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Fábula de Polifermo y Galatea
Alfonso Simón
Pelegrí
(...)''¡Oh cuánto yerra
delfín que sigue en agua corza en tierra!''
Luis de Góngora
En su Guía de los que andan perplejos, Maimónides nos viene
diciendo, más o menos, que el problema insoluble de los
indicativos para desentrañar el misterio del conocimiento de
Dios estriba, formalmente, en que se trata de un ser imaginario
al que se le dan atributos de un ser real.
Algo así, toda distancia debida, se da con la poesía en cuanto a
ésta, entre subjetivo e ideal, se le adjudican atributos
lingüísticos, filosóficos, y hasta literarios si las musas no lo
remedian. Y no suelen hacerlo.
Camino hecho al andar, como quería don Antonio Machado, es desde
esta proyección de donde la aborda, amorosa e inteligentemente,
el poeta Víctor Toledo en su libro Del mínimo infinito en donde
antologa una selección de poemas que abarcan desde 1977 hasta la
fecha y comprende cuatro textos publicados.
Doctor en filología rusa en la Universidad Lomonosou de Moscú,
poeta erudito para su mayor riesgo, Toledo cifra el deus ex
machina de toda su poesía en la lengua, y persigue en distintas
etnias lingüísticas un descubrir el tronco común de las mismas
para encontrar la raíz común de la poesía en un primigenio
lenguaje inocente.
En esa búsqueda, que es su poesía, persigue que la imagen
acústica de la palabra, su significante, sea una misma cosa con
su significado reduciendo a unidad la pluralidad antigua de su
nombre. Empresa y quehacer común a todo poeta acreedor a este
honroso título -¿era Juan Ramón Jiménez el que decía aquello de
``Inteligencia, dame el exacto nombre de las cosas''?- es
buscando esa poética exactitud, esa verdad poética, donde el
autor de Del mínimo infinito irrumpe en sus poemas con una
eclosión de palabras de aparentes juegos verbales que buscan, me
parece, anillar significante y significado en un círculo verbal
en donde el centro esté en todas las raíces de una etnia verbal
común y la línea en el discurso del poema.
Ya nos hablaba el gran polígrafo Alfonso Reyes al tratar de las
``jitanjáforas'' en La experiencia literaria de su obsesión por
el poema ``Verdehalago'', de Mariano Brull, así como del ``de
verdegay vestido y alma'' de Tirso de Molina: ``Mi encuentro con
el verdegay me produjo tal embrujamiento -confiesa-, que
suspendí la lectura y salí a contárselo a mis amigos, y anduve
dos o tres meses queriendo fabricar y comer pastillas y grageas
de verdegay, que se me figura una menta, pero todavía más
fragante.'' Y más adelante nos habla del citado Brull y de su
poema ``Verdehalago'', que inicia con los jitanjafóricos versos
que van a continuación: Por el verde, verde/ verdería de verde
mar/ erre con erre.
Pues bien, en esa experiencia fonética, si bien llevada a más
arduos extremos de una etnia lingüística universal, Víctor
Toledo investiga sobre la concomitancia de su lengua materna
zapoteca con la rusa. Y no queda la cosa ahí, sino que busca
estructurar desde las entrañas de estas dos lenguas,
conjuntamente con la castellana, un canto a la lengua universal
de la cual proviene, con el logos, el mundo.
Esta búsqueda la hace el poeta inmerso en una vanguardia poética
y una suerte de barroquismo; de ahí el extremo de explorar las
posibilidades de una onomatopeya cuya inteligencia sea puramente
poética y se sustente en el puro sonido.
Nos permitimos apuntar que ésta es su teoría poética. En la
praxis, hay poemas y hallazgos de conseguida y feliz operación
poética, lejos de circunloquios verbales y metafísicos, en donde
la libertad métrica no impide un quehacer feliz de notable
frescura y de inocente gracia, y que nos hacen pensar en una
región de una tan sucinta gramática ineludible que resultaran
ociosos los adjetivos, sólo eran de gozo y caminar los verbos, y
en donde, como decía un poeta de Sanlúcar de Barrameda que Juan
de Mairena olvidó incluir en su Cancionero apócrifo, (...) “para
nombrar las cosas bastaba con amarlas”.
Lo otro, y el otro Víctor Toledo, está en una búsqueda
cuidadosa, responsable, de su propia poética y del original
entronque de la poesía-lenguaje. Con todo y su riesgo. |