poemas
LA TROMPETA CULPABLE
Hace una semana o tal vez más,
quizá hace dos, o un mes
sueño que toco la trompeta.
Una mujer me dice que no puede ser
que ella jamás imaginó un sonido tan sublime.
Pero yo la toco otra vez
y le demuestro que los sonidos salen
como flujo magnético
metiéndose en el almuerzo
y provocando exclamaciones
en los demás asistentes.
Mis dedos en los pistones
son pequeñas serpientes doradas.
Alguien que no veo me aplaude,
después mi mujer me golpea con una cuchara,
luego mi hijo me dice que le duele
el oído.
Yo sigo hasta formar parte de un conjunto
famoso por beber whisky en los ensayos.
después llega mi madre y me reprende
me dice que voy a despertar a los muertos de la cuadra.
Mi trompeta va a dar a su estuche de felpa.
Entonces la primera mujer me vuelve a decir
que ella no lo cree
que yo estoy soñando y que ella sin embargo
me ama.
Yo me despierto cansado,
viendo a mi almohada asustada
arañándome la cara.
EN EL PARQUE
A Reynaldo Pérez-Só
He llegado otra vez a este parque
y me he sentado a oír el ruido
que hace mi conciencia.
Al pararme y parpadear, al sentarme otra vez,
al registrarme los bolsillos siento que algo
se agrieta en otra persona, vasos y botellas
caen de mesas que nunca he visto
y se rompen sin hacer ruido.
He venido a leer al parque y no puedo adelantar la lectura
si un niño me mira,
pues mis ojos me miran con los suyos
y sólo veo páginas blancas
sobre mis manos.
Si un pájaro vuela cerca de mí
No puedo verlo realmente, sólo presiento su aleteo
¿en mis oídos? ¿en un árbol situado detrás del sol?
Ignoro asimismo por qué hiero la hierba con mis pasos
y de dónde he sacado fuerzas
Para igualarme a las hojas.
El parque está ahí siempre, aliviando mi tentación.
Y ahora no sé si estoy en él.
LAS MADRES
Las madres no existen.
Van de un lado a otro
y no hacen nada preciso
pero bajo sus dedos
todo ocurre.
Nunca están completamente sentadas
o de pie
y cuando se acuestan
nadie las ve.
Las madres no existen.
Sólo aparecen
o desaparecen.
EL BANQUETE DEL TIEMPO
A Elisio Jiménez Sierra
El tiempo, que todo lo borra.
El tiempo, que pasa frotando su mano sudorosa en los poros abiertos
del día
Deja caer su humedad en los músculos trémulos del calendario
Pasa planeando en forma de avión encima de los retoños que nacen
cada día sobre la tierra
Los vigila y ve con su ojo único que no parpadea
El tiempo que apenas se detiene en las puertas de viejos edificios
para soplarlas
Y preguntar por familiares idos
El tiempo hinchado de su propia soberbia caza iguanas en los
desiertos patos en los lagos conejos en los bosques
Y antes de devorar a los pobres animales que construyen la tierra
los perdona por un día más
Va anotando en su arrugada libreta los suspiros de los amantes
Para convertirlos luego en bostezos
Los contabiliza como días o años y entonces se detiene un instante
En el rostro de los ancianos para acariciar sus arrugas
El tiempo pasa su lengua salada sobre las costillas del mar
Pudre el tronco padre de los árboles el hígado el corazón los
pulmones
Sólo el cerebro se salva es el único que puede sobrevivir al
horrible asalto de sus uñas
El tiempo que se derrama como una inmensa ola de vacío sobre el
espacio
Y cubre el todo con la nada llena de todas las nadas
Sólo hay un hueco profundo que cae en otro y no permite más
interrupciones
El tiempo entonces inocula células mortales en la espalda de la vida
Y ella responde con un grito seco que se oye en el confín de la
noche
Allá donde el mar disuelve ese sonido en sus olas y murmura algo
En el oído de los marineros cuando pescan en alta mar de madrugada
El tiempo más veloz que la luz y que el cuadrado de la luz
multiplicado
Por la masa de la luz podría caber en la cabeza de un alfiler
Que desplaza su energía hacia los cuatro puntos cardinales hacia el
cubo de las cuatro estaciones
Te hace ganar y perder Cuenta tus pasos en la calle
Con la tenues agujas del reloj
Miras tu muñeca en tu migaja de cotidianidad para comprobar que lo
tienes
Pero es sólo una ilusión
Es sólo un espejismo de tu propio sueño
Que te persigue en el día e intenta recobrar tus ojos
El tiempo líquido que se esparce en las persianas de los dormitorios
El tiempo gaseoso que deja su olor de pétalos podridos en las
despedidas
El tiempo mineral que te asalta a la salida de los cines
En donde has intentado matarlo en la infancia
Luego ya hombre en los libros y las mujeres
Y en las interminables bocanadas de humo de tabaco que has aspirado
en las fiestas
Y en los tragos de alcohol que te acercan cada día a la locura
Pero no puedes no puedes
El tiempo se mete en tu cama para hacerte su hipócrita compañía
Y apenas logras deshacerte de él durante el espejismo del sueño
Le sacas le empujas le llevas hasta la puerta y lo pateas muy lejos
Y el regresa en forma de sobre de correos deslizándose bajo la
puerta
Te sube por los zapatos te lame el tobillo y te da un coscorrón
Para que despiertes de la modorra del espacio
Mantiene una sucia pelea con la eternidad donde luego después
terminan abrazados
Y la eternidad llora como una muchacha desengañada cuando lo ve
alejarse
Detrás de las nubes del horizonte
Más tarde se vuelve un gas para corporizarse en forma de mujer
Que te invita a que le invites una cena
Aceptas finalmente la invitación y te sientas a la mesa a compartir
el banquete
Ves cómo caen los días convertidos en migajas desde el borde de la
mesa
Y no puedes contener tu lágrima miserable
Haces la triste sobremesa
Hasta puedes oír un valse de Chopin
Y luego duermes
Duermes para recuperarte del embotamiento de la vigilia
Y los sueños te otorgan esa mínima recompensa
De interpretar algo intraducible
La intuición te conduce por los laberintos de las imágenes
Hasta demostrarte que tu inteligencia no sirve para mucho
Excepto para una cosa: para matar el tiempo
Matarlo olvidar que existe que está ahí
Con su boca presta a lamer el resto de paz que aún te queda
Te llama por teléfono a diario para cobrarte tu cuota de deber
De hacer algo que permanezca para que él te justifique
Para que tu memoria no quede sepultada en el tedio de la eternidad
Tarde o temprano se va a hacer tarde
Temprano o tarde se va hacer demasiado temprano
Temprano o tarde va a ser tarde para llegar a la hora justa
He ahí el dilema
Mientras tanto los aviones se mueven en los hangares como moscas en
la mesa del banquete
Los barcos en las bahías parecen cruces en el camposanto
Los automóviles cápsulas ingeridas por los barrancos
Vayas o no tú en ellos da lo mismo
Has ido y has venido y has aguardado ese instante
En que la amada te abría los brazos como una aurora
Y has visto en los ojos de la hija un resplandor rubio
Que te habla del fragante sueño de la juventud
O bien tu madre te despedía con sus ojos casi ciegos
Y te decía hijo mío aprovecha bien el tiempo
Tu madre tu mujer tu hija y tú mismo que eres tu propio padre y tu
propio hermano
Son parte de este gran banquete al que asistimos desde siempre
Sin haber sido invitados
EL MAR
En las retinas de La Guaira
Duerme el cangrejo
Arropado de olas y arena
Duerme la sirena cantando entre las rocas
El sol las funde y las convierte en viento
En el alma de Puerto Cabello
Los marineros fuman pipas
Y arrojan el humo al cielo
Pescan navajas en los arrecifes
Bucean langostas como carnadas
Para alimentar la esperanza
En las pupilas de Paraguaná
Las ostras se mueven en los manglares
Buscando labios de mujer
Las gaviotas zambullen su pico
En el mar de los tormentos
Y los alcatraces queman sus ojos
En el choque con lo azul
Por las venas de Macuto
Corre un río de almendrones y uvas de playa
En cuya ribera se sienta Reverón
Tras las cercas de los balnearios
Los viejos hallan ilusiones perdidas
Y las mujeres solas vuelven a nacer
En los muelles de Puerto La Cruz
La eternidad va por los malecones
Sin brújula
Con un dulce golpe en la cabeza
Se asoma a ver los crepúsculos
Y a contar las arenas del mar
En las bahías de Juan Griego
Los niños chapotean en las olas
Con el Paraíso
Comen carne de pescado
Adobada de cielo
Y llevan tatuajes de amor en la frente
En la soledad de Chichiriviche
Se hunden las penas como globos reventados
En medio de las barcas quietas
Sentadas en el agua
En cuyo fondo
Los pulpos quieren abrazar su pasado
En el frenesí de Playa Colorada
Una palmera organiza un congreso de pájaros
Y un viejo lobo de mar
Invita a una fiesta sexual
En horas de la madrugada
Piernas y nalgas senos y cabelleras bocas y más bocas
Se vislumbran en las fogatas
Para ser poseídas
En las arenas sumergidas de Adícora
Las tortugas comen futuro
En islas desoladas
Y los paseantes montan en veleros
Que van al horizonte
Alhajas brillan en los fondos turquesa
De los estanques y las perlas se esconden
Para siempre
En los ojos de los puertos del mundo
Hay ángeles vigilantes
Que cambian un sueño por un pez espada
Sus alas huelen a sargazo
Y de sus piernas cuelgan manojos de algas
Que flotan luego en la superficie
De las lagunas
Son los ángeles que cuidan los abismos
En las profundidades remotas
Hay ojos de animales ciegos
Que desean nadar hacia el fondo de sus vidas
En el alma del mar
En las pupilas del océano
Un dios tranquilo vigila la tierra
Para que no se caiga |