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Entrevista a Javier Campos
Fernando Luis Pérez Poza y Jorge Cuña Casasbellas
- ¿Qué rasgos son a su juicio los que caracterizan a la
actual poesía chilena?
JC - Yo diría que hay una poesía que se escribe en la urbe, la
capital, Santiago de Chile; y otra que se escribe en la parte
bien al sur del país.
Son dos líneas muy diferentes si se quiere, que yo veo según mis
lecturas y artículos que se han publicado tanto en periódicos
como en revistas más especializadas. Dentro de la poesía escrita
en la urbe santiaguina hay allí también una diversidad, la que
escriben los poetas hombres y las poetas mujeres e incluyéndose
en algunas poetas mujeres la temática homosexual (que ya había
aparecido en la promoción de los 80). La línea poética escrita
en la urbe sería la siguiente que yo he manifestado en dos
artículos académicos publicados sobre poesía chilena reciente.
Claro, es mi perspectiva. Reproduzco párrafos de esos dos
artículos y al final de este cuestionario se dan las citas
bibliográficas respectivas:
[…]
El crítico chileno Grinor Rojo señalaba que los poetas
(chilenos) actuales no deben acomodarse a la lógica del mercado
ni servir al nuevo... “príncipe neoliberal” (léase : “la
estrecha relación con el mercado”) ni adoptar una actitud
pesimista semejante a la posición posmodernista más ortodoxa (el
desencanto y el fin de la historia). Sin embargo, lo que de ello
también se desprende es que para muchos jóvenes poetas,
especialmente en la actual poesía latinoamericana, el repliegue
o algo así como un “neo-síndrome Rubén Dariano”, se está
constituyendo en una de las tantas respuestas a la pregunta
aquella de cómo escribimos o escribiremos la globalización
neoliberal en América Latina en estos momentos y en el tercer
milenio que comienza. Junto a ello, parece que la rica y variada
poesía escrita en los 80 en Chile y fuera de Chile a los jóvenes
poetas recientes o artísticamente no la han reprocesado bien o
prefieren saltársela como si no hubiera existido nunca.
El desafío, sin embargo, para los artistas jóvenes sería ahora
construirse un propio imaginario pero no estamos seguros si el
repliegue a épocas pretéritas o el hermetismo lingüístico o la
falta de un buen reprocesamiento de las dos décadas previas
sean la mejor respuesta. O quizás sea la respuesta para muchos
artistas jóvenes y no tan jóvenes. Tal vez esos repliegues y
negaciones sean, por el momento, para la más joven poesía
chilena y latinoamericana actual, los únicos imaginarios a los
que la mayoría de ellos pueden echar mano. El futuro dirá si van
a existir otros imaginarios más “cercanos a la realidad”. O como
decía el poeta y académico chileno Naín Nómez: “Mientras hoy día
hay una narrativa que se masifica, hay una poesía que se hace
elitista”. El elitismo/hermetismo, más o menos dominante en la
producción poética joven del continente, y según la
particularidad de cada país, sin embargo –querámoslo o no- es un
curioso y también un auténtico síntoma cultural (postmoderno) de
este Tercer Milenio. (En J.Campos, “ Poesía
chilena/latinoamericana det tercer milenio…”, 2003)
[…]
Es interesante que exista una tamaña diferencia entre aquel
famoso movimiento en España llamado “La Movida”, que aparece
inmediatamente después de la muerte de Franco (1975), y la
reacción de los artistas chilenos pos-Pinochet. “La Movida”
quiso expresar una total libertad de expresión y sacudirse para
siempre del periodo de censura durante el franquismo. Su lema
fue: “Todo es posible, abajo lo reprimido”.
Las diversas expresiones post-Franco como la moda, la música, el
teatro, el cine principalmente, no rechazaron la modernidad ni
la influencia extranjera (es decir la cultura masiva y el pop-art
norteamericano o la cultura popular del tercer Mundo). Por el
contrario, la reprocesaron integrándose completamente a todo lo
que fuera moderno. No hay mejor ejemplo en cine que el de Pedro
Almodóvar. En cambio, en otra realidad, la generación de
artistas y poetas, principalmente pos- Pinochet del Cono Sur, y
algunos novelistas nacidos en los años 50, insertos ahora todos
en el nuevo neoliberalismo y en la globalización imparable, no
se parecen en nada a “La movida” española.
Sin embargo, la modernidad actual para ciertos artistas (poetas,
novelistas, pintores, pensadores) latinoamericanos parece ser un
lastre y un obstáculo inhumano. Realmente les aterroriza. Y como
respuesta a ese nuevo paisaje urbano social y cultural, lo mejor
que pueden hacer los poetas es un rechazo explícito (caso de los
poetas mencionados en este estudio, Sergio Parra y Víctor Hugo
Díaz), o altamente metafórico (como la poesía del poeta de El
Sur chileno, Jaime Huenún), o un repliegue nostálgico y
dogmático hacia el pasado (caso de la última poesía o artículos
y ensayos de Raúl Zurita).
(En J.Campos, “El poeta y la globalización; o el horror al
Tercer Milenio”, 2003)
Ahora, respecto a la línea poética que se escribe en el sur
chileno, resalta una línea étnica, entre poetas de origen
mapuche preferentemente donde proponen una diferente perspectiva
poética de lo actual y del pasado. Sobre esa poesía del sur
chileno, y su diversidad, que incluye la línea etnocultural
mencionada, hay varios críticos/poetas que han elaborado muy
bien en qué reside esa poesía del Sur chileno como son los
trabajos de Sergio Mansilla quien ha escrito al respecto: Lo
característico de la poesía en el Sur de Chile es la
historización del mito del “paraíso perdido, en términos de que
ese “pasado” está ya marcado por la fractura, por el desarraigo,
por la crisis, debido a hechos traumáticos de vastos alcances:
conquista de América, colonización, terremoto, irrupción de lo
moderno en espacios premodernos... En ese sentido la poesía de
El Sur de Chile se propone como una recuperación de la memoria
histórica colectiva que busca vivir/imaginar críticamente el
presente a través de su pasado, en tanto éste es proyección de
aquél y viceversa... De ahí el tono épico-narrativo de muchos
textos (de los poetas hombres, mujeres, y de descendencia
indígena, J.C) , la inclusión de citas provenientes de fuentes
que la historia oficial olvida o reprime. (Mansilla, 1996)
-¿Cuál es su diagnóstico de la poesía actual chilena con
relación a la del resto de Iberoamérica?
JC - La pregunta está relacionada a la respuesta que di
anteriormente así que seguiré lo que ya estaba diciendo. Primero
quisiera polemizar lo siguiente sobre los últimos
acontecimientos, especialmente de publicaciones de poesía en
Chile en 2003. Puede resultar curioso, pero en ese año en Chile
se han re-editado algunos libros de poesía del pasado (como los
de Juan Luis Martínez, Diego Maquieira, Teresa Calderón, entre
otros). Editores revivieron una poesía chilena escrita hace 20
años, la de los años 80 principalmente cuyos nombres mencionados
antes son muy representativos. Esa década produjo una abundante
y excelente poesía entroncada con el contexto de la dictadura.
Una década de represión produjo, por otro lado, una gran poesía
diversa que iba de lo testimonial hasta la llamada
“neovanguardia” (Raúl Zurita su mejor exponente).
También hay que destacar en esos 80 en Chile la gran producción
de poesía escrita por mujeres que no había ocurrido nunca en la
poesía de aquel país. De igual modo la poesía chilena del
llamado “exilio” o la “diáspora”.
Ahora, reeditar algunos libros de poetas del pasado de esos 80 –
incluso el importante libro de Enrique Lihn, “Paseo Ahumada”- no
es malo. Esencialmente se quiere reconocer una poesía que fue
relevante e importante durante aquella década. Pienso que es
necesario que las
jóvenes generaciones la conozcan pues poca referencia hacen
ellos a la poesía chilena de aquel tiempo en sus declaraciones
personales. O la ignoran, o no les interesa. O quieren partir de
cero como ya es una tradición histórica en la poesía occidental
desde los comienzos de la modernidad de que se debe romper con
el padre poeta mayor.
Volviendo a la poesía chilena actual yo pienso que no es ni
mejor, ni superior, ni peor a las del resto de la producción que
hoy se escribe en Argentina, o Nicaragua, o México, o Cuba, para
poner ejemplos significativos donde ha existido sí una larga
tradición de poetas relevantes para la poesía en lengua española
o luzo-brasileña.
Lo que quiero decir que en el mundo actual, globalizado,
especialmente en las regiones urbanas latinaomericanas –y que se
aplica a Chile- el poeta percibe este nuevo contexto que vivimos
de distinta manera como mencioné más arriba citando mis
reflexiones en trabajos académicos publicados recientemente. Es
decir, me parece que el poeta joven, y no tan joven, puede o
rechazar este mundo neoliberal globalizado, o problematizarlo
(como el caso del poeta Sergio Parra y otros a los que también
me refería más arriba). Contexto que parece empañar, anular, una
vida de comunidad fraternal ya totalmente perdida (como) la que
ha escrito el poeta chileno Jorge Teiller y seguidores en los
años 60-70). Creo que la poesía chilena venidera, y la escritura
en otros géneros, va a reflejar mucho más el que Chile entre
derecho ahora a la modernidad globalizada como objetivamente
ocurre, para bien o para mal, con la participación oficial en el
Tratado de Libre Comercio a partir del 1 de enero de 2004.
-En un estudio sobre la poesía chilena se hace referencia a que
Chile es el único país del mundo en el que la poesía ocupa un
lugar más destacado que la prosa en las preferencias de los
lectores. ¿A qué cree que obedece este fenómeno?
JC - Creo que eso es un mito o es una frase que muchos se creen
porque Chile posee quizás dos Premios Nobel (Mistral y Neruda),
o porque tenemos a Huidobro, Nicanor Parra, y recientemente a
Gonzalo Rojas “Premio Cervantes” 2003 que, como decía más
arriba, forma parte de una larga lista de poetas relevantes para
la poesía en lengua española o luzo-brasileña. Por otro lado, yo
veo con desconfianza ese juicio porque el chileno medio no lee
poesía. Los libros de poesía no se agotan.
Si en Chile la poesía ocupara un lugar destacado, los chilenos
andarían con un libro de un poeta chileno (o de otros) en los
buses, parques, metros. Si eso fuera cierto, diría que Chile es
un país de poetas pues los andan leyendo hasta en el baño. La
prosa, novela, cuento, reportaje, son los que más se venden en
estos momentos. Y se venden si se publican en una editorial
chilena/transnacional que tenga el poder de promocionarlos. Y
aquí hay otro problema que se discute por todas partes cuando
estamos en una economía neoliberal- globalizada ¿Es realmente de
calidad artística todo libro de ficción que se vende en miles de
tiradas instantáneamente?
Por otro lado, eso de que la poesía chilena ocupa el lugar
destacado en el mundo quisiera discutirlo de la siguiente
manera, como opinión personal sin duda pero para provocar un
debate crítico al respecto. Repitiendo lo anterior, pero
recalcándolo, al igual que otros países latinoamericanos o en
España, y mencionando algunos países representativos que han
producido grandes poetas y movimientos influyentes, Chile
también está junto a ellos sin duda pues tenemos (y los vuelvo a
mencionar) a Neruda, Mistral, Huidobro, Nicanor Parra, Gonzalo
Rojas, etc. Se puede hacer una lista semejante con México, con
Nicaragua, con Argentina, con Cuba, con Brasil, claro, y con
España por supuesto. Decir que Chile es el único país del mundo
en que la poesía ocupa un lugar destacado es inapropiado. Cuba,
por ejemplo, en la actualidad, para mí, tiene una tremenda
poesía, más interesante que la poesía chilena reciente escrita
por jóvenes allí (quizás esto me traerá problemas entre los
poetas chilenos) que surge de un país con muchas dificultades de
todo tipo en estos momentos y que cualquier lector documentado
lo sabe. Allí la poesía sí que es asunto vital, y en abundancia.
¿Y por qué? En un país donde ni la modernidad global ni la
cultura de la imagen está metida entre la gente joven afecta de
una manera muy distinta al joven o al viejo artista donde sí esa
modernidad se ha instalado en forma galopante. Bueno, sí, con el
turismo en Cuba y la dolarización se ha creado un contexto
moderno segredado y surreal como se puede comprobar yendo a la
Isla. Su tiempo es otro, sus preocupaciones son distintas, su
poética es diferente a fin de cuentas. No es lo mismo que otra
gente joven del continente, o gente no tan joven, que está
recibiendo el tremendo impacto de aquella cultura de la imagen
en ciudades donde eso es común sea para bien o para mal según
las largas discusiones del influjo de la neobelleza que nos
entrega la cultural de la imagen global. Entre estos últimos, en
el continente, sean pobres o no -pues la cultura de la imagen
está rodeándonos por todas partes y no discrimina contra los
receptores- no es necesario ser rico ni disponer de mucho dinero
para comprarse una computadora y conectarse a Internet. En
América Latina se puede encontrar café-Internet hasta en los
pueblitos más remotos por ejemplo. Si la explosión urbana sigue
creciendo en desmedro de la población rural que disminuye, según
últimas estadísticas de Naciones Unidas, el impacto global y de
esa cultura de la imagen será aún más abrumador. Para decirlo en
pocas palabras, el poeta actual, joven, y no tan joven, está
escribiendo principalmente desde la región urbana.
Retomando la pregunta, la poesía más joven chilena reciente
realmente poco cita en sus declaraciones a poetas
latinoamericanos de otros países que no sean únicamente los
chilenos. Incluso los poetas cubanos les pueden parecer de otra
galaxia. Por ejemplo entre los poetas chilenos ¿quién cita la
poesía cubana reciente? ¿Quién cita a Reina María Rodríguez, a
Jorge Espinosa, ambos cubanos? No quiere decir que no existan
revistas que algo hacen en Chile para la difusión de otras
poéticas del continente, Europa, Asia, África, etc. Sobre esto
último hay que destacar sí las activas revistas como AÉREA que
ha inyectado en Chile el conocimiento de otros poetas de América
Latina y del resto del mundo. De igual manera lo hace el poeta
Omar Lara con su revista TRILCE en Concepción. O la revista
editada en el sur chileno, ALPHA, de la Universidad de Los
Lagos, Osorno. Claro, por otro lado, puede ser exagerado mi
juicio previo y resulte que algunos sí se enteran de otras
poéticas -o de leer artículos críticos sobre poesía chilenaque
se están escribiendo en el continente ahora o en España misma.
Por otro lado, hay que considerar la profusión de sitios en
Internet donde hay miles y miles de poetas que publican y es
posible que de allí también se alimenten, de esa diversidad, la
gente más joven que escribe poesía pues es otra fuente que el
propio Internet ha provocado (a eso me refiero en la siguiente
respuesta también)
-¿Qué grupos poéticos o generacionales considera usted que
coexisten en el momento actual en Chile?
JC - Es bien difícil señalar generaciones de poetas por país
cuando estamos en otro contexto. Es decir, antes existían las
tradicionales antologías que mostraban, con una supuesta
objetividad, la mejor producción del país y se marcaban grupos
generacionales, o el poeta original, nuevo, etc. Hoy en cambio
hay cientos de antologías que también produce Internet (aunque
parezca rarísimo) aparte de múltiples sitios en una misma
capital, o región apartada del país. Esos sitios crean sus
propias antologías y antologías hasta casi el infinito.
La explicación, para mí, de que no existan “generaciones”
poéticas es por el contexto en que vivimos. Específicamente por
la presencia de Internet como dije arriba. No existe una
generación nueva de poetas sino diversidad cada vez más grande
de poéticas que ese medio digitalglobal (Internet) ha ayudado a
diseminar profusamente y alterar profundamente lo que se
entendió por la “antología letrada” (sólo publicada como libro
en papel). Hay ya en Estados Unidos, por ejemplo, una de las
primeras tesis doctorales, escrita por un poeta y profesor
mexicano, de la Universidad de Kentucky titulada “La poesía
latinoamericana en Internet”. Esto, como se ve, cambia
totalmente el criterio de “generaciones poéticas” al estilo de
los estudios literarios tradicionales a los que siempre, por
siglos, estuvimos acostumbrados. Yo creo que la crítica, la más
tradicional, sigue esperando encontrase en estos momentos
globales con “la generación”, “el poeta vidente”, “el movimiento
original”. Todo eso para mí ya no tiene sentido. Lo que hay es
diversidad por eso cuesta encasillar o encontrar “generaciones”
que ya no existen como antes lo hacía la crítica más
tradicional. Pero esta diversidad no es necesariamente una
poesía nueva, espectacular que vaya a producir un movimiento
poético original en Chile u en otra parte de América Latina. A
no ser que en una “diversidad:” se encuentre la genialidad
poética, asunto que no creo y tampoco sabemos como “medir” esa
posible genialidad encontrada en millones de poemas publicados
en Internet. Ahora la manera de encontrar una “supuesta
generación” tiene que obedecer a otras metodologías que el nuevo
crítico/ a deben elaborar pero que aún tampoco sabemos o quizás
sea imposible determinarla. Por eso digo, a estas alturas ¿se
puede producir una originalidad poética en el continente cuando
ya el poeta no será nunca más ningún vaticinador, oráculo,
Mesías, como pareció serlo en épocas donde el poeta no era el
organillero del Rey Burgués, parafraseando aquel cuento de Rubén
Darío?
Ahora, en la narrativa latinoamericana incluso hay una
diversidad y no existe tampoco Una narrativa original. Por
ejemplo, tenemos al excelente Roberto Bolaño (chileno/español
realmente) que comparte una aproximación formal y de contenido
con otros narradores jóvenes (Javier Cercas, Enrique Vila-Matas,
Santiago Gamboa, entre otros); pero también tenemos una línea en
narrativa que se regocija a su modo con la cultura de la imagen
globalizada (Alberto Fuget, entre otros). O la narrativa de la
chilena Diamela Eltit que es otra tendencia muy distinta a la
narrativa de Marcela Serrano, a la de Isabel Allende, a la
Antonio Skarmeta, por ejemplo.
-¿Qué
opina sobre que le encuadren en alguna generación, movimiento o
grupo de escritores con afinidades, perspectivas o posturas más
o menos compartidas?
JC - En mi caso, toda mi poesía la he escrito fuera de Chile. En
lo que primero se llamó “el exilio” y lo que ahora yo llamaría
“la extranjería”. Vivir fuera del suelo materno si se quiere.
Vivir en otros contextos, cultura, imágenes, que a su vez se
reprocesan con las imágenes y el pasado donde uno nació. La
critica sitúa a mi poesía como una escritura de la diáspora
chilena que comenzó a producirse en los 80 y que muchos/as
seguimos produciendo pero, por cierto, nuestras poéticas se han
ido refinando, reprocesando aún más y en alguna medida
apropiándonos de otra manera de un viejo pasado vivido en Chile,
pero juntando todo aquello, en mi caso, con esta nueva realidad,
velozmente cambiante, como ocurre en El Primer Mundo y también
en el Tercer Mundo.
-¿Qué temáticas y desde qué perspectiva las enfoca la poesía
actual chilena y la suya en particular?
JC -
Quizás sea el crítico Grinor Rojo quien mejor puede responder a
esa pregunta en el prólogo a mi libro último de poesía, “El
astronauta en llamas”, y que yo comparto. Transcribo algunos
párrafos:
Javier Campos se estaba sumando a la lista de aquellos
escritores que en aquel momento empujaban la literatura chilena
que se empezó a producir fuera de Chile con posterioridad al
cataclismo del 73 hasta su última etapa: la de la vuelta a la
patria.. Porque El astronauta en llamas no sólo se me aparece
signado consciente y aun deliberadamente por esa aura de
prestigio que circunda contemporáneamente el contacto mediado
entre personas, sino que también me resulta posible leer, a
partir de la impronta comunicacional y en retrospectiva, los
cuatro volúmenes que forman la totalidad del trabajo poético de
Campos hasta la fecha. Me refiero a Las últimas fotografías
(1981), La ciudad en llamas (1986), Las cartas olvidadas del
astronauta y este El astronauta en llamas. En el ordenarse de
esos libros en la línea del tiempo, creo que podemos percibir
las cuatro etapas de un solo proyecto cuya meta y sentido último
se encuentra en la configuración, desde la preconciencia a la
conciencia y a la ultraconciencia del escritor, de una suerte de
espacio alternativo al del trato que éste mantiene con las
miserias de la existencia histórica. Piénsese nada más que en el
tránsito que conduce a la cultura massmediática contemporánea
desde el estadio de la fotografía al del cine y al de la
televisión y la computación, y en el acrecentamiento progresivo
del poder evocador de la imagen de la reproducción mecánica que
ese desarrollo involucra, y compáreselo luego con la secuencia
de evocaciones que en los últimos veinte años ha seguido la
carrera poética de Campos y se tendrá una cierta idea de esa
avidez comunicacional que sin duda regula sus discursos. En cada
una de las épocas de la biografía del poeta, el universo que
reproduce el poema constituye una re-presentación y, lo que es
más importante, un remedo cada vez más acabado de la tecnología
en algún momento reinante en el universo de la comunicación.
(Grinor Rojo, en “Cartas de Campos”, prólogo, pp. 5-16, en El
astronauta en llamas (Santiago de Chile: Editorial LOM, 2000).
-¿Qué
distintas actitudes se formulan actualmente ante la tradición
poética y cuál es su posicionamiento personal con relación a
ella?
JC - El poeta no sale de la nada ni tampoco debe pensar que con
él comienza la nueva poesía. El que no estudia y lee la
tradición, sea cual fuere, sea la que el poeta prefiera según
sus propias necesidades expresivas, realmente va a repetir lo
que antes dijeron otros mucho mejor que él o ella. El asunto
está en quién puede reprocesar mejor para luego producir algo
interesante. Es decir, producir una perspectiva novedosa de unos
temas que por milenios se vienen repitiendo en el arte y la
literatura. No basta escribir bien, manejar bien los adjetivos,
los substantivos, las cláusulas subjuntivas. No basta tampoco
reprocesar bien la tradición. Lo que es difícil, y pocos/as lo
lograrán, es producir esa nueva perspectiva de representar
imaginativamente unos mismos temas milenarios (el amor, la
muerte, el exilio, la discriminación por ser diferente, los
sueños y las utopías, etc). Ese es el desafío que tiene todo
artista. Ahora, el reconocimiento es otro asunto. Especialmente
en este contexto donde cualquier basura puede llegar a ocupar
los primeros ranking de venta por semanas ya sea en el diario El
País de España, el New York Times de Nueva York, o en El
Mercurio de Santiago de Chile.
-Si hablamos de estilos de escritura, algunos poetas se
manifiestan en desacuerdo con la fusión de géneros. ¿Cuál es su
opinión personal? ¿Cree que hay que respetar la separación, o
que es válida la fusión de las formas?
JC - Me interesa sobremanera, hablando de géneros, el que yo
llamaría el género mestizo. Incorporar en poesía otros géneros,
no sólo la prosa, sino la instantánea información periodística
por ejemplo a la que tengo acceso en segundos de cualquier parte
del planeta; o la cultura de la imagen globalizada, o el
dialogar con otros escritores, y otros medios como el cine, la
cultura popular y mediática, en el texto mismo. El genero
mestizo implica una obra y una comunicación inter(género)textual
para ponerlo de esa manera. Especialmente en este contexto
global, para mí, no sólo me ha influido la tradición literaria
letrada, escrita, sino el inmenso poder de la cultura de la
imagen. No ya la TV, sino el Internet, la imagen publicitaria
que nos entrega imaginarios nunca antes retratados en los medios
masivos nuevos como el video, el disco compacto con música e
imagen (DVD), el teléfono celular con imágenes y cámara
fotográfica, la publicidad global que inventa una neobelleza
para vender mejor y meternos en un mundo mágico exaltando el
individualismo y aquella supuesta diversidad global. La
revolución digital ha producido una revolución en la imagen en
todo sentido: desde cómo vender mejor una manzana hasta la
píldora Viagra. Por ejemplo, siempre me quedo hipnotizado con el
espectáculo del Circe du Soleil. Nunca había visto antes un
espectáculo tan mestizo, diverso, imaginativo, que recurre a
tantos elementos desde el circo tradicional, pasando por la
ciencia ficción, el vestuario sorprendente reprocesando
vestuarios de culturas pasadas e insertándoles la apariencia de
un ropaje de un futuro lejano, la música espacial que se
incorpora, semejante o idéntica al magnífico conjunto francés
Enigma. Por eso, para mí, respetar la separación de géneros, en
estos tiempos, es como volver a la época donde sólo se escribía
poesía con rima y midiendo exactamente el número de sílabas en
los versos.
-De manera poderosa e inmediata nos dejamos invadir por la
música que traen los versos que nos conmueven, por los ritmos
que los sostienen cuando en realidad sentimos que esa música
–ese “mar” que decía Baudelaire- acrecienta en la escucha de
cada palabra su parte sonora, que se impone a expensas de las
redes del pensamiento. ¿Cómo articula usted en el poema las
“líneas melódicas”, “las curvas entonativas”, las candencias de
la frase? ¿Se atiene a una estructura regular, a una regularidad
aproximativa, o se subordina a lo que podríamos llamar un ritmo
emocional, ritmo que implica cierta regularidad, o se deja
llevar por una espontaneidad sin restricciones?
JC - Creo que mi poesía es para leerla en público. Me preocupo
de eso. Me preocupo de leer bien la poesía oral. Una buena
pronunciación. Un ritmo necesario que destaque el imaginario que
hay en ese poema escrito. Las pausas son necesarias para
intensificar o no el ritmo, la melodía que deseo entregar a
través de mi poesía leído. Digo esto porque tengo la certeza de
que la poesía originalmente se hizo para escucharla. Para
impactar al oyente o los oyentes. Sin un ritmo adecuado, sin una
melodía, altos, bajos, sin saber expresar oralmente el
contenido, nadie sin duda prestaría atención a nada. Es
semejante a la música y al baile. Creo que mi poesía, me he
preocupado de eso, quiere continuar también con ese viejo y
milenario origen de la poesía. He escuchado en recitales a
poetas que leen horrorosamente mal. Que nadie entiende nada, que
no saben modular las palabras, que hablan bajito. Me digo, es
perder el tiempo sentarse allí, leer por media hora algo que
tortura el oído del oyente. Otros dicen que mejor les gusta leer
la poesía a solas. En silencio, en un libro de papel. A mí me
gusta ambas cosas al escuchar y leer a un poeta.
- ¿Cómo escribe Ud.? Por inspiración, ¿Por qué?
JC - Cada poeta, artista, tiene su propio imaginario que es como
una maquinita que nos dice qué hacer con un personaje, hablando
de la ficción. O qué hacer con el impacto de una imagen primera,
caso de la poesía. Entonces esa maquinita se echa a andar para
que la expresemos en un papel, o en la pantalla en blanco del
computador. También esa maquinita es la que nos reprocesa una
imagen, misteriosamente, cuando contemplamos nuestra realidad,
interior o exterior. Cuando nos sorprende todo lo que se mueve y
no se mueve en este universo. La imaginación la tenemos todos
los seres humanos, eso ya se sabe, y se usa en las distintas
disciplinas desde el diseño de un encendedor hasta el reciente
carrito que aterrizo sin problemas en el planeta Marte este
enero 3 de 2004 después de viajar millones de kilómetros de la
tierra. Y ahora el carrito por 90 días recorre aquel planeta,
solo, únicamente manipulado desde millones de kilómetros, por
esos increíbles científicos jóvenes, llenos de una sorprendente
imaginación. Un constructor de muebles, para poner otro ejemplo,
echa mano a su imaginación también para producir un escritorio
que a lo mejor lo reprocesó de otro que vio en un catálogo o
vitrina, o lo vio en una esquinita en una película que vio la
semana pasada en un cine cualquiera. A eso hay que agregar luego
su propia imaginación para cambiar tal o cual detalle del
escritorio. Otros, claro, tienen una maquinita mejor montada o
más eficiente que otros/as y por eso el producto final, que es
reprocesar aquella primera imagen que nos impacta, podrá salir
un producto original, podrá ser una simple reproducción de lo
que ya conoces o sabemos, o puede salir un escritorio horroroso
tanto en su forma como en su atractivo estético: un bodrio. Lo
mismo en el arte, en la poesía. Pero, en caso de la literatura,
no basta tener una maquinita de la imaginación que te haga
escribir bien un poema, por ejemplo con buena sintaxis, exactas
palabras, adjetivos precisos, ritmo espectacular, sin faltas de
ortografías, etc. No, todo lo anterior no basta, o como decía el
escritor norteamericano Raymond Carver, -quien escribió más
poesía que cuentos pero donde ambos géneros, su poesía y su
narrativa, está interconectada por la mirada poética de los
sucesos- es que aquél producto final que trabajó esa maquinita
produzca un artefacto que posea una perspectiva original de
mirar la misma cosa. O leer de otra manera aquellos mismos temas
que se han repetido milenariamente en el arte y la literatura.
Porque el exilio, o la represión por pensar diferente, el placer
y dolor que produce el amor, o el dolor de una muerte, o soñar
con utopías personales o multitudinarias, todo eso es tan
milenario como Mesopotamia. En síntesis, son muchos que escriben
excelentemente bien, pero pocos/as los/las que nos darán esa
perspectiva original como decía Raymond Carver. |