas hay dos patas, y una constitución vertical que a nosotros nos está negada. ¿Por qué, dulce madre, que cantabas de un modo tan hondo, tan triste, que conmovías a las fieras y a las duras rocas, no me dijiste que esos que un buen día descubrí y me parecieron seres abominables, deformes, incompletos, nos consideran monstruos?

 

LA LECCIÓN PERDIDA

 

a Clara González  Hidalgo

 

En el libro Bestiarium, de Dulce María Loynaz -esa poeta magnífica, a la que alguien definía como “católica, apostólica y cubana”-, construido en veinte lecciones líricas sobre el mundo animal, en las que desfilan la araña, el cimpiés, el cocuyo, la abeja, la mosca, la mariposa, la serpiente, el ruiseñor o el rinoceronte,  falta la lección décima.

¿Sobre qué especie habrá versado ese texto desaparecido? ¡Quién podría decirlo! Pero es posible que tratase sobre el homo sapiens-sapiens, más conocido como el hombre actual. Ese ser dotado de una inteligencia tan asombrosa, que ha dominado el espacio, el mar y la tierra, pero que también ha devastado su planeta.

Ese ser tan poderoso a veces, que en su afán de sentirse dios, construye afanoso para destruir.

Ese creador de vida, de arte, de luz, pero también representante de una oscura especie, que mata a sus semejantes, pero no de cualquier modo, sino inventando sofisticados artilugios, de los venenos indetectables a la guillotina, desde las inyecciones letales, hasta la silla eléctrica, y de los más refinados artefactos explosivos, a las bombas atómicas, los misiles teledirigidos y las más inverosímiles armas nucleares.

Y no los mata, como muchas especies zoológicas, algunas tratadas en el resto del Bestiarium,  para sobrevivir, para aprovechar su carne, para marcar su territorio; no, lo hace porque ha convertido su singular inteligencia en una refinada máquina de eliminar a los demás, puesta al servicio de quienes ven en la muerte, desde tiempo inmemorial, quizás una curiosa y cruel, pero largamente repetida forma de engañar al tedio del poder, jugando a que son los más fuertes, los invencibles, los dueños de una vida que saben destruir, pero que siempre serán incapaces de construir.

 

EL DESPERTAR

a Héctor González

 

En sus últimos años, el abuelo tenía su viejo aparato de radio siempre encendido, y no escuchaba otra emisora que esa que daba todo el tiempo las horas y los minutos, obsesivamente. ¿Te acuerdas? Una pieza musical de otra época, la hora, los minutos, los segundos; una publicidad, y la misma historia. Era como si una fuerza oscura lo moviese, como si él quisiera saber qué tiempo permanecería aún sobre la tierra.

Por esa época, una de sus nietas, la pequeña Maria del Carmen, rubiecita y gorda, siempre sonriente, hasta cuando estaba triste; amable, dulce, servicial, aunque a ratos un poco fuera de la realidad, fue a vivir con él unos meses.

A las seis y media de la mañana, el autobús del colegio la recogía de la esquina de la casa del abuelo.

El parece que no dormía mucho entre la noche, y se desvelaba al amanecer, por eso, desde las cuatro de la mañana,  empezaba con la cantaleta: “María del Carmen, hijita, despiértate, levántate, tienes que bañarte, tomar el desayuno, arreglarte, no sea que te quedes dormida, no te vayas a ir sin tomar algo, María del Carmen, hijita...”

A las cuatro y media, a las cinco, a las cinco y media, se repetía el estribillo. María lograba vencer los últimos animalillos de los sueños, y se levantaba todavía sonámbula, tomaba un baño helado de segundos, se preparaba leche caliente con cocoa y la tomaba con un pan endurecido, preparaba sus cosas, ya más despierta, y se acercaba a la cama del abuelo, para darle un beso de despedida, y escuchaba todas las veces la misma frase angustiada:

-¡ Dios, mío! María del Carmen, me quedé dormido, ya te hiciste tarde, mi hija, sobre que te estuve llamando desde temprano...

Y volvía a quedarse dormido, profundamente, mientras ella salía de puntillas en pos de su viejo autobús.

 

EL VUELO

 

En el convento de los Descalzos de Lima, se abre la puerta de la pequeña capilla, y todo se vuelve luz, el arcoiris se transforma en esa Virgen aureolada de ángeles que pintó Angelino Medoro hace siglos.

El pequeño lego que nos guía dice que el beato Francisco Solano levitaba ante este cuadro.

Y el milagro entra de lleno en esta atmósfera de alas y rostros hermosos. Lo sobrenatural se vuelve cotidiano, y en esos segundos de éxtasis ante la belleza, todos sentimos que podemos elevarnos en el aire como el beato Solano y como los ángeles que rodean a la Madona.

 

projeto editorial do jornal de poesia

editor geral e jornalista responsável

soares feitosa

coordenação editorial da banda hispânica

floriano martins

.

Retorno ao portal da Banda Hispânica
retorno ao portal

Agulha - Revista de Cultura
revista agulha

 

 

Secrel, o provedor do Jornal de Poesia

 

 

 

Só a DIDÁTICA em prol do Homem legitima o conhecimento

A outra face do editor Soares Feitosa, o tributarista