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Desde el otro lado del oscuro espejo,
de Gary Daher Canedo
Martha Urquidi Anaya
La
poesía de Gary R. Daher Canedo ha ido evolucionando desde su
primera obra en que se nos entrega poemas sencillos, diáfanos y
espontáneos sobre el amor y la vida, a la manera de las endechas
y los madrigales clásicos de la poesía española, reverdecidos
por poetas como Juan Ramón Jiménez y Pedro Salinas. Aquellos
poemas del tiempo en que el poeta creía aún en el amor y Dios,
sin cuestionarse. En su segunda obra "Los templos" cambia de
modalidad poética y se muestra preocupado por una mayor
estructuración formal y temática; para el efecto, juega
poéticamente con diversas concepciones y prefiguraciones
metafísicas, ideadas por el hombre para descifrar el sentido de
la vida humana. En la parte medular de "Los templos" podemos ver
la expresión poética de las distintas transfiguraciones y
moradas espirituales que atraviesa el ser durante su transcurso
terrenal, en un hipotético viaje hacia la luz eterna.
En su tercer libro, que presentamos hoy, Gary R. Daher Canedo
emprende el camino de retorno al interior de sí mismo y por lo
tanto de todos los seres humanos, se ahonda en las motivaciones
íntimas del ser que transcurre en el mundo y al hacerlo, sondea
en las zonas más profundas del alma, de la unidad sicofísica que
somos mientras transcurrimos en la vida y, de este modo, llega
al otro lado del oscuro espejo que somos nosotros mismos.
Pretende buscar lo incorpóreo dentro de lo corpóreo. Para esta
búsqueda de las últimas razones del ser se olvida de la razón y
apela a su instinto de lo bello. Así pues esta expresión lírica,
nacida de raíces existenciales profundas, se libera de toda
utilería verbal insustancial, para crear una obra de arte de
excepción. Así nacida, su poesía se va articulando en base a un
nuevo lenguaje hecho de imágenes, lúcidas metáforas y atmósferas
que rutilan en un ámbito de sueños y de música. Así surge una
obra hondamente vivencial sobre los azares de la existencia
humana, la vida y sobre todo la muerte, que es propia de nuestra
esencia íntima y es la gran protagonista de esta obra.
Las imágenes de gran originalidad que utiliza el poeta, le
llegan al lector como ráfagas relampagueantes de ideas,
sentimientos e intuiciones, que van más allá del rutinario
conocimiento de las cosas. Es un libro grave, filosófico, en que
la muerte es cantada en tonos profundos y sombríos, con una
extraña y fascinante belleza. Es un solo gran poema salmodiado
con diferentes matices del existir. Es también un Réquiem y un
De profundis por todos los muertos del mundo. Nos lo anticipa la
significativa portada de la obra "Apoteosis de la Guerra" que
corresponde a un cuadro de Vasily Vereshchagin: en él se muestra
un paisaje desolado donde se perfila una colina de cráneos
desnudos, sobre los que se enseñorean los cuervos.
Dice el poeta: "los cipreses crecen desmesurados en un viento de
queja / las cajas se pudren / y los huesos / que fueron lo más
reservado / muestran su intimidad aún poblada de rastros".
Observa cómo al ser cremados los cuerpos, "sólo el humo es el
heredero de las pasiones".
Los poemas van estallando en imágenes sonoras y vemos al poeta
llegar a la certidumbre del no ser, en que la ilusión del cuerpo
termina en milenarios promontorios de cráneos que, como en ara
de sacrificios, se blanquean al sol y de los que han huido para
siempre, lo que fueron las pasiones, odios, amores, ideas. Sólo
queda el lugar donde "nosotros somos la sombra sin memoria".
Dice el poeta:
Bendecidnos
sombras imperturbables
viajeros del muro y de la noche
nosotros también peregrinamos hacia el seno
interior y negro del olvido.
Por momentos el poeta se revela ante tanto poder de la muerte y
exclama: "Huid almas, abrid, abrid / el sacrificio de morir no
es suficiente", y se interroga. "Seré yo eso que enterraron los
otros?". La muerte no puede ser el entierro definitivo de la
vida y el alma. Este sentimiento es sobrecogedor. El poeta
transfigura su miedo para ir más allá de los lutos, los rituales
y las lamentaciones y se libera de "ese miedo que es la túnica
de los ceremoniales con que se despide a los muertos" y llena de
preces los labios de los que se quedan. Comprende que lejos de
la angustia existencial, sólo "paz es el devenir del infinito
olvido".
Gary Daher Canedo muestra la vida y la muerte como experiencias
inseparables e ineluctables que constituye nuestra íntima
esencia y lo expresa con una musicalidad "asíncopa, lúdica y
hermosa", como el transcurrir de la vida misma.
La poesía primitiva espontánea, clásica, romántica, simbolista,
surrealista, ultraísta y la libre en sus diferentes
manifestaciones y denominaciones, han desplegado todas las
posibilidades del pensar y sentir humanos, han variado de forma
y de vestidura, pero en el fondo el contenido es idéntico.
Fueron siempre manifestación de lo que subyace en el fondo de la
conciencia humana, la búsqueda de los sentimientos de lo
inefable y de lo inexplicable, que no puede expresarse sino como
poesía o arte o sea de aquello que está profundamente ligado a
lo más bello y verdadero que puede experimentar, pensar y sentir
el ser humano.
Es un error pensar que la poesía tiene hoy menos adeptos que en
otros tiempos. Para comprenderlo basta pensar que siempre han
existido la poesía culta y la popular. La diferencia tal vez
está en que hoy masivamente ella se ha refugiado en los
cancioneros populares del mundo, que asociada a la música es
difundida a través de los modernos trovadores, juglares y
cantoautores de hoy. La poesía popular está vigente de este
modo. La otra, la que cala hondo se ha hecho más escasa,
hermética y sofisticada, hay que conocer sus códigos y secretos,
sus connotaciones últimas, la explicación que nos da sobre su
percepción de la verdadera naturaleza de las cosas, para a
través de su lenguaje cifrado conocer la nota más allá que puede
producir la sensibilidad humana. Es esta la alta poesía. A este
género pertenece la última entrega poética de Gary R. Daher
Canedo que ha crecido como poeta y nos da una prueba de que la
poesía verdadera subsiste aún en esta era de cibernética y de
electrónica.
Hoy, que el hombre es estudiado por la ciencia como un fenómeno
natural explicable, o sea como casi una perfecta máquina
electro-magnética, que responde a estímulos naturales
comprobables. Que estudia la mente y el cerebro como una
maquinaria predecible que actúa por estímulos eléctricos sobre
un amasijo de nervios, conexiones, fibras y neuronas y que hasta
la luna perdió su privilegio de motivo predilecto de inspiración
de los poetas luego que el hombre puso sus pies sobre ella, aún
persiste la poesía misteriosa e inexplicable, como todo arte,
utilizando los reservorios de la memoria ubicados en el
hipotálamo, para hacer conexiones imprevistas, de creatividad.
Con lo cual, como afirma el conocido historiador del cine y la
creatividad humana Edgar Morín, "Los marcos de la percepción
práctica están fijos, pero igualmente abiertos a lo fantástico,
y, recíprocamente, lo fantástico tiene todos los caracteres de
la realidad objetiva" o sea que siempre queda una ventana
abierta hacia lo irreal, lo creativo, que es la actividad
trascendente que caracteriza al hombre. Los sueños, las
alucinaciones, las imágenes son precisamente el mundo en que se
mueven los artistas y particularmente los poetas. Su oficio va
más allá de lo explicable por una lógica lineal para darnos una
visión mágica y distinta de la vida, de la muerte y del mundo.
La poesía que esta vez nos entrega Gary Daher Canedo en Desde
el otro lado del oscuro espejo [La Paz, Ed. Acción 1995], es
una alta poesía que hay que degustarla como un buen vino, como
una reflexión sobre nuestra realidad existencial, como una
aventura sigilosa del espíritu (al estilo de Lezama Lima), por
el campo misterioso del ser que no se agota en su soporte
material que es le cuerpo, que asciende mediante el pensamiento
y la belleza, a un mundo por nosotros ignorado, pero siempre
presentido como una oscura nostalgia de Dios. |