poemas
POR TI NO PASA NUNCA EL TIEMPO, 5
Cuando penetras por la puerta con los ojos cerrados
despidiendo ese olor extraño que tiene la tierra mojada
con el calor de las profecías;
cuando te hinchas así, plenamente cálida como un fruto reventado
en la fálica costumbre de morder el madrigal de tus huesos
y
huir como un carpintero
cincelando todas las partes
duras, ubérrimas
puliéndolas y dándoles ese acabado perfecto
de las estatuas
antes del coito
y
las gárgolas en las altísimas torres buscan refugio
o
asedio para copular
en el vino de la oscuridad
y
beber todas las pociones posibles;
¿cómo no silbar con las cápsulas abiertas,
llamar a Dios después de Dios y todo
y
conversar un rato con la diatriba de los elfos
y
pedir el otro cayado de la realidad
hasta el mordisco
cuando un nórdico va pisando las tierras
-ciegas y suecas-
como la sangre del pastel, blanca como el aceite hirviendo
de la nieve, la suma total de los poderes
es un cuenco abatido por un árbol
donde se sienta la abuela a pestañear sombras
y
lujuriar eclipses.
¿Cómo no creerse indiferente a estas visiones?
¿Cómo no cantar al vuelo
y
a la pasión anfibia de las llamas?
Es la absolución total o el fuego despertado
cuando en esta cárcel de espuma el caracol con su túnica interroga
por las sílabas opuestas a la música maldita,
por la asunción de su Maldoror a través del ojo
y
las rosas acuchilladas en la capa con deleite,
entibian al puñado de duendes en la diatriba del infinito
y
los águilas harpías del pensamiento picotean los huesos
de familia, pateando a un dios en los riñones
y
éste vaciando su cuenco de la vida
por los campos miccionados
por otra menstruación de dama,
¿Cómo no aislarse en el desmadre de la tierra,
en la salutación de los toros y los bueyes
y
el sol labrado dispuesto en las participaciones
del vino pascual y los mosaicos
que violentan al dueño de los baños
de animales y semidioses retirados
en el páramo de mi muñeca, el pañuelo envolviendo
la entrada hacia otros reinos,
su alcor de lluvia, su transmutación de fiebre,
casa colgada, espejo del diluvio;
vienes y vas con el plenilunio tintineando
las
sábanas oscuras del pueblo guardan cordones umbilicales de hierro
y
maracas mudas de otros fetos
que nos vieron nacer
despacio.
ALICIA EN EL ESPEJO O LA APERTUA DEL LIBRO DE LAS MARAVILLAS
Entonces Alicia recorre su delicia
prepara las poses para la instantánea fotográfica;
Lewis Carroll dibuja el paisaje para la fotografía.
Está ahí llena de andrajos, resuelta de pordiosera,
es la lluvia de plurales, cuando todos los conejos de Pascua
se
incendian y todos los demonios dejan sus remos pudriendo
en la derrotada orilla. Sus ojos son dos lagunas muertas
donde dejan los águilas sus efebos fluviales
¿Quién es ella la que entra con doradas voces
en el acertijo de la nada, cuando toda queda invocado
y
puesto sobre la mesa como un huevo triunfal
para
un comensal de oro?
y
desayunan las huestes y las Parcas
van acampando con ese sonido de cuerpo vacío
que tienen las aves sin esqueleto y sólo canta el pico
amaestrado de su daga cuneiforme y la apertura del libro
de las Maravillas es otro salmo vocalizado por la carne
y
sólo solfean las niñas desnudas para el ojo de Carroll.
Son muchas las poses para la instantánea fotográfica.
Aquí te veo, Alicia, con dedos de piedra
con ojos asustados y medias vacías sin golosinas.
¿Qué pone a nadar a los deseos en el ánfora del espanto?
Levántate, Alicia, que no duerma más tu deuda de muñeca.
¿En
qué espejo de hombre entraste para descubrir las maravillas?
¿Acaso se oculta un delfín detrás de tu oreja
o
es que la cornucopia de acanto se matizó en tus senos
hasta vociferar leche pastosa en cada pezón de julio
cuando en aquel paseo por el río escuchaste las sílabas
niñescas de aquel matemático de niñas impúberes
para
luego iniciar esa marcha forzada de tu inocencia hacia el espejo?
Aún no se ha escrito el libro de tus posesiones
ni de las visiones terrenas que observaste en aquel agujero
cavado junto al árbol de la noche.
Se cierran tus ojos, cabecea el cuerpo junto a tu hermana.
Liebre llega tarde.
POR TI NO PASA NUNCA EL TIEMPO
(FRAGMENTO)
II
Cierto, no estarás desnuda por ruinas y hospitales, ni dejarás que
se lleven al mar tus revelaciones en el espejo de tu carne,
mortalmente edificada por arquitectos dantescos o por guerreros y
ancianos egregios, que quemaron sus barbas y alzaron las naves para
huir de su pueblo y dar saltos de eclosión o de miserableza, tanto
fuego reunido sirvió para consumar un cadáver, es decir un cuerpo,
una sangre una noche o un aullido no fue suficiente,
para tanta moral escrita, para tanto orgasmo petrificado en los
esqueletos de la ciudad, que aún se alzan como dentelladas,
como saxofones viejos, actos de fe, pianos rotos, poemas inválidos y
ciegos que murmuran frases delante de los semáforos.
He llorado por cada clavo que crucifica la generación,
la violación de la rosa, los párpados de Cristo y las imágenes
obscenas de los figurines, el hambriento alucinado, la tez del
vidrio y las canciones semienterradas. He llorado aquí,
junto a ti he llorado
grandes desiertos, sabanas, montañas, colinas, volcanes, penínsulas,
cabos, golfos, cayos, islas, océanos, mares vivos o muertos,
cantidades de accidentes geográficos no fueron los tantos para mi
llanto accidental de tierra! Diríase mi llanto poético,
mi llanto prosaico, cuando lo habla con su lengua muerta el
tesalonicense, o con los dialectos ocultos de las cerámicas que
recibirán mis huesos, la estrella colocada,
tú, la constelación que ofrezcas, el rebaño limpio de las probetas
de luz, el racimo de meteoros que colocarás cada año en aniversario
de mi nacimiento o en el aborto de mi muerte.
Tanta sangre fue necesaria para que colocaras tus ríos en las
tierras y dejaras fecundar tus ovarios con la lluvia de polen y de
otros insectos incendiarios que plantaron un bosque y se dejaron
llevar por los sonidos y las onomatopeyas de la creación, tanto
nombre pusiste a las cosas creadas y te faltó nombrar a los males
que saldrían de tu centro-mundo, de tu centro-alma, de tu
centro-carne. |